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miércoles, 2 de octubre de 2013

Desenterrada

Caminábamos por el bosque buscando huellas de animales. Éramos cuatro amigos, y fue Santiago el que hizo el descubrimiento.

- Ahí enterraron algo -dijo Santiago de pronto, señalando el suelo con la mano.
- Parece que sí -observó Carlos, otro amigo-. Seguramente ahí hay algún bicho muerto.
- ¿Y por qué enterrar a un animal aquí, en medio de la nada? -pregunté, y miré a todos.
- Puede ser el perro de un cazador -opinó Aníbal.
- ¿Vos dejarías a tu perro aquí, o te lo llevarías? -le pregunté a Aníbal.

Ninguno de nosotros enterraría a su perro allí, y nos costaba creer que algún cazador lo hiciera.
Curiosos por saber qué era, escarbamos la tierra recién removida. Primero asomó un trozo de tela, y al tirar de él, sufrí por un instante una impresión sumamente desagradable; por los gestos de sus rostros diría que a mis amigos les pasó lo mismo. Pero después nos dimos cuenta, y fue Carlos el primero que lo dijo:

- ¡Es una muñeca!
- Una bien fea -agregó Aníbal.

Tenía el tamaño de un bebé grande y era muy realista. ¿Por qué alguien había enterrado una muñeca allí? Era un misterio. Hicimos varias conjeturas, bromeando, y finalmente la dejamos tirada sobre el pasto. Cuando íbamos a marcharnos les dije a los otros sino sería mejor volverla a enterrar, pero ninguno quería hacerlo. Miré el hueco en la tierra y a la muñeca, dudé, pero como mis amigos ya iban desapareciendo en el bosque corrí para alcanzarlos, dejándola como estaba.
Después colocamos unas trampas en la zona y acampamos no muy lejos de allí.
Cuando se hizo noche y rodeábamos una fogata retomamos el tema de la muñeca, hablando luego de brujerías y contando algunos cuentos de terror.  En ese entorno de sombras intranquilas, de penumbras que parecían mostrar cosas que temblaban en el límite de la oscuridad cerrada, las ideas que resultaban graciosas por la tarde ahora causaban inquietud.  Esa noche dormí poco.
Al amanecer salí de mi sobre de dormir para revivir el fuego. Estaba colocando ramas sobre las cenizas humeantes cuando la vi; estaba parada contra un árbol, recostada a él, era la muñeca que desenterramos.  Desperté a mis amigos y les señalé la muñeca. Observé sus reacciones intentando descubrir quién la había arrimado hasta allí. Los tres se veían realmente sorprendidos.

Yo estaba despierto desde antes del amanecer. Que alguno se hubiera internado en el bosque para buscar a la muñeca cuando estaba oscuro, después de aquellas historias y cuentos de terror, me pareció poco probable. Cuando los tres juraron por sus madres que no lo habían hecho les creí. Yo juré también, pues reconozco que era el principal sospechoso, ante los ojos de los otros.
Obviamente, era posible que algún extraño la hubiera colocado allí, mas lo que sucedió después me hace creer que la muñeca llegó sola.
Ya sin ninguna gana de permanecer en aquel bosque, levantamos el campamento rápidamente, sin perder de vista a la muñeca. Pero esta vez no pensaba marcharme así nomás. Si alguien la había enterrado era por algo. Empecé a cavar con una pala plegable que llevábamos. Los otros la vigilaban, aunque debieron descuidarla un instante, y al volverla a mirar, la muñeca ahora tenía la boca medio abierta y enseñaba unos dientes retorcidos y rojizos que terminaban en una delgada punta.
Hasta ahí llegó nuestra valentía; solo éramos unos muchachos, ninguno era mayor. Salimos corriendo, despavoridos, y por suerte nunca más vimos a la muñeca. 

13 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno el cuento

José Luis Vassallo dijo...

La frase patitas para que te quiero, nunca mejor aplicada. jajaja Yo tambien hubiera salido corriendo y gritan soldado que huye sirve para otra guerra. ;-)

Anónimo dijo...

Jajaja qué bueno, tu comentario josé luis.

Anónimo dijo...

Jajajaja como luego disen , el miedo no anda en burro a correr se a dicho

ValeAnny Alvarez dijo...

K feo pobres chicos. La hubieran kemado mejor!

Anónimo dijo...

Muy buena tu historia, la usaré con tu permiso, para lectura con los chicos del colegio.

Anónimo dijo...

Pobres chavos yo hubiera qmado ala muñeca jeje

Anónimo dijo...

La voy a usar con tu permiso para contarla en la noche de halloween mola henorabuena sigue asi:)!!!!!!

Anónimo dijo...

me enqanto muy bueno es enserio es muy util qlaro que con tu permso

Anónimo dijo...

Jaja k bueno

PincesaGuis dijo...

Waaoooo!!!! :S

Anónimo dijo...

Hola! Me llamo valentina y tambien soy de uruguay, de lavalleja,minas. Me recomendaron tu blog y desde hace tres dias no me puedo despegar de la pantalla del celular! No paro de leer tus historias porque son grandiosas!! Me encantan las que tienen que ver con los bosques o montes :D y es que desde muy pequeña iba a acampar con mi familia completa.. Y nunca faltaban esas fogatas en la madrugada donde se cuentan historias... Asi que gracias por esos cuentos que me hacen revivir esos momentos.. :)

Jorge Leal dijo...

¡Hola Valentina! Gracias a ti por leerme. Casi no entra gente de Uruguay aquí, aunque tengo muchas visitas. ¡Saludos, compatriota!

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