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viernes, 21 de agosto de 2015

Terror En La Soledad

Hacía tanto que Pedro caminaba por el campo que ya no estaba seguro de hacia dónde iba. Creía andar en línea recta pero no descartaba que hubiera caminado haciendo un gran círculo. Como desde el amanecer lo acompañaba una llovizna y el cielo estaba completamente nublado, con la escasa visibilidad y la falta del sol como referencia era difícil orientarse. Avanzaba aplastando pastos tan empapados como él, y lo que llevaba en el bolso era todo tenía en la vida.

Hacia donde alzara la vista veía el mismo gris de la punzante llovizna y el amarillo de los campos aplastados por el agua. Aquel paisaje transmitía una sensación de soledad intensa. Cada tanto divisaba alguna laguna, un arroyo, vacas pastando a pesar del mal tiempo, y en algunos parajes la protección de una arboleda lo invitaba a detenerse. Pero él seguía porque en el bolso ya no le quedaba comida, aunque para su sorpresa ese día no tenía apetito. Pensó que ya se debía estar acostumbrando a comer poco. En cuanto viera un establecimiento rural iba a pedir trabajo allí, aunque se conformaba con que lo dejaran pasar la noche en un galpón, porque el frío ya se le había metido hasta los huesos.

Divisó al fin entre la llovizna lo que parecía ser un establecimiento rural: una casa grande, otras mas pequeñas alrededor de esta, probablemente las de los peones, también divisaba varios árboles en los patios, y mas alejados unos galpones, y cerda de estos había corrales. Se acercó con prudencia, haciendo pausas para observar y que lo notaran. Lo mejor para él era que lo vieran a prudente distancia de las casas y que alguien se acercara a preguntarle qué quería. También era prudente por los perros, porque de encontrarlo muy cerca podían atacarlo. Pero aunque rodeó aquel lugar un buen trecho ni un ladrido salió de aquellos patios, y no se divisaba ni una persona por allí. Golpeó las manos desde lejos para ver si alguien se asomaba. Nada, solo el viento y la llovizna generaban algún ruido en aquel paisaje.

Siguió insistiendo con las palmas y esperó un rato. Era raro que no hubiera ni un casero, nadie. Pedro pensó que tal vez era un lugar abandonado. Al acercarse un poco mas confirmó que no era el caso pues las viviendas estaban bien cuidadas. Pedro levantó un poco su sombrero rascándose la frente. ¿Qué hacer? El día ya se iba oscureciendo y la llovizna helada arreciaba. Ya había pasado muchas noches en la intemperie y de alguna forma había sobrevivido, mas el sentido común le decía que no se arriesgara de nuevo. Por otro lado, meterse en una hacienda sin permiso es un problema seguro. Decidió que lo mas sensato era esperar porque era probable que alguien apareciera al anochecer.

El campo se fue oscureciendo y la llovizna se transformó en un chaparrón helado que empujaba con fuerza porque venía acompañado por un viento fuerte. Ya no pudo soportar mas. Si lo sorprendían allí, mala suerte. No pensaba morir de frío teniendo un refugio tan cerca. Alcanzó una de las casas que rodeaban a la grande. A esa hora el cielo nocturno se mostraba amarillento porque detrás de los nubarrones había salido la luna. La idea de Pedro era ir hacia uno de los galpones, mas al pasar frente a la casa vio que la puerta estaba abierta. Sentía tanto frío que lo único que tenía en la mente era calentarse como fuera. Entró a la casa. 

Adentro estaba completamente oscuro. Avanzó lentamente tendiendo los brazos para localizar obstáculos. Así encontró una mesa, y en ella un encendedor. Él tenía uno pero estaba tan empapado como todas sus cosas. En la mesa también halló un tipo de paño y con él se secó las manos para no mojar el encendedor. La llama movediza de encendedor recorrió una sala pequeña pero confortable donde hasta había una chimenea. Supuso que debía ser la casa del capataz. Pedro ya estaba algo torpe por el frío, por eso le costó encender el fuego. Cuando al fin las llamas crecieron entre los leños Pedro emitió un suspiro de alivio y satisfacción. Solo después de un buen rato pensó en lo complicado de la situación en la que se encontraba. Aquello era allanamiento de morada. Supuso que si no tocaba mas nada, que si solo se calentaba en el fuego, eso sería un atenuante. Estaba en una etapa tan baja de su vida que incluso unos días en una celda de comisaría rural no se veían tan mal, por lo menos tendría comida y un techo.

Sentado frente al fuego pensó en lo raro que era que no hubiera nadie allí. No se imaginaba qué podía haber sucedido para que se marcharon todos, y que se llevaran hasta a los perros, porque no hay casas rurales sin perros. Afuera la lluvia paró y el cielo se fue abriendo para dar paso a una luna llena. El fuego ya lo había calentado pero como empezó a sentir que se le entumecían de nuevo las manos las acercó a las llamas y comenzó a abrirlas y cerrarlas para que circulara la sangre. Estaba en eso cuando una voz casi lo hizo saltar dentro de la chimenea.

—¿¡Fernando, eres tú!?

Pedro se inclinó peligrosamente hacia las llamas por el sobresalto y sintió el calor en la cara. Se enderezó y giró alarmado hacia el origen de la voz. Quedó mirando de frente a una cara arrugada y peluda que lo miraba por la ventana.

—¿Quién es usted? —preguntó ahora el que se encontraba afuera.

Sin esperar una contestación, pasó de la ventana a la puerta y entró precipitadamente con un enorme cuchillo en la mano. Pedro retrocedió. El que irrumpió en la casa era un viejo barbudo de cabellos grises desordenados y mirada de loco. Miró rápidamente varios puntos de la habitación y después volvió a fijar sus casi desorbitados ojos en Pedro y le preguntó de nuevo:

—¿Quién es usted?
—Me llamo Pedro Ruiz. Me arrimé hasta aquí para pedir trabajo, pero como no había nadie y hacía mucho frío por la lluvia yo...
—¿Viste a alguien mas? —lo interrumpió el viejo.
—No señor. Solo vi esta puerta abierta y entré a calentarme. Fíjese en todo, no toqué nada, yo solo encendí...
—¿Y al hombre lobo, lo viste? —lo interrumpió de nuevo.
—¿Al hombre lobo? —preguntó Pedro, ya desconfiando de aquel viejo.
—Sí, nos atacó anoche. Los ruidos empezaron en la casa grande —comenzó a relatar el viejo—. Por la gravedad de los gritos, yo ya salí con este cuchillo en la mano, y en el patio vi que otros peones que corrían hacia la casa también llevaban los suyos. Lamentablemente el hombre lobo ya había hecho su maldad y lo topamos en la sala cuando iba saliendo de los cuartos. ¡Aquel monstruo horrible había destrozado a los patrones! Lo supimos por lo ensangrentado de su cara y porque ya no había gritos en la casa. A mí me dio tanto miedo que retrocedí, aunque los otros lo atacaron. Uno de mis compañeros le tiró una puñalada pero el hombre lobo se esquivó y atacó con un manotazo que le abrió en varias partes el pecho. Entonces salí de allí corriendo como un cobarde. Me dominó el terror. Corrí un trecho hasta que caí de boca sobre los pastos. Me desperté no sé cuánto tiempo después y huí hacia una arboleda. Pasé todo el día ahí medio enloquecido por lo horrible de la situación y el sentimiento de culpa por haber corrido dejando a los otros allí. Pero al fin agarre coraje y volví para liquidarlo o morir en el intento. ¿Y vos de dónde llegaste? —le preguntó el viejo, apuntándolo con el cuchillo.
—De lejos. Caminé casi todo el día y recién al final de la tarde llegué hasta aquí —le respondió Pedro. Él no estaba muy seguro de eso pero no quería que aquel viejo loco sospechara de él.

Las figuras de ambos eran iluminadas por la claridad de la luna que entraba por la ventana y las llamas de la chimenea. Los cabellos grises del viejo le caían sobre la frente, y los ojos casi le fulguraban de rabia. Pedro ya comenzaba a creer que aquel tipo había matado a todos, que había inventado lo del hombre lobo en su delirio. Esa explicación era mucho mas lógica que la de un hombre lobo. Como el viejo hablaba extendiendo el brazo con el cuchillo, Pedro empezó a retroceder lentamente hacia el otro extremo de la habitación. A su izquierda había una puerta. El viejo, como adivinando sus intenciones, fue ladeando la cara para mirarlo de costado, desconfiado.

—Espera ahí... ¡Tú eres el hombre lobo! —gritó el viejo, y se abalanzó hacia Pedro lanzando un grito que se parecía a un rugido.

Pedro se precipitó hacia la puerta y apenas le dio el tiempo para pasar y cerrarla. La estaba trancando cuando la punta del cuchillo atravesó la madera. “Maldito viejo loco, cree que soy un hombre lobo”, pensó Pedro. Donde se hallaba ahora estaba sumido en una oscuridad completa. Se había alejado un par de pasos de la puerta cuando tropezó con algo blando que lo hizo caer al suelo. Todavía estaba en el suelo cuando tanteó el obstáculo, y su mano palpó en la oscuridad un rostro humano frío y viscoso. Asqueado y asustado apartó la mano rápidamente y se alejó arrastrándose hasta ponerse de pie.

Se había metido en el bolsillo el encendedor que encontró en la casa. Estaba seguro de que había tocado a un muerto pero tuvo que confirmarlo con la llama. El cuerpo estaba cubierto de sangre y tenía tajos en varias partes. Para él eso confirmaba que el viejo había enloquecido y matado a todos, y ahora lo iba a matar a él si no escapaba de allí. El enloquecido sujeto golpeaba con fuerza la puerta y esta sonaba como si fuera a ceder en cualquier momento. Pedro alcanzó la salida del fondo pero la puerta resultó estar cerrada. Intentó forzarla pero no pudo, las manos apenas le respondían. Había pasado por otra puerta que sin dudas daba a un cuarto. Pensó que podía salir por la ventana de este. Apenas había entrado al cuarto cuando la puerta del pasillo cedió y los gritos enfurecidos del viejo se acercaron a toda prisa.

Una ventana bastante grande dejaba que la claridad de la noche mostrara las cosas que había en el cuarto. Tomó una silla para trancar la puerta. El viejo empezó a patear la puerta y a tirar puntazos que atravesaban la delgada madera. Pedro se desesperó al intentar abrir la ventana. Seguía intentándolo cuando levantó la vista y miró hacia afuera. Se la veía muy grande, bien redonda, amarillenta. La luna llena estaba rodeada de enormes nubes pero ninguna se animaba a taparla porque esta brillaba con mucha intensidad. Era la dueña de la noche. Mostraba a su antojo todo aquel paisaje descolorido y desolado. Pedro contempló su contorno afilado, las manchas mas oscuras del centro, y aquella luz de oro apagado le entró a torrentes por las pupilas. Las manos que ya se estaban volviendo garras terminaron de transformarse, y cuando Pedro se dio cuenta de todo, cuando recordó como quien revive una pesadilla que la noche anterior mató a los de la hacienda y se alimentó de ellos, quiso gritar con fuerza pero solo emitió un triste y largo aullido.

Aquel aullido acobardó de nuevo al viejo, que había sido el único sobreviviente, y este intentó escapar nuevamente. Antes de que alcanzara la puerta de la sala, la del cuarto se hizo pedazos y el hombre lobo saltó al corredor. Dio un paso y otro salto y cayó sobre la espalda del viejo y le mordió la cabeza con ferocidad.
A la mañana siguiente Pedro caminaba nuevamente sin tener un rumbo. No recordaba cómo había sobrevivido esa noche pero eso ya se le estaba haciendo costumbre. Solo le importaba que no había muerto de frío, y en su miseria se alegró de que, a pesar de que ya no le quedaba comida, por una extraña razón no sentía hambre ni le faltaban las fuerzas.




11 comentarios:

  1. Hola maestro soy Willy..gracias por el cuento,asi como me gustan,sobre el campo,hombres lobos..Quien diria la suerte del pobre Pedro,jeje..un fuerte abrazo desde Paraguay y a esperar el proximo

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    1. También me gustan así. Si fuera por mí escribiría solo sobre el campo ¡Jaja! Pero tengo que variar. Te cuento que la única vez que me asusté andando solo de noche en el campo, había luna llena y lo que me asustó se movía en dos patas. Es en serio, mas seguramente sería una persona, alguien con mala intención y eso fue lo que presentí, creo. De esa experiencia salieron un lote de cuentos, porque además esa noche me perdí feo, por primera y última vez también. Puede ser que escriba sobre eso algún día, no como cuento, hechos reales nomás. ¿Te gustaría? Donde otros lectores lo quieran lo hago. ¡Saludos!

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    2. Me encantaria maestro todo lo que contas son unicos! Y mas si son hechos reales..ahora por ejemplo estoy en el trabajo,soy guardabosques en una binacional,la Itaipu..y frente a un bosque oscuro y extenso..algun dia ire a tu pais y pasare junto a vos,tengo algunas experiencias reales,creer o reventar jeje..ah y que seria lo que te siguio? Saludos,Willy de Paraguay

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    3. Por eso te gusta los de terror rural. Estaría buenísimo conocer personalmente a los lectores. Hacer una reunión o algo así en un lugar. En mi país prácticamente no me leen. Lo que podemos hacer por ahora es, si quieres, que me mandes algunos detalles de tus experiencias por correo y yo las hago cuento. Ya hice eso para una lectora, y claro, se lo dediqué. Podrías dejar un correo en un comentario, lo vería solo yo porque no lo publicaría, así que por eso no te preocupes.
      Willy, para ser franco, aunque me encantan las historias así, en realidad soy muy escéptico; pero sé que a veces a uno le pueden pasar cosas raras, como esa experiencia que tuve, y es súper interesante conocerlas, porque aunque puedan tener alguna explicación racional, en el momento julepean, asustan ¡Jaja! Y reconozco que aún no se ha descubierto todo.
      Los pasos que escuché no me seguían, estaban en un costado de la vía del tren, que tenía monte franja en los costados. Cuando los escuché paré, y vi que salían de una picada, de una brecha entre los árboles que bajaba desde la orilla de la vía. Andaba con mi perro (no el de la foto de este perfil, otro que tuve antes) y él también los escuchó y quedó mirando hacia el lugar, pero sin gruñir ni ladrar y ni siquiera mostraba mucho interés, por lo que supongo que debía ser una persona nomás. Lo que me alarmó es que bajó unos pasos y después subió como espiando. Seguro tú bien sabes que desde una enramada uno puede ver a alguien que está en terreno abierto sin que el otro te vea. Supongo que en el momento pensé que era algún tipo de monstruo porque presentí alguna mala intención; creo que cuando se va lo suficientemente atento uno puede presentir algunas cosas, lo creo por experiencia. Tal vez quería asaltarme, o matarme, podría ser un cuatrero, o un loco... O puede ser que mi instinto se haya disparado solo por aquella actitud, por espiar. Pero el susto solo duró un instante y enseguida planeé una retirada defensiva ¡Jaja! Correr para mí no era una opción porque estaba en la vía, además, aunque caminaba muchísimo, nunca fui corredor porque soy pesado ¡Jaja! Retrocedí lentamente y cuando me alejé un buen trecho me fui de allí. Lo que puede resultar gracioso es que, yo sabía que la vía del tren es solo una, sin embargo, después que me aparté de la vía al anochecer, creí que seguí transversalmente a ella, por eso cuando encontré otra (la de la picada con los pasos), que el sentido común indica que es la misma, ante la evidencia creí que era otra que yo desconocía ¡Jaja! Después, un lío. El sentido común y la lógica están en contra de todo lo que recuerdo: la posición de la luna, el hecho de que ese tramo era desconocido para mí, a pesar de que conozco esa vía hasta un pueblo que hay kilómetros mas adelante, y que el paisaje que empecé a atravesar después de abandonar la "segunda vía", no está en esa parte, lo mas parecido que hay en la zona está mucho mas lejos. Hasta he visto imágenes satelitales de la zona que confirman eso. Al final no sé que creer ¡Jaja! Y también hay otros detalles raros pero ya me extendí mucho. Ahora no necesito crear una entrada contando esto, ya conté casi todo aquí. ¡Saludos!

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    4. Uh maestro eso si que es aterrador jeje aunque bien podria ser una persona como dices aunque es raro lo que te paso..por un lado somos iguales,algo esceptico soy pero me gustaria que existieran algo mas de lo que vemos..lo que te paso lo hiciste cuento,recuerdo del hombre lobo en la via del tren donde habian dos vias,para que veas que te leo mucho jeje..la otra semana abrire mi correo que cerre por motivos personales ahi organizamos algo..gracias por tu tiempo maestro sos un crack..Willy

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  2. ¡Hola, hola!
    Pues es la primera vez que me animo a comentar pero llevo siguiéndote desde hace un buen tiempo haha.
    Muchas felicidades por tu trabajo, me encanta leer tus historias, me has sacado unos buenos sustos (y más porque tengo la mala manía de leer este tipo de cosas pasando las diez de la noche), espero poder seguir leyéndolos por más tiempo.
    Con respecto a esta historia, Gea, no pensé que el buen Pedro terminaría siendo un hombre lobo~
    Muchas felicidades y te mando un saludote ^-^

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    1. ¡Hola! Gracias. Que bueno que te animaste a comentar. He visto que también te gusta escribir. Dejé un comentario en tu blog, en la entrada sobre el plagio. Y como estaba conectado a mi Twitter ya de paso te sigo ahí. Liss, tu costumbre de leer de noche es buena, eso ayuda a mis historias, todos deberían hacerlo ¡Jaja! Espero que te sigas comunicando. ¡Saludos!

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  3. Al fin!!!!! Al fin pude encontrar nuevamente su pagina y sus delirantes cuentos ya lo extrañaba mucho xD felicidades tiene todo para,ser famoso solo le falta el upa! Animo! Le aseguró que mas de alguno le gustaría tener una coleccion de todos sus cuentos un abrazo enorme y mucha suerte en lo que emprenda n.n

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    1. Muchas gracias. No busco tanto ¡Jeje! La fama es para otros artistas, mas aprecio sus palabras. ¡Saludos!

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  4. Hola Jorge... un placer leerte de nuevo... d

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