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lunes, 12 de octubre de 2015

Cazador De Fantasmas (séptima parte)

¡Hola! Ya estamos cerca del final de esta historia. Para los recién llegados, la primer parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2015/09/cazador-de-fantasmas-primera-parte.html 


                                    Una Misión Violenta
Como ya no trabajaba me dedique a entrenar mas. No tenía ganas pero sabía que no hacer nada es peor. Ahora tenía tiempo para meditar dos veces al día, trotar, entrenar en el sótano e ir al gimnasio. Practicaba bastante con unos palos kali y un bastón telescópico. Los señores poderosos sabían todo sobre mí. Una mañana me enviaron una caja y unas instrucciones que decían esto: “Le recomendamos que practique con estas armas que le enviamos. Le van a ser de utilidad en su próximo trabajo”. Un mensaje corto y misterioso. Cuando abrí la caja me encontré frente a dos machetes kukri de evidente calidad. Por el tremendo filo que tenían y la falta de una marca de fabricante supe que eran especiales. Eran pesados y el filo era atemorizante, unas armas letales. También tenían una particularidad, un baño de un metal reluciente. Enseguida me pregunté para qué querían que me entrenara con ellos si no me iban a servir contra fantasmas. ¿A qué querían que me enfrentara ahora?

Todas mis misiones con fantasmas iban a ser peligrosas; ahora la próxima parecía que también iba a ser violenta. Al otro día, Gabriela, la vocera de los señores poderosos, se presentó en mi hogar. Su actitud era distinta a la que demostró cuando la conocí, parecía mas humilde. Sus hermosos ojos no recorrieron la sala, solo se fijaban en mí. Agradeció cuando la invité a sentarse y me dijo:

—Sentimos mucho la pérdida de tu amigo. Personalmente me impactó bastante. Sé que pensarás que soy una mujer fría, o algo peor, pero no soy tan así.
—No soy de andar juzgando a la gente —le comenté.

No era cierto. Ahora que veía las cosas con mas claridad no confiaba ni un poco en ella. Como cada vez conocía mas a mis empleadores, sabía que solo contrataban a expertos. Detrás de aquella belleza había alguien que sabía actuar muy bien. Ellos me habían investigado a fondo, mas ahora no sabían exactamente cuánto había mejorado mi inteligencia, y era mejor que no lo supieran. La consciencia es lo que sostiene a la inteligencia. El conocimiento intuitivo de las cosas es mucho mas rápido que el conocimiento intelectual que se va adquiriendo. Las cosas se entienden sin razonarlas, el conocimiento ya está ahí, y como han dicho, la consciencia solo es la luz que lo ilumina.

—¿Te gustó el regalo que te hicimos? —ahora Gabriela me tuteaba.
—Son unos filos impresionantes. ¿Qué pretenden que haga con ellos?
—No puedo darte detalles porque no lo sé. Solo sigue el consejo que te dieron y practica tus técnicas con ellos —ella se inclinó hacia mí, como confiándome algo que no debía—. En serio, yo en tu lugar seguiría ese consejo. Ellos no dicen cosas solo por decirlo. Y vas a tener una misión dentro de dos semanas. Mañana va a venir un especialista, no sé de qué, pero intuyo que en armas, y te va a pedir que lo acompañes. Solo me informaron que se llama Vladímir. Se va a presentar a las tres. No desprecies nada de lo que te ofrezcan porque seguramente lo vas a necesitar.
—Gracias. Lo tomaré en cuenta. ¿Así que tú serás mi contacto?
—Así es. Aquí tienes un teléfono para contactarme —y sacó un teléfono satelital de su cartera—. Puedes usarlo para lo que quieras y no te saldrá nada, pero si yo fuera tú no lo usaría para cosas personales, ¿entiendes?
—A la perfección. Y si necesito una cita, ¿te puedo llamar?
—Puedes. La llamada no te va a costar nada —me contestó sonriendo amigablemente.

Hice esa broma para que pensara que nada había cambiado en mí, aunque no era así. En aquel cuerpo escultural que se alejó por mi patio ahora veía a alguien preparado. Seguramente Gabriela es tan peligrosa como los gorilas de aquella empresa. Cuando me hablaba observé disimuladamente sus manos; tenía las uñas cortas y un cayo muy particular en el dedo índice derecho, sin dudas producido por años de jalar gatillos. Evidentemente ahora trataba de ganarse mi confianza. Quería que la viera como una aliada. Aunque solo fuera un truco de todas formas era mucho mas agradable que tratar con un gorila.

Me resultó preocupante el interés que tenían sobre mi entrenamiento. Si me querían en esa misión tenía que ser para que tratara con algún fantasma, ¿pero para qué eran los machetes? No me pareció raro que esos liquidaran también a gente, ¿mas por qué meterme a mí en eso, si seguramente contaban con otros mas calificados? No podía tratarse de gente común. Concluí que en la misión habría fantasmas y alguna clase de monstruo. Lamentablemente, lo que me había transmitido Esteban solo abarcaba asuntos fantasmales. Lo que fuera lo iba a averiguar en dos semanas. A las tres de la tarde del día siguiente apareció Vladímir. Desde lejos se notaba que era un ex militar. Tenía el pelo muy corto y rubio, la cara cuadrada, como de piedra, con unas arrugas en la frente. Era un tipo de pocas palabras. Cuando me dijo que lo siguiera hasta el vehículo le pregunté:

—¿A dónde vamos?
—A campo de tiro —respondió con un marcado acento ruso—. No perder tiempo. Mucho que aprender. Andando.
—No se preocupe, fui niño explorador.

Me echó una mirada seria y murmuró algo en ruso. Supe que era un tipo que no toleraba bromas. Antes de partir me entregó una tarjeta con mi nombre y una foto mía que no sé cómo consiguieron. Me dijo que la iba a necesitar. Salimos de la ciudad y tomamos un camino rural que iba serpenteando por el campo. Después el camino se metió en un bosque muy alto y pasamos y pasamos bajo su sombra. Llegamos a un portón vigilado donde un par de tipos con cara desconfiada se cercioraron de que tuviéramos autorización. Otro tramo por el camino y de pronto se mostró ante nosotros una mansión enorme con una fachada de gran altura. Algunos vigilantes que andaban por el patio voltearon hacia el vehículo. No nos detuvimos allí. Rodeamos el inmenso edificio y luego nos alejamos de este hasta acercarnos a un campo de tiro.

En las inmediaciones había unas barracas inmensas. Todo el lugar era un campo de entrenamiento. Además de contratar a ex militares también los entrenaban. Mis empleadores eran algo serio. Me pregunté para qué necesitaban a tanta gente. “¿Qué tanto abarcan estos desgraciados?”. En el campo de tiro había ocho personas, seis hombres y dos mujeres, todos musculosos y mal encarados. Cuando los saludé no respondieron, solo sonrieron con cierto aire burlón. Las dos mujeres estimé que debían andar cerca de los cuarenta años, se notaba por su cara, sus cuerpos eran de atleta, sus miradas duras como la de los tipos. Evidentemente formaban un grupo, enseguida me dieron la espalda y siguieron con lo suyo; estaban rodeando una mesa llena de metralletas. Esperaba que me hicieran practicar con un revólver, pero el ruso apareció con una metralleta enorme. Sonrió al ver mi sorpresa y empezó a explicarme todo sobre el arma.

Poco rato después yo estaba haciendo pedazos los blancos. Nunca había disparado un arma de aquel calibre pero sí tenía mucha experiencia con rifles y mi puntería no era poca. Cuando me acostumbré al retroceso (culatazo) empecé a atinarle a todo lo que me indicaba el ruso. Además de mi puntería ahora podía sentir cuando iba a acertar, otra ventaja de la consciencia en expansión. Mi instructor se mostró muy complacido, mas me felicitó en ruso. Los del grupo murmuraron algo y en una pausa una de las mujeres se me acercó para felicitarme a su modo:

—Vaya, parece que el Caza Gasparín tiene buena puntería.
—Gracias. Es porque iba mucho a las ferias —comenté en broma.
—Eso es bueno —dijo la mujer, y volteando hacia los otros levantó la voz para que la escucharan—. Sigue así, muchacho, y tal vez sobrevivas.

Sus compañeros se echaron a reír. A mí no me hizo ninguna gracia. Evidentemente ellos sabían de qué se trataba la misión. Pensé que preguntarles era inútil, ninguno me iba a decir nada. Lo único que tenía claro era que iba a ser un asunto por demás peligroso y que mis recursos contra fantasmas no iban a bastar. De regreso a casa me puse a entrenar con los machetes. Me resultaban muy pesados para manejarlos con destreza mas sabía que solo era cuestión de acostumbrarme al cambio. Esa jornada, antes de acostarme, aprovechando mis nuevos conocimientos sobre mis empleadores especulé sobre ellos. No a cualquier empresario se le ocurre emplear a caza-fantasmas para limpiar lugares. Era probable que hubieran adquirido ese conocimiento solo como otra artimaña para ganar mas dinero, solo otro recurso entre muchos; mas si sus principales negocios estaban relacionados con cosas así, eso quería decir que de alguna forma estaban vinculados al mundo sobrenatural. ¿Sería simplemente gente experta en eso, sería algo mas? Necesitaba mas datos. Pronto los tendría.

Al día siguiente volvimos al campo de tiro. Durante esa jornada los ocho tiradores se acercaron a presentarse, aunque igual quedé sin saber sus nombres, porque solo se identificaron con números. El Uno era el mas alto de todos aquellos grandulones y era el líder. Tenía el cuerpo de un coloso pero en su pelo corto ya se entreveraban un montón de canas. El número Dos parecía ser mas  joven y era bastante moreno. Tres y Cuatro eran las mujeres. Las dos usaban el pelo corto y tenían el cuello mas ancho que yo. Cinco y Seis eran tan parecidos entre ellos que estoy seguro de que eran hermanos, no lo supe con certeza porque cuando les pregunté solo sonrieron. Todos eran de pocas palabras. Y los últimos, Siete y Ocho, tenían rasgos orientales y piel morena, por lo que no pude precisar con exactitud su origen, pero me inclino a que eran filipinos.

Por mi parte no tuve problemas con darles mi nombre completo, pues presentí que ya lo sabían. Tuve la impresión también de que en un principio ellos desaprobaban mi participación en la misión; mas después aparentemente les caí bien y me aceptaron. Intuí también que tenían muchas misiones juntos y que sus ojos habían visto muchos horrores. Si aquella gente había trabajado tanto tiempo para los señores poderosos, eso significaba que casi todos o todos sus negocios estaban relacionados a lo sobrenatural o por lo menos eran muy oscuros. Era una pista mas para develar quienes eran.

Durante esos días, además de esos entrenamientos practiqué bastante con mi linterna. Me concentraba en la energía, la sentía correr por el brazo, y al encender la linterna la proyectaba junto con la luz. No me funcionaba todas las veces pero cuanto mas practicaba los intentos exitosos se multiplicaban. Y estando en una situación de vida o muerte era seguro que iba a funcionar. Lo que no sabía era si eso me iba a servir en la nueva misión pues ignoraba a qué nos íbamos a enfrentar.

Finalmente llegó el día en que íbamos a partir. Gabriela me avisó por teléfono que no necesitaba llevar equipaje, que ellos me iba a proveer. Solo debía llevar los machetes kukris. También llevé la linterna. Por el momento no iba a poder utilizar otra porque necesitaba que la linterna estuviera impregnada de mi energía, y aunque eso es algo que pasa naturalmente cuando cargamos un objeto que apreciamos, eso lleva mucho tiempo. Antes del amanecer llegaron los ocho en un ómnibus pequeño. Dentro del vehículo todos iban muy serios, concentrados. Me saludaron con una leve inclinación de la cabeza y volvieron a lo suyo, estaban repasando un mapa, nuestro objetivo era una isla. Con una mirada sobre su hombro número Uno me indicó que no debía inmiscuirme, entonces aproveché el tiempo para concentrarme. Por el camino paramos en una ciudad y Tres y Cuatro, las mujeres, bajaron a comprar el desayuno. Comimos con el vehículo en marcha, sin conversar. Se turnaban para manejar. Así llegamos a un aeropuerto privado que sin dudas era de nuestros empleadores. Antes de subir al avión pasamos por unas instalaciones del lugar y desembocamos en un cuarto grande que estaba lleno de equipos militares. Allí nos cambiamos de ropa; Tres y Cuatro también. Al ponerme la ropa descubrí que sabían mi talla y el número que calzaba, lo que no me sorprendió. 

Me dieron un uniforme tipo militar negro, un chaleco antibalas y una mochila con agua y un poco de comida. Por esos suministros supe que la misión no iba a ser muy larga, de unas doce horas cuando mucho. Allí tomaron varios bolsos con armas y municiones. Hacían todo casi sin hablar y con rapidez, evidenciando que habían realizado muchas misiones similares. Una vez listos nos encaminamos hacia el avión. Era bastante intimidante marchar marchar junto a aquellos soldados hacia una batalla cuyos enemigos desconocía. Cuando estábamos almorzando en el avión me atreví a preguntarles:

—¿Y a qué cosas nos vamos a enfrentar?

El gigantón, número Uno, a modo de respuesta metió la mano en uno de los bolsos y sacó de él una estaca con una punta muy aguda y sonrió al enseñarla. ¡Íbamos a cazar vampiros!

—¿Vampiros?, vamos a enfrentarnos a vampiros —les dije. 
—Nosotros nos vamos a enfrentar —me aclaró Uno—. Tú vienes con nosotros por si hay algún fantasma, que normalmente los hay y nosotros no podemos hacer nada contra esos. Va a ser una limpieza general. Practicaste tiro porque fue nuestra condición; por si algo sale mal queremos a alguien que también sepa combatir, pero es solo por precaución.
—¿Y por qué no me dijeron esto antes? —le reproché. Los otros continuaban comiendo mientras seguían nuestra conversación.
—No era bueno que lo supieras antes por si te acobardabas —cuando Uno dijo esto los otros se rieron.

Evidentemente ahora me soportaban pero no creían mucho en mí. Mi entrenamiento y mi oficio de vigilante para ellos era un chiste y evidentemente consideraban poca cosa mi actual trabajo. Suele suceder eso con los especialistas de cualquier clase, llega un momento que ven todo desde su ángulo y tienden a menospreciar a los menos capacitados en su campo. Pero yo tenía pensado hacerme respetar, por eso le exigí mas datos a número Uno:

—Si quieres que sea capaz de defenderme tienes que darme mas datos. Lo único que sé de los vampiros viene de libros o películas. ¿Qué capacidades tienen, qué tan veloces y fuertes son? ¿Y su inteligencia? ¿Son como personas o son como un animal? ¿Si me muerden me voy a convertir en uno? Por lo que veo las estacas realmente sirven, ¿pero de qué otra forma se los mata? ¿A balazos?
—Deben ser unas tres veces mas fuertes que el hombre promedio, lo que no es mucho, y su rapidez... son rápidos pero no como en las películas, aunque sí pueden dar saltos enormes. Cuando vuelven como vampiros son como un animal, solo buscan sangre, aunque generalmente son controlados por otros mas viejos. Estos últimos tienen la misma inteligencia que un ser humano, la adquieren después de un tiempo; y los mas viejos, los que tienen siglos, son una especie de genios. Pero tranquilo, los de la isla son nuevos. Además de una estaca en el corazón se los puede liquidar con balas pero de plata, y sirve cortarles la cabeza. El sol los quema hasta incendiarlos, pero la luz ultravioleta de aparatos como linternas solo los dañan un poco, por lo que hay que rematarlos con otra cosa. Cualquier herida hecha con un arma blanca bañada en plata, como tus kukris y los nuestros, los hiere gravemente. Y sí, si te muerden te conviertes en uno, mas tenemos una cura, así que no te preocupes por eso. En el caso de que te desangren o te muerdan y te maten de otra forma, como de un golpe, te quedarás vampiro sin remedio, y en ese caso nos encargaremos de ti, ¿verdad grupo? —los otros se rieron. 
—O yo me encargaré de ustedes si se convierten —comenté. Eso no les hizo ninguna gracia—. Así que vamos a una isla entonces. ¿Hay muchos vampiros ahí?
—Algunas decenas, tal vez mas —me contestó con mucho aplomo, y siguió tragando su comida.


Después del almuerzo los ocho se dispusieron a tomar una siesta. Me dijeron que era mejor dormir lo mas que pudiera. Nuestro destino quedaba muy lejos. El avión hizo otra parada, no sé dónde, mas era otro aeropuerto privado, y mientras cargaba combustible los ocho se pusieron a trotar un poco y yo los imité. Volvimos al avión cuando ya estaba anocheciendo. Cenamos temprano y apenas lo hicimos Uno dijo que tratáramos de dormir porque la misión comenzaba antes del amanecer. A las cuatro de la madrugada aterrizamos de nuevo y enseguida nos subimos a un helicóptero. Los ocho revisaron todo su equipo y me dieron el mio. Añoré mi vida pasada: antes cuando mucho tenía que vérmelas con algún ladrón, ahora me iba a enfrentar a vampiros.
Octava parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2015/10/cazador-de-fantasmas-octava-parte.html

12 comentarios:

Maria Cruz Montiel dijo...

Que te puedo decir,excelente,por favor espero la continuación

Jorge Leal dijo...

Gracias. Pasado mañana. ¡Te espero!

Osiel Cardenas Garcia dijo...

Pedazo de historia compa!!! Cada capítulo atrapa más k el anterior. Felicidades X el talento para escribir que te cargas.

Saludos desde Sinaloa

Anónimo dijo...

Excelente relato, de lo mejor que ha escrito (con todo y algunas faltas de ortografía jeje), en verdad esta muy bueno tanto que no lo pude dejar de leer hasta el ultimo capitulo.
Me gusto sobre todo como teoriza la capacidad del protagonista de mandar a los fantasmas a ese otro mundo ¿es una idea propia o lo ha sacado de algún lado?, y ya no me extiendo, solo basta decir que espero que el final este a la altura de toda la historia.Gracias, att: Regina.

Anónimo dijo...

Cada vez mas emocionante amigo, como a mi me gusta jeje,de parabienes..el giro que da la trama es intrigante..esta de lujo,espero ansioso la continuacion..Willy

Jorge Leal dijo...

Gracias Willy. Te gusta porque eres hombre de acción ¡Jeje! Hasta la próxima.

Raúl dijo...

Buenisimo, cada vez se pone más interesante!!

Jorge Leal dijo...

Sí, alguna falta puede tener, pero como lo publico en un blog personal donde lo lee el que quiere y gratis, no creo que tenga que pagar a un corrector de estilo o a un editor. Los que me leen desde hace tiempo saben que a pesar de mis errores lo que no me falta es imaginación, y por lo tanto ideas propias. Si la originalidad de un texto dependiera de los estudios literarios no habría tantos literatos plagiadores como hay.
No se preocupe por el final, como sea no va a perder nada, no es como cuando compra un libro ¡Jeje!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Osiel. Un abrazo, compa. ¡Saludos desde Uruguay!

Jorge Leal dijo...

Gracias, Raúl. Esa es la idea. Lo mejor incluso vendría después del final que voy a subir aquí, porque el personaje se enfrentaría a otro bien poderoso: un brujo africano. Voy a evaluar si vale la pena subirlo. ¡Saludos!

Raúl dijo...

Vengo leyendo desde primera parte varios días, que buen relato! Sos un excelente escritor! Aquí existe un pequeño Club de lectores, yo traduzco al ruso y a ellos les encanta! Dicen que esta historia es para una película intensa, saludos grandes Jorge

Jorge Leal dijo...

Te agradezco el comentario y la traducción ¡Jaja! En ruso debe quedar mejor que en español entonces ¡Jaja! Diles que les mando un saludo afectuoso desde Uruguay. Gracias.

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