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jueves, 22 de mayo de 2014

La Luna y el cazador (tercera parte)

Mauro era prisionero de un hombre lobo, y él también se iba a transformar en uno. 
La cadena era muy gruesa y estaba muy bien empotrada a la pared. Mauro tanteó el collar que lo apresaba; era de metal y tenía un candado. Echó un vistazo en derredor buscando algo que lo ayudara, pero los objetos del sótano estaban fuera de su alcance.  Lo único que tenía a mano era un balde plástico lleno de agua.  Como sentía mucha sed quiso beber, pero antes olfateó el líquido. Era agua limpia. En ese momento se dio cuenta de que sus sentidos se estaban agudizando. 
Su audición ahora más agudizada escuchó pasos que se acercaban al sótano. Se abrió la puerta y el gigantón bajó por la escalera haciendo crujir los peldaños con cada paso. Su captor se mantuvo a distancia y le dijo:

- Como mataste a mi perro ahora serás mi nueva mascota. Esta noche vamos a salir de cacería, y te voy a usar como a un perro de presa. 
- ¡Nunca! -le gritó Mauro-. En cuanto me sueltes de esta cadena…
- ¡Jajaja! Cuando salga la luna solo serás una bestia, una bestia bajo mi voluntad. Los hombres lobo nuevos no piensan, solo tienen instinto. Ya verás. 

Y el gigante subió las escaleras y cerró de un portazo.   
Mauro quedó pensando en lo que dijo el otro. Preferiría morir antes que dañar a un inocente. 
Pasó el resto del día intentando zafarse de la cadena pero fue en vano. Cuando llegó la noche el sótano quedó completamente oscuro, mas después un haz de luz pálido entró por la ventana, y cuando levantó la vista la luna llena se asomaba por ella. Entonces empezó a trasformarse. 
La transición fue rápida. No era un cuerpo transformándose en otro, aquello era completamente sobrenatural. Era como si la bestia simplemente se materializara en él. Ahora tenía garras, colmillos y un pelaje espeso y oscuro que le cubría todo el cuerpo. 
Escuchó con más claridad que se acercaban al sótano. El otro también estaba transformado en hombre lobo. Bajó las escaleras en la oscuridad y fue hasta él gruñendo. 
Su captor tenía razón, ahora solo era una bestia.   Así como los lobos y los perros son sometido por un líder, Mauro se sometió al otro, y aunque gruñendo dejó que le quitara el collar. 

Después los dos salieron de la casa. La vivienda estaba cerca del bosque, y ambos entraron en él. Mauro iba atrás, era un seguidor. Cuando se detenía para olfatear algo el otro volteaba y le gruñía, y Mauro, sin voluntad lo obedecía. Tenía un recuerdo leganismo de quién era y cuál era su situación, pero no podía pensar en ello, solo iba atento a su entorno, a los olores, y a la actitud agresiva del hombre lobo más fuerte.  El otro evidentemente estaba consciente de todo y pensaba como un hombre, pero como era alguien muy malvado de todas formas era una bestia.  
Haces de luz lunar traspasaban el follaje y se concentraban en algunas zonas despejadas. 
De pronto un olor llegó hasta Mauro; era un ciervo. Comenzó a rastrearlo, y cuando el otro se dio cuenta corrió hacia él enfurecido. Le lanzó un zarpazo circular y Mauro se lo bloqueó con el antebrazo. Aquella reacción defensiva era humana, y provocó un chispazo de consciencia en Mauro, pero fue solo un instante. Tras una nueva amenaza del otro hombre lobo volvió a someterse y se agachó bajando la cabeza. Desde ahí el otro no lo perdió de vista. 
Alcanzaron el costado de un camino y allí el líder lo hizo detenerse, y agazapados tras unos arbustos esperaron a una presa: era una cacería de humanos. 

La luz de un vehículo se fue aproximando. Como el camino estaba en muy malas condiciones iba a baja velocidad.  El licántropo mayor hizo un gesto y Mauro arremetió contra el vehículo. Lo embistió de lado y lo levantó desde abajo haciéndolo volcar. Los que iban a dentro (una familia) lanzaron un grito de terror. El auto quedó de lado y sus ocupantes empezaron a gritar más.   
Cuando Mauro escuchó gritar a unos niños se detuvo. Fue como cuando alguien está soñando y de pronto toma conciencia de lo que pasa.  Se miró las manos-garras, palpó su cara, y lanzó un aullido de rabia. Fue hasta el auto y lo acomodó sobre sus cuatro ruedas. El conductor no entendía nada, pero aceleró cuanto pudo y se marcharon de allí dejando una nube de polvo.  
Escaparon justo antes de que el otro hombre lobo saltara al camino.  Aquel momento de plena conciencia se fue desvaneciendo, pero antes de someterse nuevamente Mauro salió corriendo. El otro no lo siguió; sabía que podía dominar a la bestia, pero no al hombre que le diera una paliza la noche anterior. 

Ahora Mauro estaba libre, pero la bestia seguía con él. 
Las noches de luna llena que aún quedaban las pasó en otro bosque distante. Durante el día pensaba mucho. Ya no podía vivir como un hombre normal. Al regresar a su ciudad alquiló su casa, vendió casi todo lo que tenía y desde ahí empezó a vagar por los caminos.  Cuando se transformaba no podía evitar cazar animales, pero se mantenía lejos de los humanos. Con su gran voluntad y ejercicios de concentración fue dominando a la bestia. Después de varios años consiguió transformarse y volver a la normalidad a voluntad. Ahora estaba listo para enfrentar a su enemigo como un hombre, pero con el poder de un hombre lobo. 

Con el amanecer los recuerdos de su odisea se disiparon. Hizo una pausa y durmió en una arboleda que estaba cerca de la carretera. Continuó su viaje por la tarde. No sabía la ubicación exacta de la casa donde estuviera encadenado, pues solo recordaba el fondo de esta, pero creía encontrar fácilmente la zona donde se hallaba.  Cuando tomó un camino rodeado de bosques supo que estaba cerca. Se detuvo frente a la casa cuando ya se había hecho noche. No tuvo dudas de que aquel era el lugar. La luna llena lo llenaba de fuerzas. Atravesó el patio de la propiedad y vio que adentro había una luz encendida. Pero aquel no era el olor de su enemigo, era otro tipo. Alguien lo vio por una ventana y salió de la casa para preguntarle: 

- ¿Qué desea? -era un señor mayor, menudo de tamaño, y Mauro no sintió ninguna amenaza en él.
- Busco al dueño de la casa -respondió Mauro, algo sorprendido por la situación. 
- Usted tal vez busca al antiguo dueño, un tipo muy alto, de pelo muy claro, ya canoso…
- A ese es al que busco. 
- ¡Ah! Por su aspecto supongo que usted es un conocido del señor Mac Gregor, él lo describió, y dejó algo dicho para usted. Creí que nunca iba a venir, porque de eso hace mucho, en fin… Me dijo que le informara su nueva dirección. Está en un caserío ubicado al norte de aquí. Es un lugar muy solitario. También me dijo que le avisara que allí tiene toda una jauría de perros, y que vaya cuando quiera. Sí eso fue lo que dijo. 
- Bien, muchas gracias. Disculpe que haya entrado así -se despidió Mauro. 
- No pasa nada. Adiós, joven.  

Mac Gregor, así se llamaba su enemigo. El muy cobarde se había cambiado de lugar, seguramente temiendo que él lo encontrara. La jauría de perros en realidad debía ser de hombres lobo, supuso acertadamente Mauro. No importaba, de todas formas lo iba a buscar. Y se alejó por el camino a paso firme, siempre bajo la luna. 

4 comentarios:

  1. Siiiii cada vez mas interesante....exelente jorge, besos

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  2. Ya estas abusandote, me estas mal acostumbrando a tus relatos. 4 seguidos y de una misma historia? Maldición que esta bueno. Se viene una batalla impresionante. Muchas gracias y por favor sigue escribiendo cuando puedas. Un abrazo.

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    Respuestas
    1. No me agradezcas; sin los lectores no hay escritor (o como en mi caso, principiante de escritor). Gracias a ti por tus generosos comentarios. ¡Saludos, amigo!

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