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domingo, 19 de octubre de 2014

Guerra zombie

Allá adelante se extendía un campo lleno de pozos y muertos: era un campo de batalla. 
En las inmundas trincheras, como ahora había menos hombres pasando por ellas, el barro del suelo se había congelado, también la sangre que se mezclaba en él . No muy lejos de las trincheras humeaban unos gases amarillentos que se extendían sobre los cadáveres cual niebla. Por ese escenario pesadillesco se desplazaba Adam, vigilaba un extremo de la trinchera. 
Se detuvo en uno de los recodos de aquella canaleta para sentarse un rato. Al darse cuenta de algo levantó con la mano el casco para mirar mejor hacia arriba. Algunas bandadas de cuervos revoloteaban entre graznidos agudos por el cielo velado, mas ninguno descendía hacia el campo de batalla. Como el rugir del combate había cesado hacía mas de una hora, esto le pareció un poco extraño, porque normalmente las oportunistas y macabras aves recorrían el campo apenas la actividad menguaba. 
Para averiguar la causa, tras colgar su fusil en el hombro trepó por las bolsas llenas de tierra que formaban las paredes de las trincheras. Se asomó con cautela.  El humo amarillento ahora cubría casi todo. Aquella tenía que ser la causa.  Volvió al suelo congelado y a su ronda. 

En el recodo mas alejado se topó con algo que no esperaba.  Había sobrevivido a varias batallas, y en ellas visto muchos horrores, pero esto superaba a todo. 
Un soldado mordisqueaba vorazmente el brazo de otro, sacudiendo la cabeza como un perro para desprender trozos; el brazo ya casi no tenía carne. Cuando el soldado giró la cabeza hacia él con un gruñido, Adam le apuntó. No disparó enseguida porque aquel vestía su mismo uniforme, además su apariencia lo impresionó horriblemente: los ojos blanquecinos, el labio inferior caído, la piel de la cara holgada, nada de eso era nuevo para él, pero esos rasgos correspondían a una persona muerta, y aquel soldado se movía y lo estaba mirando fieramente. 
Cuando el muerto andante avanzó hacia él, le disparó en la cabeza.  El disparo alertó a unos compañeros, y cuando llegaron corriendo a la escena, lo contemplaron sorprendidos:

- ¿Por qué le disparaste a ese cuerpo? -le preguntó uno. ¡¿Qué no ves que es uno de los nuestros?! Y, ¿por qué dispararle? 
- No estaba muerto, bueno… si parecía estarlo, pero se movía, y estaba comiendo eso, ¿lo ven? He intentó atacarme. Es la verdad. 

Ahora los soldados lo miraron con algo de lástima; lo creían loco.    Cuando un sargento se hizo presente, enseguida reafirmó esa sospecha, y marcharon con Adam bajo arresto. Estaría así hasta que algún superior decidiera qué hacer con él.
Lo llevaron a una parte de la trinchera que tenía techo; donde planeaban los ataques y defensas.   Adam no insistió con su historia pues él apenas creía lo que había visto, no tenía caso insistir. Como fuera su situación era muy mala. Si creían que él había armado aquello para hacerse el loco y así escapar de su deber, lo iban a fusilar, y si lo creían sincero no lo iban a mandar para su casa solo por estar algo mal de la cabeza, lo mas probable era que en la próxima batalla lo pusieran en la primera línea (donde ninguno se salvaba). Sus posibilidades de salir bien eran pocas. Se resignó al pensar que a otros les había ido peor, demasiada suerte había tenido hasta el momento. 
Le pusieron un guardia, un muchacho muy joven al cual el casco le bailaba en la cabeza, y Adam no tuvo otra cosa que hacer mas que esperar sentado en aquel lugar de techo tan bajo.    Se disponía a dormir un poco cuando escuchó unos gritos; le advertían a alguien que no avanzara mas, después empezaron los disparos.   Inmediatamente se dio cuenta de que solo sus compañeros disparaban. ¿A qué enemigos estaban enfrentado? ¿Por qué no les disparaban a ellos? Al recordar al soldado muerto comprendió.  
Su joven guardia no sabía si salir o quedarse a cumplir la orden que le dieran; si fuera una opción sin dudas se marcharía muy lejos de allí.  Un sargento apareció en la entrada y les ordenó salir. El sargento le devolvió su fusil y la bayoneta a Adam. 

- ¡Disculpe, soldado! -le gritó de muy cerca, la balacera era infernal -. ¡Usted dijo la verdad! ¡Vea ahora! 

Adam se asomó sobre la pared de la trinchera. Todo un ejército de zombies, con uniformes de ambos bandos, se arrastraban, rengueaban o corrían hacia ellos. Eran una marea imparable. Las balas agujereaban los uniformes, les abrían boquetes, pero los zombies seguían avanzando como fuera. Algunos caían al ser alcanzados en la cabeza, y los otros los pisoteaban o tropezaban con ellos, pero la horda no se detenía. 
Pronto alcanzaron la trinchera y empezaron a caer en ella como si los vertieran allí.
Adam derribó a varios a culatazos y con la bayoneta, pero eran muchos. 
Cuando atrapaban a un soldado, varios zombies se apiñaban sobre él, y como cuando una jauría ataca a una presa, lo hacían trizas.    En medio de aquella escena grotesca, infernal, resaltó sobre todos los horribles gritos el ruido de muchos aviones. Cuando Adam levantó la vista, tras acertarle un culatazo a un zombie, vio que desde el cielo caían un montón de objetos: eran bombas. “Aquí llega el final”, pensó, aliviado por tener la certeza de que no iba a terminar como los otros, después todo explotó. 
En otro lugar, lejos de allí, en una reunión secreta, un general dio un puñetazo en la mesa: 

- Ese gas suyo es un peligro para todos, doctor -le reprochó enérgicamente a uno de los presentes.  
- ¿Desea que el proyecto termine aquí? -le preguntó el doctor, y se acomodó las gafas.
- ¡Por supuesto!
- Entonces, ¿no debe quedar nada de la substancia? 

Ante esa pregunta, los que estaban allí voltearon hacia el general; este miró hacia abajo al contestar, y lo hizo en voz baja. 

- Es mejor guardar una muestra. Tal vez en el futuro corrijan nuestros errores y sea útil. Pero si no es así o pasa algún accidente, que Dios nos ayude. 

El doctor hizo una mueca de desagrado al escuchar aquel nombre, después sonrió levemente, y se acomodó sus innecesarias gafas. Él veía muy bien, veía incluso las almas de los allí presentes. 


17 comentarios:

  1. Jorge esta excelente te sigo desde que tenía diez años. te pido porfavor una segunda parte.

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    1. Gracias. Si me lees desde hace tiempo y no te acostumbraste a los finales abiertos, es raro ¡Jaja! A la mayoría de las historias podría continuarla, pero este es un blog de cuentos cortos. A los cuentos largos, cuando quedan para atrás, ya no los leen tanto, les da pereza supongo.
      ¡Saludos!

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  2. Muy buen cuento como siempre,me gusto mucho lo de la insinuación del diablo y la ciencia saludos att: Regina

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    1. Ese detalle creo que quedó bien ¡Jeje! Gracias, Regina. ¡Saludos!

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  3. Aaa conque ese fue el inicio de todo :)
    Era el diablo vdd??

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    1. Era el chamuco, sí. Gracias, Vale. Un abrazo.

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  4. Excelente historia de zombies. La verdad me imagino esto ocurriendo en la primera guerra mundial donde se usaron las armas quimicas. Excelente el no indicar bando ni nada cosa de que cada uno arme en su mente el bando que desee. Slds.

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    1. Exactamente, está ambientado en esa guerra. Algunas partes se las dejo a la imaginación de los lectores, como debería ser. Gracias, José. ¡Saludos!

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  5. muy bueno, el final queda abierto y con intriga, ojala hubiera segunda parte jejeje, saludos.
    Paco

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  6. Jorge, jorge ...ya no tengo mucho x comentar xq ya todo lo bueno te lo dicen tus lectores,, igual me gusta mucho leerte!! No tengo mucha afinidad cn zombie, y me estremese la idea de una pocible guerra viral dnd se podrian husar armas quimicas cn estas caracteristicas...la verdad de terror!!!!!

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    1. Tú comenta cualquier cosa igual, Ely, no tiene porqué ser algo que otros no hayan dicho. Los zombies no te gustan mucho, eres mas de hombres lobo, ¿no? Seguramente eres una mujer loba ¡Jaja! Gracias, amiga. Un abrazo.

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  7. Siiiiiii.....mi fantasia es encontrar un hombre lobo jeje, loco no?? Jaaaa cdo tu libro jorge?

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  8. JORGE, RECIÉN ESTOY LEYENDO TODOS TUS CUENTOS Y ME PARECEN GENIALES... TE MANDO MUCHOS SALUDOS DESDE PERÚ... Y SIGUE CON ESE GRAN INGENIO QUE TE MANEJAS... ÉXITOS Y BENDICIONES... SINCERAMMENTE.... cynthyva

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    1. ¡Muchas gracias por tus deseos! ¡Saludos desde mi Uruguay para tu Perú!

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