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martes, 29 de abril de 2014

La manada

Al llegar a la casa de mis parientes creí que iba a tener un recibimiento más caluroso, pero estaban muy ocupados con sus armas.
Ellos vivían en una zona rural de Norteamérica. Había pasado un buen tiempo desde mi última visita. Cuando llegué parecía que se estaban preparando para la guerra.  Por supuesto que me saludaron, pero enseguida volvieron a limpiar caños y mecanismos, y a mirar objetos de la casa por encima de las miras.  Tenían un pequeño arsenal en la mesa. Todos estaban serios. ¿Qué pasaba allí? Los miré para ver si alguien respondía y noté que me esquivaban la mirada, entonces tomé la iniciativa:

- ¿Qué pasa aquí? ¿Se viene la guerra? ¡Jaja! -les pregunté.
- Nos han estado matando ganado -dijo al fin uno de mis tíos-. Por varias razones creemos que es ·“Pie Grande”.
- ¿Pie Grande? -pregunté atónito. Los otros me miraron de reojo, probablemente intuyendo mis bromas. Y comencé-. “Pie Grande”, ese pillo. Vamos a cazarlo entonces.   Saben, cuando venía en el ómnibus al pasar por un puente atropellamos un Troll, y un Hada se reventó contra el parabrisas más adelante ¡Jajaja!

Nadie me festejó la broma. Después de un silencio incómodo me puse serio.

- Bromas aparte -les dije-, si van a cazar algo cuenten conmigo.
- Gracias pero no -me rechazó otro tío-. Recién llegaste, seguramente estás cansado, con hambre. Nosotros nos encargamos.
- Yo estoy bien. Después de tanto estar sentado tengo ganas de caminar. En serio, voy con ustedes.
- Bueno, pero no siguas con tus bromas -me dijo uno de mis primos, y terminó de poner un cartucho en su escopeta.
- Ya dije que era enserio -le contesté, y al instante me arrepentí, porque aquel era su hogar, y mi fama de bromista la tenía bien merecida.

Fui a cambiarme.  Cuando me ponía unos botines me sentí un poco mal. Evidentemente todos creían en “Pie grande”, no tenía derecho a bromear con aquello, y no correspondía contestarle mal a uno de mis primos menores. No quería volverme una visita indeseada.  En mi última estadía allí había notado cierta tensión en aquel hogar.
Al volver a la sala me dieron una escopeta y una linterna.  Todos ya estaban listos. Ellos eran nueve. Salimos por el fondo y rumbeamos hacia un bosque cercano. Ya casi era noche.
Al atravesar el campo me llegó un olor nauseabundo, y vi que había huesos desparramados, muchos huesos. No logré ver ni un ganado vivo. ¿Los había atacado un Pie Grande o un montón de ellos?

- ¿Y las vacas? -les pregunté-. No puede haber matado tantas, ¿o sí?
-  No, las cambiamos para el campo de unos vecinos -me contestó uno.

Pero había muchos huesos, y ninguno comentaba nada. ¿Por qué no los habían enterrado? ¿Cómo soportaban aquel hedor cerca de la vivienda?
Cuando alcanzamos el bosque este ya estaba negro de oscuridad. Los diez formamos una línea y fuimos peinando el terreno. Apenas nos internamos en la fronda tuve que encender la linterna; a los otros no les hizo falta porque parecían ver mejor que yo.  Eso me hirió un poco el orgullo. Mis parientes agringados veían mejor que yo, que estoy acostumbrado a andar en el monte. ¿Qué pasaba allí?
Como a la media hora de caminata silenciosa el bosque fue quedando mucho más claro. Se había elevado la luna llena.

- Oigan, creo que escuché algo -susurró de pronto uno de mis primos. Yo no había escuchado nada.
- Es cierto, ahí adelante -afirmó otro. Presté oídos pero nada, mas el resto parecía escuchar con claridad.
- Vamos a adelantarnos  -propuso uno-. Tú quédate aquí -me dijo.
- ¿Quedarme aquí? Lo mejor es rodear ese lugar -objeté.
- No, tú quédate aquí, nosotros vamos adelante.
- Pero uno solo no sirve de nada, no aquí en la espesura. Lo que ande ahí puede escapar por cualquier lado.
- Hablando de eso. No creemos que sea un Pie grande, creemos que es un hombre lobo, más bien, varios de ellos. Ahora quédate aquí.

Le hizo una seña con el brazo a los otros y se adelantaron. Antes de perderse en el bosque vi que todos voltearon hacia mí.    Quedé agazapado, con una rodilla en tierra, listo para la acción, pero no terminaba de comprender la estrategia de mis parientes.
¿Por qué no rodear a la presa?, y ¿cómo es que yo no escuchaba nada? siempre tuve un oído muy fino.
Allí había algo realmente raro. Después creí comprender. Querían dejarme atrás, me estaban jugando una broma pesada.  Me pareció un poco extraño, ni yo bromeaba así.
¿Qué hacía ahora, volvía a la casa o seguía hasta encontrarlos? Supuse que más adelante se estaban riendo de mí. “Que broma más tonta”, pensé “Si creen que me voy a asustar por quedar solo están muy equivocados, ¿Acaso no me conocen, se olvidaron quién soy?”. Entonces aquello ya no tuvo sentido, tal vez no era una broma. Decidí seguir.
Los rayos lunares penetraban todo el bosque y veía casi todo con claridad, pero detrás de cada tronco podría haber algo, y había muchas enramadas ensombrecidas.
De pronto vi que algo brillaba, al mirar mejor vi que era un arma. Estaba contra un tronco junto a otras, aquellas eran las armas de mis parientes. Las habían apilado allí, ¿y ellos dónde estaban?
Creo que salté por el susto al escuchar al escuchar el primer aullido. Era muy potente para ser humano. Después lo siguieron otros, y el ruido indicaba que se iban acercando por el frente.

Empecé a retroceder pero sin correr. Ahora escuchaba como se abrían camino apartando ramas y saltando por encima de troncos caídos y enramadas. Eran varios, avanzaban juntos formando una línea.  Al voltear vi un par de ojos brillantes que resaltaban en la espesura. Giré y apunté, nada, intenté de nuevo y obtuve el mismo resultado. Tenía cartuchos pero no servían.  Al intentar disparar en vano, los otros se acercaron más y pude verlos; eran como lobos sin pelaje que caminaban sobre dos patas. Creí que estaba perdido. Seguí huyendo pero si muchas esperanzas. Al primero que me alcanzara lo iba a recibir con un culatazo, pero más de eso no creía que pudiera hacer, eran muchos, eran… nueve hombres lobo.
Aunque me seguían de cerca en ningún momento me alcanzaron. Cuando salí del bosque se quedaron en él. Crucé el campo maloliente y me detuve exhausto antes de llegar a la casa, me detuvo algo que vi en la ventana. La luz estaba prendida, y en la ventana grande de la sala había otros monstruos como los del bosque, y estos me miraban haciendo gestos fieros.
Abrumado por el terror corrí ahora hacia el sendero que da a un camino. En la entrada de la propiedad estaban mis bolsos, los habían puesto allí; los tomé y me marché de aquel lugar endemoniado.
Creí que no los iba a ver nunca más, pero hoy llegó una carta a mi casa: vienen a visitarnos.

16 comentarios:

José Luis Vassallo dijo...

Mmmmm que quieren que les diga esto merece una continuación. Aunque si yo fuera ese hombre me mudaba inmediatamente a algún lugar sagrado (como el baticano) o a un lugar mas seguro (como fort knox) jajajaja ;-)
Muy buen relato. Me parece que se le fueron las ganas de chistes. ;-)
Slds.

Jorge Leal dijo...

Hola José. Sabes, lo escribí pensando en una segunda parte, después perdí el interés, no sé. Puede salir o no. A mí me encantan los finales abiertos. Un final concluyente igual te arruina el cuento si no es muy bueno. Gracias por comentar. ¡Saludos!

Aaron Aquino Martínez dijo...

Hey Jorge tus historias son fantasticas a esta le falto un poco mas de eso a lo. Que nos tienes acostumbrados. saludos

Ely Rivero dijo...

Cuidado cn los lobos disfrazados de cordero( vaticano ) y jorge, me encantaria la 2 parte de esta historia...

Juan Esteban Bassagaisteguy dijo...

Muy bueno, Jorge.
Saludos...

Anónimo dijo...

Hola soy Pamela de mar del plata, Argentina. Hace rato q leo tus historias y tengo q admitir q me encantan, tus ideas, tu forma de escribir, de hacernos entrar en cada una de ellas... Te felicito sos un genio Besos desde mardel!

Jorge Leal dijo...

Hola Pamela. Discúlpame por no responder antes. Muchas gracias, vecina. Me alegra que te guste como escribo. Espero que te animes a seguir comentando. ¡Te mando un saludo desde el otro lado del charco!

Jorge Leal dijo...

Gracias por leerme siempre, Juan. ¡Saludos.!

Jorge Leal dijo...

Para la próxima mejoro. Saludos.

Jorge Leal dijo...

Hola Ely. Bueno, si más lectores la piden la hago ¡Jaja! ¡Saludos!

oziel dijo...

Muy buena tu historia , yo si creo que se vale una segunda parte desde monterrey mexico

Jorge Leal dijo...

Hola Oziel. Gracias. Si me lo piden mas hago una segunda parte ¡Jeje!. Tengo un montón de lectores en Monterrey. ¡Te mando un saludo, cuídate!

ValeAnny Alvarez dijo...

Perfecto! Esta buenísimo el cuento si sería genial una segunda parte y tercera y cuarta.....

Jorge Leal dijo...

Vamos a ver. ¡Saludos, Vale!

Anónimo dijo...

por favor as la segunda parte ;)
karyna

Jorge Leal dijo...

Bien, solo faltaba otro comentario que la pidiera ¡Jeje! En serio, voy a hacer la segunda parte, y tal vez haya otras. No sé cuándo estará lista, pero ya tengo una idea bastante clara en mi cabeza. Gracias por comentar. ¡Saludos!

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