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lunes, 11 de noviembre de 2013

La madera

Una amiga que es maestra en una escuela me pidió un favor bastante curioso. El municipio había donado unos pupitres (de esto hace muchos años, aún se usaban pupitres) que fueron a dar en el salón donde ella daba clases, y creía que aquellos asientos de alguna forma estaban embrujados.  Quería que averiguara de dónde los habían sacado. 
Anticipándose a mi escepticismo me invitó al salón aquel, al atardecer, después que los alumnos se fueron, y ante los pupitres aludidos me contó más o menos lo siguiente:

“Cuando llegaron, personalmente quedé muy agradecida -empezó a contarme mi amiga, mirando de reojo los bancos-; eran nuevos y desprendían un aroma agradable; veía que los niños se inclinaban a oler la madera. Pero no demoraron en empezar las cosas raras. Un alumno se pinchó con la punta de un compás y sangró un poco sobre el pupitre, y, presencié asombrada como la madera absorbía completamente toda la sangre en un instante, sin que quedara una mancha. Lógicamente, inventé algo para convencer a los que vieron aquello, pero no era algo normal. Unos días después, un olor asqueroso que enseguida asocié con la muerte invadió repentinamente el salón, aunque enseguida desapareció. Los días siguientes todos empezaron a desconcentrarse fácilmente, y se acusaban unos a otros por algún jalón que sentían o un pupitre que se inclinaba de golpe como si lo empujaran de atrás. Pero lo más horrible me pasó a mí. ¡Ay…! Hasta me cuesta contarlo… disculpa. Fue así: Olvidé mis llaves y volví un poco más tarde que ahora, ya prácticamente estaba de noche. El salón ya estaba oscurecido, pero como solo son unos pasos e igual distinguía el manojo de llaves no encendí la luz. Cuando fui a marcharme, estaban… en los pupitres había gente, y por sus contornos se notaba que estaban muertos”.

En ese momento a mi amiga se le quebró la voz y se tapó la boca. Me dejó completamente impresionado. Cuando intenté analizar fríamente aquello, del salón emanó un olor nauseabundo que recordé inmediatamente. Cuando salimos de allí le prometí que iba a averiguar todo lo que pudiera.
Después de sentir aquel olor, lo que descubrí no me sorprendió, aunque igual me hizo estremecer: Los pupitres estaban hechos con las maderas de unos cipreses talados de la parte vieja del cementerio.
Después de cobrar algunos favores y quedar debiendo otros en el municipio, hice que retiraran aquellos bancos, y un tiempo después que los destruyeran.

2 comentarios:

  1. Waoooo! Tienes muy buenas historias.. incluso hasta para hacer peliculas ;)

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