¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

sábado, 15 de febrero de 2014

Gente de circo (5)

Hola. Recomiendo leer primero estos, empezando por arriba:

http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2013/01/circo-de-terror.html

http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2013/02/gente-de-circo.html

http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2013/04/gente-de-circo-2.html

http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2013/09/gente-de-circo-3.html

http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/01/gente-de-circo-4.html



Fernando sobrevivió a los payasos pero desde entonces vivió con terror. Por las noches, ante el menor ruido encendía las lámparas de luz ultravioleta (arma eficaz contra aquellos payasos sobrenaturales que descubrió por suerte en el momento justo), y quedaba en suspenso, escuchando. Cuando podía dormir tenía pesadillas con payasos, y los veía pasar frente a su ventana, o los payasos rodeaban su cama y se iban inclinando hacia él con sus sonrisas aterradoras.
Pasaron las semanas, los meses, y de a poco se fue confiando. Pero el miedo lo había soltado un poco solo para después jalarlo con más fuerza: el circo volvió a la ciudad.
La noticia lo dejó helado. Seguramente los payasos lo iban a buscar. Si no hacía algo le esperaba un destino terrible. Entonces Fernando se armó de valor y se puso a pensar en un plan.
Intuyó que no lo iban a buscar los primeros días, sino cuando el circo estuviera por retirarse de la ciudad, eso le daba tiempo para tomar la iniciativa.  Su oficio de electricista y sus conocimientos en electrónica lo iban a ayudar.

Tres días hacía ya que el circo estaba en la ciudad. Después de terminar la última función, de noche, la actividad en el circo fue decreciendo, hasta que finalmente no se veía a nadie. Entonces Fernando entró en acción. Armado con un par de linternas ultravioleta, se deslizó con sigilo contra la enorme carpa, entre las sombras. La entrada parecía un túnel y se encontraba completamente oscura. Fernando avanzó tanteando un lado de la lona. Iba a encender las linternas solo cuando estuviera frente a un payaso, de otra forma podía delatarse; en el circo también había otra gente, gente real, pero probablemente de la peor calaña, eso parecía ser un jorobado que rondaba por el lugar.
Extendiendo los brazos en aquella oscuridad sintió que había salido a un lugar más amplio, y palpó las maderas de las gradas.
Avanzó unos pasos más y creyó distinguir algo entre las tinieblas, y el brazo adelantado palpó la cara fofa y enorme de un payaso.  Fernando retrocedió espantado y quiso tomar las linternas, pero unas manos frías y arrugadas se lo impidieron, y sintió como lo despojaban de las linternas y las arrojaban contra el suelo. Ahora estaba en problemas.

Se encendió una luz en el medio de la pista, para que viera cuán mala era su situación.     Había dos payasos al lado de él y empezaron a reír con malicia, ya transformados en unos monstruos con maquillaje blanco.  Pero los payasos no lo atacaron. Fernando empezó a caminar hacia atrás, rumbo al centro de la pista. Otros payasos se sumaron al “comité de bienvenida” y se fueron acercando. Fernando seguía retrocediendo hacia el lugar con más luz.

- Hermanos, este es el que destruyó a uno de los nuestros -dijo uno de los payasos-. Ahora conoce nuestra debilidad. ¿Qué opinan? ¿Qué debemos hacer con él, hermanos?
- ¡Comerlo! -gritó uno, y los otros empezaron a relamerse con una lengua enorme.
- ¡Sí, comámoslo vivo!
- Claro que lo vamos a comer -afirmó el que habló primero-, pero antes vamos a darle un espectáculo de terror ¡Jajaja! ¡Tiene que sufrir, rogar por su vida! ¿Qué opinas, hombrecito?
- Contaba con eso, con que no me liquidaran enseguida en la oscuridad -le contestó Fernando-. Supuse que primero querrían darme un susto. Después de todo, son unos payasos.
- ¿¡Qué!? ¿¡Contabas con esto!?

Todos los payasos estaban cerca del centro de la pista. Fernando sacó un control remoto pequeño del bolsillo de su camisa y presionó un botón. Unos luces potentes se encendieron en lo alto de la carpa, e iluminaron toda la pista inundándola de luz ultravioleta, y los payasos monstruosos lanzaron alaridos de rabia. Habían caído en la trampa. Enseguida empezaron a echar humo y a derretirse entre sonidos espantosos.

- ¡Ahí tienen, malditos monstruos! ¡Se metieron con el tipo equivocado! ¡Váyanse al infierno de donde vinieron! -les gritó Fernando.

Salió de la pista a los saltos, para esquivar los charcos que fueron formando los restos de los monstruos que se hacían pasar por payasos. Cuando estuvo cerca de la entrada apagó las luces con el control.  Fuera de la carpa se topó con el jorobado del circo, y este tenía un hacha en las manos.

- ¡Tú eres el electricista que trabajó aquí! ¿Qué hiciste con las luces? ¡Saboteador!

Y el jorobado se le abalanzó, pero no llegó a atacarlo, pues sonaron unos tiros y el tipo cayó hacia adelante, muerto.
¿Quién lo había salvado? Salió de la sombra de un remolque, era el enano dueño del circo.

- Muchacho, vete de aquí antes de que lleguen otros. Hiciste lo que yo tuve que haber hecho desde hace tiempo, pero no tuve el valor. Pero hoy todo termina aquí, ya no habrá más circo.
Gracias. Ahora vete.

Esa noche el circo se incendió completamente: carpa, remolques, todo fue consumido por las llamas, y como nadie sobrevivió pasó a ser un misterio, lo único claro era que el incendio fue provocado


8 comentarios:

  1. Un fin increible para una saga de terror tan buena. Te felicito. :-) La disfrute mucho.

    ResponderEliminar
  2. Me gustaron todos los capítulos. Eres un buen relator de cuentos de terror.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias. Me encanta escribir sobre payasos aterradores. ¡Saludos!

      Eliminar
  3. Me matas!! Pero estuvo genial, todos los cuentos me aterraron, el final excelente!! :)

    ResponderEliminar
  4. Respuestas
    1. Gracias. Esos payasos hicieron de las suyas ¡Jaja! Me divertí escribiendo esos cuentos. ¡Saludos!

      Eliminar
    2. Gracias. Esos payasos hicieron de las suyas ¡Jaja! Me divertí escribiendo esos cuentos. ¡Saludos!

      Eliminar

¿Te gustó el cuento?