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domingo, 12 de octubre de 2014

Situación de terror

Me encontraba ante una típica situación de película de terror, o de cuento. Si bien ninguna de las circunstancias que nos arrastraron hasta allí eran extraordinarias, vistas fríamente, igual me pareció algo increíble nuestra situación: una tormenta nos obligaba a resguardarnos en una casa abandonada. 
Estábamos cazando. Me acompañaba Josué, mi hermano menor. Era la primera vez que él salía a cazar sin que estuviera mi padre, por lo tanto yo era el responsable en esa salida.  
Creo que me concentré demasiado en las palomas que volaban de árbol en árbol y descuidé nuestro entorno, aunque tal vez yo no tuve la culpa. Cuando me di cuenta, estábamos perdidos. Y como si la jornada siguiera la lógica de un guión de terror, se empezó a formar una tormenta. 
Perderme en un bosque que conozco ya era bastante increíble, y ahora estaba creciendo una tormenta. ¿Qué faltaba ahora? La casa abandonada. 
Cuando me orienté al encontrar un sendero, enseguida recordé hacia dónde conducía este. La casa se veía desde allí.  Muchas veces había cruzado cerca, pero siempre andaba con algún mayor o varios compañeros, y por nada del mundo hubiera entrado allí, y no tenía por qué hacerlo; pero ahora las circunstancias parecían empujarnos hacia ella. La caminata extra nos había hecho perder mucho tiempo, y no faltaba mucho para que se hiciera noche, había enfriado absurdamente, y las características de la creciente tormenta prometían mucha lluvia. 

Esa situación era común a quién sabe cuántas leyendas y cuentos de terror, mas nos estaba pasando en la realidad. ¿Qué hacer? Aquello no era una película, la casa era la mejor opción. Sin carpa y sin lona como andábamos, tendríamos que caminar un mínimo de tres horas bajo el agua fría (parecía que iba a llover en cualquier momento), y eso si salía todo bien, porque podríamos perdernos en la oscuridad y la confusión de la lluvia, o podíamos quedar aplastados bajo un árbol que el viento volteara.      Josué tenía solo nueve años, y había sufrido una fuerte gripe unas semanas atrás. Lo mas sensato era entrar a la casa. Fuera los peligros eran reales, dentro, no sabíamos. 
Cuando mi hermano se dio cuenta de mis intenciones se detuvo en seco: 

- ¿Por qué vas rumbo ahí? No estás pensando entrar a la casa, ¿o sí? -me preguntó.
- Va a ser lo mejor, es un refugio. En cualquier momento llueve, y ya está oscureciendo. Vamos, que no hay nada que temer. 
- ¿Ya entraste ahí? ¿Cómo es adentro? 
- Es, como un hotel cinco estrellas. Tiene alfombras, muebles finos… ¡Yo qué sé cómo es! Nunca entré ¡Jajaja! -dije bromeando para tranquilizarlo-. Es solo una vivienda abandonada. La gente se aburre de vivir en lugares así, se van, y eso, quedan abandonadas. Tal vez era de un cazador y ya es muy viejo para venir, o murió.
- ¿¡Murió ahí!?   
- No, quise decir que murió en la ciudad. Vamos. Además, tenemos nuestras armas, y si pasa algo salimos a los tiros, ¡Jaja! ¿Qué te parece? 
- ¡Sí! Y si aparece algo le doy en la cabeza. 
- Eso solo si aparece muy cerca, porque con tu puntería…
- Ah si, cuando sea mas grande voy a tirar mejor que vos. 
- Cuando llegue eso yo ya voy a tirar hasta con los ojos cerrados. 
- ¡Que exagerado! ¡Jajaja…! 

Y bromeando así fuimos hasta la casa. El cielo ya estaba completamente negro de tormenta, y se escuchaban algunas gotas cayendo sobre la vivienda abandonada, aunque a mi no me alcanzó ninguna, y Josué no se quejó. Debían ser muy pocas todavía, supuse, pero de un momento a otro vendría el chaparrón.   
Por lo menos habíamos llevado linternas. Yo entré primero. Descubrí que tenía solo una pieza, era una cabaña. Iluminé sus cuatro rincones. No había nada, ni un mueble. En el techo faltaban algunas maderas pero nos iba a servir. Hice pasar a Josué. 

- Ese hogar está bien, podemos hacer un fuego -me propuso. 
- No, esa chimenea puede estar tapada con nidos o mugre, y si encendemos fuego…
- Tienes razón. 
- Lo único que podemos hacer es sentarnos por allí y esperar. 
- ¿Y si me da sueño? 
- Te puedes acostar sobre las mochilas, y sobre mi abrigo. 
- Bueno. 

Conociendo lo dormilón que él era sabía que pronto iba a querer dormir. Fuera empezó la lluvia, para no dejarnos otra opción que permanecer allí. La noche cayó rápido.
Nos sentamos con la espalda contra la pared. Al apagar las linternas todo quedaba oscuro. Llovía sin truenos ni relámpagos. Sobre el monótono ruido del agua se escuchaban algunos crujidos, cuando iluminábamos y no había nada.  
Habíamos llevado algo para comer, pero Josué no quiso, y yo tampoco sentí ganas. Iba a ser mejor al amanecer, cuando saliéramos de allí. 
Como la cabaña ya no tenía puerta, un viento frío se paseaba por toda la habitación a cada rato.  Mi hermano quiso dormir. Le di mi abrigo. Se arrolló sobre las mochilas, y aunque se movió incómodo un buen rato, terminó durmiéndose igual. Yo quedé sentado, vigilando. 
La lluvia seguía lavando el exterior de la cabaña, y goteando en algunos lados del piso, aunque nuestro rincón estaba seco. Por alguna razón no me fiaba de aquella oscuridad, y volvía a encender la linterna y el haz de luz recorría toda la habitación.  El bosque estaba mudo allá afuera, solo se escuchaba la lluvia, que seguía sin truenos ni relámpagos, solo oscuridad e inquietante quietud. 
Después de una serie de crujidos volví a encender la linterna, y allí estaba. Una vieja decrépita y de mirada enfadada estaba sentada sobre una mecedora en el otro extremo de la habitación. Inmediatamente sentí un verdadero terror, y créanme que es una sensación espantosa.     Experimenté cómo se me erizaba la piel y hasta el cabello. 
La aparición, sin levantarse de su mecedora, se fue acercando de a poco, y al alcanzar la mitad de la habitación lo hizo velozmente, tendiendo sus brazos hacia nosotros.
Dejé de mirar un instante, no lo soporté. Cuando abrí los ojos ya no estaba. 
Josué parecía seguir durmiendo tranquilamente, pero por las dudas lo iluminé. Al verle la cara me espanté de nuevo: era la de la vieja. 
Recuerdo que instintivamente me aferré al mango del cuchillo que tenía en la cintura, y el miedo me hizo desenvainarlo.  Por suerte, antes de que hiciera algo, mi hermano, incomodado por la luz en su cara, despertó y me preguntó qué hora era. Todavía lucía como la vieja, pero comprendí que aquello era un engaño para que lo atacara; el que estaba a mi lado realmente era mi hermano. Al darme cuenta de eso su cara volvió a verse normal. 
Le contesté y él volvió a dormir. Al iluminar el otro extremo de la habitación, la vieja estaba sonriendo con malicia, y desapareció ante mis ojos. ¡Estábamos en una casa embrujada! 
Estuve a punto de despertar a mi hermano, mas me di cuenta de algo; seguramente a él le iba a pasar lo mismo que a mí, e iba a creer que yo era alguien mas al ver mi cara. Entonces lo dejé quieto. No quería que él saliera huyendo o que intentara atacarme. Siguiendo ese razonamiento, supuse que si aquella aparición pudiera hacernos daño directamente, no habría hecho aquella jugarreta para que atacara a mi hermano. Pero por otro lado, teníamos una noche muy larga por delante, y quién sabe qué iba a intentar aquella entidad, aparición o lo que fuera.  No podíamos quedarnos allí. 
Levanté el cuello del deportivo hasta la nariz y bajé un poco el ala de mi gorro. Entonces desperté a mi hermano. 

- ¿Qué pasa? -me preguntó. 
- Nada, pero mejor nos vamos de aquí. Se me ocurrió que esto se puede derrumbar por la lluvia. 
- ¿Por qué te tapas la cara? 
- Porque estoy con frío, te di mi abrigo mas grueso. Ahora vámonos. 

Hasta ese momento parecía que estaba lloviendo torrencialmente, pero al salir, no caía ni una gota, y sobre el bosque se asomaba una Luna creciente. Josué no entendía nada. No le expliqué hasta que estuvimos muy lejos de aquel lugar maldito. La caminata se hizo larga, pero gracias a la claridad que nos brindaba la Luna no me desorienté en ningún momento y llegamos sin mas contratiempos a nuestro hogar.  

11 comentarios:

  1. Todo fue un engaño de la misma entidad....que bien leerte mas seguido .que miedo! Saludos

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    1. Sharrol, no sé si lo leiste el cuento "El circo" que está unas cuantas entradas para atrás. Te lo recomiendo. Está dividido en diez partes. Después me cuentas. ¡Saludos!

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  2. Muy bueno, típico de un filme de terror. Me gusto mucho. Saludos

    Juan carlos

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    1. Sí, me pareció interesante escribir algo así, porque generalmente los personajes no analizan así las situaciones. Muchas gracias. ¡Saludos!

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  3. Muy bueno Amigo. Katherine

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    1. Te agradezco la constancia, Katherine. Como ya habrás notado, aquí en el tercer mundo casi todo está embrujado ¡Jaja! Por lo menos en el universo de mi blog. Un abrazo.

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  4. Que buen relato. Que vieja maldita. Por suerte no tengo casas abandonas proximas si no mamita. jajajaja Slds.

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    1. Gracias, José. Pues yo he tenido la suerte de vivir cerca de casas abandonadas, y conocí algunas en el campo y en lo que en mi país llamamos granjas, que son bosques. Para mí es una suerte, porque al escribir tengo que imaginarme algo, y aunque no lo describa mucho sí tengo que visualizarlo perfectamente, y haber conocido lugares así me ayuda un montón ¡Jeje! Y algunas que no están abandonadas también me han servido. La casa de "El circo" "La familia" y otros cuentos mas, existe. Sabes, al comentar esto se me ocurrió una historia ¡Jaja! Vamos a ver qué sale. ¡Saludos!

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  5. Vaya! Al menos tuvo final feliz xk llegaron a casa jajaja buen cuento :) como todos

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  6. Que buen hermano !!! Saboreo tus cuentos como no tienes idea,my suelo contárselas a mis sobrinos

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    1. Que bien, así tus sobrinos se pueden convertir en lectores ¡Jeje!

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