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lunes, 15 de septiembre de 2014

Los ocupantes de cuerpos (primera parte)

Estaba todo muy oscuro y sentía algo de angustia. Caminaba por una calle que conozco de memoria, por eso podía reconocer en qué parte de ella me hallaba con lo poco que podía escudriñar de los contornos oscuros de las casas. ¿Por qué estaba tan oscuro? ¿Habría corte de luz? Miré hacia donde están las columnas de los focos, no encontré ninguna, no había ni una sola columna en toda la calle. Me resultó muy raro. ¿En qué momento retiraron las columnas, y para qué? Con la falta que me hacían las luces esa noche. Pensando en eso se me ocurrió otra pregunta: ¿Hacia dónde caminaba? En ese momento pasé a estar completamente consciente: aquello era un sueño. Las columnas de la luz no estaban porque me encontraba en una imagen, en un recuerdo de hacía muchos años, de cuando aún no ponían la luz (antes no había iluminación pública en los barrios, incluso actualmente no hay en todos). Sabía que soñaba, ¿y ahora? Giré para ver mi entorno. La oscuridad ocultaba muchas cosas, pero por lo que alcanzaba a ver, aquello era una réplica exacta de cómo era aquel lugar antes. Solo la oscuridad era exagerada, porque la mayoría de las casas (en la realidad) siempre tenían una lámpara encendida en el frente. También era atípico el silencio. Ni una pradera vasta en una noche sin viento es tan silenciosa. Era un sueño solo de imágenes.  
Al mirar hacia arriba quedé sorprendido. Por el cielo nocturno corrían presurosas unas nubes que se iban desintegrando o uniendo a medida que pasaban cerca de una consumida Luna menguante. ¿Cómo podía tener tantos detalles aquel mundo onírico? ¿Se formaría cuando yo miraba hacia algún lado o ya todo estaba allí sin que yo interviniese? 

Había leído algo sobre sueños lúcidos, sueños donde uno está completamente consciente. Por lo que sabía, supuse que en cualquier momento mis pensamientos se iban a “extraviar” rediciendo mi nivel de conciencia, mas después de lo que me pareció un buen rato seguía alerta. Pensé que estaba viviendo un sueño bastante atípico. De pronto se me ocurrió algo: ¿Si todo lucía como antes, también sería así con mi casa? Sentí algo de nostalgia. Enderecé rumbo a mi hogar. 
Había avanzado poco cuando la oscuridad se cerró mas. Ahora el cielo era todo negro y no se distinguía ningún horizonte. Las casas se borronearon en la negrura. Ya no veía ni por donde caminaba. De a poco me fui angustiando mas, y comprendí algo terrible; si el sueño se tornaba pesadilla y yo seguía consciente, el terror iba a ser insoportable. El saber que aquello solo era un sueño no era consuelo, porque era tan real como cuando uno está despierto; sentía lo mismo que se experimenta en la realidad, mi cuerpo, su peso, el caminar, todo era igual. 
Haciendo un esfuerzo por distinguir algo en aquellas tinieblas, las formas fueron volviendo de a poco. Cuando aparecieron las casas estuve algo confundido un momento, pero al avanzar mas me ubiqué. Ahora caminaba por otra calle, el escenario había cambiado. De todas formas igual iba rumbo a mi casa, y estaba a pocas cuadras. 
En esa calle vi algo que después resultó ser sumamente importante. Pasé frente a una casa grande y muy linda que no conocía. Como dicha calle queda muy a trasmano de donde suelo circular no paso mucho por ella. Resulta que en la realidad, la última vez que había pasado por allí el terreno estaba vacío como siempre lo estuvo. Sí me habían contado que estaban construyendo una vivienda en él, pero yo aún la veía.  Aquella construcción tenía que ser producto de mi imaginación, supuse, porque no podía ser un recuerdo.  El frente estaba revestido de un tipo de piedra blancuzca cortada en trozos rectangulares, muy bonito todo, y seguramente caro. ¿Acaso tenía la imaginación de un arquitecto? No recordaba haber visto una parecida. Curioso. Ahora tenía mas ganas de ver cómo luciría la mía. ¿El viejo árbol del terreno estaría en pie? 

No solo quería llegar a mi hogar por nostalgia, también quería sentirme seguro. La oscuridad de aquella noche onírica era tétrica. Temía que en cualquier momento se abriera una puerta y algo espantoso saliera disparado hacia mí. Solo con ver algo cruzando frente a una ventana o mirándome por una me hubiera espantado terriblemente. Lo que me esperaba resultó ser mucho peor. 
Ya casi alcanzaba mi hogar, estaba a una cuadra, cuando unos gritos enronquecidos y arrastrados que se mezclaban con gemidos rompieron repentinamente el silencio. No era solo un emisor, eran muchos los que lanzaban aquellos espantosos sonidos, y venían detrás de mí. Al volverme para mirar, el terror. Avanzaba por la calle una horda compacta de los mas espeluznantes zombies que puedan imaginarse. Mi peor pesadilla, y no la estaba viviendo bajo el atontamiento de un nivel bajo de conciencia, como sucede normalmente, estaba tan conciente como lo están ustedes ahora. 
Tanto terror era insoportable, nunca había experimentado algo así en la vida real; incluso creo que si un día viera a una horda real de zombies no sentiría tanto miedo. Creo que pronto voy a poder confirmarlo, lamentablemente.
Aquel horror con muchas bocas que se abrían desmesuradamente, y con una multitud de brazos que ya se levantaban hacia mí, me hizo emprender una huída desesperada. Seguí hacia donde iba pero no pensaba parar en mi casa pues la horda estaba muy cerca y me verían entrar en ella. La situación clásica de las películas de muertos vivientes donde los perseguidos se encierran en una casa que pronto es rodeada me resultaba muy aterradora. Buscar refugio para escapar de las oscuras calles de aquel mundo era una cosa, pero con los zombies todo cambiaba. 
Pocos metros me faltaban para cruzar frente a mi terreno cuando me encandilaron de frente unas luces. Pude ver en parte unas figuras humanas tras esas luces. Inmediatamente empezaron los disparos. Solo tuve tiempo de agacharme cubriéndome el rostro con los antebrazos. Los que disparaban habían aparecido a pocos metros de donde yo estaba, y se siguieron acercando al tiempo que disparaban. Los gritos de los zombies habían aumentado, y cuando empezaron a retroceder pude notarlo, a pesar del ruido de los disparos. ¿¡Por qué diablos no me despertaba!? 
Cuando los extraños con luces y armas llegaron hasta mí uno me gritó, para hacerse entender sobre las detonaciones: 

- ¡Tienes que ir hasta tu casa por armas! ¿Dónde está? 
- ¡Ahí! -le contesté. 
- ¡Ve y trae todo lo que tengas! ¡Y también linternas! ¡Si las tienes en la realidad, ahora están ahí!¡No te preocupes por las balas! ¡Ve! 

Aquello era mas extraño que todo lo anterior. Que alguien de un sueño me dirigiera la palabra, al igual que todo lo otro no se sentía como en un sueño ordinario, además, había dicho: “Si las tienes en la realidad”, como si supiera que aquello no lo era. Por lo menos ahora tenía unos aliados contra los zombies, pero, ¿quiénes eran?, o mas bien, ¿qué eran? 


Segunda parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2014/09/los-ocupantes-de-cuerpos-segunda-parte.html

12 comentarios:

  1. Excelente Jorge. Muy buen relato. Me encanto y valio la pena la espera. Espero con muchas ganas la continuación del relato. Un abrazo.

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  2. Espero la segunda parte ojala me avises amigo ;)

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    1. La voy a subir... cualquier día de estos ¡Jaja! Mejor visita el blog todos los días ¡Jeje! Gracias por comentar. Saludos.

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  3. Excelente como siempre....Saludos!!

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  4. Me volví fanático de estos cuentos tanto k me paso algunas horas de mi trabajo buscando nuevas a través de mi celular. Valió la pena la espera Jorge. Saludos desde Veracruz, México. Att Juan Carlos

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    1. Y después te quejas del salario ¡Jaja! Si lo que haces es leer cuentos. Gracias Juan. Un abrazo.

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  5. Espectacular comienzo d sta mini historia. Spero no tardes mucho para subir la siguient part. Muchos besos saludos!!

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    1. Hola Yuri. Gracias. Paciencia ¡Jaja! ¡Saludos!

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  6. Zombies😊 y a tu estilo, me encanta. Saludos, Celia.

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    1. Gracias, Celia. Ya ves, no hay como controlar a estos zombies, seguido resurgen, son como los payasos, que vuelta y media andan por aquí ¡Jaja! ¡Saludos!

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