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domingo, 9 de febrero de 2014

La fiesta del Diablo

Aquella noche sí que fue inusual: viví en ella un cumpleaños alegre y luego un susto espantoso.
Me levanté para irme cuando ya se habían retirado casi todos. Solo el padre de la quinceañera y un puñado de conocidos formaban un pequeño grupo. Cuando fui a despedirme me propusieron que permaneciera con ellos.  Dudé un instante, pero como no tenía ni un poco de sueño me quedé.
Nos hallábamos en un salón que en un lado tenía unos ventanales enormes y bajos. La propiedad donde se encontraba dicho salón era muy grande, y estaba retirada de la ciudad. En el predio había un bosquecillo y una pequeña pradera, que esa noche era invisible en las tinieblas. Solo el gran patio que estaba frente al salón se hallaba iluminado.
Retomaron una conversación bastante liviana. En un momento dado, una mujer que estaba hablando sobre el negocio de un pariente terminó su frase así: “…Y se fue todo al Diablo”,  entonces un tipo que hasta el momento solo había escuchado dijo:

- A ese es mejor no nombrarlo ni en broma. Sé que solo es una expresión, claro, pero opino que hay que evitarla -aclaró el tipo, mirando a todos al tiempo que sonreía.
- ¿Te refieres al Diablo? -preguntó la mujer.
- Sí, a ese.
- Ahora me acuerdo -intervino otro, y se enderezó un poco en la silla-. Tú escribiste un libro sobre el Diablo.
- Sí, más bien sobre demonología, sobre experiencias de posesión y maldiciones, historias que investigué y recopilé.
- ¿Historias, o cuentos de terror que inventaste? ¡Jeje! -le preguntó el padre de la quinceañera, que parecía conocer bien al hombre.
- Son historias -contestó el tipo, muy serio.
- ¿Entonces, alguna vez se topó con el Diablo? -le pregunté, seguramente anticipándome a los otros.

Ahora todas las miradas estaban fijas en el supuesto experto en demonios.

- A ese que se refieren nunca lo vi, y de haberlo hecho no creo que ahora pudiera estar aquí. No creo que el espíritu humano pueda soportar tal aparición, y hay pruebas sobre el asunto. Lo que se ve en algunos casos solo son demonios, esbirros de “aquel”, pero de todas formas, estar ante uno de esos seres siempre va a ser una experiencia terriblemente terrorífica. 
Hace muchos años vi a una muchacha poseída, y miren, solo con recordarlo se me eriza la piel.

Todos vimos que tenía la piel del brazo completamente erizada. En ese momento escuchamos un trueno, y unas goteras comenzaron a resbalar por los ventanales. Todos pusieron cara de sorprendidos; nadie se había dado cuenta que había tormenta. Durante la fiesta estuve afuera un buen rato, y recuerdo que el cielo estaba estrellado. Enseguida de aquel trueno empezaron los relámpagos, y por instantes el patio quedaba blanco. 
Con tormenta y todo yo quería escuchar la historia del hombre, y seguramente los otros también.
Tras algunos comentarios sobre la tormenta, uno de los presentes animó al tipo a contar su historia, y este continuó así:

“Estaba investigando una supuesta posesión. Era en un pequeño pueblo rural. La familia de la afectaba se mostró reacia hacia mí, y no querían hablar, y mucho menos dejarme ver a la muchacha. Como soy hombre de paciencia decidí esperar. Conseguí alquilar una pieza en una casa vecina, y allí me instalé a ver qué pasaba.
Desde la ventana de aquel cuarto podía ver la vivienda de la poseída, que estaría a unos sesenta metros, más o menos, casi todo el resto del paisaje era campo.
Durante la segunda noche se desató una tormenta como esta, y el estruendo no me dejaba dormir. Me puse a mirar por la ventana y vi que en la casa de la posesa había luz, y entre truenos creí oír unos gritos.  De pronto la puerta de esa vivienda se abrió y la claridad del interior escapó hacia la noche tormentosa, y algo más salió al trote ligero por la abertura. En un primer instante creí que era un perro grande, o un ternero. Lo que fuera iba a pasar frente a mi ventana. Como la oscuridad se cerró en ese momento no pude seguirle la carrera, y cuando unos relámpagos iluminaron todo iba pasando frente a mí, y era la muchacha corriendo en cuatro patas, y era tan rápida y tan anormales los movimientos de sus miembros que me aterré al instante. Pero lo peor fueron sus ojos, pues había volteado hacia mí, y aquellos solo podían ser ojos de demonio”.

Apenas concluyó su historia, cuando todavía me imaginaba a la muchacha corriendo como un perro, estalló un rayo muy cerca, y le arrancó un grito a varios. El estruendo hizo retumbar el salón, y las ventanas traquetearon. Pero nuestros corazones todavía tenían que soportar otro sobresalto.
Surgiendo de la oscuridad, un caballo atravesó el patio al galope, y aumentando más su carrera saltó hacia el ventanal, y el vidrio estalló en mil pedazos, y el ruido fue horrible. El impulso lo hizo seguir unos metros más, y cuando finalmente se detuvo empezó a relinchar horriblemente. En ese momento fue cuando todos huimos hacia la salida.
Después supe que era un caballo de la propiedad, y que murió por los cortes recibidos al atravesar la ventana.  Se supone que el rayo le cayó cerca y eso lo hizo desbocarse, algo perfectamente posible, y lo más probable, pero fue raro que ocurriera justo después de aquella historia.

5 comentarios:

marthavc dijo...

Como Siempre, De Lo Mejor! Eres Mi Escritor Favorito Saludos Desde México

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias. ¡Te mando un saludo desde mi Uruguay hacia tu México!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias. ¡Te mando un saludo desde mi Uruguay hacia tu México!

Fernando Serrano dijo...

Una vez mas gracias por tenernos al filo de la silla y con un final inesperado. Muy bien hecho

Jorge Leal dijo...

Gracias a ti por leerme, Fernando. Saludos.

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