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viernes, 4 de julio de 2014

Bajo el hospital (quinta parte)

Lucas se alejó de la horda de zombies, pero en cualquier momento podía toparse con otra. Aquella ya no era su ciudad, era la ciudad de los muertos andantes.  
Por todos lados se veían evidencias del caos que sometió a la ciudad, y un olor a muerte venía junto con el viento.
Caminando por una calle vacía, sucia, con manchas de sangre aquí y allá, Lucas comprendió que la situación era mucho peor de lo que se había imaginado. 
Era de suponer que durante la evacuación del hospital, los zombies hirieron a gente que después salió de allí, y así la infección se extendió por todos lados. De nada sirvió aislar el hospital, el mal ya estaba afuera. Pero Lucas seguía preguntándose algo, ¿cuánto tiempo había pasado desde que quedara inconciente? Ahora intuía que eran días, días que debieron ser un infierno para los pobladores. 
Sobrepasados nuevamente por los zombies, evacuaron toda la ciudad, pero la infección viajaba ahora con la gente, con los heridos, ¿cómo evitar que aquello se siguiera propagando? ¿Sería el comienzo del fin del mundo? 
Lucas se sintió culpable. Inevitablemente pensaba que en parte era responsable de aquel mal que amenazaba ahora a todo el planeta. Podrían haber sido otros los albañiles, y el resultado hubiera sido el mismo; pero fue él y sus compañeros. “¡Nunca debí remover aquel maldito piso!”.  Recordó a sus compañeros. No sentía rencor, solo obedecieron a su instinto al huir . De todas formas aquello iba a pasar. 

Se detuvo frente a una camioneta con la puerta abierta. No tenía las llaves. Buscó en la guantera, arriba, no las halló. “Si supiera encenderlo directamente…”, pero no sabía.  Hasta el momento era el único vehículo que había visto. No era como en las películas de apocalipsis, donde hay autos por todos lados; la gente había huido en ellos. Mas adelante vio unos autos accidentados, pero ninguno servía. 
Cuadra tras cuadra era la misma desolación, y cada tanto tenía que ocultarse de algunos zombies, o cruzar corriendo lo mas alejado de ellos que pudiera. Y estaba el temor de que lo siguieran, y que se fueran sumando otros. 
Al pasar frente a un mercado pensó en comer algo, aunque no sentía hambre. Tenía una sensación rara en el estómago. Dedujo que la infección lo había afectado mas de lo que había supuesto. Después de todo, había estado inconciente varios días, y eso tenía un precio. Seguro el estómago se le había achicado considerablemente. Aún tenía energías, pero si no ingería algo pronto, le resultaba obvio que iba a empeorar. 
Utilizó las herramientas de su cinturón para forzar la puerta y entró con mucha cautela. Adentro estaba bastante oscuro. Junto a las herramientas llevaba una linterna, pero consideró prudente no usarla aún; pronto se haría noche, y aquella fuente de luz podría salvarlo. 
Cuando se adaptó a  la penumbra fue recorriendo el lugar. Sintió un olor desagradable, venía de los refrigeradores; no había electricidad y todo se estaba descomponiendo. Cuando comenzaron la evacuación de toda la ciudad cortaron la energía eléctrica para evitar incendios. 
Tenía que ir a otra sección. En la parte de enlatados tomó una con duraznos en almíbar. Le abrió un hueco con un destornillador y bebió un poco de almíbar, después agrandó mas el agujero y comió un durazno. Solo con aquello sintió que había comido de mas. “Tengo el estómago mas chico de lo que pensé, ¡maldición! Voy a tener que comer muy de a poco”.  Buscó una bolsa, guardó unas latas y salió de allí. Ya en la calle, vio que otra horda venía hacia él. Nuevamente tenía que correr. Dobló en una esquina, después en la siguiente calle, hizo los mismo por dos cuadras mas, y al creer que había despistado y dejado muy atrás a los zombies se detuvo a descansar. Ahora tenía ganas de vomitar. Dejó en la vereda lo que recién había ingerido. “Esto es por correr. ¡Malditos zombies!”, pensó Lucas. 

Ya la ciudad se estaba llenando de sombras. El sol no se veía por ningún lado porque estaba muy bajo, y unas nubes que empezaban a juntarse prometían una noche muy oscura. 
Lucas no decidía dónde quedarse. Una casa podría ser un refugio y también una trampa. No deseaba quedar encerrado. ¿Y si algún zombie lo descubría, y después se sumaban otros…? Y estaba el peligro de que ya hubiera alguno en la casa, y enfrentar a un muerto en un espacio reducido no era algo que quisiera. Tenía que buscar un buen lugar. Mientras tanto seguía oscureciendo. 
Al pasar frente a un edificio escuchó algo, eran voces, algunas pedían auxilio. ¡Había otros sobrevivientes! Cuando miró la inscripción que había sobre la fachada, enseguida se le fue el entusiasmo; las voces venían de un hospital psiquiátrico.  Enseguida dedujo algo terrible; habían dejado encerrados a algunos pacientes. En el caos de un ataque zombie aquello no era raro, ¿quién se iba a preocupar por los locos? Lucas se preguntó si él podría hacerlo. 
Dentro de hospital, las voces seguían clamando por ayuda. Lucas era de esa gente que se pone en el lugar de los otros, de los que no piensan solo en ellos. Tenía que entrar. 
No habían cerrado con llave la puerta principal. Penetró en una sala oscura. No quería delatarse al encender la linterna, mas no veía casi nada allí. El haz de luz se paseó por un salón vacío. En las paredes de los lados se encontraban unas aberturas que eran el comienzo de unos corredores, en la del fondo había dos puertas grandes, las voces venían de una de ellas, y ahora también escuchaba un rumor apagado que parecía venir de todos los corredores. ¿Sería solo el eco de las voces o habría mas gente allí? El lugar era aterrador. Tenía ganas de salir corriendo. Su instinto luchaba contra sus principios. Mas a pesar de eso siguió. Alcanzó la puerta de donde venían las voces, estaba entornada, por eso llegaba a oírlas desde la calle.  Desde allí comenzaba un corredor largo, con puertas en ambos lados. Las primeras dos no tenían ventanas. Abrió la primera, e iluminando con la linterna descubrió que era una oficina. La pieza de enfrente era un depósito. Siguió su temeraria exploración. Las habitaciones de la derecha estaban todas abiertas. Aparentemente habían liberado a esos pacientes, ¿pero por qué a los otros no? Las puertas del lado izquierdo tenían ventanas. Al iluminar hacia adentro descubrió la razón. Eran habitaciones pequeñas con el piso y las paredes acolchadas. Allí estaban los mas enfermos, y probablemente algunos eran peligrosos. La primera estaba vacía, en la segunda se encontraba un hombre, decía incoherencias y chocaba su cabeza en la pared acolchada. 
En la siguiente Lucas se llevó un susto, porque enfocó de pronto la cara de una paciente que tenía el rostro pegado al vidrio de la ventana, y la mujer tenía profundas ojeras y cicatrices por todo el rostro. 
En la otra enfocó a un hombre de pelo largo y revuelto que reía a carcajadas, y al volverse hacia la luz lo hizo con una mirada siniestra. 
Encontró a cuatro mas, pero estos parecían normales, y eran los que pedían auxilio. Al verlo empezaron a gritar mas y le pedían que los liberara. 
Lucas  intentó forzar una de las puertas, pero eran muy fuertes, tenía que encontrar las llaves. Pensó que en la oficina de ese corredor tendría que haber otro juego de llaves. Entró en ella y buscó por todos lados. 
No tenía intenciones de liberar a todos. Aunque le resultaba horrible dejar a alguien allí, pensó en delegarle esa tarea a uno de los pacientes que parecían menos peligrosos. ¿Menos peligrosos? En realidad eso era algo que no sabía, pero de todas formas se iba a arriesgar. 
Encontró al fin las llaves, y halló una linterna grande en un cajón. Empezó por la habitación mas alejada. El primero que salió le agradeció, y le hizo una pregunta extraña: 

- ¿Por qué nos ayudas, si eres un zombie?
- Porque no soy un zombie, soy una persona como ustedes. 
- No, tú eres un zombie. 

Lucas pensó que de nada servía insistir, el tipo era un loco. Mientras abría las otras puertas no dejaba de mirarlo de reojo; el tipo lo seguía de cerca. Al liberar al último de los que parecían mas normales, le extendió las llaves al primero y le dijo que soltara a los otros.  Le dio la linterna pequeña y salió corriendo. No quería estar allí cuando todos estuvieran libres; él ya había hecho bastante por ellos. 
Cuando salió a la sala se encontró con una escena de terror. Una multitud grande se había congregado allí, y todos miraban hacia donde él salió. Algunos tenían antorchas que habían improvisado con patas de sillas y trapos. A la luz de aquellas antorchas todos lucían aterradores, porque tenían la cara pintada con sangre, y la locura en sus miradas.  
La multitud le bloqueaba el paso. Lucas aún no decidía qué hacer cuando una voz gritó desde atrás: 

- ¡Es un zombie! -era el tipo que liberara primero. 
- ¡No lo soy! -gritó entonces Lucas-. Los zombies no hablan, soy uno de ustedes. 
- ¡Es un zombie que puede hablar! -gritó alguien entre la multitud. 
- ¡No, solo soy un hombre! -trató de convencerlos Lucas. 
- ¡Es… es el rey de los zombies! -se escuchó otro grito en la multitud. Y fueron avanzando hacia él al tiempo que gritaban: - ¡Es el rey de los zombies, hay que matarlo para que esto termine!

Continúa… 





12 comentarios:

  1. woooowwww cada vez se pone mejor no lo puedo creer esto
    y atada a esta historia ,de las mejores que leido en los ultimos años ,eres excelente ,esperare por la siguiente parte *W* ...... ana

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    1. Muchas gracias, por la paciencia y por leerme. ¡Saludos!

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  2. lo sabia es un zombie por eso no le hacen daño los demás zombies es un relato muy interesante ya Kiero leer el final

    a por cierto me llamo kary y llevo ya un rato leyendo tus relatos me gusta mucho como escribes es la primera vez q comento e leidoo muchos de tus relatos peroo no puedo terminarlos todos aun son muchísimos me fui al incio para leerlos uno por uno.desde donde esmpiezan me encanto la leyenda del matadero en verdad es real q miedo oye me gustan mucho tus comentarios dejame te digo q tantos tus cuentos como tus respuestas a los lectores me gustan un saludoo y espero.pronto publiques la 6° parte

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    1. Hola Kary. Sobre el cuento del matadero, no es real. En el relato dice que sí, pero también es parte de la ficción. Fue uno de mis primeros cuentos, y estaba experimentando, de eso ya hace bastante.
      En este relato, sin dudas metí la pata. No era para haber incluido esa parte. Creí que iban a pensar que era cosa de los locos nomás. Y bueno, los cuentos son así; no perdonan ni un poco, un mínimo error y ya. En este caso, demasiadas pistas ¡Jajaja!
      Gracias por leerme, Kary. Espero mas comentarios tuyos. ¡Saludos!

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  3. Hola Jorge perdona pero hay un phail, en una parte dice Luciano

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    1. Era para ver si estaban atentos. Todo lo que parece un error es para eso ¡Jeje! O es una falla de tu navegador. Gracias. ¡Saludos!

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  4. me parece que Lucas sí es un zombie, lo mordieron, no soporta alimento, se siente extraño, mmm y no estoy loca 😁 espero la continuación de este relato esta buenísimo. Saludos , Celia

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    1. No puedes creerle a unos locos ¡Jeje!
      Mejor te encierro en ese lugar, por ser muy lista, ¡Jaja! Celia, ssshhh... ¡Saludos!

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    2. Yeee me gane una estrellita jajaja, uy no, me gustan los zombies pero no exageres, mejor de lejitos 😃

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    3. Con otra estrella mas puedes entrar y leer todo lo que quieras en el blog ¡Jeje! Como todos.
      Te iba a encerrar con los locos, no con los zombies ¡Jaja! ¡Saludos, Celia!

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  5. Esperando el final, confío en que nos sorprenda a todos, Saludos y felicitaciones.
    @Kokemora10

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