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miércoles, 25 de junio de 2014

Bajo el hospital (primera parte)

Lucas levantó la piqueta sobre su cabeza pero no descargó el golpe; había escuchado un ruido bajo el piso.  Le dijo a Esteban y a Ramón que se detuvieran y quedó atento. 
Lucas y sus dos compañeros estaban trabajando en la habitación de un hospital, retiraban un piso ya mal trecho, eran albañiles. Como en las habitaciones contiguas había pacientes, no podían usar un martillo mecánico por el ruido, por lo que lo estaban haciendo manualmente, con piquetas y cuñas de acero. Al comenzar tuvieron que dar algunos golpes, pero después de retirar una baldosa fueron levantando las otras con menos ruido, y como la humedad ya había hecho gran parte del trabajo, removieron muchas baldosas en un rato. Pero Lucas sintió un ruido, y eso nunca es algo bueno. Romper una cañería de agua resultaría desastroso, y estaba la posibilidad de que el piso se derrumbara, que estuvieran sobre algo hueco. Sabían que aquella parte era un ala antigua del hospital, y los planos no coincidían del todo con la estructura, por lo que sospechaban de modificaciones que no figuraban en ningún lado. 
Los tres escucharon atentamente. Lucas dio unos golpecitos en el suelo y el ruido aumentó. 

- ¿Qué habrá ahí abajo? -preguntó Ramón.
- Según el plano que me dieron, nada, pero ya vieron que está mal, no explica todo lo que está construido -le contestó Lucas. 
- ¿Serán, ratas? -planteó Esteban. 
- Puede ser, pero supuestamente por aquí no pasa ningún drenaje ni cañería. Pero pueden haber cavado algo ahí, y claro, tal vez nos equivocamos de habitación. Ruido a agua no es. 

Los tres quedaron suspensos. La idea de cientos de ratas bajo ellos era repugnante. Pero lo que había allí era algo mucho peor. 
El ruido se concentró en la zona donde habían retirado las baldosas. Los tres se apartaron. El suelo crujió, comenzó a agrietarse y se fue elevando como si fuera a estallar. Era el momento para correr. 
Salieron de la habitación. Lucas volvió la mirada primero y vio algo aterrador. El suelo cedió, se rompió, y asomaron a manotazos unos muertos vivientes. Estaban cubiertos de cal y tierra, y hacía tanto que estaban allí que ya no tenían ropa, y les resaltaban las costillas y eran poco mas que esqueletos. Pero se movían con bastante rapidez, y con andar irregular o arrastrándose se fueron desparramando por la habitación mientras otros seguían saliendo del hueco. 
Era una escena pesadillesca, una situación inconcebible, pero allí estaban. Lucas, por el mismo susto que le causó la escena, cerró la puerta con fuerza. Aquello hizo que algunos zombies se dirigieran a ella.  Tras unos pasos tambaleantes chocaron contra la puerta a los arañazos, y recostando la cara en la ventana comenzaron a lanzar dentelladas y a gemir, y al oírlos los otros también se volcaron hacia allí, y otros seguían saliendo del agujero. Era como una explosión de zombies.  Al moverse, la cal y la tierra resbalaba por sus cabezas, por sus hombros, se pechaban al salir, trepaban unos sobre otros, montones de brazos y manos decrépitas arañando el suelo para trepar. Parecía que todo el infierno estaba saliendo por allí.

Los compañeros de Lucas salieron huyendo por el corredor. Él estuvo a punto de hacer lo mismo, pero recordó que en las otras salas había gente. Trancó la puerta con la piqueta y pidió ayuda a gritos. 
Los zombies seguían llenando la habitación. La fuerza que ejercían sobre la puerta ahora era tremenda.   Los muertos vivientes lanzaban gemidos débiles, algunos tenían la boca llena de tierra, y la escupían al intentar gemir, mas al ser tantos los gemidos se sumaban y el ruido crecía como su número. 
Algunas personas que cuidaban a pacientes salieron al corredor, ya con los ojos muy grandes, como presintiendo. Lucas les pidió ayuda, pero al ver de qué se trataba casi todos se espantaron. Solo dos mujeres se quedaron allí, aunque en el grupo había hombres. A pesar de lo extraña y aterradora que resultaba aquella situación, una de las mujeres pensó rápido y tomó una tabla que Lucas y sus compañeros dejaran en el corredor, y con ella apuntaló la puerta. Lucas intentaba sostenerla empujando con su cuerpo. La otra mujer tomó otra madera e imitó a la primera. Pero aquello no era suficiente, eran muchos zombies.  
Cuatro guardias de seguridad llegaron al lugar. Nadie está preparado para algo así. Los guardias dudaron, pero ante la determinación de Lucas y las mujeres, se pusieron a sostener la puerta también. 
En el corredor, como a diez metros de ellos había un banco grande. 

- ¡Ayúdenme a traer ese banco! -gritó Lucas.

Fue con un guardia y trajeron el banco hasta la puerta y lo sumaron a las maderas que la apuntalaban.
En ese momento se unieron unos enfermeros, y dos policías que andaban en el hospital, y cinco personas que vinieron por el corredor. 
Por el momento los zombies estaban contenidos, pero la puerta no iba a resistir mucho mas, y tenían que evacuar aquella ala y todo el hospital. 

Continúa…

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen cuento ;-)

Anónimo dijo...

Explosión de zombies, genial!!! jejeje

Anónimo dijo...

q interesante , a la espera de la siguiente parte .. =).Marilu

Jorge Leal dijo...

Ya te enganché ¡Jeje! Te espero por aquí, Marilu.

Jorge Leal dijo...

Querían zombies, ahí los tienen, ¡Jaja! Gracias por comentar. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Gracias. ¡Saludos!

Raul dijo...

Interesante!!, esperamos la continuación..... Saludos.

Jorge Leal dijo...

Hoy subo otra parte. ¡Saludos, Raúl!

Ángela Fernández dijo...

Me ha encantado tu blog. Soy super aficionada a este tipo de literatura y eres de lo mejorcito que he leído por la web. Te sigo y espero ansiosa nuevos post!

Jorge Leal dijo...

Gracias por tan generoso comentario, Ángela. A mucha gente le gusta como escribo, pero todavía tengo que mejorar mucho. El camino del escritor es largo...
¡Saludos!

Anónimo dijo...

Zombies zombies me encanta como lo relatas 😊. Saludos Celia

Jorge Leal dijo...

Gracias, Celia. A ver qué opinas de la siguiente parte. ¡Saludos!

Xiu Amigon dijo...

Apenas comence a leer este y ya me atrapo, creo que lo leere todo :)

Karina Cisneros dijo...

Hola Jorge. Esta es la historia de tu blog que me atrapó, comencé a leerte en 2014, justo cuando escribías: Bajo el hospital

Jorge Leal dijo...

Este es uno de los cuentos que tengo bien presente siempre. La "semilla" de esta historia fueron hechos reales. En el terreno del hospital de Tacuarembó encontraron huesos humanos enterrados cuando estaban haciendo una obra. No hallaron registros de por qué se encontraban ahí pero se supone que ahí estaba un viejo cementerio que hubo hace mucho al lado del hospital. Imagínate, tantos cuentos que había hecho imaginándome ese hospital, y resulta qu en el terreno también hubo un cementerio ¡Jaja! enseguida dije: tengo que hacer un cuento con eso. Salió esto.
Gracias, Karina. Saludos!!

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