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sábado, 25 de octubre de 2014

Es Halloween

Santiago arrojó su mochila en el asiento trasero de la camioneta, donde también había puesto el rifle; ese halloween lo iba a pasar a su manera. Cuando cerró la puerta vio que lo miraban por encima de la cerca de madera, era Pedro, su vecino: 

- ¡Ey ,Santiago! ¿Vas a salir? -le preguntó Pedro. 
- Hola, sí voy a salir. Voy hasta mi bosque, a ver si me traigo un ciervo. Como sea, vuelvo mañana.
- ¿Qué, quedarte por ahí esta noche? Pero hombre, ¿justo hoy vas a acampar? -Pedro se mostró sorprendido, y apoyó las manos en la cerca para mirar mejor sobre ella. 
- Sí, ¿por qué no? -le contestó Santiago, haciendo un gesto que demostraba su despreocupación. 
- Porque es Halloween, y… pues eso. Mira que no es solo una noche de fiestas o celebraciones, es, algo místico también. No es por nada que le llaman “la noche de brujas”. Y ya que hablé de fiestas, en el club de aquí a la vuelta sale una de disfraces, y va a estar buena porque puede ir todo el que quiera. Qué te parece si vamos a “mover el esqueleto”, ¡jaja! Esa frase es justa para hoy, y, de paso conocemos a algunas muchachas; me reservo a las vampiresas ¡Jajaja! 
- Ya planeé la cacería, y no me gusta cambiar de planes. Bueno, me voy, que te diviertas. 
- Gracias, y tú que caces algo, y después me convidas. Nos vemos. 

Mientras sacaba la camioneta a la calle notó que su vecino aún lo observaba. “Que reverenda tontería eso de halloween”, pensó, pero reconoció que su vecino le decía aquello con buenas intenciones. 
Pronto dejó la ciudad atrás y dobló en un camino bien conocido.  Ya había transcurrido buena parte de la tarde, pero lo que le restaba, con algo de suerte le iba a bastar para cazar una pieza. Conocía tan bien su bosque que podía ir directamente a las mejores partes de los senderos, lugares en los que se escondía a esperar la presencia de las presas. 
Como estaba algo ansioso el camino se le hizo largo. Ya en su destino, la vera del bosque que era de su propiedad, se acomodó la mochila y se echó el rifle al hombro. Iba a empezar su caminata cuando divisó algo. Era un vehículo, un tipo de furgoneta. Resultaba obvio que al vehículo lo habían intentado esconder entre los árboles. ¡Cazadores furtivos en su bosque! Aquello lo enfureció enseguida. Se envolvió la correa del rifle en el brazo ý fue a inspeccionar el vehículo. No había nadie adentro. 
Que cazadores anduvieran en algo así le pareció raro. Dentro estaba muy limpio, sin marcas de patas de perro, y tampoco llevaban una jaula. Pensó que tal vez iban a cazar como él, emboscando a las presas, pero, no se veía ni una funda allí, aunque podía ser que se las hubieran llevado con ellos. 
Al inclinarse sobre unas huellas que partían desde el vehículo hacia la espesura se convenció de que no eran cazadores, pues no eran marcas de botas ni botines, eran, ¿calzado de mujer? Aquello sí que era extraño. ¿Qué andaban haciendo unas mujeres en su bosque?

Avanzó siguiendo las huellas. Los pasos eran cortos, lo que indicaba inseguridad al andar, era gente que no estaba acostumbrada a caminar en el bosque. Pudo seguirlas con bastante facilidad.    Cuando algo resaltó entre los árboles Santiago puso una rodilla en tierra y espió por la mira telescópica del rifle.   Estaban en un pequeño claro, eran cinco mujeres. Se encontraban de pie, tomadas de las manos y formando un círculo.  
Apenas las vio, Santiago dedujo que eran unas locas haciendo un ritual, pero por las dudas avanzó con cautela. Nunca se sabe cómo puede reaccionar un loco. Para él, alguien que hace algo así invariablemente tenía que estar mal. 
Las mujeres tenían los ojos cerrados y bajaban y subían la cabeza con movimientos circulares, a la vez que murmuraban algo que no se entendía. Vestían ropas negras, y al observarlas bien se notaba en sus rostros que todas pasaban fácilmente los cincuenta años, pero a pesar de eso conservaban una elegancia que despertaría envidias incluso entre veinte añeras: era un grupo de brujas. En medio del círculo que formaban habían dibujado un montón de símbolos extraños, y en el centro de ellos había un frasco cilíndrico de porcelana con su boca sellada, y sobre la boca del recipiente ardía una vela muy corta.
Santiago se ubicó al lado de ellas pero no lo notaron. Entonces tosió un poco para llamarles la atención, como esto no funcionó después dijo en voz alta: 

- ¡Bien, señoras, fuera de mi propiedad! ¡A hacer sus porquerías, lo que sea que están haciendo, en otro lado! ¡Oigan! 

Una de las mujeres se estremeció, como quien es despertado súbitamente, y miró a Santiago con cara de asombro. La reacción de esta tuvo un efecto inmediato en las otras; abrieron los ojos y buscaron la causa. Fue como si al “desconectarse” una, las otras también lo hacían automáticamente. 
Ahora Santiago tenía la atención de todas. Lo miraron tan sorprendidas como la primera. Les ordenó de nuevo: 

- ¡Señoras, salgan de mi propiedad! Está prohibido entrar aquí, es una propiedad privada. Hagan el favor… 
- Señor, discúlpenos, pero solo vamos a estar un rato mas, por favor, no nos interrumpa, es importante que… -le solicitó una de las brujas, pero Santiago la interrumpió: 
- ¿Cómo es eso, que no las interrumpa? Que yo sepa el bosque es mío, y resulta que yo soy el que molesta. ¡Es lo que faltaba!
- No es que moleste, es… que necesitamos terminar este ritual. Por favor… 
- Nada, ¡fuera de aquí! ¡Vamos! Y apaguen esa vela, que si causan un incendio… bueno, ni les cuento en el lío que se van a meter. ¡Vamos, a largarse, que me hacen perder tiempo! Tengo un radio aquí, ¿quieren que llame a la policía rural? 
- No, por favor, pero…
- ¡Al diablo! Arréglenselas con la policía. Ya van a ver…

Ante esa amenaza las mujeres se miraron asustadas y rompieron el círculo que formaban. Santiago se quitó la mochila para tomar el radio, estaba decidido. 
La que le había suplicado dijo entonces: 

- Está bien, nos vamos. No los llame, señor, nos iremos. Solo déjeme apagar eso. 

La bruja se inclinó hacia el recipiente que tenía una vela encima, pero Santiago se le adelantó, le dio un puntapié al recipiente y este se quebró, y la vela al quedar de lado se apagón en la tierra. Del recipiente escapó un polvo blancuzco. 
Las brujas se llevaron las manos a la cara, horrorizadas, y enfilaron hacia el vehículo a toda prisa. La que había hablado volteó para advertirle: 

- ¡Váyase usted también, señor! ¡No sabe lo que ha hecho! ¡Ya no es seguro ni para nosotras! ¡Si aprecia su vida, márchese ahora, y tal vez se salve! -y alcanzó a las otras que huían despavoridas. 

¿Por qué les preocupaba tanto la rotura de aquel frasco? Santiago temió que fuera algún tipo de veneno. Se tapó la nariz con la mano al tiempo que retrocedió unos pasos.  Después miró con mucha atención los restos del frasco. Se acercó de nuevo de a poco.  La tapa que tenía no era nada hermética, no podría contener algo peligroso.  Santiago sonrió sacudiendo levemente la cabeza hacia los lados. Se había asustado por nada. Pensó que si las locas consideraban peligroso aquello, era por un asunto mágico y no por un peligro real.    
Movió el recipiente con el pie. “Hay gente que cree en cualquier cosa”, pensó. 
El silencio del bosque le permitió escuchar al vehículo de las brujas alejándose rápido por el camino. Al seguir la dirección del sonido de la furgoneta con la mirada, también notó que el sol ya estaba bastante bajo. Le habían hecho perder un tiempo valioso. Eligió un rumbo y salió dando pasos largos. 
No se había alejado mucho del claro que eligieran las brujas cuando escuchó un rumor de ramas. Sonaba como si varias cosas grandes hubieran pasado volando cerca de las copas de los árboles, rozando las ramas.   Volteó y giró hacia todos lados; algunas ramas se agitaban allá arriba, pero lo que las había movido no se veía.  Aquello fue muy extraño, se detuvo a observar todo.   Una ráfaga de viento hubiera sacudido mas árboles, era algo que había pasado solo entre algunos, pero, ¿qué era? De ser aves grandes las hubiera visto, o por lo menos hubiera escuchado su aleteo, pero solo escuchó a las ramas que se sacudían y golpeaban unas contra otras al volver a su posición. 
Inevitablemente pensó en lo que le dijo la bruja. Pero enseguida volvió a sonreír y sacudir la cabeza. “Que tontería”. Y siguió su camino. 

El atardecer ya unía a todas las sombras del bosque cuando alcanzó el lugar deseado. Se agachó a esperar entre unos arbustos que se apiñaban en una pequeña cima, al lado de un sendero. No le quedaba mucho tiempo pero aquella era la mejor hora para cazar. Esperó inmóvil. No estaba tan concentrado como hubiera querido, porque a pesar de que había pasado gran parte de su vida en el bosque, no se explicaba la causa de aquellos ruidos. 
De repente algo llamó su atención, espió por la mira telescópica. Era allá adelante, en el último tramo de sendero que lograba ver desde allí. No era un animal, era, un payaso. El payaso andaba en cuatro, apoyándose también con las manos, como imitando a un animal.   Santiago no podía creer lo que veía. ¡Un payaso! Cuando pensó eso el payaso volteó de pronto hacia él, sonrió con una evidente malicia y lo saludó levantando una mano. ¡Que fea impresión sufrió Santiago! ¿Cómo podía ser que el payaso lo hubiera descubierto desde aquella distancia? Estaba bien oculto entre las plantas. La impresión le hizo apartar momentáneamente la vista de la mira, cuando volvió a ver ya no estaba, se había ido.  Cuando lo buscaba con la mira, escuchó una voz chillona, aguda y reverberante que venía de los mismos arbustos donde se encontraba él: 

- ¡Te estoy mirando desde hace rato! ¡Jajaja!, ¡Jijii…! 

Cuando volteó hacia la voz, quedó mirando a los ojos a una muñeca aterradora. 
Santiago se levantó de un salto, se enredó en los arbustos y rodó fuera de ellos.  Nunca se había llevado un susto tan grande. Puso su mano izquierda contra el pecho porque le pareció que sintió una puntada. Intentó controlas su corazón respirando lentamente. 
Rodeó los arbustos mirando por encima del rifle, la muñeca ya no estaba. 
Enseguida recordó la advertencia de la bruja. Ahora quería irse de allí lo antes posible. 
No faltaba mucho para que la noche se adueñara del todo de lugar. Empezó a trotar, mas apenas avanzó unos metros volteó violentamente; había escuchado con claridad que unos pasos corrían tras él, pero no había nada. Siguió volteando hacia todos lados. Tenía que salir de allí. Sabía que le faltaba un buen trecho. ¿Con qué otra cosa se iba a encontrar? 
Empezó a escuchar unas risitas iguales a la de la muñeca aterradora. Una sonaba por aquí, otra por allá, detrás de los troncos, entre algunas enramadas. Una muñeca pasó corriendo de un árbol a otro, cuando apuntó hacia esta, otra le pasó por detrás a las carcajadas.  Ahora giraba desesperado hacia un lado, hacia otro; las muñecas se asomaban tras los troncos, susurrando, riendo con malicia, aquí y allá, por todos lados. 
No lo dejaban avanzar.   Santiago comprendió que eso era lo que querían aquellas cosas. Si trataban de retenerlo allí hasta la noche, era porque en ese momento tendrían mas poder.  Tenía que correr y no detenerse por nada. 
Pero a pesar de su decisión, le resultaba inevitable detenerse para esquivar cuando una muñeca le salía al cruce.  El bosque estaba cada vez mas oscuro. 
Al pasar al lado de un gran árbol, un payaso se le puso delante de un salto y arremetió contra él a los gritos. Santiago solo pudo poner el rifle por delante, esperando la embestida, y a pesar suyo cerró los ojos. Sintió que lo empujaron pero fue levemente. Cuando miró, el payaso ya no estaba. Eso igual lo alarmó mas. Aquellas cosas pronto iban a tener el poder suficiente como lastimarlo, ya no eran solo una imagen. 

Ya cerca del límite del bosque, y de su camioneta, vio que caminaban hacia él unas siluetas decrépitas y tambaleantes. ¡Zombies! 
Al día ya no le quedaba casi nada, solo los últimos resplandores del Sol que ya se había enterrado en el horizonte. Ya no le quedaba tiempo, si lo retenían un instante mas, estaba perdido.  Siguió corriendo hacia los zombies. No iba a dejar que lo detuvieran, iba a seguir, pero tampoco podía permitir que lo interceptaran, porque seguramente ya eran mas “sólidos” por la inminencia de la noche.  Esquivó a uno, a otro, gritando por su vida, a un tercero, disparó el rifle, y cuando le lanzó un culatazo a uno sintió que le dio a algo.  Los segundos que demoró en encender la camioneta le resultaron horriblemente desesperantes. Finalmente se largó de allí a toda prisa, gritando por la emoción.  
Por muy poco no volcó en el camino por ir muy rápido. Recién en las luces de la ciudad se sintió mas aliviado. 
Ya en su casa se puso a reír como un loco. Después lo dominó un temblor nervioso. Tenía los nervios hechos trizas. Cada pocos minutos se sentía el corazón poniendo la mano en el pecho, y escuchaba su irregular ritmo resonando en sus oídos. Por poco no había muerto de terror.  
Se sirvió un güisqui para calmarse, era inútil, apenas podía sostener el vaso, pero haciendo un esfuerzo lo terminó, y después se sirvió otro, y quedó con la botella al lado. La bebida pronto hizo efecto.   Sus nervios se adormilaron un poco y ya no pensó tanto. 
Después de un largo bostezo pensó en dormir, mas enseguida lo descartó. Recién acababa de escapar de aquello, si se dormía solo iba a tener pesadillas espantosas. Dormir no, no esa noche.  Si se quedaba en casa el sueño lo iba a vencer, tenía que salir.  Enseguida recordó la fiesta de disfraces en el club.  Le pareció que todavía tenía el disfraz de “El Zorro”. Lo encontró arrugado en el ropero. Era mejor que nada. Después de ducharse se lo puso el disfraz no con poca dificultad, porque lo que lo había tranquilizado un poco también lo dejaba torpe.  
El local estaba a menos de dos cuadras. En la calle pasaban algunos disfrazados en vehículos y le gritaban o tocaban la bocina, también se escuchaba música en varias partes. 
Estaba comenzando a creer que seguía su mala suerte cuando escuchó la música que venía del club, y vio luces en las ventanas. Entró. El salón estaba repleto. Sintió algo de vergüenza por la simplicidad de su disfraz, porque los de los otros eran magníficos. Caminó hacia el centro del salón tratando de distinguir a alguien. Era imposible, todos estaban muy bien disfrazados. “¿Por dónde andará Pedro? ¿De qué habrá venido?”. Necesitaba hablar con alguien.  Su disfraz no era tan elaborado, ¿por qué nadie lo reconocía?   En ese momento sintió que su celular vibraba, era Pedro: 

- ¡Amigo! ¿De qué te has disfrazado? -le preguntó Santiago. 
- De Spiderman. 
- ¡Ah! No sé cómo no te encuentro. 
- ¿Qué dices? ¿Cómo que no me encuentras, no estás en el bosque? 
- No, volví temprano, ahora estoy aquí, en el club. 
- ¿En cuál club? 
- En este cerca de casa, en el que me dijiste. 
- Pero… si al final suspendieron esa fiesta. Yo estoy en otra, en la casa de un conocido. ¡Ah! Estás bromeando, ¿no? ¿Santiago?… 

A Santiago se le cayó el celular. Al darse cuenta, los disfraces cambiaron, volviéndose mas aterradores, y todos giraron hacia él. Los entes lo habían seguido hasta la ciudad.  



13 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno amigo valio la pena la espera de varios dias, con tremendo susto yo me hubiera terminado la botella de whisky, hahaha lol saludos Katherine

Anónimo dijo...

Jorge se que no eres de crear cuentos largos pero me gustaría que hicieras uno por... Ya sabes, hallowen y día de muertos

Jorge Leal dijo...

Katherine, te estás convirtiendo en la mejor lectora del blog. Sobre lo del güisqui (en español puede escribirse así), me lo tomaría igual aunque estuviera bien tranquilo ¡Jeje! Bromeo. La época de los escritores borrachos ya pasó, ahora solo té o café ¡Jaja! Gracias ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Un cuento sobre halloween, sí, puede ser... está ahí arriba ¡Jaja! ¿No lo leíste? Hay otros en "Categorías" "Cuentos de terror de halloween". Y aunque ahora no quiero publicar cuentos muy largos, en el blog hay unos cuantos: "El cazador de lobos", "El circo", "Cazadores de vampiros", "Los ocupantes de cuerpos", "Bajo el hospital"... y otros que dividí en tres o cuatro partes. No quiero publicar muchos cuentos largos, pero hacer los hago, y novelas también. En esta época, una muy largo sobre halloween me parece que no quedaría muy bien, la mayoría los busca cortos. Si era un comentario sarcástico porque este te resultó largo ¡Jajaja! Buena esa, me agarraste. Saludos.

José Luis Vassallo dijo...

Excelente relato. Un placer del terrror. ;-) Muchas gracias Jorge. Deci que son las 17hs. porque si fuera de noche y estuviera solo me habria asustado hasta morir. jajajaja Un abrazo.

Jorge Leal dijo...

Tendrías que haber esperado hasta mas tarde para leerlo ¡Jajaja! Perdería a uno de mis mejores lectores, pero la fama de haber matado a alguien de un susto sería buena para el blog ¡Jaja!
Se dice que con mis primeros cuentos infarté a varios profesores de lengua, dicen... ¡Jaja!
Gracias a ti, José. Un abrazo, vecino.

Ely dijo...

Hola. Jorge pense k pasarias x alto los cuentos d halloween pero k bueno k no lo hiciste me emociona pensar k todo esto podría pasar la noche d brujas :) un abrazo d admiracion :) y si fui yo quien firmó como ely2 ya no lo hare

Jorge Leal dijo...

Todos los años escribo uno o mas de halloween. Ely, puedes firmar como quieras, solo dije que no era necesario. La otra vez escribí Ely2 pero en broma.
Gracias. Un abrazo.

ValeAnny Alvarez dijo...

Pobre se va moriir de un infarto!!

Ely Rivero dijo...

Jorge la pregunta es??? Santiago habria fumado cannabiss??? Jaaaa, el savado tengo una fiesta de disfraces...yo voy de hada malvada, jeje muy inspirador este relato..besote

Jorge Leal dijo...

No, de algo mucho peor, un infarto sería una suerte para él ¡Jaja!

Jorge Leal dijo...

No, ¿y tú? ¡Jajaja! Que vas a ir de hada malvada, pero Ely, la gracia es ir disfrazado ¡Jaja! Cuidado con lo que sí van disfrazados, porque alguno puede ser un monstruo real ¡Buajajaja! Besos.

Valentina Campo dijo...

Muy bueno y gracias por darme una idea para una tarea de un cuento de terror

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