¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

martes, 6 de octubre de 2015

Cazador De Fantasmas (cuarta parte)

¡Hola! Les dejo el capítulo número cuatro de esta historia de fantasmas. 
La primer parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com.uy/2015/09/cazador-de-fantasmas-primera-parte.html





                           Un Intruso En La oscuridad
Partí rumbo a mi nuevo trabajo cuando anocheció. Al llegar a mi destino las luces de mi camioneta iluminaron a un viejo ancho y alto que tenía un bigote espeso que seguía hacia su pera, lo que le daba apariencia de morsa. La figura del tipo creaba una sombra enorme en la puerta corrediza del depósito; él me había dado el trabajo. Cuando fui a saludarlo, en vez de darme la mano me extendió un caño metálico:

—Ese es su garrote —me dijo.
—¡Ah! Bien, supongo que servirá —fue lo único que se me ocurrió decir. Esperaba por lo menos una tonfa o un bastón telescópico, pero como en algunos lugares es uno el que tiene que llevar el arma, no protesté. No podía pretender mucho de aquel trabajo. Irónicamente, resultó ser mucho mas de lo que esperaba. 
—Entre, yo voy a cerrar —rugió, mas que hablar.
—Espere, ¿va a cerrar por fuera? ¿Y mi llave?
—No voy a confiarle una llave el primer día de trabajo. Ahí, a la derecha, tiene una mesita con todo lo que necesita. El baño está en el fondo. No precisa tener llave. Hasta mañana.
—¿Y si pasa algo, salgo por una ventana? Es un poco irregular, pero bueno. ¡Epa! ¿No deja ni una luz encendida...?

No se molestó en contestarme, solo terminó de correr la puerta y escuché como la cerraba con llave, dejándome en la mas absoluta oscuridad. Aquello era completamente irregular, y hasta ilegal. No se puede dejar encerrado a alguien; mas en mi situación no estaba como para exigir cosas. Podía conseguir algo mejor después de que dejaran de acorralarme los empresarios aquellos.
Ya traía mi linterna táctica en el bolsillo, la encendí. Enseguida encontré la mesa que según la morsa tenía todo lo que precisaba. Lo único que encontré en ella fue una taza mugrienta, y al lado halle una silla desvencijada. Sonreí ante el hallazgo. No me importó porque en mi bolso tenía un termo con café y otras cosas que me ayudarían a pasar la noche. Estaba preparado. Pero antes de acomodarme tenía que reconocer el lugar. Apenas pasé el haz de luz para ver qué había mas cerca, me invadió aquella sensación horrible y supe que allí había un fantasma.

¿Cómo no lo había percibido cuando conocí el lugar? Durante la vez anterior, en mi último encuentro con fantasmas había sentido algo a varios metros de la casa, ¿por qué ahora no había notado antes a la presencia sobrenatural que estaba encerrada conmigo? Haciendo ir y venir el haz de luz de la linterna entre todas aquellas inmundicias metálicas (enormes motores, piezas de máquinas, chapones de todo tipo y otras cosas similares), intuí, supe de alguna manera que la energía del lugar no estaba muy alterada, por lo tanto el fantasma no estaba asociado al edificio. Si no era al edificio debía estar asociado a alguno de los tantos objetos que se desparramaban y apilaban allí. Se trataba de un objeto embrujado que habían traído después de mi visita.

¿Qué probabilidades había? En el único lugar donde me aceptaron, después de mi entrevista llevaron al local un objeto embrujado ¡Increíble! A menos que no se tratara de una coincidencia, y siempre opiné que esas son algo muy raro. Como fuera, pensé que lo mejor era concentrarme en el momento y tratar de ver qué hacía. En el lugar había tantas cosas, y entre los objetos casi todo tenia ángulos puntiagudos o lados afilados, y estaban las cosas pesadas que podían caerme encima. Por experiencia sabía que los fantasmas podían arrojar objetos. El peligro estaba en todos lados. Pero curiosamente, lo que mas temor me producía era la incertidumbre. ¿Qué clase de fantasma sería? ¿Me espiaba ahora, con qué intenciones? ¿Sería muy horrendo?

Parado en el mismo lugar, escuché durante un rato. Mi principal desventaja era que solo veía lo que el haz de luz me mostraba, cuando enfocaba algo descuidaba otras zonas. Para no dejar mi espalda al descubierto retrocedí hasta recostarme a la puerta. Si el viejo me hubiera dejado una llave en ese momento ya estaría en la camioneta. No abandonaría mi puesto por un intruso de carne y hueso, mas enfrentarme a otro fantasma, eso era algo muy diferente. Ya había mandado al otro mundo a tres, pero los encuentros fueron tan aterradores que me horrorizaba hacerlo de nuevo. En el primer encuentro aquel estado de concentración y claridad llegó después de que casi me diera un infarto por el terror, y la segunda vez solo adquirí claridad tras asustarme bruscamente de la aparición que me miraba desde la cama, y ese estado mental aumentó mas luego de que el segundo fantasma me atacara. Me aterraba lo que sentía antes, ya en aquel estado de concentración percibía todo de forma muy diferente.

Como no podía huir quise concentrarme con todas mis fuerzas, el miedo no me dejó. A pesar de lo apremiante de mi situación razoné y me di cuenta de que ahora le tenía miedo al miedo; no era a los fantasmas ni al peligro que representaban, era temor a revivir aquella sensación tan horrible que es el terror. Fue como una bofetada a mi amor propio. Hasta me dio algo de vergüenza al entenderlo. Allí había un peligro real, sí, podría morir, tal vez, mas no estaba desvalido, tenía en mí la fuerza y el poder para mandar al al otro mundo a lo que estuviera allí. Razonando todo eso me encontré de pronto mucho mas concentrado, y por lo tanto, tranquilo, y fue justo a tiempo, porque el fantasma hizo su movida. Mas o menos en el medio del depósito cayeron algunas cosas y enseguida escuché que alguien protestó:

—¡Maldita sea, este lugar está abarrotado! ¡Puede uno romperse el cuello o algo... !
—¿¡Quién anda ahí!? —pregunté con tono severo. Hice esa pregunta porque entendí que era justamente lo que el fantasma esperaba. Por el momento le iba a seguir la corriente.
—¿¡Y quién usted!? —preguntó a su vez. Su voz no tenía nada de particular.
—¡Soy el vigilante! —contesté tajantemente.
—¿Ya empezó su turno? ¡Maldición, me he dormido! ¡No lo escuché entrar, tendría que haberme ido cuando usted llegó! ¡Soy el que cuida este lugar durante el día hasta que comienza su turno! —habló fuerte desde aquel lugar oscuro.
—¡No me dijeron que había otro vigilante!
—¡Así es esta gente, y eso que les hice acuerdo! ¡Compañero! ¡Venga hasta aquí! ¡Al levantarme choqué contra algo y se me cayó la linterna!
—¿Quiere que vaya hasta ahí? ¡Siéntese y espere! —le grité.

No me moví ni un paso de donde estaba. Si avanzaba entre aquellas pilas de cosas pesadas seguro me iba a caer una encima. Hasta el momento no se había manifestado porque seguramente calculaba que lo primero que yo iba a hacer era recorrer el lugar; y si no lo hubiera presentido era lo que hubiera hecho. Como no avancé, él intentaba llevarme hacia el lugar. Sus motivos estaban claros: quería matarme.

La mayoría de los fantasmas no tienen intenciones de hacer nada, solo vagan por este mundo y algunos ni saben que son fantasmas. Esos recorren los mismos lugares y repiten alguna acción noche tras noche. Otros, los dañinos, se alimentan del miedo y se manifiestan de distintas formas con ese fin; ya sea moviendo objetos, haciendo ruidos en habitaciones vacías o susurrando y gimiendo en la oscuridad, entre otras cosas, todas sutiles pero aterradoras. También hay otra clase, y estos buscan matarte como sea. Me encontraba junto a uno de estos últimos.
Pasó un rato y yo seguí en mi lugar. Evidentemente el fantasma comenzó a impacientarse.

—¿Va a venir o qué? —preguntó de mala manera.
—Sí, ya voy, no se aflija. —como seguí sin moverme un paso, lo oí protestar:
—¡Que estoy en la oscuridad, le digo! ¡No me puedo mover! ¡Venga aquí!
—¡Ya estoy yendo!
—¡Mientes! ¡Ni te has movido!
—¡Si está tan apurado busque su linterna! ¿No tiene un encendedor?
—¡No, no tengo!
—¡Entonces espere!

No volvió a decir mas nada pero desde mi lugar alcanzaba a escuchar algo así como una respiración ronca mezclada con sutiles gruñidos. El fantasma, que ya debía ser puro odio, se estaba enfadando mas conmigo. Eso solo me tranquilizó mas. Al haber derrotado al miedo inicial me encontraba en un estado de concentración donde fácilmente podía pasar al mas elevado con el que podría expulsar a aquella cosa. Supe que tenía que obligarlo a que se me abalanzara. Si no llegaba a ese punto iba a seguir tratando de matarme de una forma menos directa y mas inteligente y eso no me convenía. El fantasma comenzó a refunfuñar en el fondo. No se entendía lo que decía.

—¡Deje de parlotear solo, viejo, y venga por sus medios! —y agregué para enojarlo mas—.¡Quién lo manda ser tan torpe y perder la linterna!
—¡No sabes con quién estás hablando! —aseguró con una voz potente, muy distinta a la primera.
—¡Estoy hablando con el vigilante dormilón y descuidado del primer turno!
—¡Basta! ¡No soy el vigilante!
—¿Que no es un vigilante de aquí? ¡Si es así eso lo haría un intruso, y se las tendría que ver conmigo!
—¡No soy un intruso cualquiera! ¡Yo soy una sombra de terror! ¡Soy un asesino invisible! ¡Ni la muerte pudo conmigo! ¡Ahora nadie puede detenerme, la ley del hombre ya no me alcanza, ni el poder de Dios!

Ahora realmente sonaba aterrador y se escuchaba como si fuera un gigante. Por mi parte,sus últimas palabras habían hecho que mi concentración y energía aumentaran increíblemente, porque realmente me cayeron mal. No iba a dejar que aquella cosa siguiera impune y blasfemando. Ese iba a ser su fin. Apareció un resplandor, una “luz mala”, y empezó a avanzar a toda prisa hacia mí, y a mi vez yo avancé hacia él gritando:

—¿¡Te crees fuera de toda ley!? ¿¡Te crees intocable!? ¡Te voy a mandar al infierno!

Sentí el choque de su horrible energía por un instante, pero la mía fue mayor y el resplandor, aquella luz mala se desintegró casi como una pompa de jabón al ser pinchada. Inmediatamente sentí que ya no estaba.
Caí de rodillas y quedé jadeando por la emoción. Me levanté con algo de dificultad y fui a sentarme. La noche se hizo terriblemente larga, aunque el lugar estaba muy tranquilo ahora. Cuando el día comenzaba a meterse por la ventana, escuché a un vehículo detenerse cerca y no mucho después el tipo del bigote enorme abrió la puerta. Cuando salí me extendió un sobre:

—¿Qué es esto? —le pregunté.
—Su paga por lo de esta noche. Ya no tiene trabajo aquí. No se preocupe, mañana por la tarde van a ofrecerle un trabajo mucho mejor. Espere en su casa. No me pregunte nada —se atajó—, yo no sé mucho mas ni quiero saberlo.

Tomé el sobre y fui hasta mi camioneta. Evidentemente la mano de los señores poderosos había llegado hasta allí. No me quedaron dudas de que ellos habían “plantado” aquel fantasma en el depósito. Tal vez para estar seguros de mi poder, tal vez como un mensaje. Pronto lo iba a averiguar. En el sobre había un montón de dinero. Cuando creía que estaba lejos de su trampa, me encontré de pronto frente a su cebo.
Continúa...
Quinta parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com.uy/2015/10/cazador-de-fantasmas-quinta-parte.html

12 comentarios:

Anónimo dijo...

No lo he podido terminar de leer, me quedo dormida, y no porque no me guste sino porque tengo mucho sueño. Mañana te comento .Silvia .

Anónimo dijo...

Bien maestro un aplauso! Esto se pone cada vez mejor..nuestro protagonista duda a veces pero hasta ahora va muy bien..saludos amigo mio esta buenisimo..Willy

Raúl dijo...

Excelente cuento!!!, realmente tienes un don para escribir.

Saludos!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Raúl. Nos vemos en el próximo capítulo ¡Jaja! ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

¿Tú no dudarías en su lugar? ¡Jaja! Tal vez tú no porque tienes tu estilo de lucha. ¿Qué técnica sirve contra un fantasma? ¡Jaja! Gracias, Willy. Un abrazo.

Jorge Leal dijo...

No esperaba que tuviera ese efecto somnífero, pero bueno, es lo que me sale ¡Jajaja! Solo bromeo. Gracias por comentar igual. ¡Silvia, Silvia! Se durmió de nuevo ¡Jaja! ¡Saludos!

Maria Cruz Montiel dijo...

Me mantuvo muy interesada,pero al final,todo salió bien.admiro mucho tu manera de desarrollar el tema,espero el próximo capítulo.Saludos desde México

Maria Cruz Montiel dijo...

Hola!Jorge,excelente descripción.me imaginé el lugar,como si estuviera ahí,espero la continuación saludos desde México

Anónimo dijo...

Ya lo leí esta mañana, es que ayer estaba muerta de sueño y leyendo con el móvil en la mano se me cerraban los ojos. En estos momentos son casi las once de la noche, y desde antes de las siete de la mañana que llevo levantada , creo que me toca dormir. Muy buena la continuación, pero le falta un poco más de terror, a ver si para la próxima se le aparece alguien más siniestro ...saludos desde España. Silvia.

Jorge Leal dijo...

Hola Maria. Gracias. La voy a publicar mañana, te espero. ¡Saludos!

Belén Duran dijo...

Ya quiero leer el proximo...... estoy super enganchada, amen por esos maestros que me ensenaron la delicia de leer y amen por ti Jorge leal por escribir como lo haces !!

Jorge Leal dijo...

Gracias, amiga. ¡Saludos!

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?