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domingo, 4 de octubre de 2015

Cazador De Fantasmas (tercera parte)

¡Hola! Primer parte de la historia aquí: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com.uy/2015/09/cazador-de-fantasmas-primera-parte.html





                                 Los Señores Poderosos
Con el paso de los días mi enojo hacia Esteban desapareció completamente. Lo llamé por teléfono para decirle que estaba todo bien. Media hora después llegó a mi casa. Me reclamó ansioso que le contara los detalles de mi encuentro con los fantasmas. Mientras me escuchaba agrandaba los ojos, festejaba dándose palmadas en la pierna y volvía a escucharme con suma atención, sonriendo ampliamente. Ese día estuvo hasta muy tarde en mi hogar. De ahí en adelante inevitablemente siguieron sus clases sobre fantasmas y cuanta cosa sobrenatural hay. Sus visitas se hicieron diarias. A medida que aprendía mas no solo llegué a acostumbrarme a esos temas, también me interesé en ellos porque sentía curiosidad. Después de todo, mucho de lo que aprendía me había pasado, sabía que no eran tonterías.

A no ser por las enseñanzas de Esteban mi rutina no cambió y seguí con mi vida ordinaria a pesar de que algo había cambiado en mí y ya no me sentía igual. No había cambios aparentes porque intentaba aferrarme a mi vieja forma de ser. Se puede creer en fantasmas por varios motivos sin que ello influya mucho en la vida; pero cuando nos topamos con esa realidad ahí todo cambia: una cosa es creer, otra es saber. También sentía cambios mas profundos en mi interior. De alguna forma era mas consciente de la energía vital y cuando me concentraba por algo la sentía circular por el cuerpo. Conjuntamente a eso empecé a experimentar cierto temor bago a un cambio mas radical, a un cambio completo de mi estilo de vida, y algo me decía que ya no iba a tener mucha libertad en esa otra vida, y que iba a estar llena de encuentros con fantasmas.

Unos cinco meses después del incidente de la casa, Esteban llegó un día mas emocionado de  lo que era normal en él, lo que viene a ser, eufórico:

—¡Guillermo, conseguí un trabajo grande! —me dijo apenas se sentó en el sillón.
—¿Trabajo de qué? —le pregunté mirándolo de reojo, desconfiado, ya presintiendo de qué se trataba.
—De lo tuyo, “limpiar” casas. Ahora sería un trabajo grande, un edificio, y...
—¿Lo mío? Esteban, te lo dije mil veces, esas fueron las experiencias mas horribles de mi vida, ¿por qué me voy a exponer a algo así de nuevo? ¡Ni loco!
—Con ese poder viene una responsabilidad, es tu deber —intentó convencerme.
—¡No me vengas con esas tonterías de historietas! ¿Te olvidaste que yo también las leía?
—Bien, eso lo saqué de una historieta, me agarraste, ¡jeje! Pero tienen mucho de verdad.
—¡Basta! No quiero. Tengo miedo. ¿Eso querías escuchar? ¡Tengo miedo! Y sí, lo reconozco. Otros se harían en los pantalones si pasaran por lo que yo pasé, y con vos no sería diferente. Por algo ni entraste a la casa hasta que calculaste que ya no había fantasmas.
—Sé que es difícil, y tener miedo no es malo. Pero también sé que podrías superar esta nueva situación. Guillermo —se levantó e inclinándose hacia mí me tomó de las solapas—, te estoy hablando de un trabajo de mucho dinero. Es una compañía enorme, una multinacional, parece. Esta gente compra edificios enteros, compran cuadras enteras, y después de demolerlas hacen edificios de oficinas, centro comerciales, hacen... 
—¡No me interesa! Y si no me sueltas en este  mismo momento, será tu culpa si te lastimo.
—Lo siento, disculpa, fui muy impulsivo. Ya sabes como soy ¡Jaja! —me soltó rápido y volvió a sentarse.
—Mira, ni quiero hablar mas del asunto, sino te voy a tener que pedir que te vayas, así de simple —le afirmé con toda seriedad.
—Pero...
—¡Pero nada! ¡Esta es mi casa! Si realmente eres mi amigo no sigas insistiendo.
—Está bien, bien. Me voy para que reflexiones sobre el asunto.
—No hay nada sobre que reflexionar. Asunto terminado, y no vuelvas a insistir —le advertí. Él hizo unos gestos infantiles: cerró su boca con un candado y arrojó la llave, y se despidió con la mano.

Ni por un momento creí que Esteban fuera a desistir tan fácilmente; pero pasaron los días y ni siquiera regresó. Eso me hizo sospechar. ¿Qué estaría tramando? A la semana se me presentó un problema que hizo que olvidara ese asunto por un tiempo.
Durante un día de trabajo, apenas llegué el gerente de la empresa me hizo ir a su oficina:

—Guillermo, tome asiento —me invitó.
—Gracias. ¿Para qué quería verme?
—Bueno, usted sabrá que estamos pasando por tiempos difíciles —comenzó a decirme después de sacarse los lentes y empezar a limpiarlos con un pañuelo—. Ahora estamos haciendo recorte de personal...
—¿Me está despidiendo? ¿De qué tiempos difíciles me habla? Yo no he escuchado nada.
—Son cosas de la empresa, vio. Yo también soy un empleado, estas órdenes vienen de arriba... Yo con usted estoy muy conforme.
—Le mentiría si le digo que no me sorprende, pero bueno, si eso quieren, mientras me paguen todo como corresponde...— le dije mirándolo medio de lado.
—Claro, claro, se le va a pagar todo lo que le corresponde, por supuesto.

Le tendí la mano y después me fui. Cuando salí a la calle aún no lo podía creer. Ya en mi hogar mandé al diablo a la empresa. “Lo mas probable es que mañana mismo consiga otro trabajo”, pensé confiado. Mi confianza era bien fundada. Si bien había comenzado sin ninguna experiencia ni conocimientos en seguridad, después fui a todos los cursos, seminarios y charlas de los que pagó la empresa, y luego concurrí a muchos mas por mi cuenta. Si no conseguía de guardia de seguridad tenía las opciones de aceptar algo como portero en algún club o guarda espaldas. Esa noche dormí confiado.
Al final del día siguiente mi confianza ya había menguado: nadie requería mis servicios. Reflexioné sobre el asunto mientras veía derretirse unos hielos en un vaso con whisky que agitaba lentamente con mi mano. Aquello no era lo que simplemente podría calificarse como mala suerte, era algo mas. ¿Sería algún agente del destino influyendo en mi vida o simplemente era algo terrenal? 

Tenía la impresión, aunque muy sutil aún, de que mi nombre estaba vedado por algún motivo; mas la razón me decía que eso era algo absurdo. Volví a la búsqueda de empleo. Nada.
Con el paso de los días me puse menos exigente y busqué trabajo de cualquier cosa, sin resultados. La idea de que no querían tomarme a mí, que mi nombre estaba en una especie de lista negra o algo similar, crecía con mas fuerza después de cada rechazo, aunque seguía pareciéndome absurda. ¿Por qué alguien me iba a querer perjudicar así, y quien iba a tener tanto poder como para hacerlo? Aunque mis sospechas tenían bastante fundamento, pues en un par de ocasiones alcanzaron a decir que necesitaban a alguien, y solo después de saber mi nombre cambiaron de opinión. De todos modos aún no me desesperaba porque siempre fui bastante ahorrador y sabía administrarme bien. contaba con el diner del despido pero este se estaba terminando rápido. Cuando pensé en echar mano a mis ahorros, consulté mi cuenta en la computadora y, debo haber quedado pálido: no tenía nada, la cuenta estaba vacía.

Salí a toda prisa rumbo al Banco, seguro de que me habían robado, probablemente con algún tipo de estafa electrónica, era de suponer.
Según las explicaciones de los del Banco, yo mismo había retirado el dinero. Después de dos horas de pedir explicaciones inútilmente salí a la calle enfadado con toda la palabrería y preguntas que me hicieron ellos. Yo era la víctima pero poco les faltó para acusarme de algo. Ahora mi situación se estaba agravando. ¿Podía tener tanta mala suerte? No, aquello no era mala suerte, alguien quería dejarme sin dinero, pero, ¿para qué, por qué? Primero pensé en una venganza, y recordé mis relaciones que no terminaron bien. Concluí que el asunto no podía ir por ahí pues nunca salí con una mujer poderosa, y aunque estaba la posibilidad de que alguna hubiera ascendido económicamente, no me pareció muy lógica una venganza así solo por un despecho de esos que todos sufrimos. No me interesaban las mujeres casadas, por lo tanto no podría tratarse de algún marido vengativo, y nunca había despreciado hirientemente a ninguna chica.

Busqué otra explicación. En mi trabajo de vigilante había tenido muchos encuentros con ladronzuelos y unos cuantos con verdaderos criminales, desde los que intentan entrar a un local con la cara oculta bajo un pasamontañas, hasta empleados del mismo lugar que pasaban mercancía sin que la caja la registre. Pero ninguno me pareció capaz de algo así. Si se tratara de un disparo cobarde desde un vehículo, no tendría dudas, mas lo que me estaba sucediendo se salía de lo corriente. Dando vueltas y vueltas al asunto se me ocurrió una respuesta y me pareció tan obvia que me sentí bastante tonto por no haberme dado cuenta antes. Llamé a Esteban inmediatamente. Se presentó en mi casa con cara de confundido:

—No entiendo qué me quisiste decir —aseguró, y fue a servirse un trago; yo daba vueltas por la sala. Él volvió y se sentó, con la misma cara de confundido e intrigado.
—Esteban, yo no creo en las casualidades —le dije, sin dejar de dar vueltas por la habitación—. Después de tu propuesta, la de limpiar no sé qué edificio, mi vida agarró cuesta abajo, y tiene que ser esa empresa la que me está saboteando. Desde que quedé sin trabajo me rechazan en todos lados, a donde vaya. Mira, dijiste que demolían edificios y hacían oficinas y supermercados, ¿no? ¿Qué tan poderosos son? Y, ¿por qué les importa tanto “limpiar” los locales antes de demolerlos?
—Con todo lo que te he enseñado tendrías que saberlo. A veces la energía de los fantasmas se disipa al caer las paredes de donde rondan, otras veces no. Recuerda todas las historias que hay de fantasmas rondando ruinas, o a veces menos que ruinas, aunque no queden ni los cimientos ellos pueden continuar ahí igual.
—Sí, sí —recordé—. Y después las edificaciones nuevas también quedan embrujadas. Por eso hay fábricas que cierran al poco tiempo, o edificios que no mantienen a los inquilinos y después terminan abandonados. Había olvidado eso. Así que, si esos se aseguran de “limpiar” los lugares, potencialmente se están cubriendo de perder millones en inversiones, y seguramente los compran bien baratos. Ahora lo veo claro. Bien, quiero que me digas todo. Vos apareciste con esa propuesta—lo señalé con el dedo al sentarme frente a él—. ¿Qué hiciste? ¿Ofreciste mis servicios en algún lado a algo así? ¿Cómo te contactaron? ¿Quiénes son?
—Primero yo quiero entender algo —se impuso Esteban mientras se tocaba las sienes con las yemas de los dedos como quien busca concentrarse profundamente para entender algo difícil—. ¿Estás sin trabajo y dices que es por culpa de los tipos que quieren contratarte?
—Sí, los tipos que vos contactaste.
—Pero Guillermo, ¿por qué no me dijiste antes que estabas sin trabajo? ¿Necesitas plata? No he querido venir porque creí que seguías enojado, aunque estaba por venir estos días; pero si me hubieras dicho que estabas en problemas, sabes que eres como mi hermano. ¿Cómo estás de plata?
—Estoy bien, bueno... no bien pero tengo como para ir comiendo. Eso ahora no importa, y no quiero nada. Solo contéstame lo que te pregunté, por nuestra amistad.
—Claro. Si lo que dices es así, maldito sea el día en que me comuniqué con esos. Nunca imaginé que pasaría algo así. Me crees, ¿no?
—Sí, te creo, pero contesta.
—Supieron de alguien con el poder de eliminar fantasmas por mi blog, ¿recuerdas que tengo uno? Te hablé de él muchas veces. Quise compartir tu experiencia en mi blog. No puse tu nombre, te lo juro, solo describí lo que te había pasado, como te enfrentaste a los fantasmas y los mandaste al otro mundo. Resultó que esa entrada se hizo bastante popular rápidamente, y así como es la red, quién sabe hasta dónde llegó. Eso fue hace algunos meses. Después, poco antes de que te hiciera la propuesta, los tipos me enviaron un correo, mas bien, empleados de ellos, seguramente. No sé quiénes son los dueños de esas empresas. Al parecer saben sobre el tema y reconocieron que mi historia, la tuya, era verdadera. Después de varios mensajes apareció un tipo en mi casa. Ya sabes como soy de impulsivo. Como creí que te iba convencer, les dije que ibas a aceptar el trabajo. Pero cuando te negaste fui y les dije que no iba a salir, y aparentemente se lo tomaron bien, no insistieron mas. Nunca creí que eso te fuera a traer problemas. ¡Maldición, ojalá nunca los hubiera recibido!  Pero, ¿estás seguro? No pueden ser dueños de todo.
—No, pero sin dudas son unos señores muy poderosos. Mas si creen que me tienen en sus manos, se equivocan —le aseguré.

No me rendí, seguí en mi búsqueda de trabajo. Tenía que procurarlo en lugares donde la mano de esos poderosos no llegara. Empresas pequeñas, independientes, familiares, cualquier trabajo que tuvieran. No creí que me fueran a perseguir durante mucho tiempo, en cuanto consiguieran a alguien mas se olvidarían de mí, quise creer. 
Los desgraciados eran obstinados. Mientras conducía descubrí por lo menos a cuatro vehículos siguiéndome, y seguramente eran mas porque se turnaban. Todo ese tiempo supuse que, si ellos aún no hacían su jugada, si no venían a ofrecerme el trabajo, era porque creían que yo todavía no me daba cuenta. Primero me iban a dejar sin salida, después vendrían con su aterradora propuesta, casi como salvadores. Sin dinero me iban a tener entre sus manos, eso buscaban. Si no conseguía algo pronto se iban a salir con la suya, reconocí. Me sentía como una presa que es conducida hacia una trampa; un camino obstruido aquí, otro allá, y así te van enderezando hacia donde quieren. Los muy desgraciados...

El poco efectivo con el que contaba siguió menguando rápidamente. Esteban fue varias veces a ofrecerme dinero mas no acepté. También fueron otros amigos, de ninguno quise nada. Antes de caer en eso prefería irme a vivir en el monte, idea que no me desagradaba en lo mas mínimo. También tenía otras salidas menos radicales: hacer artesanías en madera, salir a cortar césped... Lo que fuera menos pedir prestado. Mas por el momento iba a seguir intentando. Tras derivar varios días en la calle al fin hallé uno, y no era necesario abandonar mi oficio, pues el trabajo era de vigilante. Tenía que cuidar un inmenso y viejo depósito de maquinarias de todo tipo.

Era poca cosa mas era algo, cualquier dinerillo me venía bien en ese momento, y tampoco podía elegir pues la influencia de los señores poderosos que intentaban acorralarme sin dudas era muy vasta; pero aparentemente hasta allí no había llegado. Me creí vencedor de esa partida. “Consíganse otro cazador de fantasmas, señores poderosos”, pensé riendo con aire triunfal. Cuando me contrataron vi el lugar aunque sin entrar a él, solo lo miré desde la puerta. Con ese vistazo me pareció que allí todo estaba tan viejo y abandonado que contratar a un vigilante era un gasto innecesario, pero eso era problema de ellos. De todas formas yo iba a cumplir con mi parte. Se me ocurrió después que era el depósito de un acumulador de grandes objetos industriales. Podía ser que donde yo solo veía chatarra en realidad hubieran cosas de valor que merecían ser vigiladas. Tenía que haberme dado cuenta que algo estaba mal, que era una trampa.
Continúa...
Cuarta parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com.uy/2015/10/cazador-de-fantasmas-cuarta-parte.html

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Se pone interesante, pero supongo que habrá más terror con estos nuevos fantasmas que con los anteriores. Esta claro que es una trampa, ese será el lugar que tenia que "limpiar". 😨Bueno me voy al dormir. Espero no soñar con fantasmas.😱😱. Silvia.

Anónimo dijo...

Atrapante amigo! La sigo en carne propia. .aunque sigo sospechando de Esteban no solo el podria Ser el responsable total jeje pero ya leeremos lo que pasa..muy buena continuacion..saludos..Willy

Maria Cruz Montiel dijo...

Por favor,espero con ansias la continuación

Jorge Leal dijo...

La voy a subir el martes, puede ser mañana.

Jorge Leal dijo...

No intentes adivinar, mejor sigue leyendo ¡Jaja! Gracias, amigo.

Jorge Leal dijo...

Hola Silvia. No voy a anticipar nada. Tus dudas se resolverán en el próximo, o en el otro, tal vez ¡Jaja! Gracias por comentar. Saludos!!

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