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jueves, 29 de octubre de 2015

El Diablo Anda Suelto

Los lejanos campos incendiados aportaban algo de gris a un cielo sin nubes. El sol recalentaba todo con su luz y hasta las sombras eran tenues y amarillentas. Pero el que más sequedad aportaba al día era un viento cálido y sin rastros de humedad que cruzaba silbando sobre las líneas de monte que se intercalaban entre campos amarillentos.

Ese fin de semana me encontraba en la casa de mis abuelos, que estaba ubicada en ese paisaje agreste . El día se había presentado caluroso por demás y con mucho viento desde el amanecer, por lo que mi abuela me había prohibido alejarme del terreno, porque según ella, los días así el Diablo andaba suelto, además tanto calor era peligroso. Como era un chico un poco travieso en esa época no pensaba obedecerla. Adoro pescar, y muy cerca de la casa había una laguna, cómo resistirse a eso…

Cuando llegó la hora de la siesta y mis abuelos se acostaron, busqué lombrices (algo que fue bastante difícil debido a la tierra reseca), después bajé por el sendero con la caña de pescar al hombro. Aquel viento era asfixiante pues traía algo de polvo y humo; a lo lejos seguía ardiendo un campo. Apenas salí al sol me ardió la piel, y un poco extrañado miré mis brazos enrojecidos. “¡Que maldito calor!”, pensé.
Cuando alcancé la orilla de la laguna vi con lástima que estaba muy baja. En el agua parecía no haber vida. Estuve buscando con la vista pero no divisé ni un pececillo. Era raro. Como igual ya estaba allí, me senté a la sombra de un árbol después de arrojar el anzuelo y la bolla al agua, y paciente esperé un pique. Desde donde estaba veía la casa de mis abuelos, y no la descuidaba mucho rato por si los veía buscándome. 

El viento no paraba de arremeter contra el paisaje calcinado, y cada vez silbaba más, y por momentos me parecía que las variaciones del silbido decían algo, y buscaba no sé qué girando la cabeza. Empecé a sentirme sofocado, tenía que humedecerme la boca constantemente y sentía las narices resecas. ¡Que calor endemoniado! Al mirar una vez más hacia la casa, mis abuelos estaban afuera, vueltos hacia donde yo me encontraba. Se había terminado mi intento de pesca. No me importó mucho porque ni habían tocado la carnada y ya no aguantaba el calor.  Cuando iba subiendo por el sendero y había andado la mitad del camino, escuché que cuchicheaban detrás de mí, lo que inmediatamente me asustó, pues sabía que no podía haber nadie detrás de mí, porque me encontraba en un lugar abierto y recién había volteado hacia la laguna. Con la atención aumentada de repente por el susto, al escuchar mejor me di cuenta que no era el cuchicheo de una persona, eran los lamentos apagados de miles, tal vez millones de voces.

 Cuando volteé, lo vi. Su ropa estaba toda deshilachada y hecha jirones, y bajo esta asomaba en varias partes un cuerpo esquelético, demasiado flaco para estar vivo. Tenía puesto un sombrero negro todo abollado. En la cara escurrida le resaltaba una enorme nariz aguileña y tenía los ojos pequeños y se parecían a los de un gato. Creo que grité cuando me sonrió. Lo vi muy fugazmente. En ese momento me invadió un calor abrumador. De un momento a otro estaba mirando el cielo, había caído hacia atrás. Después, en ese cielo que se estaba velando por el humo aparecieron los rostros de mis abuelos al inclinarse sobre mí. Tengo un recuerdo vago de cuando me llevaron a la casa. Ya en la cama y con ellos a mi lado, vi que mi abuelo volteó de pronto hacia la puerta, y después giró hacia mi abuela:

—Esos fueron tiros —le dijo— . Y vinieron de la casa de los vecinos (esta se encontraba como a ciento cincuenta metros de la nuestra). Voy a ver.
—Fueron tiros sí —reconoció asustada mi abuela— . En una tarde como esta no me extraña que pasen desgracias. Mira al pobrecito, tiene el cuerpo caliente por el sol. ¿Será que hay que llevarlo al doctor, o le avisamos a Claudia (mi madre) y a Franco primero? —dudó preocupada, y puso su mano en mi frente.
—Es un golpe de calor nomás. Ponle paños de agua fría en la frente y se le va. Voy a ver qué pasó. Esa fue la escopeta de Romero. Que raro que la dispare aquí...

Y mi abuelo salió del cuarto. Yo no había escuchado los disparos porque tenía un zumbido en la cabeza y apenas los entendía a ellos. Un rato después volvió al cuarto con la cara descompuesta por el terror.

—¿Qué había pasado? —lo interrogó mi abuela, y se santiguó, seguramente previendo una respuesta que la iba a aterrorizar. Por la cara de mi abuelo era obvio que era algo muy malo.
—¡Una desgracia, una desgracia! ¡El hombre debe haberse vuelto loco! ¡Pero cómo va a hacer eso...!
—¿Hacer lo qué? —preguntó mas que alarmada mi abuela.
—Te lo digo afuera. Hay que llamar a alguien... a la Policía. —comentó mi abuelo con la voz temblorosa. Los dos salieron del cuarto.

Me sentía muy mal pero igual me levanté. Experimentaba algo similar a cuando se tiene fiebre pero mucho mas intenso. Mis abuelos ni me notaron cuando salí al pasillo donde ellos hablaban. Escuché como el le narraba que el vecino había matado a toda su familia y se había matado también. Cuando les hablé voltearon sorprendidos hacia mí:

—Fue el Diablo —aseguré. Mi abuela se volvió a santiguarse al escuchar aquel nombre—  Cuando pasó a mi lado iba rumbo a la casa de los vecinos –dije eso como si fuera algo muy natural, no sé por qué— . ¿No lo vieron?

Se quedaron mudos por un rato. Después dijeron que estaba desvariando por el golpe de calor y me hicieron volver al cuarto.
Nunca olvidaré ese día aterrador y trágico. Por un buen tiempo no quise ni hablar de lo que ocurrió. Cuando lo hice enseguida se apresuraron en decirme que lo del Diablo solo fue cosa de mi mente recalentada por el calor de la tarde. Me aseguraron tantas veces eso que llegué a aceptarlo; pero al recordar la cara de aquella cosa y su sonrisa me costaba creer que solo fuera mi imaginación, porque de ser así tendría que ser un recuerdo por lo menos borroso, o no recordar. Ahora estoy seguro que realmente vi al Diablo, o a un demonio. Comprendí que hasta él necesita voceros. Aunque mi abuela siempre me aseguraba que no vi nada, sé que en esa época le dijo a cuanto conocido encontró que aquella tragedia fue obra del Diablo.

12 comentarios:

  1. Muy buena tu historia como todas las demás, gracias. Atentamente Stephanie de Puerto Rico intente comentar antes pero me falló el internet justo en el momento que le di publicar estoy intentando estar mas activa en los comentarios para no ser una lectora fantasma. :)

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    1. Muy bien, Stephanie. No quiero que me lean los fantasmas por si después se les da por visitarme ¡Jaja! Muchas gracias. Besos.

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  2. ah y otra cosa maestro para mas adelante, tal vez el otro año,darle continuacion al cuento La manada..no hay apuro amigo se que tienes mucho trabajo ademas esta mi pedido tambien jeje..saludos..Willy

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    1. Wily, no levantes la perdiz, que ya se habían olvidado de ese cuento ¡Jajaja! No sé, puede ser. Gracias. Salu2!!

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  3. Excelente leyenda, como todos los que compartes amigo, esperando la historia en donde juntas a los dos principales actores de los cuentos que compartistes anteriormente

    Saludos
    Cesar de Leon

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    1. Te agradezco, Cesar. Ya somos unos cuantos entonces. Saludos!!

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  4. Maravillosa historia.... creo k ya no repelare vivir en un lugar calido_ humedo ....

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    1. No importa el lugar, el diablo está en todos lados ¡Jaja! Gracias Belén. Un abrazo.

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  5. Buenísimo Jorge, me imagine todo el paisaje que miedo jajajaja saludos desde México

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    1. Gracias Raúl. Que la pases bien hoy. ¡Saludos!

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  6. Bueno.muy bueno Jorge;pero la verdad,me dio un poco de miedo y se que no voy a poder dormir.al recordar la mirada que describe el niño (gracias)estoy siento irónica

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    1. De nada, Maria ¡Jaja! Gracias a ti por comentar. Te cuento una cosa; el paisaje que describo, la laguna (un tajamar mas precisamente) y la casa cercana no es algo que inventé, era la casa de mis abuelos, aunque claro, nunca vi al diablo por ahí ¡Jaja! ¡Saludos!

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