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lunes, 19 de mayo de 2014

En la escuela

Cuando el director de la escuela entró al salón, y con el permiso de la maestra preguntó quién quería ayudarlo a cargar algunas cosas, fui el primero en ofrecerme.  No había hecho la tarea, y creí que aquello me podía salvar. Al salir del salón me llevé el cuaderno, confiando en que al otro día la maestra se iba a olvidar. Si el trabajo con el director se extendía hasta la hora de la salida, me salvaba de otra tarea. ¡Genial! Pero al ver que debíamos cargar cosas que se hallaban en la escuela vieja, el asunto ya no me gustó nada.
El terreno de la escuela era grande. Había una parte nueva, donde se daban las clases, y después de un patio interior grande se encontraba el edificio viejo (lo que quedaba de él), y esa parte todos decían que estaba embrujada.
Evidentemente el director (que era nuevo en la escuela) no creía que estuviera embrujada.  
Tres de mis compañeros de clase se ofrecieron también, y noté que se sorprendieron como yo al darse cuenta a dónde íbamos.

Al atravesar el patio el director iba adelante, y nosotros lo seguíamos sin apuro, con ganas de desertar.
Abrió una vieja puerta de metal y entramos a un salón donde la luz era crepuscular. Las ventanas se encontraban a una considerable altura, y sus vidrios estaban tan sucios que alcanzaban a detener gran parte de la claridad del sol, que a esa hora ya estaba algo bajo en el cielo. La mitad del salón estaba ocupado por viejos y descolados pupitres que se amontonaban unos sobre otros. De allí pasamos a otro salón, y este se hallaba repleto de todo tipo de objetos. El director empezó a seleccionar algunos.

- Vayan llevando lo que les doy al salón grande -nos dijo-, después los vamos a sacar para el patio, y ahí los limpiamos un poco. Los padres que forman la comisión se van a encargar de vender lo que puedan, y lo recaudado va para la banda de la escuela. ¿Alguno está en la banda?
- No -le respondimos al unísono.
- ¿Sus padres están en la comisión?
- No.

El director nos observó un momento. Seguramente comprendió que no estaba frente a los mejores alumnos de la escuela.    Después supe que los otros se ofrecieron por la misma razón que yo.
Primero cargamos unas ventanas de hierro y unos marcos de puerta, restos de los salones demolidos. Luego llevamos un escritorio pequeño pero pesado, y a continuación unas cajas polvorientas llenas de papeles que olían a viejo.
Aquello ya era mucho trabajo, debía hacer algo para librarme de él. Una idea vino repentinamente a mí, en forma de una imagen aterradora. Sonreí disimuladamente, fui hasta donde estaba el director y le dije:

- Director. Entre los bancos viejos hay un niño de cara rara que nos está mirando.
- ¿Qué? ¿Entre los pupitres? ¿Pero quién pudo meterse ahí…? -y salió hacia el salón, con el ceño fruncido.

La luz era más escasa ahora. La pila de pupitres era grande y desordenada. El director dio unos pasos hacia ellos y se detuvo, se agachó, trató de ver bajo los destartalados muebles, y después volteó hacia nosotros, muy serio.

- Él dice que vio a alguien entre esos pupitres. ¿Ustedes también vieron a un niño escondido ahí? -le preguntó a los otros; lo que respondieron me sorprendió.
- Sí, también -dijeron los tres, y parecían muy asustados.

¿Qué pasaba allí? ¿Mis compañeros habían comprendido mi plan?  El director volvió a mirar la pila de bancos viejos. Repentinamente retrocedió como espantado y nos gritó que saliéramos de allí.
Después el asunto pasó a ser por demás extraño. Mis compañeros juraban que realmente vieron a un niño aterrador, y parece que el director también lo vio, y al recordar aquel momento ya no supe si inventé repentinamente aquello o si vi una imagen fugaz.






5 comentarios:

  1. Esta muy bueno el cuento, pero para mi tenian histeria colectiva

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    1. Hola Ely. Gracias. Sería una de las explicaciones que se le podría dar a la historia, pero prefiero que crean que estaba embrujada ¡Jeje! ¡Saludos!

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    2. Histeria colectiva o embrujada esa es la idea de un buen cuento ;)

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  2. Respuestas
    1. Gracias Juan. Ya ves, si ahora cometo algunos errores es porque de niño fui a una escuela embrujada, y muchas cosas no las aprendí bien ¡Jajaja! ¡Saludos!

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