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lunes, 13 de octubre de 2014

En un lugar que conozco

Enseguida noté el terror en la cara de aquella mujer. En el costado de la calle también había otra señora, y estaba llamando a la policía con su celular. 
Ese día regresaba de mi diaria caminata, ya estaba oscureciendo. La mujer me interceptó frente a una arboleda que en esos años todavía sobrevivía en una de las esquinas de mi barrio. Lucía asustada o muy preocupada, pero a pesar de su aparente estado mental noté que me analizó un instante. Yo quedé parado, sin saber qué decirle. Finalmente ella habló: 

- Disculpe, señor. ¿Me haría un gran favor? ¡Estoy desesperada! 
- ¿En qué puedo ayudarla? -le pregunté. 
- Es Andrea, mi hija. Recién estaba aquí. Me detuve a conversar con esta señora -señaló a la que llamaba por celular-. Andrea estaba aquí, a mi lado, y no sé en qué momento y cómo desapareció. ¡Por dios! Supongo que está entre esos árboles, pero la buscamos y no la encuentro, y no responde. ¿Es muy grande este bosque? ¿Usted lo conoce? ¿Me ayudaría a buscarla? Por favor… Ya llamamos a la policía pero todavía no llegan. ¡Andreaaa! No responde. 
- Conozco esta arboleda de memoria. ¿De qué tamaño es su hija? 
- Tiene seis, es así. 
- ¿Quiere venir conmigo o la busco solo? 
- Tengo mala vista y ya no veía casi nada ahí. Si pudiera ir usted…

Unos segundos después caminaba entre los árboles. Las luces de la avenida ya se habían encendido, pero como creaban muchas sombras solo servían para confundir. 
Al lugar lo conocía sobradamente. Desde la niñez había perdido muchas horas en él, ya fuera trepando un árbol, tirando piedras con la honda (tirachinas) o simplemente vagando por sus senderos. Algunos amigos solían acompañarme, y les gustaba aventurarse allí, pero éramos la minoría, porque la mayoría de los muchachos del barrio rehuían a sus sombras.  Esto era porque muchos padres prohibían a sus hijos andar allí porque se contaban muchas historias de terror sobre el lugar. Algunos desobedientes que se atrevían a ir igual casi siempre se terminaban asustando por cualquier cosa, y crecían las historias. Y había otro factor disuasivo; la dueña del lugar, una anciana con apariencia de bruja, solía gritarle a todo el que anduviera en su terreno. Como apenas caminaba, no se movía del fondo de su casa (que estaba en aquella arboleda), por eso mis amigos y yo pronto aprendimos a ignorarla.  Como no veníamos de familias supersticiosas, para nosotros solo era una vieja cascarrabias.  Ella intentaba asustarnos blandiendo y golpeando su bastón contra el suelo, mas esa intimidación no funcionaba con nosotros. 

Éramos adolescentes cuando esa señora murió. En el fondo del terreno le hicieron un panteón.    Con fama de embrujada y ahora con un panteón (el de la vieja que asustaba a casi todos), la arboleda prácticamente pasó a ser nuestra. 
Con mas edad ya no iba al lugar a jugar, pero siempre que podía lo atravesaba para cortar camino.  Con los años la fueron talando, pero cuando me sucedió lo que les cuento todavía conservaba buena parte de sus árboles. 
Mientras buscaba a la niña no pensé en nada de eso. Lo que me inquietaba un poco era la posibilidad de que aquello fuera una trampa.    
Aunque aparentemente estaba muy nerviosa, la supuesta madre me había examinado de pies a cabeza, aunque por un momento breve. ¿Solo quería cerciorarse de que yo era alguien de fiar, por lo menos por mi apariencia, o estaba evaluando a una posible víctima? Bien podían tener un cómplice o a varios entre los árboles. Si era así pensé que había caído como un tonto. De todas maneras tenía que buscar.   Me dio algo de seguridad un bulto que llevaba en el bolsillo. En mis paseos he tenido malas experiencias con perros, y desde la primera vez nunca ando sin algo que me pueda ayudar en un apuro. 
Ya en medio de la arboleda grité el nombre de la niña, no escuché ni un ruido. Por lo menos eso descartó lo del asalto.  Las sombras cada vez se ennegrecían mas. Como tengo mucha experiencia en la naturaleza y de noche, pude seguir buscando con bastante confianza. 
De repente escuché como un cuchicheo, eran dos voces. Una parecía infantil y de niña; la otra era temblorosa y áspera, como la de una anciana. Avancé hacia las voces. Salí a unos metros del panteón, la niña estaba frente a él. Busqué con la vista pero no vi a mas nadie. 

- ¿Andrea? Tu madre me pidió que te buscara. Está allí en la calle. ¿Estás bien?
- Sí, pero no quiero entrar  a esa casita, está muy oscura. 
- ¿Quién te pidió que entraras ahí? -le pregunté, y miré de nuevo hacia todos lados.
- La señora que vive ahí -y señaló con el brazo el panteón. 

Escuchar aquello tuvo casi el mismo efecto en mí que una descarga eléctrica. Tomé a la niña de la mano y la alejé del lugar.  Apenas le dimos la espalda al panteón, escuché un ruido que enseguida reconocí: era el de un bastón golpeando el suelo. 
Cuando salimos en la calle la madre se abalanzó hacia la niña y la levantó en brazos, llorando de alegría. Después no paraba de agradecerme. En ese momento llegó la policía.   Como la niña ya estaba con la madre y bien, dieron por resuelto el asunto, aunque supongo que si eso hubiera pasado en otro lado sin fama de embrujado, los agentes hubieran investigado mas.  Por mi parte, desde esa vez no cruzo ni cerca de aquel terreno. 

15 comentarios:

  1. Me gusto mucho esta history esta muy buena.Katherine

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    1. Bueno, si a ustedes les gusta... ¡Jaja! Como dije en otro comentario; los lectores son el soberano. Gracias. Un abrazo.

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  3. Increíble, pensé la niña estaba muerta y la mamá era una loca... un final inesperado. Saludos.

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    1. ¡Jaja! Es porque seguiste las pistas falsas que dejé. Después de contar lo de la vieja, tenía que echar dudas sobre la madre para que el final no fuera tan predecible. ¡Saludos, Sharrol!

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    2. También yo caí. :) pero me gusto mucho la vieja da miedo y mas su terreno u.U

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    3. Lo que te puede resultar interesante si te gustó esta historia, es que al terreno no lo inventé, y tenía un panteón en un costado, y en una parte de la arboleda, una casa antigua que después quedó abandonada. Como le decía a otro lector, algunos de los lugares que describo no son invento. ¡Saludos, amiga!

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  4. me encantan tus cuentos el de la familia es buenisimo me enganchan jaja y kiero leer mas y mas y mas me gusta q publikes seguidoo otro porfis att.kary

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    1. ¡Jaja! Está bien, hoy publico otro. Quiero ver si cuando tengan que pagar por lo que escribo van a tener tantas ganas de leerme ¡Jajaja! Veremos...
      Gracias, Kary. ¡Saludos!

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  5. Creeme que si aunque si lo publicas tendrás que hacerlo en tomos para que no nos salga tan caro xD y yo era igual k tu escribía historietas y cuentos y siempre de la imaginación salia de algo veridico que uno terminaba por colorear ;) un abrazo ojala su imaginación no lo pierda nunca entretiene mucho en mis trabajos de noche :)

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    1. Siempre van a tener este blog, eso no va a cambiar. No pienso publicar de nuevo estos cuentos, no tendría ningún sentido, porque cualquiera puede leerlos gratis. Lo que vendería en otro lado serían algunas novelas, ebooks, a dos o tres dólares nomás, bien baratos ¡Jeje! Gracias. ¡Saludos!

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  6. Si llegan a México yo los compro ☺️

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    1. Los ebooks llegan a todos lados. Ahora me estoy inclinando hacia publicar en Amazon, probablemente cuentos largos, después, si me va bien, algunas novelas. Espero que todo el esfuerzo que dejé aquí de sus frutos ($_$) ¡Jajaja! Gracias por todos los comentarios, Belén. Un abrazo.

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    2. Solo deja que domine ese tipo de pago, mi esposo no me suelta tarjeta hahahaha saludos y bendiciones mi querido autor

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