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domingo, 11 de octubre de 2015

Historias De Extraterrestres

                                        Uroc El Extraterrestre
Uroc, sumergido hasta la cintura en un estanque, esperaba que su presa emergiera. Pertenecía a una especie extraterrestre de apariencia simiesca, de cuerpo humanoide cubierto por un espeso pelaje oscuro. Su especie, los “Urics”, aunque primitiva, era la más inteligente de su planeta.

La superficie del estanque estaba quieta. Los reflejos de las tres lunas que coronaban aquel cielo grotesco apenas se mecían sobre las aguas oscuras. Uroc estaba inmóvil, con el brazo que sostenía una lanza en alto, la mirada fija en la superficie. Alrededor del estanque se alzaba hacia todos lados una especie de matorral de plantas de follaje gris que las lunas plateaban con su luz...



Uroc aguzó la vista; algo perturbaba el agua, aunque muy levemente. Levantó un poco más la lanza y, con un rápido movimiento descendente hundió la lanza en el agua, y al levantarla estaba clavado en ella un “fat”, un animal acuático similar a un pez pero sin aletas. Con su presa bien fijada, Uroc apoyó su lanza en el hombro y salió del estanque. Buscó el sendero que iba hasta su hogar, que era un refugio construido con ramas entrecruzas.
  
Ya veía la colina donde se encontraba su refugio, cuando de pronto escuchó un ruido que provenía del cielo, un ruido temido por él y por todos los “Urics”. Enseguida se agachó y se ocultó entre el matorral gris. Cubierto por las plantas escudriño hacia arriba, olfateando el aire. Una nave espacial con una extraña forma de cabeza de animal cruzaba lentamente por una porción de cielo que alcanzaba a ver entre las plantas.  Desde la nave lo veían perfectamente, pues rastreaban su calor.  Cuando la nave se detuvo en el aire, Uroc comprendió que lo habían descubierto, entonces se lanzó a correr arrasando con las plantas que se interponían en su huída.  La nave comenzó a seguirlo, se situó sobre él y descendió para luego dispararle un rayo paralizante.

Cuando Uroc despertó estaba en una jaula. Alrededor de él había otras jaulas, y en ellas otras especies de extraterrestres provenientes de otros planetas. Uroc, asustado, se acoquinó en un rincón. De las jaulas vecinas brotaban todo tipo de gritos y gruñidos. Algunas especies de las que allí estaban eran monstruosas y rugían por su liberación. De pronto Uroc se puso de pié. No sabía que le iba a pasar; lo único que su especie sabía era que a los que capturaba aquella nave aterradora nunca más se los veía; pero Uroc, mostrando sus dientes, se juró a si mismo que iba a hacer todo lo posible por regresar, y gruño de rabia, y algunos extraterrestres callaron al oírlo, intimidados por su furia. 

La colosal nave en que era transportado aceleró rumbo al terrible planeta “Polac”, donde se organizaban las sangrientas peleas de extraterrestres esclavizados. 

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                                      Bajo Las Aguas De Acuario
  Los censores indicaban que en aquel planeta había mucha vida y que se encontraba bajo el agua. La mayor parte del planeta, (que los humanos exploradores habían bautizado con el nombre de Acuario), estaba sumergido bajo vastos océanos grises. Las pocas islas que emergían del agua no eran más que rocas estériles sin signos de vida. El capitán Norton estaba al mando de la nave que se iba a sumergir en aquellos océanos. No sabían qué tipo de vida encontrarían, y eso era emocionante, aunque también sintieran algo de temor.

La inmensa nave sobrevoló la vastedad del agua, se detuvo en el aire y comenzó a bajar. La nave tanto podía volar por el espacio como sumergirse. Una serie de cámaras filmaban hacia todos lados, los tripulantes veían las imágenes en una gran pantalla que estaba en la cabina de mando. Enseguida cruzó frente a una cámara un cardumen de seres aplanados que se desplazaban ondulando el cuerpo, como se mueven algunos gusanos. Todos los presentes se emocionaron al verlos.

—¡Se los dije! —exclamó un científico que observaba la pantalla sentado cerca del capitán Norton—. La vida aquí no es sólo microscópica, hay seres grandes.
—Es cierto —afirmó Norton, mirando al científico —, pero nadie estaba seguro, ni usted, supongo. Esta expedición es justamente para eso, para saber más sobre la vida de este planeta. 
—Y para ver si tiene algo valioso —dijo de pronto el representante de la empresa dueña de la nave. 

Siguieron descendiendo. Una operadora que estaba sentada frente a una consola, giró hacia el capitán y, algo alarmada dijo:

—¡Se nos está acercando algo grande! 
—¿Grande? ¿De qué tamaño? —preguntó Norton. La mujer volvió a consultar la consola.
—Como de treinta metros —le respondió.

Llenos de expectativa, todos miraron hacia la pantalla. El animal cruzó nadando lentamente; se parecía a una ballena pero sus aletas eran enormes, como si tuviera alas. Pronto el gigante se perdió en la oscuridad del agua.  En la cabina sonaron algunos aplausos y risas causados por la emoción de ver aquel ser fantástico, de ser los primeros humanos en verlo. Siguieron bajando más. En esas profundidades oscuras, gracias a los potentes reflectores de la nave vieron grupos de seres alargados que nadaban serpenteando como víboras. También vieron animales de cuerpo acorazado y redondos como un balón.

De pronto, algo que no esperaban. Divisaron en el fondo, lo que parecía ser las ruinas de una ciudad, y al acercarse lo confirmaron.  Era obvio que eran estructuras hechas por seres inteligentes; eran las ruinas de una ciudad extraterrestre. Por alguna razón había quedado sumergida en la profundidad del océano. Al seguir explorando descubrieron unos muros gigantescos que estaban rotos en varias partes.

—Esos muros debían ser barreras para que el océano no avanzara —comentó el científico tomándose la barbilla, pensativo.
—Pero qué los rompió, parece que fueron derribados —observó Norton. 

Mientras ellos observaban las ruinas, unos seres los observaban a ellos desde la oscuridad, y esos seres eran los que habían acabado con aquella civilización extraterrestre.
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                                 Guerra De Extraterrestres
   El viento cruzaba aullando horriblemente por aquel bosque extraño. En el planeta “Gualaj” se desataba una horrible guerra entre sus habitantes, los “Gualajs-vir”, una especie humanoide, y un ejército invasor compuesto por diferentes especies de extraterrestres. La vegetación de aquel planeta no tenía hojas, sólo ramas desnudas que se agitaban constantemente al ser azotadas por un viento que nunca cesaba.  Una bruma espesa iba y venía por aquellos bosques aterradores. El terreno era ondulado. Enormes precipicios caían verticalmente hacia grietas brumosas. Las piedras oscuras que sobresalían del suelo, les servían a los “Gualajs-vir” para ocultarse y asechar a sus enemigos. 

Guator, un guerrero que defendía su planeta, oculto tras una roca, divisó a un invasor. Le apuntó y disparó. Un rayo azul cortó el aire y atravesó al enemigo. Después de esa acción se escuchó el retumbar de pasos gigantescos, y un enorme “Boloc”, un ser de diez metros de alto, comenzó a asomar desde una loma. El Boloc, de apariencia aterradora, tenía hocico largo y muchos dientes en él. Esa especie se desplaza sobre dos patas colosales, tienen una larga cola y púas óseas sobre el lomo. No son muy inteligentes pero tienen buen olfato.

El Boloc se detuvo y olfateó el aire moviendo su gigantesca cabeza hacia todos lados. Guator se escabulló entre las rocas, se arrastró por el suelo y, oculto tras un tronco, usó su intercomunicador para pedir ayuda.

—Tengo a un Boloc detrás de mí, me está buscando —dijo Guator en su lengua—. Rastreen mi posición y mándenme ayuda, pronto. 

El descomunal invasor comenzó a andar mirando hacia abajo. Cada paso hacía temblar el suelo y retumbaba sobre el horrible y constante aullido del viento, y Guator seguía oculto; pero no iba a poder hacerlo por mucho más. Repentinamente la bruma invadió el lugar, pero tan rápido como vino se alejó con el viento. El Boloc se inclinó hasta el suelo y olfateó las rocas: había encontrado su rastro. Guator se arrastró nuevamente; su perseguidor lo escuchó y lanzó un ensordecedor rugido, mas antes de que saltara hacia el lugar donde estaba Guator, una multitud de rayos azules surcaron velozmente el aire e impactaron contra el duro cuerpo del Boloc; había llegado la ayuda.

Guator también comenzó a dispararle. El gigante invasor rugió furiosamente, dio unos pasos, giró sobre si mismo y cayó estruendosamente, muerto ya. Los Gualajs-vir salieron de todos lados y gritaron festejando la muerte del gigante, Guator se les unió. Era una pequeña victoria en una larga guerra.
                              
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                                 El Planeta De Los Vientos
  El planeta “Gubac” era moldeado por el viento. Las formaciones rocosas exhibían extrañas formas: algunas tenían grandes huecos por donde cruzaba silbando el viento, otras estaban desgastadas en su bases y una zona delgada soportaba a una más ancha que parecía venirse abajo en cualquier momento. Las plantas se extendían por el suelo sin despegarse mucho de él debido al fuerte viento que reinaba en aquel planeta.

La mayoría de los seres que vivían allí eran voladores y surcaban con sus alas el cielo rojizo de “Gubac” mirando hacia abajo, donde se encontraban sus presas. Los más grandes y terribles de esos seres voladores eran los “Gutar-bac”, unos seres de grandes garras y pico dentado que con sus grandes alas dominaban los cielos de aquel planeta. La especie más inteligente eran los “Guvar-bac”, que tenían cuerpo humanoide, mas su piel era similar a la de un reptil. Los “guvar-bac” vivían bajo tierra, donde era seguro, y sólo salían a la superficie para recolectar alimentos. 

Un “guvar-bac” salió de su cueva y vigiló el cielo, que como siempre estaba surcado por seres voladores. Al no divisar ningún “Gutar-bac” comenzó a recoger plantas que fue guardando en un cesto que cargaba en su espalda. Recogía algunas plantas y vigilaba el cielo; pero a pesar de su precaución una sombra descendió desde las alturas y cuando se dio cuenta ya era tarde; un “Gutar-bac” lo apresó con sus garras y lo elevó hacia el cielo. Pero al tomarlo lo hizo de la cesta que el “Guvar-bac” tenía en la espalda, por lo que no consiguió herirlo. Apenas sintió que lo apresaron sacó su cuchillo de piedra y, cortando las tiras de la cesta consiguió escapar. Cayó desde una altura considerable mas tuvo la suerte de hacerlo sobre unas plantas que amortiguaron la caída. 

El depredador descendió nuevamente para recuperar a su presa pero ésta se escabulló hacia una cueva y se salvó. Así era la vida en aquel planeta extraterrestre, pero pronto iba a cambiar, pues los “guvar-bac” estaban desarrollando armas que eran similares a una catapulta, y pronto comenzaría la guerra en el planeta “Gubac”.
                                              
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                                  Diamantes y Rocas 
  En el planeta Crisol las colonias humanas extraían enormes cantidades de diamantes. Naves con sus bodegas repletas de diamantes, partían continuamente desde el planeta. Pero tanta explotación hizo que las vetas más accesibles se agotaran, y buscando nuevos lugares los colonos se aventuraron hasta los volcanes del planeta. Un grupo de tres mineros: Taylor, Víctor, y Joshua, viajaron por tierra hasta la falda de un volcán. 

—Seguro que en este hay diamantes —dijo Joshua, mirando hacia la cima.  
—Eso espero amigo —comentó Víctor, echando una mirada al paisaje inerte que habían dejado atrás.

Estaba preocupado pues alguien podía haberlos seguido, y con la escasez no era raro que los mineros se robaran los lugares entre si. Taylor estaba concentrado sacando los equipos del vehículo. Debían realizar el ascenso a pie. Tenían que llevar todo lo necesario para sobrevivir porque en el planeta no había recursos, era un planeta sin vida; eso creían ellos. 

Vestidos con trajes especiales que soportaban el calor, y con pesadas mochilas en sus espaldas comenzaron el largo ascenso.  Cada tanto hacían una pausa, y al mirar hacia abajo, el paisaje se iba ensanchando a medida que dominaban una vista mayor. Finalmente llegaron a la cima. La circunferencia del cráter caía casi vertical hasta el fondo del volcán, donde retorcidas columnas de humo brotaban desde unos huecos, y entre éstos corrían rojizos arroyuelos de lava.  En la base de la pared del cráter divisaron lo que parecían ser cavernas.

—¡Ven allá, en esas cavernas deben estar los diamantes! —dijo Víctor señalando con el brazo. 
—Hmm…sí, son cavernas —afirmó Taylor, ajustando lo visión de su casco.
—Bien, anclamos unas cuerdas y bajamos —planeó Víctor. 

Valiéndose de unos arneses equipados con pequeños pero poderosos motores, descendieron por la pared del cráter hasta llegar al fondo. Los arroyos de lava corrían lentos y en su roja corriente se formaban algunas burbujas que se iban inflando lentamente hasta que se rompían expulsando material candente hacia los lados. Los mineros se desplazaron contra la pared del cráter hasta alcanzar la entrada de una de las cuevas.

Encendieron las luces de sus cascos y avanzaron.  En el final de una curva las paredes del túnel se llenaron de destellos; estaban cubiertas de diamantes. Inmensos algunos, otros pequeños, los diamantes reflejaban y dividían la luz en miles de destellos. Los mineros festejaron a los gritos. En medio de la espontánea celebración Víctor los hizo callar; había escuchado algo.

—¿Qué sucede? —preguntó Taylor.
—Escuché algo. Parecía venir de las entrañas de la caverna. 
—¿Pero qué era? —preguntó a su vez Joshua.
—No sé. Escuchen. 

Ahora los otros también lo escucharon. Un ruido creciente avanzaba por la oscuridad de la caverna. Se escuchaban pasos, voces extrañas y un sonido que parecía el resultado de frotar y chocar rocas entre si. Los tres comenzaron a correr. No pensaban quedarse a averiguar qué tipo de seres habitaban allí. Obviamente los científicos se habían equivocado, aún había vida en aquel planeta, pero, ¿Qué tipo de vida era?

Al salir de la cueva siguieron corriendo hacia las cuerdas. Desesperados, se engancharon las cuerdas lo más rápido que pudieron y accionando los motores comenzaron a subir. De la boca de la cueva empezaron a salir unos seres bípedos que parecían ser de roca. Todo su cuerpo estaba cubierto por una especie de piel endurecida resquebrajada en las articulaciones, por lo que podían moverse con bastante soltura. Ya en el borde del cráter vieron que abajo estaba lleno de aquellos seres acorazados, pues habían salido desde otras cavernas también.

Ahora sabían en dónde había diamantes, pero antes de sacarlos debían librarse de aquellos seres de roca. 

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