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viernes, 21 de marzo de 2014

Que solo sean un cuento... (2)

Lo que leí en aquella libreta que hallé en mi nuevo hogar realmente me inquietó. Tenía dos relatos de terror: uno sobre una muñeca embrujada y otro sobre la casa donde me encontraba ahora.

“Los primeros días todo fue normal -comenzaba así el relato-. Después de la semana empecé a experimentar algo extraño, ya no me sentía cómodo. Una noche me despertó un ruido, era en el baño. Escuché atentamente y me di cuenta que la ducha estaba abierta. Quise creer que solo era algún desperfecto en la llave o algo así. Al salir del cuarto empecé a sentir miedo. ¿Por qué me asustaba el ruido de la ducha? ¿Estaría presintiendo algo? No sabía si abrir la puerta de golpe o hacerlo despacio. La abrí de golpe y encendí la luz de un manotazo. La ducha estaba abierta pero no había más nada. cerré la llave y la apreté bastante, unas gotas cayeron por un momento pero después se detuvo. Esperé por si de alguna forma se aflojaba, mas seguía igual. Aquello fue extraño.

“Cuando volvía a mi cuarto, otro ruido: acababan de cerrar la puerta de la heladera. Tenía una grande y vieja y el sonido al cerrarla era inconfundible. La cocina estaba a unos pocos pasos, pero mi corazón se aceleró como si hubiera corrido varias cuadras. Me detuve en la entrada y encendí la luz.    Con un temor creciente, me agaché lentamente para mirar bajo la mesa. Fui hasta la heladera. La mano me tembló al abrirla. Nada raro.
De haber encontrado a un ladrón o a un intruso no me hubiera asustado tanto. Desconocía lo que pasaba allí, y eso es lo que más asusta. Ya estaba seguro que era algo sobrenatural, pero, ¿qué pretendía esa cosa, qué era, fantasma, demonio…? La incertidumbre, eso es lo peor.
Fui hasta el cuarto para terminar de vestirme e huir de allí. Cuando estuviera de día volvería por mis cosas.   Estaba por salir del cuarto cuando sorpresivamente algo se aferró a mí por detrás, y unos brazos rechonchos, flácidos y por demás arrugados rodearon mi pecho. Más que grito lancé una especie de alarido. Después, una voz arrastrada, despareja, reverberante y aguda, que recordaba en algo a la de una anciana pero era infinitamente repulsiva, sonó detrás de mi nuca:

- ¡No me dejes, amor! -me dijo, y se echó a reír con una carcajada espeluznante.

“Sería imposible describir la desesperación y el terror que me invadió en ese momento. Solo puedo decir que grité mucho, que giré tratando de zafarme de aquel abrazo, y que tras unos segundos que me parecieron larguísimos mi corazón no soportó tanto terror y me desmayé profundamente.
Debo haber estado muy cerca de la muerte, si no tuviera un corazón fuerte no lo habría contado.
Reaccioné cuando estaba amaneciendo, y salí de la casa arrastrándome.
Creo que aquel ser en realidad debe ser muy débil, porque después me di cuenta que no pude librarme de su agarre porque era algo muy liviano, casi sin peso. Presumo que su poder es el terror, y que pretendió matarme de un susto.  
Dejo mi diario personal aquí por si no demuelen la casa, y si alguien lo encuentra espero que me crea, esto fue real. Hay algo malo en la casa”.

Ahora comprenderán mi inquietud. El relato me impresionó, pero debía verificar si realmente hablaba sobre la casa donde me hallaba, tenía que saber si aquel tipo realmente vivió allí.  En el librillo traía su nombre, averiguarlo sería fácil.   Consulté a la inmobiliaria que me vendió la vivienda, y efectivamente, aquel tipo vivió allí.
¿Qué hacer? No podía irme de allí por algo que bien podía ser solo un cuento, una broma pesada de un escritor aficionado.  Hasta el momento no pasaba nada raro. Ya no me sentía cómodo, pero bien podía ser por lo que pensaba del lugar.
Una noche, desperté al escuchar algo. ¡Era la ducha abierta! Me levanté de un salto, agarré de pasada unas prendas que tenía dobladas en una silla y salí por la ventana, salté al jardín y de allí a mi auto.
Volví de día con un primo y un amigo. Al entrar descubrimos que la ducha todavía seguía abierta. Mi primo la revisó; para él era un problema de la llave.
De todas formas me mudé del lugar. Al final, nunca sabré si me salvé de una casa embrujada, o abandoné una casa normal con un problema de grifería, problema que tal vez inspiró a un escritor bromista.




20 comentarios:

dante dijo...

esta bien, pero es muy comun, ay cientos de cuentos iguales. deberias esforzarte un poco mas.

Jorge Leal dijo...

Dante, desde hace mucho se dice que en literatura no hay más nada por inventar. Yo creo que eso es un poco exagerado, pero es cierto hay historias que practicamente se repiten. Si lees a los maestros del género vas a ver hay historias muy parecidas, sobre todo si a casas embrujadas se refieren. Sobre lo de esforzarme... eso me suena a comentario de troll nomás, ¡Jaja!

asman ito dijo...

Tercera parte ¡jaja!
¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

¡Jaja! Este pozo ya se secó. Gracias por comentar. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Hola Jorge felicitaciones por el cuento hace dos años te sigo aunque a veces no comento gracias por la diversión e historias que compartes y no le pongas cuidado a personas que critican por criticar y que ni siquiera buena ortografía tienen como para exigir mayor esfuerzo de tu parte

Taide Silva dijo...

Me gusto

José Luis Vassallo dijo...

Muy bueno. Eso de escapar para evitar el fantasma me parecio genial. Sobre si esta todo escrito que dijeron mas arriba, que queres que te diga, yo lo disfrute. Esperaba una 3ra. parte como que el espiritu lo siguiera pero que le vamos a hacer ya dijiste que no se sigue así que me resta esperar el siguiente relato. Muchas gracias. Un abrazo.

Jorge Leal dijo...

Gracias Taide. Bienvenida al blog. Saludos.

Jorge Leal dijo...

Escapar me parece una reacción más natural ( cuando el personaje sabe o cree que hay algo sobrenatural o malo) que ir a ver qué pasa. Por curiosidad un personaje puede ir a investigar, pero si sabe que hay un fantasma u otra cosa entonces se debe inventar algo más, obligarlo a ir. Por ejemplo: un vigilante tiene que ir aunque escuche algo "feo".
Esta historia no da para otra parte, pero van a salir otros cuentos para que leas.
¡Un abrazo!

Anónimo dijo...

estuvo divertido, aunque crei que seria mas de terror, en fin gracias por atender a la peticion de una segunda parte eso esta genial

Jorge Leal dijo...

Gracias a ti por leerme. Estos finales así son gustos que me doy a veces. Además, mucho terror hace mal para el corazón, y no quiero quedarme sin lectores ¡Jaja! Saludos.

BB dijo...

Muy bueno, m asuste mucho

Jorge Leal dijo...

Gracias BB. Espero que te haya asustado pero no espantado del blog ¡Jaja! ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Me gusto pero en la historia se habla de otra "una muñeca embrujada" que decia de ella?

Anónimo dijo...

Ke cobarde el ke kompro lacasa jaja. Wena la historia. No tendrás x ai una de bakeros o sea terror en el oeste, algún kollote sombi o un apashe asesino, , inbentate una amigo.... Gonzo

Jorge Leal dijo...

Hola. Alguno parecido a lo que quieres tengo. Busca en los cuentos más viejos, hay cientos.
Gracias por comentar, Gonzo. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Muy buenos todos tus cuentos amigo!sos un idolo !!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, amigo. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Ídolo Jorge Leal te felicitó

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, amigo. ¡Saludos!

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