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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Las patas de la cama

Don Álvaro estaba regando su jardín cuando algo despertó su curiosidad, que no era poca. Por encima de la valla que limitaba su terreno, vio a su nuevo vecino atravesando el patio, y este cargaba en sus brazos cuatro patas de cama.  “Le cortó las patas a su cama”, pensó enseguida Álvaro. “Pero, ¿por qué?”.
Seguramente, al ver eso la mayoría supondría que se le rompió una pata y cortó las otras para emparejar, pero don Álvaro, muy afecto a la lectura de cuentos de terror, pensó: “Tal vez se le apareció algo bajo la cama”. Además de su imaginación muy activa, Álvaro tenía otras razones para creer aquello, pues antes de ser ocupada por su nuevo vecino la casa había estado desabitada por años, y sus últimos dueños habían sufrido una gran tragedia.
El vecino dejó las patas en el tacho de basura. No mucho después Álvaro fue a revisar disimuladamente. Comprobó que habían sido cortadas con sierra, y ninguna estaba quebrada o astillada. “Interesante…”.
Unos días después su vecino se estaba mudando, un camión llevaba sus cosas. Aquella era su oportunidad para averiguar algo.

- ¿Se muda, vecino? -le preguntó Álvaro.
- Sí, me mudo, ya ve, hoy mismo, si podemos cargar todo.
- ¡Ah, que lástima! Pero bueno, supongo que será para mejorar. Esa casa ya está muy vieja, y las casas viejas tienen sus cosas, sus ruidos y eso, ¿no?
- Y esta no es la excepción -afirmó el vecino, mirando de reojo la vivienda.
- ¿A qué se refiere? -preguntó Álvaro, seguro de que el otro le iba a contar algo.
- A nada, a que es vieja nomás -evadió la pregunta el tipo, y empezó a ayudar a los de la mudanza para no hablar más.

Se llevaron todos los muebles menos la cama. Después pusieron un cartel de “Se vende”.
Si bien Álvaro no había obtenido su respuesta, el comentario de su vecino y la propia evasiva lo estaban convenciendo de que aquella casa estaba embrujada, que había algo en ella.
Pocas cosas son más fuertes que la curiosidad de un hombre. Como tenía mucho dinero ahorrado compró la propiedad vecina sin que su cuenta se redujera mucho. Cuando ya era el dueño del lugar fue hasta la casa por la tarde, con el sol bien alto (por las dudas), e ingresó a ella con pasos lentos.
A pesar de que era vieja se mantenía bien conservada, y no tenía un aspecto que inquietara. Revisó un cuarto, luego otro, y allí encontró la cama, pero, esta tenía patas. Tenía puesto el colchón y unas sábanas blancas que rozaban el suelo.

Al levantar la sábana para mirar debajo a Álvaro le tembló la mano; no había nada, mas algo era extraño, aquellas parecían ser las mismas patas que su vecino tirara a la basura. ¿Cómo podía ser?
Repentinamente la cortina de la ventana se cerró sola, dejando la habitación en penumbras. Cuando Álvaro giró hacia la puerta para salir, varias risitas infantiles resonaron bajo la cama, y esta empezó a andar como si fuera un animal, y avanzó hacia él como lo haría una araña gigantesca.  Álvaro escapó por poco, y salió de la casa tambaleándose y con una mano en el pecho, y a duras penas alcanzó la suya. Tomó una medicina y empezó a calmarse.  Dentro de la casa vecina la cama seguían andando por toda la habitación, y el ruido de sus patas resonaban en todas las piezas.

15 comentarios:

  1. Que exigente que eres, Vale ¡Jaja!
    Saludos.

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  2. que buen cuento con esto podre asustar a mis nietos

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  3. Que miedo mucho misterio tenia XD

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  4. Muy bueno. Te felicito

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  5. Con esto asustare a mis sorbinas con eso que ya las asuste con la niña que se me aparecio el otro dia. Gracias jorge saludos c: :3

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    1. ¡Jaja! Eso es ser Mal@. Gracias a ti por comentar. ¡Saludos!

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  6. Es increible la capacidad que tienes para convertir cualquier objeto de la vida cotidiana en algo terrorifico . Exelente cuento saludos desde Argentina

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    1. ¡Jaja! Muchas gracias, Matias. ¡Saludos desde el otro lado del charco!

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