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jueves, 8 de octubre de 2015

Cazador De Fantasmas (quinta parte)

¡Hola! Seguimos con esta historia. Si recién llegaron al blog, mejor lean la primer parte aquí: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com.uy/2015/09/cazador-de-fantasmas-primera-parte.html 



                                   Dentro de la Trampa
Ya en mi hogar fui directamente a acostarme. Desperté recién al atardecer. Mientras me daba una ducha empecé a temblar de pies a cabeza. ¿Ese iba a ser mi destino? No me creía merecedor de una suerte tan horrible. Intentando calmarme pensé que si mejoraba mi concentración los encuentros con fantasmas iban a ser cada vez menos horripilantes. Se me ocurrió que si lograba un estado de mayor consciencia permanentemente, incluso la sensación primera al presentir un fantasma podría no ser tan mala. Y supuse que al tener otro estado mental mi energía no se iba a resultar tan afectada. Pero aunque consiguiera hacer menos horrible los enfrentamientos esa vida igual iba a ser una porquería. Los que me estaban acorralando no iban a tomarse tantas molestias solo por un trabajo. Después de aceptar uno iba a quedar a su disposición hasta que ellos quisieran. Era lo que había estado presintiendo. Ya no tenía caso negarlo. Estaba bien sujeto en su trampa. No tenía caso seguir resistiéndome, no sabía hasta dónde llegaba su alcance.

Si trabajaba para ellos tal vez podría aprender mas sobre quienes eran y podría tener alguna oportunidad de salir de sus garras. Entonces sentí curiosidad por saber a quién iban a enviar. ¿Sería a un abogado prepotente o a un “gorila”? Era natural que supusieran que yo iba a estar enfadado, por lo tanto iban a mandar a alguien capaz de enfrentarme. Me sobé los puños al pensar en eso. Aunque fuera un empleado me iba a desquitar con él por todo lo que me habían hecho pasar. Reí con bastante malicia. Después de cenar entrené algunos movimientos de Kali. No me importaba que fuera un empleado, si no me trataba bien le iba a partir la cara. Se me ocurrió entonces que tal vez iban a mandar a alguno mucho mejor que yo, y recordé a algunos instructores que había tenido, los cuales podrían limpiar el piso conmigo de quererlo. No me importó, algún golpe tendría que asestarle.

Todos esos cálculos fueron en vano. Mis futuros empleadores eran tan poderosos porque eran muy listos. La tarde siguiente me encontró lleno de ansiedad. Me puse ropa cómoda,  y mientras esperaba calenté un poco, estiré, y cuando escuché el timbre, lancé unos golpes al aire antes de abrir. Me llevé una gran sorpresa. Apenas pude mantener la boca cerrada. Los muy listos enviaron a una mujer extremadamente hermosa. Parecía una profesora de gimnasia vestida como ejecutiva. Tenía el pelo negro, lacio, labios voluptuosos y unos hermosos ojos verdes; el cuerpo, como ya dije, era como el de una entrenadora profesional. Pero contrastando un poco con su belleza, su mirada era sumamente fría, glacial, podría decirse. Cuando la invité a pasar agradeció inclinando levemente su cabeza, luego le echó una mirada nada sutil a toda la sala. Se sentó con las piernas cruzadas. Podía sentir su agradable aroma desde mi lugar. Los tipos eran astutos.

—Como bien calculó usted —comenzó a decir, sin presentarse primero—, nosotros somos los que están interesados en su servicio como cazador de fantasmas, y hemos estado arreglando las cosas con el fin de que usted trabaje con nosotros. Mi nombre es Gabriela.

De alguna forma ya se habían enterado que yo los identificaba como los culpables de los últimos hechos nada afortunados que me acontecían. Aquella escultural mujer lo dejó en claro desde el primer momento. Eran mas malas noticias para mí. Eran tan poderosos que ni se iban a molestar en negar lo que me habían hecho. Estaban confiados que me tenían en sus manos.

—¿Cazador de fantasmas? —pregunté—. Nunca lo había considerado así. Y hablando de fantasmas, ¿por qué pusieron uno en el depósito?
—Para que usted viera que esa es su vocación —respondió tranquilamente, echando otro vistazo despectivo a la sala. Esa actitud no me importaba, porque así podía contemplarla bien.
—Ustedes no pueden andar manipulando a la gente impunemente, ni jugando con su vida. Ese fantasma pudo matarme. —protesté.
—Pero no lo hizo, y a usted se le pagó bien por el trabajo.
—Sí, pero de todas formas... —fui a objetar pero ella me interrumpió.
—¿A visto su cuenta bancaria hoy?
—Para qué, ustedes la vaciaron. ¿Ya devolvieron el dinero?
—Fíjese en la cuenta ahora.

Fui a buscar mi laptop y revisé la cuenta frente a ella. No solo habían devuelto el dinero que tenía, también le habían agregado una suma enorme. La mujer sonrió por primera vez:

—Ya ve, no somos tan malos.

Se levantó y caminó rumbo a la puerta, me apresuré a abrírsela. Agradeció y dijo:

—Para que usted esté mas cómodo en esto, vamos a involucrar también a su amigo, como debió ser originalmente. Él le proporcionará los detalles del trabajo que le espera. Adiós.

Atravesó el patio andando elegantemente y, cuando yo menos lo esperaba volteó de pronto hacia mí y me descubrió mordiéndome el labio inferior; entonces sonrió sobre su hombro y siguió rumbo a un vehículo de lujo. Tipos astutos...
Ya estaba anocheciendo cuando apareció Esteban. Se dejó caer en el sofá y doblado hacia adelante se agarró la cabeza con las manos:

—Nos tienen bien atrapados —me dijo—, y todo es por mi culpa. Nunca debí escribir aquella entrada en mi blog. ¡Maldito sea el día que lo hice!
—Bueno —lo interrumpí—. Ahora no es tiempo de lamentarse, lo hecho hecho está. Ahora hay que lidiar con el problema. ¿Qué te dijeron, quién te contactó a vos?
—Una mujer que está increíblemente buena —aseguró Esteban, levantando la cabeza para volverse hacia mí—. En serio, era espectacular —como era típico en él, su ánimo había cambiado en un instante. 
—Te dijo que se llamaba Gabriela, ¿no?
—Sí. Así que fue ella la que te vino a ver.
—Así es. Estaba pensando partirle la cara al que viniera y me salieron con eso. Casi le agradezco la visita. Hay que admitirlo, nuestro “amigo” nos controla mucho mas de lo que deseamos ¡Jaja!

Esteban se echó a reír y por un momento nos entretuvimos con bromas de ese tipo. Después de una breve pausa quedé serio y le pregunté:

—¿Qué quieren que haga?
—Quieren que limpies una construcción enorme que está en otra ciudad, no me dijeron cuál.
—¿Qué tan enorme? ¿Y si hay muchos fantasmas? No voy a poder con todos. Antenoche me enfrenté a un fantasma diferente a los otros. En el momento decisivo pude mandarlo al otro mundo, pero si hubiera otro no hubiera podido, me quedé sin fuerzas. No te imaginas lo difícil que es.
—¿Te enfrentaste a otro fantasma? Ahora veo, a eso se refería la mujer cuando me dije que ya no te ibas a negar mas, que ya habías asumido tu papel como caza fantasmas. Cuéntame, ¿cómo fue? —me preguntó muy emocionado, con aquella mirada ansiosa y fija que tenía a veces.
—Fue como los otros encuentros, una porquería. No voy a hablar de eso. Ahora, ¿hay varios fantasmas o no?
—Sí, pero no saben bien cuántos. Estiman que tres o cuatro.
—¡Porquería! Si son tan difíciles como este último, no puedo. Con este me concentré mas y todo pero después de vencerlo casi me desplomo. ¿Y si hubiera otro?
—Pues yo creo que tu capacidad se puede adaptar y evolucionar en el momento si es preciso. Porque tu poder no es como el de otros y...
—¡Porquerías! ¡Todo esto apesta! ¡Maldición! —grité, y me puse a dar vueltas por la sala.
—Guillermo, sé que yo no estoy en tu lugar, y nunca podría estarlo, pero tienes que considerar que, aunque esa gente piense usarte para sus fines, ellos no te dieron ese poder. Tal vez hay algo mas detrás de todo esto y aunque ellos se creen manipuladores, puede ser que después de todo solo sean herramientas también. Ya sé, seguro estás pensando que si Dios no quiere que haya fantasmas por qué él no se encarga de ellos, o por qué permite que existan, en un primer lugar. Pues bien, como ya sabes, nosotros somos libres de tomar cualquier rumbo en la vida, y lo que hagamos en esta influye en lo que nos pase después.

“A veces las causas que crean fantasmas parecen accidentes, porque entre este plano y el otro hay espacios, y algunas almas se extravían, ya sea por falta de fe en ese momento u otras razones, que en definitiva son, aunque puedan ser involuntarias, decisiones también. Y si Él no hiciera nada no habría gente capaz de corregir eso. Que esto no explica todas las presencias fantasmales, es cierto; pero no te olvides que aquí también hay otro que actúa indirectamente, y mucha gente se queda atrapada por estar bajo su influencia, o, según afirman muchos, algunos fantasmas son almas que de alguna forma han escapado del infierno, o se las ingeniaron para nunca caer en él. Hay muchas teorías. Lo que te quiero decir es que, por mas poderosos que sean esos empresarios, solo son gente, y si Él dejó que te acorralaran hasta aquí, por algo es.   
—No lo había visto así —admití, y me senté—. Y bien, ¿Cuándo quieren que haga eso?
—En dos días.
—¿Tan pronto? Tenía pensado practicar ejercicios de concentración porque eso me ayuda, pero en dos días... ¿Qué puedo mejorar?
—Tal vez mucho. Por lo que me has dicho que te pasó en la casa, tu mente ya ha experimentado estados intensos de atención. Solo debes recordar el camino para encontrarlos de nuevo. Mejor empieza ahora mismo. Mañana voy a traer algunas cosas que te van a ayudar. Creo que tengo casi todo en casa. Lástima que no tenemos mas días. Solo dos... mas peor es nada, ¿no? Nos vemos mañana.
—Sí, nos vemos —me despedí, y me dejó solo.

Antes de acostarme estuve intentando concentrarme durante una hora. Los pensamientos volvían porfiados a molestarme. Me pareció que Enrique tenía razón. No recordaba haberlo visto hablar tan seriamente. Ahondando en su palabras, se me ocurrió que mis servicios podían ayudar a mucha gente. Los poderosos solo pensaban en sus nuevos edificios y en el dinero que les daría, pero yo podía hacerlo por la gente que iba a vivir o trabajar en esos lugares. Pensé que si mi destino era tener esos horribles encuentros, pues que así fuera. Solo lamenté que faltara tan poco para mi próximo trabajo, pues si eran varios fantasmas y no podía con ellos, estando muerto no iba a ayudar a nadie. Mas si detrás de todo eso estaba la Providencia tal vez me daría una mano. En ese instante recordé que también había otro jugador. Comprendí que casi todo dependía de mí entonces.

Mi amigo volvió temprano por la mañana. Trajo consigo una provisión de inciensos para que eligiera cuál me sentaba mejor. No se quedó mucho rato para que yo practicara tranquilamente. La mayoría de los inciensos me resultaron bastante saturados mas al fin hallé uno que me gustó, aunque aún me encontraba algo escéptico sobre su poder relajante. A media mañana hice ejercicios físicos: algunos movimientos de kali, sombra de boxeo y algunas patadas. Todo aquello no me iba a servir de nada contra un fantasma, mas estar en buena forma no estaba de mas, aunque fuera para huir si era necesario; además, comenzaba a presentir que dentro de poco sí me iba a ser útil.

Después de estirar encendí el incienso y traté de concentrarme. Fue mucho mas útil de lo que creí. Los pensamientos e imágenes fueron retrocediendo a medida que me concentraba en la respiración hasta que finalmente solo visualicé solo lo relacionado a ella. Después dirigí mi atención al punto situado en el bajo vientre, un poco por debajo del ombligo. Estando concentrado en ese punto de pronto me vi contemplando una luminosidad anaranjada, que es el color de ese chacra. Cuando abandoné el ejercicio me sentía con mucha energía. Me sorprendí al ver mi reloj, habían pasado mas de dos horas. Después de bañarme pedí una pizza porque ya era muy tarde como para estar cocinando. Por la tarde entrené el cuerpo y la mente de nuevo. Al otro día hice esa rutina solo de mañana. Por la tarde, después de aprontar un bolso para el viaje, solo practiqué concentración, mas bien, medité, tendría que decir, porque supe enseguida que alcancé ese nivel.

Por la noche me llamó Esteban. Iban a recogerme a las seis de la mañana. No sabía cuál era nuestro destino ni cuántos días íbamos a estar por ahí. Me pareció que la intermediación de Esteban era poco menos que inútil si al igual que a mí no lee iban a decir casi nada, pero me gustaba que él fuera conmigo. Un amigo entre misteriosos desconocidos era algo de agradecer. Fueron puntuales, llegaron en una camioneta negra; Esteban iba en ella. El tipo que conducía y otro que iba adelante eran unos gorilas. No me sorprendió en lo mas mínimo, deduje incluso que eran ex militares, sus posturas los delataban. Advertí también que otra camioneta nos seguía a prudente distancia.

Como a las nueve de la mañana les pregunté si no íbamos a parar para desayunar, porque yo aún no lo hacía. Se miraron, después uno de ellos se comunicó en voz baja con alguien, y finalmente dijo que iban a parar mas adelante. Nos detuvimos frente a un local de comida rápida. Eso me defraudó un poco porque había planeado hacerlos gastar lo mas que pudiera.
Esteban durante todo el viaje había permanecido callado, casi acoquinado en el asiento. No acostumbraba verlo callado. Supuse que aquellos tipos lo intimidaban. Era comprensible. En cambio a mí su presencia solo me hacía estar mas atento y algo desafiante. Durante el desayuno los vi mirar varias veces sus relojes. Como hacían eso para apurarnos, comí lentamente. Tomaba un pequeño sorbo de refresco, mordía algo, masticaba mucho mas de lo que suelo hacerlo, otro pequeño trago. Evidentemente se dieron cuenta de lo que hacía. Uno de ellos sonrió por primera vez y me dijo:

—Si yo fuera tú no haría tanto tiempo. Créeme, no te conviene.
—¿Por qué, el trabajo es hoy? —le pregunté. Contestó con otra sonrisa y se cruzó de brazos.

Conozco a esa gente, había dicho la verdad. No me había dado ese consejo por mí, solo velaba por su trabajo. Igual no di por terminado el desayuno en ese momento. Con esa gente es como en una jauría, no puedes demostrar debilidad en ningún momento. Mi amigo solo había sorbido unos tragos de jugo. Me sentí satisfecho al entregarles la cuenta. Una nueva sonrisa del mismo sujeto me preocupó un poco pero no lo demostré. Con aquel gesto estaba diciendo, pronto voy a tener mi revancha. No creí que fuera a actuar por encima de las órdenes que tenía. ¿Qué sorpresa desagradable me tenían reservada los poderosos?

Continuamos el viaje. Después de unas dos horas de circular por la ruta doblamos hacia una ciudad pequeña, y tras recorrer un rato el cinturón de esta, la camioneta se detuvo en esa zona que parecía deshabitada. Las veredas estaban destrozadas, los pastos crecían levantando baldosas rotas, y todas las edificaciones que vi tenían las ventanas tapiadas con maderas. Mi sorpresa no fue poca. ¡Ya estábamos en el lugar! Al comenzar el viaje no creí que fuera a realizar el trabajo ese día, después las pistas del tipo me indicaron que así sería, pero de todas formas me sorprendió. El conductor giró la cabeza hacia nosotros y nos dijo que habíamos llegado, he indicó un edificio señalando con el dedo. Cuando lo miré, de nuevo experimenté aquella sensación horrible.

Si me hubieran avisado antes hubiera podido mitigar aquella sensación al estar concentrado. Al bajar del vehículo busqué el sol con la mirada, estaba muy alto en el cielo, de todas formas desee haber empezado de mañana, aunque con el sol ya bien despegado del horizonte. De noche los fantasmas tienen mas poder; de día, aunque igual anden y puedan hacer daño, por lo menos la claridad da algo de consuelo. Al mirar las ventanas tapiadas con madera me di cuenta de que no iba a contar con la luz del día. Los gorilas se recostaron al vehículo y se cruzaron de brazos. En ese momento llegó la camioneta que nos había seguido. Se bajaron de ella cuatro gorilas. Evidentemente estaban allí por si yo me resistía a entrar. No les iba a dar el gusto.

Saqué de la camioneta el bolso con mis cosas, y de ella saqué el bolso mas chico que había preparado para mi misión. Por precaución revisé lo que llevaba, y aparenté hacerlo con la tranquilidad del que se aboca a un trabajo cualquiera. Esteban no sabía qué hacer con sus manos y tenía el rostro descompuesto por el nerviosismo. Tanta inquietud, tanto silencio de su parte no me gustó nada, pero no quise suponer algo malo. Estaba rodeado de matones que querían meterme en un un lugar embrujado. Tenía que confiar en mi amigo.

Tomé mi linterna táctica, mi favorita, y me la aseguré a la muñeca con la cuerda que le coloqué para ese fin, y metí una de respaldo en el bolsillo. No pensaba demorar mucho, mas como hombre precavido vale por dos, tenía en el bolso una botella con agua (el miedo hace sudar y reseca la garganta), un pequeño kit de emergencia, una navaja de rescate, una cachiporra extensible, que al igual que la navaja se me ocurrió que podría ser útil para romper algo, una ventana o una puerta, y también por si se complicaban las cosas con los gorilas. Metí también en el bolso una cosa mas útil de lo que se cree en casos de mucha tensión mental: una barra de chocolate. Llevaba además una pequeña libreta y un lápiz por si tenía que improvisar un plano del lugar para que me ayudara a ubicarme. Cuando me coloqué la correa del bolso en el hombro, el gorila que mas había hablado fue a abrir la puerta. Antes de entrar me acerqué a Esteban y le pregunté en voz baja:

—¿Crees que realmente hay solo unos poco fantasmas? El lugar es mucho mas grande de lo que me imaginaba, y no sabemos cuánto va hacia el fondo.
—Es inmenso, sí —reconoció—, pero no por eso va a estar lleno de fantasmas. Ahora tienes que concentrarte. No olvides lo que hiciste estos días. Respira tranquilamente, concentrado.
—Sí, para vos es fácil decirlo porque no vas a entrar ahí. Bromeo —le dije, al ver que quedó muy serio—. No te dejes impresionar por estos tipos. Ya vuelvo.

Y entré. Como suponía, cerraron la puerta detrás de mí. Encendí la linterna. Estaba en un salón sumamente amplio, cuadrado, y de sus cuatro paredes partían unos corredores y habían puertas. A lo largo del salón se elevaban cuatro robustos pilares que sostenían el techo. Sentí de nuevo que allí había fantasmas, y esta vez la sensación fue muy superior a las anteriores. ¿Sería solo por un puñado de fantasmas? Traté de concentrarme en la respiración. Avancé un poco lentamente. Me llamó la atención un cartel que había sobre una puerta. Estaba muy viejo y sucio, mas al enfocarlo bien pude leer “Radiografía”. ¡Aquello era un hospital abandonado! ¡De ninguna forma podría haber solo unos pocos fantasmas allí! Salí corriendo hacia la puerta. Era demasiado para mí, para cualquiera.

—¡Es un hospital! —grité hacia afuera—¡No puedo con esto, ahora no! ¡Abran!
—Tienes que calmarte —dijo la voz de Esteban—. Si te concentras lo suficiente...
—¡No me vengas con eso, sabes bien que un hospital seguramente está infectado de fantasmas! ¿Qué no oíste lo que te dije? ¡Es un hospital abandonado! —y golpeé de un manotazo la puerta.

Esteban me había enseñado que en lugares así abundan todo tipo de fantasmas, y siempre hay algunos de los peores. Por eso nadie limpiaba hospitales, no se podía.

—Guillermo, si haces un esfuerzo tú eres capaz...
—¿Qué? ¡Maldito traidor, vos sabías que era un hospital y no me lo dijiste! ¡Traidor!
—¡Si yo fuera tú me concentraría en el trabajo! —intervino la voz del gorila mas hablador—. ¡Por no haber aceptado el trabajo cuando te lo propusieron ahora tienes que hacerlo de una sola vez! ¡El tiempo es dinero he hiciste perder mucho tiempo a algunos caballeros. Ahora ve y haz lo tuyo, de otra forma no saldrás de ahí!
—¡Maldito, malditos todos! —le grité con rabia.
—Guillermo, si sigues así vas a atraer a todos los fantasmas —me advirtió Esteban.


Cuando giré hacia el salón, de los corredores emanaban todo tipo de murmullos y quejidos apagados, y se entreveraban también algunos gruñidos rabiosos.
Continúa...
Sexta parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com.uy/2015/10/cazador-de-fantasmas-sexta-parte.html

4 comentarios:

  1. Amigo mio esta continuacion esta de lujo! Como decimos en mi pais,me identifique de alguna forma con nuestro amigo jeje che que rabia me dieron esos gorilas ojala tengan su merecido..Kali,chacra,baston extensible? Jorgeeee tambien eres un maestro del combate admitelo ya jaja no seas modesto,respeto a las artes del Kali y boxeo se nota que las conoces bien jeje..saludos amigo..Willy

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    1. En Uruguay también se usa esa expresión. Solo soy un escribidor, Willy. Te agradezco, amigo. Un abrazo.

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  2. Excelente;Jorge,una vez más queda demostrado que eres un maestro en el arte de mantener al lector clavado en la narración,espero la sexta parte y felicidades 😈😈

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    1. Hola, Gracias. Como que lo de maestro me queda un poco grande ¡Jaja! Si ni a escritor llego. Pero sé que solo es una forma de decir que te gustó y te agradezco sinceramente el gesto al comentar. Eso lo aprecio porque, sin importar el nivel que tengan mis historias aquí las comparto gratuitamente, y si da para que se entretengan me parece que lo correcto es comentar. Es bueno para mi castigado blog. Gracias a los copypasteadores el zoológico de G me tiene poca estima ¡Jaja! Cuando supuestamente premian al contenido original ¡Jaja! Gracias de nuevo. ¡Saludos!

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