¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

jueves, 19 de diciembre de 2013

No acampes con extraños

“Hay que salir a acampar solo con amigos”, me aconsejó un día un veterano. Debí hacerle caso, y no salir con unos conocidos que me invitaron a pescar. Conocidos es un decir, prácticamente eran unos extraños.
Eran dos, y en el campamento discutí con uno de ellos, y el otro salió a apoyarlo. El asunto fue una tontería, y cuando partimos del lugar creí que ya no les importaba, pero me equivoqué.
Ya estaba de noche. Yo iba en el asiento trasero de la camioneta. En cierto momento tuve la impresión de que nos habíamos desviado.
De pronto cruzamos sobre un pozo o alguna irregularidad del camino. El conductor enseguida detuvo la camioneta, se volvió hacia mí y me dijo:

- Parece que pinchamos, bájate y mira.
- Para mí que pasamos por un pozo nomás -opiné.
- A mí también me parece que pinchamos -dijo el otro.
- Esperen, ¿quieren que salga para dejarme aquí? -sospeché.
- No, solo te pedí que te fijes, yo no voy a bajar -afirmó el que conducía.

Me resultó obvio que pretendían abandonarme. No eran tan astutos como para mentir bien, pero como era su camioneta, tomé mi bolso y bajé.  Como sospechaba, arrancaron a toda prisa y se marcharon.
“Esto me pasa por salir con gente así”, pensé. No iba a ser la primer caminata larga de mi vida. Nunca había recorrido aquel camino pero estaba bastante seguro que sabía dónde salía. La noche estaba oscura mas se distinguía lo suficiente como para caminar tranquilo.
La situación extraña empezó cuando avisté una casa. No tenía ninguna luz encendida pero de todas formas se revelaba su contorno. Por lo que llegaba a ver, por la distancia que la separaba del camino, por un gran árbol que tenía a la derecha, un pequeño galpón a su izquierda, me resultó una imagen muy familiar. Se parecía mucho a una casa ubicada en un camino que conozco bien, pero que está muy lejos de allí. Al cruzar frente al lugar me resultó aún más parecido. 

De pronto vi cuatro siluetas humanas que estaban en el patio. Por la altura y el contorno supuse que se trataba de una familia; un hombre alto, su esposa, y un niño y una niña. Estaban vueltos hacia el camino, hacia mí, y sentí que me siguieron con la mirada hasta que me alejé.
Más adelante, después de pasar al lado de una arboleda, había otro lugar que creí reconocer. Aquello ya era extraño. Se parecía a otra vivienda situada muy lejos de allí. ¿Qué estaba pasando? Distinguí hasta la casa de un perro que solía salir a ladrarme. ¡No podía ser casualidad! Hasta un viejo tractor en desuso estaba ubicado en el mismo lugar. Cuando de pronto vi nuevamente a las cuatro siluetas tuve ganas de correr. Si se hubieran movido hacia mí aunque solo fuera un poco hubiera huido de allí como alma que se lleva el Diablo, pero solo me observaron desde la oscuridad.
No quería ni pensarlo, pero era algo obvio: me encontraba en un camino embrujado.
Después divisé un vehículo volcado. Enseguida desconfié, ¿sería algo real…?  Supe que sí lo era cuando sentí olor a nafta.  Era la camioneta de los que me abandonaron, se encontraba con las ruedas hacia arriba. Los dos estaban atrapados pero estaban vivos.

- ¿Están bien? -les pregunté, aunque era obvio que no, acababan de volcar.
- Respiro con dificultad -me contestó uno de ellos.
- Fue en esa maldita curva cerrada, cuando la vi ya era tarde -comentó el conductor.
- ¿Dónde está la gente que andaba aquí? ¿Fueron a pedir ayuda? -me preguntó el otro.
- ¿Qué gente?
- No sé, solo les vimos las piernas, eran cuatro. ¡Ay! Mis costillas.

Los había engañado el camino embrujado, porque en aquel tramo no había ninguna curva.
Antes de dejarlos les prometí que les iba a encontrar ayuda. Por suerte la carretera no estaba muy lejos.  Cuando estuve seguro que aquello realmente era una carretera me senté a descansar. Algunos vehículos pasaron por mí pero no intenté detenerlos. Lo hice como dos horas después. Cuando fueron a socorrer a los accidentados ya estaban muertos. Eso les pasó por salir a acampar con alguien que apenas conocían.

8 comentarios:

  1. Muy bueno, Jorge, mucho suspenso en tu relato. Y con un final impensado (por lo menos, para mí).
    Me gustó mucho.
    ¡Saludos!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Juan. ¡Te mando un saludo!

    ResponderEliminar
  3. La verdad muy bueno y el giro me mato. Te felicito. Slds.

    ResponderEliminar
  4. Todo lo q tiene q tener un cuento de terror

    ResponderEliminar
  5. Muy bueno...de verdad me asuste

    ResponderEliminar

¿Te gustó el cuento?