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lunes, 5 de octubre de 2015

Cuentos cortos de Dinosaurios

                                          Un Dinosaurio
—¿Escuchas eso? —me preguntó Fred. 
—Sí, lo escucho, viene de ahí —le contesté— . ¿Qué animal es?
—Es un lagarto, un cocodrilo. Vamos a acercarnos un poco para verlo, pero no mucho porque en tierra también son rápidos.

No me gustó mucho la idea pero igual lo seguí. Nos encontrábamos en un vasto pantano de Norteamérica.  Estaba viviendo en aquel estado, y como siempre me gustó la cacería en seguida me procuré amistades con locales que compartían esa pasión, algo que no fue muy difícil de conseguir. Mi sentido común era el suficiente como para nunca ir solo, porque aquel entorno salvaje en casi nada se parecía a lo que conocía.   En esa ocasión andaba con Fred. Buscábamos jabalíes en un bosque rodeado de canales y arroyos llenos de cocodrilos. Nos acercamos a mirar uno...

Hasta Fred se sorprendió; el animal era mucho mas grande de lo que esperaba.  No sé si no nos vio o solo quedó quieto para que nos confiáramos. Era una bestia enorme. Su lomo era tan ancho como el de un caballo adulto y de los grandes. El descomunal reptil se hallaba cerca del agua. En la orilla había una gran canaleta toda trillada de pisadas que era por donde evidentemente el animal entraba y salía del agua. El claro en donde estaba apenas excedía el largo de su cuerpo y las sombras de los árboles no lograban cubrirlo completamente, por lo que algunos rayos solares le iluminaban la coraza del lomo dándole tintes verduzcos a las negras placas del coloso.

El cocodrilo emitía una especie de ronquido reverberante. Su cabeza era enorme. Sus ojos bien abiertos estaban inmóviles, aunque seguramente atentos. Era una tontería estar tan cerca de aquel gigante. Nos retiramos lentamente, con cuidado de no pisar ninguna rama. Fred lamentó que no fuera temporada de cocodrilos. De serlo y poder matarlo, no sé cómo podríamos cargar al gigantón aquel.   Seguimos nuestro camino, pero no mucho mas allá nos detuvimos al escuchar un ruido muy fuerte. Venía de donde estaba el lagarto. Primero fue un ruido muy fuerte a agua, después a árboles que eran golpeados con tremenda fuerza, como si estuvieran sacudiendo algo muy grande entre los ellos. Nos miramos desconcertados. Me hizo erizar la piel un sonido potente que sonó como un rugido, sentí que la tierra tembló bajo mis pies y el sonido reverberó en mi interior, agitando mas a mi corazón que ya golpeaba fuerte contra el pecho. Luego, de nuevo ruido a agua. Finalmente todo quedó en silencio. ¿Qué había sido aquello? No podíamos marcharnos sin intentar averiguarlo.

A pesar de lo grande que era el cocodrilo no podíamos imaginarlo produciendo todo aquel ruido, tenía que ser algo mas. Nos arrimamos al lugar con mucha cautela. Increíblemente, el agua aún se sacudía. Algunos árboles delgados del claro estaban rotos a una gran altura, ¿con qué los habían golpeado? ¿Dónde estaba el cocodrilo? Mirando en derredor encontré un pedazo de su cola. Fred me miró horrorizado. ¿Había algo tan grande por allí como para capturar y sacudir por los aires al gigantón aquel para después arrastrarlo hasta el agua? Sentí un escalofrío espantoso. Y por si fueran pocas todas aquella señales, Fred apuntó con el dedo hacia el suelo, y vi dos huellas descomunales. La pata que dejó aquella huella podría aplastarnos como si nada. No soportamos permanecer mas allí. 

El asunto era increíble, pero como había evidencias (las huellas) pensamos contar aquello; mas no mucho después de abandonar el lugar comenzó a llover torrencialmente y no paró por varias horas. Las pruebas se fueron con la lluvia, seguramente la zona había anegado, borrándose para siempre aquellas huellas de dinosaurio. Solo un verdadero dinosaurio o algún monstruo desconocido y gigantesco pudo hacer aquello. 

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                             Dinosaurios Extraterrestres
En la nave todos estaban muy emocionados, pero Aaron no compartía esa emoción. Él sentía que había algo mal con aquel planeta, era demasiado similar a la Tierra, no podía ser coincidencia. No le parecía que fuera algo malo en si, pero como todavía no se le revelaban todas sus preguntas, miraba el asunto de reojo, desconfiado. 

El ser humano se había lanzado a la conquista del espacio. Se habían construido naves gigantescas que albergaban miles de personas. Una tecnología revolucionaria, considerada algo de la ciencia ficción por mucho tiempo, permitía ahora recorrer distancias increíbles en poco tiempo. Gracias a esos adelantos tecnológicos ahora el hombre sabía que no estaba solo, pero hasta el momento solo habían hallado planetas con microorganismos. Si bien esos descubrimientos fueron maravillosos en su momento, al descubrir el planeta que nombraron “Tierra Distante” ( por ser muy parecido a la tierra) los científicos de la nave estallaron de asombro y alegría, y los otros descubrimientos pasaron a ser insignificantes al lado de ese.   El planeta desbordaba de vida, tanto en la superficie de los continentes como en sus océanos.  Hasta el momento solo lo habían explorado desde su órbita, pero los censores y las imágenes mostraban extensas zonas cubiertas de vegetación que bien podrían llamarse selvas, había praderas vastas, y lo mas asombroso, una fauna gigantesca y muy familiar a pesar de que ningún ser humano había convivido con bestias así, pues esos animales se parecían a dinosaurios.

Eso le molestaba a Aaron, que era uno de los principales científicos de la nave. Que las vueltas de la evolución hubieran desarrollado animales grandes era hasta lógico, por las dimensiones del planeta y otras condiciones, pero que se parecieran tanto a los dinosaurios le parecía muy improbable. La nave principal se mantuvo en la órbita del planeta varias semanas antes de intentar explorar mas de cerca el lugar. Tenían que asegurarse de no contaminar el medio aquel medio ambiente. Cualquier microbio ajeno al planeta podría acarrear consecuencias malas para todos los seres de allí.  Aaron no estaba muy preocupado por eso, porque cada vez se convencía mas de que aquel planeta no era del todo extraterrestre.  Con solo insinuar algo así había despertado risitas y comentarios por lo bajo de sus colegas. Otros lo toleraros comentando que siempre hay un científico con ideas que a todos les resulta improbables, pero con todo, a veces tienen razón, aunque estaban seguros que aquel no era el caso. Cuando alguien muy brillante aparentemente se equivocó, parece que fuera el deber de los otros aprovechar esa situación en contra de este. Eso aún no cambiaba.

Cuando por fin estuvo lista la expedición Aaron fue uno de los elegidos para bajar, porque a pesar de las críticas a su teoría, todos reconocían que era un genio entre los genios. La nave de la expedición parecía pequeña al desprenderse de la principal, viéndolas desde una gran distancia, pero en realidad era muy grande. Con una mega fauna como aquella necesitaban que fuera grande.

El cielo nublado de “Tierra Distante” se convulsionó y abrió paso a la nave, que descendió lentamente en una meseta rocosa. Desde allí dominaban un amplio paisaje. Una gran parte de la protección exterior de la nave se replegó para que pudieran ver por una ventana enorme. También tenían varias pantallas en las consolas, pero todos querían ver directamente aquel mundo maravilloso. Era mucho mas similar a la Tierra de lo que creían. El único que no se asombró de eso fue Aaron. Aquel mundo, aunque lucía muy primitivo, tenía plantas fácilmente reconocibles: se distinguían palmeras, helechos, coníferas. No sería tan raro encontrar plantas con estructuras similares a las terrestres, pero aquello era mas que un parecido, eran plantas de la Tierra. Cuando vieron pasar a un dinosaurio cundió el desconcierto. 

Ya hacía mucho tiempo que en la Tierra se habían perfeccionado métodos digitales para reproducir con bastante exactitud cómo eran realmente los dinosaurios. Lo que veían ahora era exactamente lo mismo. No eran animales que se parecían, eran verdaderos dinosaurios. ¿Cómo podía ser eso? Tras un largo rato de desconcierto todos voltearon hacia Aaron. Él tenía razón. 

—Aaron, ¿qué crees que está pasando aquí? —le preguntó uno. 
—Ante la comprobación de que mi teoría era correcta, solo hay una explicación probable, en mi opinión. 

Los otros científicos se miraron entre ellos, a nadie se le ocurría nada. ahora le preguntó otro. 

—No nos dejes con la intriga, ¿qué se te ha ocurrido? 
—Yo no invento teorías, solo veo cuál es la mas probable. Bien, este mundo es una copia de cómo fue nuestro planeta hace millones de años. No creo probable que una civilización tenga el poder de hacer esto, aunque sea muchas veces mas avanzada que la nuestra, por lo tanto, fue algo mas. 
—¿Pero qué? — insistió el mismo científico— . ¡Díganos, por Dios! 
—Usted acaba de nombrar a la respuesta —le dijo Aaron, sonriendo. 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que cuentos excelentes y entretenidos! Felicidades maestro sos un genio! Segui asi..tu hermano de Paraguay

Mauro Cartasso dijo...

Me gusta como resuelves en pocas líneas tus historias, realmente muy buenos. Gracias por compartirlos.

Jorge Leal dijo...

Hola Mauro. Gracias a ti por leerme y comentar. Saludos.

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