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martes, 20 de mayo de 2014

La Luna y el cazador (primera parte)

El día ya estaba en su ocaso cuando Mauro todavía iba a pie por la ruta.  En las praderas por donde pasaba aquella ruta los pastos se iban hundiendo en las sombras de unas elevaciones lejanas. Las nubes que se habían encendido con los últimos rayos del sol comenzaban a dispersarse, y el extremo más lejano del cielo se iba volviendo gris.
Mauro no era muy alto pero tenía hombros anchos y una postura muy derecha al andar, la mirada clara y serena puesta en un tramo lejano del camino. Fácilmente podrían confundirlo con un militar, pues tenía la actitud, y se debía a la educación que le impartiera su padre, un veterano de las fuerzas especiales; pero Mauro solo había sido cazador toda su vida. Ahora iba tras la presa más peligrosa a la que podía enfrentarse.
Como todavía estaba lejos iba haciendo “dedo” a los vehículos que pasaban, pero en aquellas soledades nadie se fiaba.

Cuando la noche terminó de ahuyentar a la claridad del día Mauro se detuvo a mirar la extensión oscurecida que lo rodeaba. Al pasar la mirada por el terraplén opuesto de la ruta, entre los pastos se enderezó hasta la cintura la figura de un hombre, y acto seguido se irguió otra que estaba a su lado. Se pararon, hablaron algo entre ellos y recogieron unos bolsos, y acto seguido se los colgaron  al hombro.
Mauro siguió caminando. De reojo vio que las dos figuras tomaron la ruta y empezaron a seguirlo a grandes pasos.  
Era lógico suponer que eran dos caminantes como él que se habían echado a descansar un rato. Pero en los caminos anda todo tipo de gente, y Mauro lo sabía bien.
Los tipos trotaron un poco y lo alcanzaron. Mauro volteó hacia ellos.

- Buenas noches -saludó uno de los tipos, levantando el ala retorcida de un sombrero medio aplastado que acababa de ponerse.
- Buenas noches -contestó secamente Mauro.
- Hoy la gente no para, ¿no?
- En esta zona no.
- Es cierto, no sé por qué, ¡jeje!

Y empezaron a caminar a su lado. El que no había hablado tenía barba espesa, pelo largo, y su mirada era un misterio en aquella oscuridad, pero Mauro podía sentir que el sujeto lo observaba de pies a cabeza. Algo le decía que aquellos dos no tenían buenas intenciones. El hablador confirmó sus sospechas al preguntarle:

- Cuando usted anda viajando, ¿duerme al aire libre nomás o se queda en algún lugar?
- Depende.
- ¡Ah! ¿De qué depende?
- De cosas. No son asunto de usted.

Aquella pregunta en realidad intentaba averiguar si andaba con dinero o no. Tras la respuesta poco amigable de Mauro los desconocidos se atrasaron un poco y cuchichearon entre ellos. Los seguían a unos cinco metros de distancia, hablando bajo entre ellos, mirando hacia adelante, volteando de nuevo hacia su compinche; Mauro iba atento, escuchando. Si se acercaban más…
Mientras ocurría eso la oscuridad recién instalada había comenzado a ceder. Una luna llena enorme, amarilla, se iba apartando del horizonte y el paisaje volvía a mostrarse, también se creaban nuevas sombras.
Los vagabundos que seguían a Mauro comenzaron a emitir risitas burlonas, entre cuchicheos. Eran como dos depredadores que juegan con su presa; dejan entrever sus intenciones, se sienten más poderosos, crece la confianza, las risitas.  Mas Mauro ahora seguía a paso parejo, no caminaba más rápido.
Como si presintieran algo, los vagabundos mantuvieron la distancia un trecho, pero pronto olvidaron esa prudencia:

- ¡Oye! ¿Tienes algo de dinero para darnos? Mejor, danos todo lo que tengas. ¿Oíste? -habló nuevamente el bocón.
- No quiero problemas, solo lárguense. No se los voy a repetir -les advirtió Mauro.
- ¿¡Pero quién te crees!? ¡Ya vas a ver!

Los vagabundos corrieron hacia Mauro pero se detuvieron enseguida, un gruñido los detuvo. Mauro había volteado levemente, y su perfil ya no era el de un humano, era un hombre lobo.
Aquello bastó para que salieran corriendo en sentido contrario, y pronto dejó de verlos.
Mauro no quería perder el tiempo con pillos comunes, él tenía un objetivo, y este era destruir al hombre lobo que le traspasara aquella maldición a él.
Aunque nadie lo levantara estaba a menos de un día de la zona que era su meta. Y siguió caminando bajo la luna, gruñendo cada tanto al pensar en su próximo enfrentamiento.

10 comentarios:

José Luis Vassallo dijo...

Que placer leer estas historias. Tardan pero como las disfruto. Espero que la continues y profundices como fue que le traspaso la maldición. Sigue así. Un abrazo desde Argentina. Te felicito.

Jorge Leal dijo...

Hay cuatro partes más, José. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Oye gorge me llamo heinert seria exelentes q si pudieras poner cuentos de desaparecidos saludos desde ecuador

Jorge Leal dijo...

¿Qué tipo de desaparecidos, los de las dictaduras? No sé bien a qué te refieres. Sobre gente que desaparece por algo sobrenatural ya he escrito, hay un montón de cuentos así.
Gracias por la sugerencia. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Creo que ya con tratar la temática de desapariciones durante dictaduras ya da escalofríos, pero seguro puedes agregarle más terror a eso Jorge... jeje

Jorge Leal dijo...

Sí, es mas, ya se me está ocurriendo algo. Veremos qué sale. Gracias por comentar. Saludos.

Anónimo dijo...

Hace poco que inicie a leer tu blogs me gusta mucho usualmente me imagino todo. Me encanta contárselas a mis estudiantes. Carlos de El Salvador

Jorge Leal dijo...

Gracias por comentar, Carlos. ¡Que bueno, desde El Salvador! Te mando un saludos desde mi Uruguay. ¡Saludos a tus alumnos también!

Jorge Murcia dijo...

Excelente historia. Me gustó mucho. Los cuentos de terror creo que son los más placenteros de leer. Sigue adelante. Saludos desde Los Ángeles, Ca. Soy salvadoreño

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Jorge. Tienes un lindo nombre ¡Jaja!
Adoro escribir cuentos de terror, y leer todo lo que encuentro de este género. Deseo seguir escribiendo terror, pero lamentablemente los cuentos así son el blanco preferido de un gran número de plagiadores que andan en internet, y es como luchar contra una horda de zombies.
Espero no terminar escribiendo novelas románticas, por que ya lo estoy considerando. Donde sea bueno en eso... adiós terror. Es muy estresante. ¡Saludos, tocayo salvadoreño!

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