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miércoles, 16 de julio de 2014

El circo (cuarta parte)

Después de recargar un buen número de balas de plata, Gerardo y Diego comenzaron a planear una estrategia para enfrentar a los vampiros. Les pareció que el ajo les serviría para proteger las aberturas, mientras ellos, desde adentro le disparaban a los que se pusieran a tiro.    Les pareció prudente quitar los vidrios de las ventanas y tapiarlas con madera. 
Planeada la estrategia, Gerardo creyó mejor comenzar ya esos trabajos, pero Diego insistió que su tío desayunara antes, y que tratara de dormir unas horas mientras él preparaba la casa. Gerardo no estuvo de acuerdo con lo de dormir, aunque dejó que diego le preparara un sándwich, el cual comió mientras cortaba madera en el taller. 
Entre los dos retiraron los vidrios de un par de ventanas, de las mas grandes, y después las taparon por dentro con madera, teniendo la precaución de dejar algunas rendijas por donde mirar y disparar. 
Gerardo no se veía nada bien. Sudaba mucho y tenía el brazo izquierdo algo torpe. Diego lo notó y se preocupó mucho: 

- Tío, es mejor que descanse, se ve cansado. No se olvide, su corazón… -le dijo Diego. 
- Sí, si, ahora que quede todo pronto -le aseguró Gerardo, y probó lo firme que había quedado una madera.
- Con esto basta, tío -opinó Diego, y espió por la separación que dejaron; se veía una buena porción del terreno desde allí.
- Puede ser, pero me gustaría estar bien preparado. Si vinieron dos noches seguidas es seguro que hoy vienen también. 
- Es lo mas probable. Hablando de eso, ¿por qué vendrán esos monstruos? No creo que sea solo para hacer una broma pesada ni para alimentarse de gallinas nomás. Algo traman. En el circo andan vigilando a la gente, supongo que eligen a sus víctimas. Si han matado, lo que es casi seguro, hoy o mañana va a aparecer en las noticias. Pero todavía no entiendo por qué vienen hasta aquí, claro, estamos cerca, pero, no sé.  

Diego se pasó la mano por la barbilla, pensando. Se le ocurrió algo, pero enseguida lo descartó. La situación ya era mala, no era bueno que supusiera algo todavía peor. 
Al mediodía Gerardo aceptó tomar un descanso, mientras Diego preparaba algo para almorzar. 
En la despensa de la casa tenían varias especias que colgaban de cuerdas, y junto a estas había una guirnalda de ajos. Diego la descolgó para tenerla a mano. Aún no se le ocurría cómo usarlos. Estando en la cocina, al mirar la licuadora, se le ocurrió procesar los ajos allí, y hacer una especie de pasta con ellos, porque supuso que así despedirían mas olor, y sería fácil embadurnar las aberturas con ella. Cuando su tío despertara se lo iba a proponer. 
Mientras la comida hervía en el fuego, fue hasta el fondo para enterrar lo que quedó del desastre hecho por los vampiros. Habían matado a todas las gallinas. Era un desastre de plumas y revoltijos de carne por todos lados; manchas de sangre casi no había, se la habían bebido los vampiros. 
Mientras hacía un pozo para enterrar los restos, pensó en lo espeluznante que habría resultado ver aquello. Vampiros con cabeza de murciélago. Se los imaginó con sangre y plumas en la boca, y unos colmillos terribles.   Era sorprendente que su tío hubiera soportado aquello en vivo sin morir del susto allí mismo. Había sobrevivido pero era obvio que lo había afectado, aunque lo disimulara. 
Mientras tapaba el pozo con tierra volvió el pensamiento nefasto. Echó un vistazo en derredor y quedó mirando hacia donde estaba el circo.   Los árboles obstruían la vista, pero allí estaba el circo aquel. A esa hora los vampiros estaban durmiendo en la oscuridad de los remolques, y solo sus sirvientes, aquellos tontos estarían afuera. 

Al recordar la comida fue corriendo hasta la cocina; estaba a punto. Esperó un rato mas y fue a llamar a Gerardo. No contestó. Entró al cuarto temiendo lo peor. Sus temores se confirmaron: Gerardo estaba muerto. Parecía solamente dormido, pero no tenía pulso.  Ahora diego estaba solo. 
Meditó un momento junto a su tío, después llamó por teléfono al doctor de su familia. El médico llegó rápido.   Era un veterano que ya casi no atendía, a no ser que fuera a algún conocido o amigo, pues estaba por retirarse.  Tras saludar afectuosamente a Diego fue hasta el cuarto. Confirmó la muerte. 
El médico enseguida le dijo a Diego que él se iba a encargar de su tío. 

- Tiene que estar en la morgue unas horas -le dijo el doctor, poniéndole la mano en el hombro -, pero no le van a hacer nada, no es necesario en estos casos. Fue sin dudas, su corazón. Va a estar lo mínimo posible, yo me encargo de eso, también de todo lo demás. Solo tienes que firmar algunos papeles, como familiar mas cercano. La publicación en la radio y todo eso va por parte de la empresa fúnebre, en este caso. Tú trata de estar tranquilo, yo me encargo. 
- Muchas gracias, doctor.

El doctor había visto a Diego pasar por aquello varias veces desde su niñez, y ahora estaba solo, por eso quería ayudarlo todo lo que pudiera. 
El médico notó las ventanas tapiadas, y Diego tuvo que inventar una historia; le dijo que su tío pensaba pasar unas semanas en su casa de la ciudad, y que por eso tomaron aquella medida. 
Diego pensó que por suerte no habían puesto aún el ajo, porque eso sería mas difícil de explicar. 
No mucho después llegó la empresa fúnebre y se llevaron el cuerpo. El doctor le aconsejó quedarse allí; él aceptó porque tenía algo en mente. No iba a esperar a los vampiros. Ellos invadieron el terreno de su tío, que ahora era de él; ahora le tocaba a él atacarlos. Iba a incendiar los remolques donde se escondían.

18 comentarios:

Anónimo dijo...

Espero la 5 parte

Ely Rivero dijo...

Jorge simplemente brillante!!

Jorge Leal dijo...

Tienes razón. Me voy a dar unas palmaditas en el hombro ¡Jeje!
Gracias por leerme, amiga, y por tus comentarios. Te espero por aquí. Ely, ¿te gustaría que continuara esta historia un poco mas? Terminaría en la quinta parte, pero tengo ganas de extenderlo un poco mas. Ya estoy escribiendo una continuación, pero no estoy seguro de si seguir ahora o dejarlo para mas adelante. Me gustaría que los lectores opinaran. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

A este cuento le estoy haciendo una continuación. Si los lectores quieren la publico en estos días. ¡Saludos!

Ely Rivero dijo...

Jorge claro que si!!!! X mi te pediria que fueran 10 o mas partes, tiene muchas emociones encontradas esta historia es muy, muy buena...

Jorge Leal dijo...

Bueno, la alargo entonces. Gracias, Ely.

Anónimo dijo...

Yo opino que ban para esos payasos xD. Troll

Anónimo dijo...

continuala por fas esta muy bueno tu relato q triste q se aya muerto el tipo eso no me lo esperaba pero buenoo espero la continuación saludos desde Mexico att kary

Anónimo dijo...

Sos muy bueno escribiendo me lei todos tus cuentos ya dos veces y SOS el único q sabe cmo aser q me pasé un escalofrío x la espalda
SOS EL MEJOR ESCRITOR Q CONOSCO

Jorge Leal dijo...

Los payasos van a trollear. Gracias por comentar, Troll. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

El cuento va a seguir unos capítulos mas. A mí me dolió mas la muerte del perro, para ser franco. Se me ocurrió apenas empecé a armar el cuento (en mi cabeza), y no me agradó la idea, pero era necesaria. Prefiero matar gente a matar perros, en las historias, claro ¡Jeje! ¡Saludos, Kary!

Jorge Leal dijo...

Bueno, muchas gracias. Sobre gustos no hay nada escrito, como dicen ¡Jeje! Hablando en serio, creo que muchos de mis cuentos sí pueden producir escalofríos, o una impresión fuerte por lo menos. Lo que estoy tratando es de mejorar es en casi todos los otros aspectos, para algún día ser un verdadero escritor. Espero que me sigas leyendo. ¡Saludos!

tony vargas valdez dijo...

Hola jorje

tony vargas valdez dijo...

6ta parte xfaAAAAA

Jorge Leal dijo...

Hola Tony. ¿No prefieres leer primero la quinta parte? ¡Jaja! La sexta sale mañana o el domingo. Te espero. ¡Saludos!

tony vargas valdez dijo...

Xfaa la 6ta parte kiero saber como acaba porfa

Anónimo dijo...

Siempre seguiré leyendote y prácticamente TODOS tus cuentos me asustan porq los leo de noche y con todo a oscuras

Jorge Leal dijo...

Así tendrían que leerse todos los cuentos de terror. En el ómnibus no asustan mucho que se diga ¡Jaja! ¡Saludos!

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