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martes, 11 de noviembre de 2014

Atrapado

Los ruidos comenzaron sutilmente, pero de a poco la actividad fue aumentando. Rubén no les dio importancia los primeros días.  Acababa de pasar por una época muy complicada, por eso aquellos ruidos que creía oír a veces eran triviales para él. Ni estaba seguro si se originaban dentro de la casa o fuera. Le preocupaba mas otra cosa, una fobia que estaba desarrollando; miedo a salir a la calle. 
Cuando estuvo seguro que los ruidos venían de adentro, pensó que su vida iba de mal en peor.   Recientemente había caído enfermo, estuvo días en un hospital, y cuando le dieron el alta, resultó que se habían apurado, y tuvo una recaída en su hogar. Ahora escuchaba ruidos raros que parecían no tener una explicación lógica. 
¿Cómo podía estar pasando aquello? Hacía muchos años que vivía allí y nunca había sentido nada raro, ¿y ahora, su casa se había embrujado de la nada? 
Cuando el asunto se puso peor pasó a ser aterrador. Y como si todo eso fuera poco, aún no se sentía bien, aunque no tenía ningún malestar concreto. También dormía mucho, y casi todos los días tenía episodios de lo que él razonó era algún tipo de sonambulismo. 
En una ocasión, estaba parado en medio del baño cuando de pronto algo lo hizo girar hacia la puerta entreabierta, y su mirada se encontró con los ojos claros de una cara peluda y barbuda que le enseñó los dientes. Aquel suceso solo duró un instante, la cara desapareció enseguida.  Mas la impresión que le causó no se le fue así nomás. Cuando finalmente pudo recordarla sin sentir tanto terror, se dio cuenta que era la cara de un perro. “¿Hay perros fantasmas?”, se preguntó.  

Otra vez, estando acostado en su habitación, empezó a experimentar algo aterrador: la sensación de no estar solo allí, después algo peor; pasos apagados que iban rumbo a la cama, y seguidamente, que alguien se subía en ella.   
No lo soportó mas, se levantó de un salto y se precipitó hacia la puerta. Casi en el mismo momento, detrás de él emitieron un grito muy agudo, un grito de terror que parecía ser de una niña. 
No podía creer lo que le estaba pasando, era absurdo, ¿por qué un hogar como cualquier otro, normal en todo sentido, ahora era un lugar de pesadilla para él? 
Él la mandó a construir, la casa no tenía historia, y la levantaron sobre un terreno hermoso donde nunca antes habían construido. Pensó que si alguien hubiera muerto allí podría entenderse aquella actividad, pero nadie lo había hecho. ¿Nadie? Repentinamente se dio cuenta. Recordaba haber desmejorado tras volver del hospital, pero después todo era confuso. ¿Cuánto tiempo había pasado?, ¿y los amigos y familiares, por qué nadie lo visitaba? No recordó la última vez que comió. Solo andaba por la casa, hundiéndose en una especie de sueño por horas, para después aparecer en cualquier habitación. Y su fobia a salir a la calle no era tal; no salía porque no podía: era un fantasma atrapado allí. Al comprenderlo pudo abandonar el lugar, y la familia que vivía ahora en la casa dejó de sentir y escuchar cosas raras.