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lunes, 26 de octubre de 2015

Desierto Infernal (última parte)

¡Hola! Y llegamos al fin de esta historia. Gracias a los que han comentado, y a los que no, todavía están a tiempo. 
Y si no has leído nada, entra primero aquí: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2015/10/desierto-infernal-primera-parte.html



                          El Infierno En La Tierra
Cuando se sintió lo suficientemente lejos de la casa-matadero, Francisco se detuvo, se inclinó hacia adelante y apoyó las palmas en sus rodillas intentando recuperar el aliento. Por haber huido largo trecho se agitó bastante, además cargaba un considerable peso y acababa de pasar por un susto terrible. Había dormido muy poco y ahora solo le quedaba avanzar. De nuevo su situación era mala.
Las montañas que eran su objetivo estaban muy lejos y ya había pasado buena parte de la noche. Si no llegaba a ellas antes del amanecer nuevamente se las iba a tener que ver con el sol, aunque por lo menos ahora estaba mejor preparado y llevaba agua; mas el sol y el calor siempre son rivales de cuidado. 
Especular cuánto le faltaba era inútil, las montañas solo eran un contorno apenas definido en la oscuridad. Cuando se repuso siguió avanzando, iluminando su camino con el farol para que su caminata fuera mas segura. Le preocupaban las víboras y los accidentes del terreno.

En el cielo titilaban tímidamente las estrellas, todo lo demás estaba muy oscuro y se distinguían apenas algunas formas bajas, leves contornos del desierto. Y no había mucho en aquel paisaje oscurecido, solo rocas pequeñas, medianas, grandes, formaciones de estas, y cada varios metros algunos arbustos achaparrados o un montón de pasto seco. El farol le resultaba una ventaja para ver lo que estaba mas próximo, aunque a la vez le ocultaba lo que había mas allá de su luz y creaba sombras que se hamacaban, agrandaban o empequeñecían acompañando los movimientos del artefacto. De esa forma, cualquier ser podría verlo a él desde la oscuridad, en cambio él desde su luz no podía saber qué andaba en las sombras.
Desde esa oscuridad que era un misterio para él, surgieron unos gritos roncos y ásperos. Se detuvo en seco. Sintió pisadas que retumbaban en el suelo. Lo que causaba el ruido eran unos cuantos y eran grandes. ¿Qué eran? Se alarmó al darse cuenta que venían hacia él. Girando el cuerpo con el farol hacia adelante divisó una roca con el tamaño suficiente como para protegerlo. Se agazapó tras la roca, con el cuchillo en la mano. Los gritos lo alcanzaron, y con ellos venía una nube de polvo y confusión. Enseguida vio un montón de patas flacas y largas, y aparecieron unas caras alargadas con ojos saltones: eran camellos. Había leído que en Australia prosperaban camellos importados pero lo había olvidado. Cuando el tronar del ruidoso grupo se alejó Francisco salió de su escondite sonriendo. Por lo menos ahora no era nada sobrenatural, solo eran animales corriendo. Aunque un detalle lo preocupó un poco; los camellos parecían asustados, ¿qué cosa podría ahuyentar así a un grupo de inmensos animales? Lo mejor era apurar el paso.

Mas adelante vio un resplandor en el horizonte. De aquel lado habían venido los camellos. Se ilusionó al pensar que era el resplandor de un pueblo, mas este se fue apagando de a poco hasta que desapareció. Un olor que llegó de lejos le indicó qué había visto: el olor era a humo, y el resplandor un incendio. No le quedaron dudas de que los animales habían huido de un incendio. Otro peligro mas de aquella zona.

Caminaba oyendo el continuo golpeteo del agua en los bidones y estos le resultaban cada vez mas pesados. Había perdido mucha energía esos días y recuperado muy poca. En ese momento su enorme musculatura le estaba pasando la cuenta porque requería mas energía. Pero como lo que no le faltaba era voluntad siguió avanzando a paso firme. La luz del farol fue disminuyendo, la llama se hizo muy pequeña hasta que desapareció. No hizo nada por encenderla de nuevo; ya el horizonte comenzaba a revelarse con mas claridad. Las estrellas se fueron extinguiendo, y tras unos minutos de cielo gris oscuro el cielo empezó a encenderse con un tono rojizo. Otro amanecer de sequía. Cuando el enorme ojo del desierto se asomó por encima de las montañas, Francisco aún no llegaba al bosque. Mas esta vez el sol no lo sorprendió desprotegido, ahora tenía sombrero y un abrigo de manga larga, botas y agua. Le daba cierta repulsión usar aquellas ropas porque le venía a la mente la aparición con cabeza de cerdo, mas realmente las necesitaba. Trató de concentrarse solo en el camino, paso a paso. Había aprendido con la práctica que cuando uno se libra del deseo de llegar a un lado y solo se concentra en avanzar la caminata se hace menos dolorosa. Se concentraba en el ritmo de los pasos: un poco mas rápido, pie derecho, pie izquierdo, después descansaba yendo mas lento, metro a metro, con paciencia, sin pensar en la meta, solo avanzar, seguir y seguir. Los pies medio se le hundían en el arena o resbalaban sobre guijarros. La frescura del amanecer duró muy poco. Pronto el paisaje volvió a ser un horno y el aire vibró de nuevo desdibujando las cosas a la distancia.

Estaba empapado en sudor cuando alcanzó la primer sombra de un eucalipto. Se internó en un bosque reseco. La tierra estaba dura como una roca y donde se acumulaban hojas estas crujían con fuerza cuando las pisaba. Había algunos pastos aquí y allá, todos secos como pergaminos. Eligió una buena sombra y se sentó contra un eucalipto enorme. Desde allí contempló cuánto podía ver. A la vista, era un paisaje mucho mas esperanzador que el desierto, pero tenía la misma energía de desolación. Los eucaliptos suspiraban entre el aire caliente que los agitaba. Cuando los rayos del sol cayeron verticalmente sobre el bosque Francisco puso el abrigo y un cuero sobre unas ramas bajas a modo de cobertizo, y se acostó a dormir bajo su sombra. Soñó con la aparición que viera por la noche. De pronto se vio atado sobre una mesa. Reconoció la habitación, estaba en la casa-matadero, eso lo aterró. Al escuchar el sonido inconfundible de un cuchillo pasando sobre una piedra, giró la cabeza y vio a la abominable aparición. El espectro con cabeza monstruosa afilaba un cuchillo enorme y probaba el filo contra su propia lengua, abriéndose unos tajos horribles. Francisco intentó escapar pero no podía. Quiso sacudirse, patalear, pero estaba paralizado. La aparición se fue acercando a él de a poco. Al llegar a su lado levantó el cuchillo y lo bajó de punta hacia su abdomen; ahí Francisco despertó con un grito. Miró en derredor, el bosque mudo seguía suspirando.

La temperatura no había bajado ni un poco, de todas formas salió a explorar su entorno. Necesitaba algo para comer. Recién ahí recordó que en la casa-matadero todavía le quedaba carne de víbora. De nada servía lamentarse por ese olvido, las circunstancias lo excusaban. Avanzó atento, mirando hacia abajo, barriendo todo con la mirada, pero sin descuidar su entorno mas alejado. En el suelo reseco no se divisaba ni una huella de animal. Al pasar frente a un eucalipto que lucía muy mal recordó algo que había leído. La corteza del árbol estaba medio desprendida en varias partes. Francisco arrancó un gran trozo de corteza. Cayó al suelo una especie de aserrín muy fino que estaba empastado en algunas partes, y también cayeron unos gusanos enormes que eran larvas de escarabajo. Sonrió al hacer ese descubrimiento; había leído que eran muy buenas para comer.

Después de juntar cuanta larva encontró volvió a su cobertizo. Hizo un pequeño fuego y asó las larvas en él. Algunas larvas eran casi tan grandes como sus dedos. Se relamió los labios mientras esperaba. Su cuerpo enorme reclamaba proteínas. Cuando las larvas tomaron un buen color las colocó sobre un trozo de corteza. Su plato estaba servido. Incluso sin el hambre que tenía le hubieran resultado bastante buenas. Aunque tenía ganas no comió todas, no quería que le hicieran mal; había comido muy poco durante su aventura, ahora tenía que hacerlo de a poco, era mejor ser precavido. Francisco era tan sencillo que solo con lo que contaba se sintió muy bien. Comida, agua, sombra, una fogata, algo sobre que sentarse, sintió que su suerte no era tan mala ahora. Mas aquel lugar le tenía reservada otra experiencia terrible.

Al atardecer levantó su provisorio campamento y se adentró mas en el bosque. Al alcanzar una zona mas tupida divisó una depresión que le pareció un cauce. Como esperaba, estaba completamente seco. Igual pensó que aquel descubrimiento era muy bueno. Si lo seguía tal vez podría dar con uno mas grande que tuviera agua, además era una buena ruta para caminar. Acampó al lado del cauce. Colocó el cuero mas grande sobre unos pastos cortos. No encendió una fogata, el lugar estaba muy reseco y tener fuego implica cuidarlo, y lo que él quería era dormir toda la noche tranquilamente. Todo indicaba que el frío del desierto apenas llegaba hasta allí, y el abrigo y las pieles le iban a bastar. Hasta el momento no veía mosquitos, que son la principal razón para hacer fuego en casi todos los lugares. Si necesitaba luz podía encender rápidamente el farol o alguna de las velas. La noche se presentó por demás agradable. Cenó los dos últimos gusanos que le quedaban. Acostado boca arriba planeó lo que iba a hacer al otro día. Apenas aclarara iba a seguir el cauce seco hasta que el calor lo dejara. Si caminaba atento a los árboles con corteza maltrecha podría encontrar mas larvas. El plan era simple pero bueno. Se durmió confiando en que pronto iba a salir de aquella situación.

Al hundirse en el mundo de los sueños, Francisco volvió a soñar con su hogar. Ahora estaba en el fondo de su casa, junto a toda su parentela. Él estaba asando carne en su parrillero (barbacoa). Sentía que el fuego estaba muy fuerte, se habían amontonado muchas brasas bajo la carne, y por mas que intentaba apartarlas con un atizador surgían mas y mas brasas y aumentaba el calor y el olor a humo. Entonces sus parientes empezaron a reírse; cuando él volteó hacia ellos, se callaron pero siguieron sonriendo a se taparon la boca. Después, como si a la vez no hubieran podido contenerse mas, todos estallaron en carcajadas y, mirando hacia el parrillero que estaba detrás de él, le señalaron con el dedo que a sus espaldas había algo. Cuando volteó, lo que se asaba era un hombre enorme con cabeza de cerdo, era la aparición de la casa-matadero. El montruo estaba cocido y envuelto en llamas pero igual se movía, y súbitamente se enderezó hasta quedar sentado y giró la cabeza hacia Francisco, que en ese momento volvió a quedar paralizado. El monstruo envuelto en llamas puso sus pies en el suelo y avanzó lentamente rumbo él, adelantando un brazo como queriendo agarrarlo, y el calor se hizo insoportable. Despertó gritando, y al abrir los ojos vio que las llamas casi lo alcanzaban. 

Se levantó aterrorizado. En una gran parte del bosque se levantaban, retorcían y multiplicaban llamaradas rojizas que desprendían mucho humo.
Sin darle tiempo a nada, el lugar donde él había estado durmiendo rápidamente fue tomado por las llamas. Intentó recuperar el bolso y los bidones de agua pero las llamas le quemaron los dedos. Pensó en cortar una rama para a golpes tratar de extinguir aquel fuego o por lo menos usarla para retirar los objetos de él, mas al ver que el incendio abarcaba casi todo, y que los pastos sobre los que él había dormido ardían con mas fuerza rodeando sus cosas, entendió que lo mejor era huir de allí cuanto antes.

Saltó al lecho seco para alejarse mas rápido. El incendio rugía por todos lados. Inmensas llamaradas trepaban por los árboles o avanzaban raudamente por los pastos resecos y la acumulación de hojas del suelo. Sin dudas aquel fuego se había originado lejos de allí y había avanzado por el bosque junto al viento. Los árboles parecían ahora inmensos demonios que se retorcían al verlo pasar. Se cubrió hasta la nariz con la camiseta para no respirar tanto humo. En medio de aquel caos ardiente Francisco pensó que aquello era un verdadero infierno, y por un momento creyó que era así. ¿Y si lo habían matado los tipos aquellos...? Pero si aquel era el infierno, ¿por qué él estaba ahí, si toda su vida fue un hombre bueno? Después consideró que ese pensamiento era fruto de su desesperación y trató de no pensar mas en eso. Ahora lo importante era salir del incendio, una mala decisión y sería su fin. Sabía que dentro del aparente desorden del fuego este es solo un elemento, y tampoco es un enemigo que te persigue. Mientras tanto, las llamas seguían saltando de árbol en árbol y desplazándose por el suelo como un líquido que se derrama. El crujido de las llamas multiplicado miles de veces resultaba aterrador. Atrás empezaron a retumbar unos golpes que parecían pasos de gigantes; eran árboles que caían. Un humo espeso se expandía por todos lados. Las cosas humeaban y enseguida se encendían. Francisco apenas podía ver por dónde iba. Cuando creía que estaba por escapar del incendio, surgía un resplandor mas adelante y repentinamente lo seguían otros, como si las llamas quisieran emboscarlo.

Avanzaba agazapado intentando no respirar tanto humo. Cuando empezó a toser supo que ya no le quedaba mucho. El incendio avanzaba a una velocidad increíble. El infierno que se desataba atrás absorbía grandes cantidades de oxígeno creando un viento que iba hacia las llamas que se retorcían en espiral allá arriba. Apenas podía soportar el calor. Sentía que un tornado de fuego lo estaba persiguiendo. Ser abrasado por el fuego es una de las formas mas horribles de morir, sino la mas. Hubiera sido mejor si los tipos le hubieran dado un tiro. Pero mientras tuviera vida iba a luchar.
Cuando el cauce seco por donde huía se ensanchó, supuso que aún tenía chances. Estas casi se desvanecieron cuando un árbol enorme encendido como una antorcha cayó atravesado sobre el cauce. 

¿Hacia qué lado desviarse? Eligió la izquierda. Iba a volver al cauce cuando otro árbol incendiado sucumbió en él con estruendo. Francisco tuvo que seguir por ese costado, esquivando llamas y saltando por encima de ellas. Así llegó a una zona donde solo había humo, después este se hizo menos intenso, hasta que finalmente el el rugir y el resplandor de las llamas quedaron rezagados. Aún no estaba fuera de peligro, pues el incendio avanzaba muy rápido. Ese alivio también duró poco. La carrera y el humo que respiró lo hicieron vomitar, y al enderezarse lo invadió un fuerte mareo que lo puso de rodillas, después lo atacó de nuevo la tos, y esta trajo un nuevo vómito. Se sentía terriblemente mal, respiraba con dificultad, le zumbaba la cabeza y por momentos le parecía que las cosas daban vueltas. La proximidad del incendio lo impulsó a seguir.

 Desviándose un poco hacia la derecha, encontró de nuevo el cauce seco. La promesa de claridad de la aurora le renovaron la esperanza. Avanzaba ahora hacia la claridad porque estaba por salir del bosque. Dos líneas de arbustos, una a cada lado del canal seco, siguieron a este cuando se adentró en una pradera. Francisco se sentó a descansar en una barranca. La luz del amanecer le enseñó un paisaje nuevo, el mas prometedor que había visto hasta el momento, pues era una pradera con algo de verde. El bosque y su infierno quedaron atrás.

En su huida había sudado demasiado, y al vomitar perdió mucho líquido. La deshidratación volvía a ser un problema, y ahora se le sumaba la intoxicación con humo y la exposición a un calor muy elevado.

Se levantó sintiendo mareos. Continuó su lastimosa caminata. Cada tanto lo atacaba la tos y tenía que parar. Cada metro avanzado implicaba un gran esfuerzo de su voluntad. Tenía que encontrar agua pronto. La temperatura en el ambiente se elevaba con rapidez. Su gran enemigo en ese viaje, el sol, lo observaba por entre la línea de arbustos, como ansioso por estar sobre su cabeza. El calor se hizo sentir. Se quitó el abrigo y quedó solo con la camiseta.

El cauce sin agua siguió serpenteando por la pradera. Las últimas copas del bosque de fuego desapareció finalmente de su vista. En aquel surco que se extendía entre dos delgadas líneas de árboles no había ni rastro de humedad, sin embargo Francisco seguía, pues estaba seguro que si no desembocaba en un arroyo con agua por lo menos lo haría en uno con humedad bajo la tierra, en un lugar donde cavar un pozo.

En un tramo el cauce se angostó y profundizó abruptamente, y los arbustos de las orillas alcanzaban a juntarse allí formando un túnel de ramas por donde solo podría pasar andando sobre sus rodillas y codos, a no ser que atravesara la enramada erguido y se expusiera a los latigazos y pinchazos de estas. Francisco iba a rodear el lugar cuando sintió un olor bien conocido; allí adelante había un arroyo, ¡agua! Apartó algunas ramas y miró por entre ellas. ¡Agua! No pudo esperar un momento mas. No rodeó la enramada, dejó el abrigo en el suelo y la atropelló cubriéndose el rostro con los antebrazos. Sintió varios pinchazos y arañazos, ¡pero que importaba, allí estaba el agua! Al atravesar aquella barrera natural quedó frente a un arroyo de corriente ágil y transparente.

Se acostó boca abajo en la orilla y pegó sus labios contra el vital elemento. Permaneció así hasta que sintió que su estómago no daba mas. Al mirar en derredor descubrió una buena sombra a pocos pasos. Se sentó contra un tronco y suspiró. Otra vez tenía chances de sobrevivir. Cuando la necesidad de agua dejó de acaparar toda su atención, se dio cuenta que tenía un gran arañazo sobre su mano izquierda, y empezó a dolerle el hombro derecho. “Hubiera rodeado esos arbustos”, pensó. Al mirarse el hombro, se le apareció una imagen, una que le resultó por demás desagradable. “No puede ser, no, debe ser algo mas”. En su hombro resaltaban dos puntos rodeados por círculos descoloridos que, a medida que se ensanchaban iban tomando un tono entre colorado y violeta. Francisco se echó a reír.

 —¡Me mordió una víbora!, ¡me mordió una p... víbora!  —dedujo que el reptil estaría enroscado en uno de los arbustos cuando él pasó. 

Pensó que al final la naturaleza había tenido la última palabra: él no iba a sobrevivir. Pronto sintió que el veneno le iba quemando todo el cuerpo. Rápidamente su hombro había cambiado a una hinchazón morada, y unos dolores punzantes que lo hacían temblar empezaron a acosarlo. “Hasta aquí llegué”. Indagó en sus sentimientos. No se sentía avergonzado. Había sobrevivido al sol y su calor, a unos dingos hambrientos, a una casa embrujada, a un incendio, estaba seguro de haber liquidado a dos de sus asaltantes al comenzar aquel infierno... Sí, él había hecho todo lo posible por sobrevivir; el lugar no le había dado tregua. Ante la realidad amarga y dura de la muerte reaccionó por un momento y buscó en su mente una solución. No la halló. Tal vez si no hubiera pasado por el incendio tendría alguna chance, pero en el estado en que se encontraba...

Sintió mucha pena al pensar en su familia. Desaparecer así, en un país lejano. Se imaginó la incertidumbre, la desesperación de los suyos al no saber qué le pasó. Después se le ocurrió que tras un tiempo todos iban a aceptar que murió en la naturaleza. ¿Qué otro fin podría tener un tipo como él? Sí, su gente iba a comprender. Pensó que dirían “Pudo ser peor, pudo enfermar de algo que lo postrara, y para un hombre como él eso sería peor. Se fue haciendo lo que le gustaba”. Al considerar eso no le pareció tan mala la situación. Estaba en un lugar increíble. Siempre había odiado los cementerios. Sin dudas el lugar donde se hallaba era mucho mejor. Estaba muy lejos de su hogar pero aquella parte se parecía bastante a sus montes. Miró en derredor. Del otro lado del arroyo crecía una fronda esplendorosa. Cantaban algunos pájaros. Estaba en un buen lugar. Con sus manos tanteaba un pasto tierno que estaba muy verde. No podía estar en un lugar mejor para terminar su aventura, la de su vida. Empezó a sentir un entumecimiento en el cuerpo, ahora ya no era dolor.

Otros pájaros se sumaron a los que ya cantaban. Le recordaron a los que siempre andan en el monte. De pronto estaba en un monte bien conocido, sentado bajo un sauce, frente al río. ¿Cuántas veces había estado allí solo o con sus amigos? Muchas. Era una tarde hermosa pero sintió ganas de regresar a su hogar. Atravesó la picada (sendero entre los árboles) y llegó al campo. Había hecho aquel camino tantas veces. El camino y la ruta se le hicieron muy cortos. Ya estaba en el barrio. Vio su casa. Atravesó el portón. Todos sus familiares estaban en el patio, incluso los que ya habían muerto.

Al caer el líder del grupo que asaltó a Francisco, los que quedaron pronto perdieron el control de la situación. Una vez que abandonaron a Francisco en el desierto, la ambición los hizo dividirse. Ninguno confiaba en sus camaradas de robo, y la tenencia del boleto los hizo discutir. Después de algunas peleas y amenazas donde llegaron a apuntarse a la cabeza, el mas decidido de ellos se quedó con el boleto prometiendo repartir la ganancia cuando fuera mas conveniente.
Uno de los que quedó desconforme relató todo durante una borrachera a la noche siguiente. Le creyeron porque en el pueblo ya habían notado la ausencia de los dos que cayeron en el asalto. Apenas el caso llegó a oídos de la policía todo se le desbarató a los rufianes, y se acusaron unos a otros. Entonces comenzó la búsqueda de Francisco, aunque la mayoría no esperaba encontrarlo con vida. La búsqueda en el desierto no obtuvo resultados. Lo encontraron en el lugar menos esperado, el hospital de un pueblo. Poco rato después de que Francisco perdió el conocimiento, un grupo de cazadores pasó por allí. Para su suerte, los cazadores tenían suero antiofídico. Gracias a eso y a que lo llevaron rápido a un hospital pudieron salvarle la vida. Como era un hombre fuerte se recuperó rápidamente y sin ninguna secuela. Al final la suerte le sonrió a lo último, y regresó a su país con una gran aventura para contar, y con una cuenta bancaria bien gorda. Fin.

24 comentarios:

  1. compa gran historia tienes mucha imaginacion sigue asi.
    saludos desde colombia

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    1. Pues muchas gracias por leerme y comentar. No te alejes mucho del blog que mañana o pasado publico otra, la continuación de "Juego De Payasos". Hasta pronto.

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    2. Hola!!Jorge apenas regresé de un viaje y donde estaba no había ni siquiera señal, emocionante.me gustó muchísimo.seguiré leyendo lo que publiques

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    3. Hola Maria. Muchas gracias. Hoy publiqué la continuación de un cuento bastante largo. Si no lo has leído te lo recomiendo. ¡Saludos!

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  2. Jorgeee! Jaja que historiaza amigo mio! Mas que feliz el final..yo pense que era el fin de nuestro amigo aunque me decia a mi mismo que no puede ser jeje lo volviste hacer maestro, te felicito amigo no te dire que es tu mejor historia porque se que haras muchas mas y esta estara entre las mejores..mas que genial,me gusto mucho..Willy

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    1. Apuesto que hasta lloraste ¡Jaja! Yo lo hice, un poco en el final, no me averguenzo al decirlo, pero creo que fue mas por el trabajo que me dió ¡Jaja! Muchas gracias. Saludos!!

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  3. Espectacular el relato, me mantuvo a la expectativa de cada uno de las partes, muchas gracias por compartir este intenso cuento

    saludos
    Cesar de León

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    1. Gracias a ti, Cesar. A mí me gustó haberlo compartido aquí. Es uno de mis hijos favoritos entre los favoritos ¡Jaja! Te espero en la próxima, que voy a publicar mañana o el miércoles. Saludos!!

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  4. Impresionante ke final ke intriga ke final más guapo como reflexionaba estoy eufórico jajajjajaja de verdad ke tienes un buen cerebro en una palabra impresionante ke historia vendrá aora jajaja soy Juan de españa se me olvidaba jajajaj

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    1. ¡Gracias Juan! Ahora sigue la continuación de "Juego De Payasos". ¡Te mando un saludo!

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  5. Excelente final master. Por un momento, un instante, creí que el gran Francisco había llegado a la parte final de su vida. Rayos, me asustaste y entristeciste, pero sobrevivió. Es admirable que haya aceptado su inminente muerte de tan buena gana. Es irónico, que haya comido serpientes y estuviera a punto de perder la vida por una. Excelente historia; felicitaciones amigo. Espero la próxima historia, que me imagino, será tan buena como esta. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. ¡Jajaja! Menos mal que no lo maté, era lo que tenía pensado cuando armé el final en mi cabeza, después decidí darle otra vuelta. Ahora tengo ganas de hacer otra con este personaje. ¿Que te parece si lo hago vivir una aventura junto a Guillermo, el cazafantasmas? Pero por ahora la próxima va a ser la continuación de "Juego De Payasos". Probablemente el miércoles, aunque puede ser mañana si me da el tiempo. Muchas gracias y saludos.

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  6. Una gran obra! Hasta hoy pude leerla entera y me pareció mucho más que genial. pensé que después de haber soportado un infierno al final moría.
    Eres un maestro compa y de eso no hay duda.
    Saludos desde Sinaloa

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    1. Te agradezco el comentario, Osiel. Como le decía a otro lector, no lo maté pero por poco. Al final parece que tomé una buena decisión. Por tu zona hay varios que me leen, podrían hacer un club ¡Jaja! ¡Saludos!

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  7. Por un momento pensé que realmente estaba en el infierno....literal... Pero me hubiese encantado que cabeza de cerdo se encontrará con esos rufianes y les diese lo suyo 👌🏻

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    1. ¡Jaja! Por eso la historia comienza con una escena del final donde el personaje se pregunta si no estará en el infierno, era para que sospecharan eso, pero después pensarían que solo fue una impresión errónea que tuvieron ¡Jaja! Que me alegra que haya funcionado. Eres la lectora ideal, Belén. Gracias. ¡Saludos!

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  8. Excelente historia y excelente el final Jorge!!!

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    1. Gracias, Raúl. Como le comentaba a otros, por suerte no lo maté a lo último ¡Jaja! Te espero en la próxima. ¡Saludos!

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  9. Esperé hasta el final para comentar: Estuvo excelente y sí tiene terror, de hecho uno mayor (ese que es real) el lapso paranormal me causó escalofríos... simplemente genial. Apoyo tu decisión de juntar a Francisco y Guillermo (junto con el fantasma Esteban claro...) en una súper historia de cazafantasmas. Gracias por escribir.

    Saludos

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    1. Muchas gracias, Karina. La historia que estoy haciendo se me ha complicado bastante, y en estos días he alimentado a otros blogs, pero ya casi está la primer parte. La cuento va a ser mas bien de Santiago, el personaje de "Juego De Payasos" (si no la leiste te la recomiendo), y en él voy a incluir a Francisco y Guillermo, y algún pequeño aporte del fantasma Esteban, solo porque lo pediste ¡Jaja! Saludos!!

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    2. Ya me leí toooooda a historia de Juego de payasos y casi muero de nervios, Santiago es casi un bebé! genial la verdad, espero con ansia leer esa gran obra maestra

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    3. ¿Leiste también "Santiago Y La Casa embrujada"? Es la primer parte de la historia donde junto a varios personajes. Gracias. ¡Saludos!

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  10. Hola Jorge a pesar que es del año pasado el cuento que ahora recién tube la oportunidad de leerla, estubo espetacular felicitaciones cada detalle con mucho suspenso te aplaudo de pie Maestro. Dario

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    1. Hola. Muchas gracias por tan generoso comentario, Darío. Este es uno de mis "bebés" preferidos, y bastante trabajo que me dio pero me ayudó a mejorar. ¡Saludos!

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