¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Cazador De Fantasmas (primera parte)

                               Un encuentro en el monte
Sentí de pronto que no me hallaba solo en aquella parte del monte, entonces miré hacia todos lados: estaba seguro de que alguien o algo me observaba. Ya había experimentado esa sensación aunque en casos muy aislados en el tiempo. En una de esas experiencias, caminaba por una calle solitaria por la noche cuando de repente ese presentimiento me hizo voltear hacia lo alto de un muro, y quedé mirando de frente a un gato que me observaba fijamente. En ese momento lo creí un gato, ahora estoy seguro de que era otra cosa, aunque no puedo asegurar qué cosa era.

Otra experiencia también me pasó en la calle, de noche, y fue mucho mas fuerte. Cuando experimenté la misma sensación giré la cabeza y vi que una mujer me espiaba desde la ventana de una casona; al ser descubierta se hundió en la oscuridad de la habitación en donde se hallaba. Lo extraño de esa situación fue que, aunque la mujer me miraba desde una distancia corta, pues la casa se encontraba muy cerca de la calle, no recuerdo ni un solo rasgo de su cara, la impresión del momento fue que no los tenía, solo su larga cabellera y el contorno de los hombros indicaban que era una mujer.

 Ahora sentía lo mismo y me encontraba en medio de un bosque nativo, y además de la sensación había pruebas de que alguien había rondado en el lugar, y probablemente no con buenas intenciones. Entre las sombras espesas de los árboles descendían rayos de luz que llegaban hasta las raíces retorcidas del monte o iluminaban porciones de suelo negro regado de hojas humedecidas. Al prestar atención me di cuenta de que todos los sonidos venían desde lejos. Cantaban tristemente unas palomas, le hacían la competencia unos zorzales, y sonaban misteriosos algunos sabiá, pero todo era lejos de allí, desde distintos puntos del monte.

Escuchando, pude imaginarme la superficie que abarcaba aquella parte silenciosa; mas no hallé una explicación de por qué estaba así, pues el lugar era igual de frondoso y variado que otras partes; pero era un hecho que allí ni las cigarras estaban cantando. Se me ocurrió que la vida evitaba esa parte de la fronda. Enseguida sonreí por haber pensado algo tan absurdo. Igual volví a echar un vistazo girando hacia un lado y luego hacia el otro, pues algo había sentido. En ese momento creí escuchar una risa apagada, como disimulada, y me invadió un estremecimiento interior que fue acompañado por un súbito incremento de la atención hacia mi entorno. 

Inmediatamente después de ese sonido, o probablemente cuando este todavía se mantenía, sopló una ráfaga de viento bastante fuerte y desde las copas que se agitaron llegaron mil rumores, por lo que no estuve seguro de qué era lo que había escuchado.
Gracias a un fin de semana largo hacía dos días que me encontraba en la fronda practicando supervivencia deportiva; a esa zona había llegado por la mañana y era la primera vez que acampaba allí. Pasar unos días en el monte sin mucho equipo y con poca comida, algo nada extremo pero sí muy vigorizante para el espíritu. Es una forma de revivir el pasado del hombre, cuando dependíamos directamente de la naturaleza para subsistir. Pequeñas aventuras que, al diferir completamente con la rutina de la ciudad dejan grandes recuerdos y hacen mas interesante la vida. De esa aventura el recuerdo es terror puro, porque siempre me siento mal al pensar en eso, incluso ahora que ya he pasado por muchas situaciones así.

En esa ocasión había colocado varias trampas primitivas apenas llegué al lugar. Al revisarlas descubrí que todas estaban vacías pero activadas. En cada una de las trampas había un palo o vara colgando del lazo, evidencia de que alguien lo había hecho. Me las habían saboteado, quién y por qué era un misterio. Lo primero que pensé fue en otro cazador, por eso después de observar mi entorno bajé la mirada para buscar huellas. No es raro que los cazadores deportivos no toleren ningún tipo de trampa, aunque considero que cazar para comer es mas natural que lo que hacen ellos, pues muchas veces desperdician las piezas por capturar de mas. Tras buscar huellas sin suerte volví a donde tenía las trampas. “Si es un cazador el tipo es mas sigiloso que yo y no deja huellas, o sabe borrarlas bien”, pensé. A la risa disimulada la descarté porque creí que fue el viento, algún chirrido de ramas que mi imaginación algo exaltada en ese momento tomó por risa humana.

De la caza ya no podía esperar nada ese día, pero para obtener comida también tenía otros recursos. Desarmé las trampas, guardé las curdas y los gatillos en mi bolso de cuero y salí cautelosamente rumbo al campamento. La naturaleza ahora parecía expectante, todo se encontraba quieto. Acampaba en la orilla de un arroyo que corría por el monte. En aquel agua turbia había dejado varias líneas con anzuelos. Al llegar, una de las líneas estaba hacia un costado y la jalaban dando tirones cortos. En el otro extremo se encontraba enganchado un bagre de buen tamaño. Lo maté rápidamente y lo preparé para asar.

Agregué leña y a soplidos reviví la casi extinguida fogata que había encendido a mediodía. Mientras esperaba que el bagre se aprontara pensé de nuevo en el saboteador de las trampas. ¿Andaría por allí o habría huido? Si no se había ido tal vez buscaba problemas. Era raro que pasara algo así pero era perfectamente posible. El mundo está lleno de locos. Razonando eso lamenté no andar con un arma de fuego. Después pensé que estaba exagerando, que tal vez solo había sido alguien que pasó por el lugar he hizo una broma pesada, o un tipo que demostró su disconformidad con ese tipo de caza. Mas igual quedé alerta. Cuando estuvo pronto el bagre lo comí mientras vigilaba disimuladamente los alrededores, el oído atento al menor ruido. A medida que la fronda se ensombrecía se iban callando los cantos lejanos de la mayoría de las aves. Con el aumento de las sombras el silencio de la zona se iba haciendo mas profundo.

Cuando arrojé el espinazo del bagre a las cenizas al día le quedaba ya muy poco, y empezaron a anunciarlo a los gritos varios grupos de pavas del monte que desafinaban a buena distancia de mi campamento. En ese momento sentí muchas ganas de irme, mas a esa hora era algo insensato porque debía atravesar mucho monte, varios pajonales medio inundados y después un tramo largo entre acacias llenas de espinas. Y apenas le quedaban unos minutos a la luz del día. Atravesar zonas así de noche es un verdadero calvario y puede resultar peligroso. Ahora tenía que aguantar la noche allí, aunque algo me decía que me largara. Experimenté una lucha interior entre hacer caso a mi instinto y huir de un peligro incierto, o quedarme para evitar peligros reales, los de la caminata. Decidí quedarme. Tal vez en realidad no tenía opción, creo que algunas fuerzas ya estaban influyendo en mí.

Aproveché los últimos rayos del sol para juntar mas leña. No pensaba dormir en aquel lugar. Iba a esperar el día sentado al lado del fuego, por eso necesitaba mucha leña, toda la que pudiera juntar. Normalmente hacía fogatas pequeñas, solo lo necesario para cocinar algo o calentar agua. Aquella ocasión era especial porque sentía que entre los árboles rondaba algo.
El arroyo que corría al lado de mi campamento reflejó los últimos rayos del sol y el agua quedó dorada y llena de destellos. Por la tarde había divisado un árbol seco cerca del campamento. Como contra el reloj, quebré y corté rápidamente todas las ramas que pude. Volví con un atado grande sobre el hombro. De a poco la fronda entera enmudeció. Dejaron de gritar las pavas del monte y todo quedó inmóvil, porque hasta el viento se retiró hacia otra parte. Rompía el silencio del ocaso algún esporádico silbido de pato que llegaba desde arriba, bandadas de aves que cruzaban en formación por el cielo gris. Cuando la noche desterró del todo a la claridad del día las llamas de mi fogata arrojaron una luz temblorosa sobre los árboles mas próximos; el resto del monte desapareció en una oscuridad casi absoluta, y algo se escondía en esa oscuridad, y seguramente me miraba desde las sombras.

En la naturaleza las noches parecen mucho mas largas aunque se ande acompañado, y eso se acentúa si uno está solo, y para peor, en esa ocasión me sentía observado. Inmóvil frente al fuego, escuchaba con suma atención y cada tanto encendía la linterna y la apuntaba hacia el origen de algún crujido. Estaba usando una linterna grande y en el bolsillo tenía una pequeña de respaldo que era una linterna táctica muy resistente; a esa, además de usarla en el monte la llevaba también en el trabajo, era una herramienta obligada en mi viejo oficio. Hacía quince años que era vigilante en varios lugares. Aquella linterna, aunque era pequeña, me daba cierta seguridad porque además del uso obvio también servía como objeto contundente si se la empuñaba bien, y había hecho varios cursos de defensa y control de rivales donde se empleaban objetos así. También tenía un cuchillo, mas esa linterna era mi preferida, era una fiel compañera de trabajo. Mas adelante cobró mas importancia todavía porque se convirtió en una herramienta fundamental para hacer algo que jamás imaginé que haría.

Estando atento en aquel monte de pronto escuché algo: «¡Maldito cazador!», dijeron desde la espesura. Me puse en pie de un salto. Era una voz cavernosa, sonaba muy agresiva, tenía algo de arrastrada, como acompañada de un siseo «¡Tendría que destriparte como a un animal!», dijo después «¡Habría que colgarte del cuello!». Lo mas aterrador de aquellas amenazas era que la voz se desplazaba rápidamente por el monte cercano pero no escuchaba pasos, y circulaba por zonas donde una persona no podría hacerlo por lo tupida de la vegetación. Lo que andaba allí atravesaba ramas y troncos sin hacer ruido. La voz hizo que se me erizara la piel y después un escalofrío recorrió mi espalda subiendo lentamente desde la base de la columna. Lo que me amenazaba iba de un lado para el otro, la voz se desplazaba como si atravesara todo, y así era. No cabía otra explicación, era un fantasma. Repentinamente una cara asomó entre la espesura de unas ramas justo cuando las estaba iluminando. No tenía cuerpo.

 Era un rostro humano pálido y sin cabello que me miraba con mucho odio. «¡No deberías andar por aquí, asesino!», afirmó el fantasma.  Mi cuerpo reaccionó ante la presencia sobrenatural que me miraba malignamente desde el follaje; podía sentir como mis cabellos estaban erizados, el corazón quería descontrolarse, daba unas palpitaciones fuertes, después otras mas suaves y lentas, y entre ellas volvían algunos golpes fuertes; me latía de forma muy irregular. El fantasma parecía sentir como se me alocaba el corazón, porque con los latidos mas irregulares sonreía con malicia.  Entonces comprendí que podía morir de terror.

Mi fuerte instinto de supervivencia tomó el control. Ante una amenaza real se puede huir o pelear, nuestro instinto decide, aunque si la voz de este no es muy fuerte uno puede quedar paralizado. ¿Pero qué hacer ante un fantasma? Como él me hablaba, creí que lo mejor era enfrentarlo con palabras; en ese momento me pareció algo muy lógico, como si ya lo supiera. El terror había cedido de pronto ante un tipo de coraje, el que surge cuando la vida está en peligro, y al miedo lo substituyó un estado mental profundamente concentrado, tan intenso que era completamente nuevo para mí. Respiré hondo unas veces y después grité:

—¡El que no tendría que estar aquí eres tú! ¡Los muertos no deben andar molestando a los vivos! ¡Vete de aquí!
—¡Maldito cazador! —me respondió el fantasma—. ¡Habría que despellejarlos a todos, así como ustedes despellejan a los animales!
—¡Lo que yo hago es lo mas natural, es parte del siclo de la vida! ¡En la naturaleza los animales se cazan unos a otros, y los seres humanos somos animales! ¡No existiríamos como especie si no fuera por la cacería! ¡Los que destruyen la naturaleza no son cazadores como yo!
—¡Todos ustedes están contra la naturaleza! —exclamó retorciendo su cara horriblemente— ¡Está en armonía con ella quien no daña a ningún ser vivo!
—¡No! —objeté—. ¡Los que piensan así nunca están conectados con la naturaleza, carecen de instinto, por eso la cacería les parece algo antinatural! ¡Y por eso, aunque estén años explorando un ecosistema, nunca dejan de depender de ex cazadores y guarda parques! ¡Ustedes se creen superiores a los animales, los que cazamos, no! ¿¡Y si estabas en armonía con la naturaleza, por qué moriste aquí!? ¡Y ahora eres una cosa antinatural que espanta a los seres vivos! ¿¡No ves como todo se aleja de esta zona!? ¡Tú no deberías estar aquí, tu presencia contamina el lugar, ya no eres de este mundo! ¡Vete de aquí!

Aquella cabeza sin cuerpo hizo un gesto como de asombro y luego desapareció como si algo la hubiera succionado. Permanecí en estado de alerta máxima no sé cuánto tiempo. Cuando escuché a unos pájaros nocturnos cantando cerca estuve seguro de que el fantasma ya no me iba a molestar mas. Partí apenas amaneció.
Continúa...
Segunda parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com.uy/2015/10/cazador-de-fantasmas-segunda-parte.html

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Amigo esta excelente! En todo momento me senti identificado y justo lo lei en servicio,en el monte aunque es de dia jeje..me engancho hermano fuerza que pinta cada vez mejor..te escribo al privado..Willy

Jorge Leal dijo...

Gracias, amigo. Este personaje tiene poderes mentales, ¿tú también ? ¡Jaja! Saludos!!

Anónimo dijo...

Hola Jorge, hace mucho tiempo visito tu blog, desde aproximadamente 2013, luego cerraste la pagina puede ser?
mis noches no terminaban y actualmente no terminan si no es después de uno de tus cuentos. Me parece genial lo que haces y tus historias siempre me sorprenden y hasta a veces producen miedo de verdad, me meto en la piel del personaje, la magia de la lectura y la de la imaginación.. la ultima del payasos estuvo muy buena!.
Esta historia ya por el principio me atrapo.. Un saludo desde Argentina

Jorge Leal dijo...

Hola. La cerré por unos meses sí. Gracias por animarte a comentar. Te espero en la segunda parte. ¡Saludos!

Karen Insaurralde dijo...

Hola Jorge, no sabia que habias abierto el blog nuevamente, que gusto volver a leerte! Por ahí vi que ibas o que escribiste un libro, es verdad?

Anónimo dijo...

Hola Jorge que gusto volver a leerte. Lei por ahí que publicaste un libro. Es verdad? Si es asi me decis la editorial asi lo busco. Saludos

Jorge Leal dijo...

Hola. Se escriben historias, un libro es un producto, o sea, una historia (cuentos o novelas) puede terminar siendo un libro o no. Libro en papel no tengo y lo mas probable es que nunca lo tenga. Lo que sí he publicado (autopublicado) son unos pequeños ebooks que después compartí aquí. Gracias Karen. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

¡Jajaja! Buena esa. Gracias por hacerme reir.

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?