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miércoles, 8 de octubre de 2014

La familia (última parte)

Para leer la primera parte: Pincha aquí




Al ver la propiedad que era su destino, los payasos de la caravana lanzaron todo tipo de gritos alocados. Llegaron enseguida de medio día. Esperaban que la familia saliera de un momento a otro a recibirlos, pero los vehículos se fueron acomodando en el patio y ellos no aparecían.  El frente de la propiedad era grande. La parte derecha la usaron como estacionamiento, la izquierda era para la carpa. En aquel lugar solo había una regla que todos cumplían: no acercarse mucho a la casa rodante de atrás, y nunca intentar entrar en ella. En sus terrenos todos tenían un lugar así. Las prácticas oscuras en aquella familia era algo común. 
Apenas se bajaron, los mas mayores fueron directo la puerta, a grandes pasos. ¿¡Qué pasaba allí, por qué no los recibían!? Como había un auto que no conocían en el patio, supusieron que tal vez tenían visitas, y eso era inadmisible para ellos. Aquel era el día del clan, ¿cómo podían recibir a alguien mas? Golpearon con fuerza, no respondieron desde adentro.  Los payasos primero sospecharon de una broma, después supusieron que habían salido por algo. Eso igual los molestó. Esos días tenían que estar solo para la fiesta. Pero como el resto del clan estaba ansioso por levantar la carpa, lanzaron un último insulto hacia la familia y se abocaron a eso. 
Los adultos eran prácticos en levantar carpas, y hasta los niños ayudaban, mas como todos eran muy alocados en sus maneras e insultaban casi tanto como respiraban, cada poco rato se armaba alguna pelea, y ahí explotaban las carcajadas y los alientos a los luchadores, y eso retrasaba el trabajo.   
Al sudar, el maquillaje de las cara se les escurría en parte, o el rojo de la sangre que había provocado algún puño se entreveraba con el blanco, por eso al terminar de levantar la carpa todos lucían aterradores.  

La carpa era colorida, como la de los circos, pero no tan grande. Terminada esa tarea descargaron de los vehículos un montón de comida y bebida que fueron metiendo en la carpa. Un par de payasos se encargaron de “colgarse” de la electricidad de la casa y todo estuvo listo. Cuando las sombras de los árboles cercanos se extendieron por todo el terreno, comenzó la fiesta. 
Ni la mas loca de las fiestas de un emperador romano se asemejaba a aquella en extravagancia y locura. Los carnavales de Venecia serían una misa comparados con esa fiesta.      Si alguien ajeno a esa familia hubiera pasado por allí cuando llegó la noche, al escuchar los gritos y al ver las distorsionadas siluetas que se dibujaban contra la carpa, hubiera huido de allí creyendo que era una reunión de demonios. 
Ya avanzada la fiesta, a tres hermanos se les ocurrió que necesitaban hielo. Al intentar ingresar a la casa recordaron que los dueños no estaban, según creían ellos. Pero eso no iba a impedir que obtuvieran su hielo: 

- Espérenme aquí -dijo uno de los payasos, arrastrando la voz-. Toda la casa está a disposición. Ahora vuelvo, ya… esperen. 
- ¡Pero date prisa, mequetrefe! -lo azuzó uno de sus hermanos. 
- ¡Sí! Date prisa, ¡Jejeje…! Meque… ¿cómo es? ¡Bah! No importa. 

Y mientras uno iba tambaleándose hacia los vehículos los otros se quedaron recostados a la pared.   Volvió con una barra de acero: 

- Vamos a abrir esta porquería. ¡Ah! Ya está. Adelante, atolondrados. 
- No, primero la fealdad, y los que estuvieron presos -bromeo uno.
- Gracias. 

La sala estaba oscura, pero desde el corredor que iba hacia la cocina llegaba algo de luz.  Como estaban encendidas desde hacía días, algunas lámparas se habían quemado. 
El olor a alcohol que emitían sus alientos disimuló en parte el hedor a podrido que había adentro.  Atravesaron la sala. En la cocina encontraron grandes manchones rojo ennegrecidos en el suelo. Alguien normal hubiera hallado muy raro aquello, pero como venían de esa familia, solo tuvieron cuidado de no pisar aquello.    Además de hielo llevaron otras cosas, todo lo que pudieron cargar. Los tres, con los brazos cargados con su botín, salieron de la cocina a las risas. Cuando llegaban a la sala se encontraron con los cuatro propietarios de la vivienda. La descomposición de la carne los hacía lucir mas espantosos todavía.  Los payasos ebrios dejaron caer en el suelo lo que llevaban, solo eso pudieron hacer antes de que los atacaran.  El ruido de la fiesta fue cómplice de los zombies.   
Seis chiquillos (vestidos también como payasos), y dos mas grandes pero mentalmente al mismo nivel que los otros (algo muy común en aquella familia), se divertían corriendo por el interior de la carpa, saliendo de ella y persiguiéndose en el patio, para después volver a entrar. Estaban en eso cuando a uno se le ocurrió entrar a la casa. Se rieron al ver que la puerta estaba abierta. 
Muy avanzada la madrugada, cuando algunos ya se habían dormido o desmayado dentro de la carpa, o andaban arrastrando los pies entre bostezos, el mas aterrador grupo de payasos zombies se presentó en la entrada. En ese momento empezó otra fiesta, esta similar a las que deben ocurrir en el infierno. 
Cuando amaneció, un enorme grupo de payasos zombies avanzaba entre gemidos y gruñidos rumbo a la ciudad.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

😱 que horror !!!! payasos zombies sueltos ... Buenísimo. Saludos, Celia.

Anónimo dijo...

Wow muy buen final muchas felicidades Jorge. Katherine

Mayte dijo...

Excelente cuento como siempre!! Te quería decir que hay una aplicación que se llama Wattpad donde se pueden subir distintas cosas que cada uno escribe, de verdad te lo recomiendo, y es un lugar seguro para publicar, no sé si ya lo conocías, pero bueno, solo eso. Un saludo y seguí escribiendo así!!!

Jorge Leal dijo...

Gracias, Mayte. He escuchado sobre esa aplicación, como casi todos, pero nunca la usé. Tendría que ver. Estoy abierto a todo, a casi todo ¡Jaja! ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Katherine, gracias por seguir visitando el blog y comentando. Un abrazo.

Jorge Leal dijo...

Es una buena combinación ¡Jeje! Y todavía no escribí sobre la peor... payasos-políticos ¡Jajaja! De esos no se salva nadie. ¡Saludos, Celia!

shasha cardenas dijo...

Si tenias razón me gusto las siguientes partes, la continuación estuvo muy buena. el cambio radical que toma la historia lo vuelve interesante

Jorge Leal dijo...

Gracias, Shasha. En la primer parte y en casi toda la segunda (que era el final, esto le agregué después) ni sospechaban que era una historia de zombies ¡jeje! Un abrazo.

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