¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

sábado, 31 de octubre de 2015

Juego De Payasos (quinta parte)

¡Hola! ¡Feliz halloween! Que se diviertan mucho. Francamente, yo le voy al carnaval y no a esta celebración ¡Jaja! Pero bastante que me ha servido.
Y aquí hago mi pequeño aporte: la quinta parte de "Juego De Payasos". Hay otra mas y puede que no sea la única. Para los que no leyeron el principio entren aquí: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2015/09/juego-de-payasos.html 



                                        El Exorcista 
Santiago se había salvado del payaso y había quemado a la bruja. Llegó bastante tarde a su casa y no pudo dormir en toda la noche. Le parecía extraño que no sintiera casi nada. Había quemado a una persona, a una malvada y bruja pero persona al fin, y no se sentía mal. Tenía una impresión, baga y clara a la vez, de que solo había cumplido con su destino. Logró dormirse cuando el sol ya entraba por la ventana de su cuarto. Durante el día estuvo muy tranquilo y se sentía en paz, aunque su trabajo aún no había terminado, todavía tenía que destruir al payaso. Todos los días pensaba en eso.

Llegó a la conclusión de que la bruja alguna verdad había dicho. Tenía que haber una forma de mandarlo al otro mundo, algún ritual. Si un hechizo lo había generado y mantenido allí tenía que haber otro que lo mandara a donde merecía, al infierno. Santiago retomó su investigación en la biblioteca pero esta vez se enfocó en hechizos y exorcismos. De nuevo casi todo lo que encontró eran cuentos de terror, literatura fantástica. Solo un libro merecía la pena y era uno donde relataban el papel que tuvo la Iglesia en la expulsión de duendes, trolls y otros seres que infestaban las zonas rurales. También encontró algo sobre cómo algunos sacerdotes “limpiaban” casas embrujadas. Allí podía estar la solución a su problema. Se dio cuenta de que lo había intentado por un camino equivocado.

Se alegró al recordar cierto rumor que escuchó sobre el cura de la capilla de su zona: decían que él había hecho algunos exorcismos, y que no había llegado a obispo y había sido relegado a aquella capilla porque la Iglesia ahora ya no quería saber nada de esos rituales. Para exponerle su problema  tenía que confesarle todo al cura, al pensar en eso dudó. ¿Y si a pesar del secreto de confesión el cura lo delataba igual? Lo que él había hecho era algo realmente grave. Decidió arriesgarse de todas formas.  El cura se llamaba Ambrosio, tenía el cabello completamente blanco y ya caminaba algo encorvado. Él había bautizado a Santiago y conocía a toda su familia. Santiago llegó a la capilla una tarde y esperó sentado en el templo. Sentada en un banco estaba una señora muy mayor que rezaba encorvada y murmurando. Santiago pensó que tal vez él ya no era digno de estar allí, e inconscientemente miró a todas las figuras sagradas que parecían mirarlo a su vez pero no encontró ni una mirada de reproche. Sonó levemente una puerta y una mujer salió de la pieza donde se encontraba el confesionario. Pasó a esa pieza y se sentó; del otro lado estaba el cura Ambrosio. Este demostró algo de asombro al darse cuenta que era un muchacho el que iba a confesarse pero enseguida volvió a su aplomo y retomó su voz solemne. Santiago le contó todo, empezando desde lo del circo. El silencio del cura lo hizo dudar varias veces pero este lo animó a que continuará. Cuando terminó su relato hubo un momento de silencio, después escuchó que Ambrosio salía del confesionario, y seguidamente se sobresaltó cuando el cura abrió la puerta y lo tomó de un brazo. Así lo llevó hasta la sacristía. Santiago creyó que el cura lo iba a delatar, pero este tenía otros planes:

—Así que fuiste tú el que acabó con aquella bruja —le dijo el cura—. Sin dudas ahora su alma corrupta está en el infierno. Yo mismo debí haberlo hecho, como lo hicieron algunos venerables sacerdotes en su época. No sabes el daño que hizo desde que se instaló en aquella casa. Yo me enteré de muchas cosas en el confesionario pero no podía hacer nada. No te preocupes que has obrado bien. Siéntate ahí, Santiago. ¿Estás bien?
—Sí, gracias. Me preocupé porque creí que me iba a delatar.
—Para nada, le hiciste un servicio a la comunidad. Lo que me extraña es que te hayas visto envuelto en todo eso siendo apenas un muchacho. Hace tiempo que estoy esperando un aliado, ¿serás tú? Esto no puede ser coincidencia...

El cura dijo eso último mirando hacia un costado, como hablando con él mismo. Se llevó la mano al mentón y frunció mas su frente arrugada, y siguió hablando como para él:

—Todo tiene un motivo, y todo lo que ha pasado está muy claro. No puede haber llegado a mí por casualidad, no, pero un muchacho, casi un niño... Pero no puedo ignorar esto —y volviéndose ahora hacia Santiago le dijo—. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que hay que compartir los conocimientos antiguos con gente que no sean padres de iglesia. El trabajo de la Iglesia contra el mal está muy lejos de concluir, pero con todas esas políticas nuevas muchos prácticamente estamos atados de manos, pero alguien que no esté encadenado a la Iglesia, ese tendría libertad. Hace años que quiero formar a un exorcista, y estoy convencido que mis planes están respaldados —dijo esto señalando hacia arriba—, y parece que tú eres el candidato que se me ha enviado.
—¿Yo? —preguntó con algo de asombro Santiago. Después recordó lo que estaba presintiendo. El viejo pareció leer todo en sus ojos.
—Ya lo estabas presintiendo, ¿no? Seguramente te preguntabas por qué no te afectó el haber quemado a aquella bruja. Así es, es tu destino el que empieza a cumplirse. Te espera un camino muy difícil pero tienes que cumplirlo. ¿Vas a intentar huir de tu destino?
—No, si destruir cosas como ese payaso es mi destino, que así sea —dijo con convicción Santiago.
—Muy bien. Ahora ya tengo un aliado. Gracias Señor.
—¿Cómo destruimos al payaso?
—Con un ritual, pero tienes que hacerlo tú. Ya ves, todo te condujo hasta aquí. Agradezcamos, reza conmigo.

Ahora aquel maestro tenía a su alumno. Ese mismo día idearon una excusa para que Santiago pudiera recibir su entrenamiento. Como el monaguillo de la capilla ya hacía un tiempo que insinuaba discretamente que no quería seguir porque ya estaba muy grande, ahí se les presentó la excusa perfecta. A los padres de Santiago les gustó la idea, y cuando este les planteó que deseaba permanecer mas tiempo en la capilla ayudando a las catequistas no le encontraron ningún inconveniente. Creyeron que la pérdida de sus amigos hacía que él se quisiera apoyar en algo, y que ayudara a la comunidad era bastante bueno. De esa forma Santiago empezó a recibir clases de latín. Tenía que dominar ese idioma para poder recitar los rituales. Como era muy inteligente fue aprendiendo rápidamente. El viejo también le prestaba libros traducidos y le narraba sobre las experiencias que había tenido y las que estudió. Aquellos relatos eran mas inquietantes que un cuento de terror porque realmente habían sucedido.

Así Santiago fue acumulando datos sobre un mundo oscuro, oculto y a la vez cercano. Pasaron las semanas y luego los meses. Gracias a las advertencias y consejos del cura ahora no tenía apuro por destruir al payaso porque sabía que para hacerlo tenía que estar muy preparado. Cuando ya dominaba perfectamente el latín y sabía mucho sobre lo paranormal, el cura le dijo que antes de enfrentarse al payaso debía pasar una prueba, pero no lo dijo cuándo lo iba a hacer. Un día, cuando ya había oscurecido, Ambrosio fue hasta la casa de Santiago y le dijo a sus padres que si lo dejaban acompañarlo el muchacho podía serle muy útil porque pensaba reparar la vieja cocina de la capilla, y como esta tenía piezas pequeñas necesitaba un par de ojos con buena visión. No les resultó rara esa petición porque sabían que el cura siempre le exigía bastante a sus monaguillos, y Santiago era prácticamente su mano derecha. Santiago supo que era un invento y se sintió algo nervioso. Como sospechaba, tomaron un rumbo diferente al de la capilla. Iban en una vieja combi que el viejo manejaba admirablemente a pesar de la edad de los dos.

—¿A dónde vamos realmente? ¿Hoy es la prueba?
—Así es. Vamos hacia una casona que está embrujada. El espíritu maligno que la infesta se manifestó en un objeto. Durante el día ya hice los arreglos para que el ritual sea lo mas seguro posible para nosotros, pero de todas formas será aterrador. Prepara tu corazón. Necesito tu ayuda, y si sientes miedo eso va a alimentar al espíritu. Recuerda esto, todo ser que se alimenta del miedo en el fondo es un cobarde, y si el miedo es su alimento, el coraje y la fe son lo que lo espanta. Ya estamos cerca, es por ese camino.

El vehículo se internó en un camino de tierra y las luces de las casas quedaron atrás. De pronto, adelante se recortó una enorme figura cuadrada; era la casona embrujada. Se aprontaron frente a la casa. El viejo sacó del vehículo, de un bolso que llevaba, tres faroles a pilas y unas linternas, y algo que sorprendió a Santiago, dos revólveres. El cura le ofreció los dos diciéndole:

—Son pistolas de agua, tienen agua bendita. Rociar con un frasco de plata o esto tiene el mismo efecto, y con estas se puede ser mas preciso. Ponte una en la cintura y lleva otra en la mano. Y carga este par de linternas en los bolsillos. ¿No te sientes mas seguro ahora?
—¡Oh sí! Están geniales.
—Muy bien. Sostén el farol con la izquierda. La luz es nuestra aliada. Nunca dependas solo de una fuente de luz. Hay que confiar en el ritual pero también estar preparado. Ayúdanos Señor. Entremos. Mantente a mi lado. 

Santiago pensó que su maestro era bastante particular: pistolas de agua. Sin dudas era alguien con mucha experiencia y la mente muy abierta. Entraron lentamente. Adentro había una oscuridad asfixiante y el aire del lugar era peor. El cura conocía la casa, por eso atravesaron una sala, fueron directamente hacia un pasillo y ahí se detuvieron frente a una puerta. Santiago sostenía en alto su pistola de agua. El cura le hizo una seña y entró primero. La primer impresión fue terrible. Sobre una cama grande, toda revuelta y manchada, estaba acostada una muñeca bastante grande y muy fea. Tenía una cabellera muy voluminosa y electrizada que parecía humana, y humanos también parecían sus ojos, pero el resto de la cara se notaba que era de goma, y esta se encontraba renegrida y cuarteada por todos lados. La ropa que tenía puesta la muñeca era la de una niña pequeña y se hallaba toda sucia y polvorienta. La muñeca estaba atada de pies y manos a la cama. Lo había hecho el cura durante el día, cuando esta tenía menos poder y fingía ser una muñeca cualquiera. Y esa primer impresión fue superada cuando la muñeca empezó a mover la cabeza hacia los lados mirándolos a ambos. 

—Trata de no mirarla directamente a los ojos —le advirtió en cura—, y cuando esté forcejeando mucho arrojarle agua bendita, y estate atento a nuestro entorno, yo tengo que concentrarme en lo que digo.

Y Ambrosio comenzó a recitar un texto en latín. Como sabía el texto de memoria y tenía mucha fe no necesitaba tener el libro en ese momento. Él había aprendido eso con la práctica. La muñeca reaccionó enseguida y empezó a murmurar unas palabras incomprensibles con un tono ronco y reverberante al tiempo que se sacudía horriblemente. Cuando empezó a moverse con la intención de liberarse de los amarres Santiago le lanzó un chorro de agua bendita. Donde la tocó el agua salió una especie de humo y la muñeca lanzó un chillido agudo, eso la contuvo por un momento. Pero la muñeca siguió balbuciendo cosas con aquella voz horrible. Ambrosio se mostraba imperturbable en aquella escena tan horrible. Santiago estaba muy impresionado pero se mantenía firme. La muñeca volvía a tirar de sus ataduras y él le descargaba otro poco de agua.

Santiago estaba concentrado en la muñeca pero a la vez no descuidaba su entorno, y así fue como descubrió que la manija de la puerta estaba girando lentamente. La puerta se abrió un poco y alcanzó a asomarse una cara que parecía hecha de retazos de trapo y arpillera. Era una cosa horrible pero Santiago reaccionó bien y lo detuvo con un chorro de agua bendita. Cuando aquella cosa se retiró el muchacho cerró la puerta de un golpe y se sentó recostando la espalda a ella para trancarla. Ambrosio no podía interrumpir su ritual, de hacerlo tenía que comenzarlo de nuevo desde el principio, pero como advirtió que algo había pasado detrás de él se volvió hacia Santiago para preguntarle:

—¿Qué pasó? ¿Algo intentó entrar?
—Sí, una cosa que parece hecha de retazos, pero si quedo así no va a poder entrar. Usted sigua.
—Está bien. Resiste, ya casi nos libramos de este ser.

Enseguida empezaron a golpear la puerta. La manija se movía frenéticamente y después venían los empujones. El muchacho resistía haciendo fuerza hacia atrás, la puerta llegaba a abrirse un poco mas él la volvía a cerrar con las fuerzas de sus piernas. Y mientras esto el cura continuaba con su ritual y la muñeca se sacudía horriblemente intentando escapar. Cuando balbuceaba cosas con aquella voz aterradora la cosa de afuera también lo hacía, y eran los mismos sonidos, lo que indicaba que solo era otra manifestación del mismo ser. Al acabar con la muñeca también lo iban a hacer con lo otro. 

De tanto forcejear a Santiago se le estaban terminando las fuerzas. Entonces se le ocurrió una idea. Usando su pistola de agua de respaldo arrojó agua por debajo de la puerta tratando de cubrir el mayor área posible. Enseguida notó el efecto; aquella cosa no podía acercarse sin pisar el agua y eso la hacía retroceder. Ya se estaba quedando sin “municiones” cuando, tras las últimas palabras del cura, la muñeca emitió un último grito espantoso y quedó muy quieta. Fuera de la habitación también quedó silencioso. 

—Lo hemos conseguido, Santiago. Ahora solo nos queda deshacernos de ese cuerpo de muñeca. Ya estuvo demasiado impregnado en maldad y no es bueno que se conserve.
—¿Está seguro de que se terminó?
—Sí, ¿no notas un cambio en el ambiente? Tienes que guiarte por eso y nunca te equivocarás.

Al prestar mas atención Santiago también lo percibió. El aire seguía oliendo bastante mal pero había cambiado. Desataron a la muñeca. Al salir de la habitación, frente a la puerta había un montón de retazos de trapos, ropas viejas y arpillera, era básicamente basura. Ahora ya no tenía forma. El muchacho descargó en aquellos restos la poca agua que le quedaba y salieron de allí arrastrando a la muñeca con una de las cuerdas que la amarraba. Ya afuera los dos respiraron hondo. El viejo descansó un instante antes de arrancar el vehículo. Se alejaron mas de la ciudad, pararon nuevamente y allí le prendieron fuego a la muñeca. Mientras veían como las llamas deformaban aquellos restos, Ambrosio le puso la mano en el hombro a Santiago y le dijo:

—Mi joven discípulo, ahora estás listo para enfrentar a aquel payaso y enviarlo al infierno. Va a ser difícil. Aunque en tu último encuentro no pudo hacerte nada, el hechizo que lo mantiene aquí debe ser muy fuerte. Te aseguro que ahora va a dar pelea.
—Lo voy a mandar al infierno aunque eso me cueste la vida —afirmó Santiago. 
Última parte: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2015/11/juego-de-payasos-ultima-parte.html

13 comentarios:

Anónimo dijo...

la pucha que estubo muy bueno el cuento maestro..ademas que trato un tema muy tabu y real como el exorcismo..esperamos la continuacion..feliz halloween jeje aunque en mi pais no se celebra casi..Willy

Jorge Leal dijo...

Lo mío es todo ficción. no quiero problemas con la Iglesia ¡Jaja! Donde yo vivo casi que tampoco. Gracias. Saludos.

Osiel Cardenas Garcia dijo...

Muy bueno el cuento, esperaré el día que se enfrente al payaso. aunque en México existe nuestra propia tradición en la zona fronteriza se celebra mucho Y pues hoy me tocó estar en la frontera.

Un saludo desde Chihuahua

Luz Gomez dijo...

Feliz Hallowen Jorge¡

Anónimo dijo...

Hola, estuvo genial ya esperó la próxima parte con ansias.

Stephanie

Jorge Leal dijo...

Hola Stephanie. Gracias. Voy a tener que liquidar al payaso, ya es tiempo. Bueno, te espero. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

¡Gracias, igualmente! Tanto tiempo, Luz. Un abrazo.

Jorge Leal dijo...

Gracias, Osiel. Sé que por ahí se celebra mucho. Estaría bueno ir algún día. Chihuahua, ahí está lleno de perros chiquitos, ¿no? ¡Jaja! Algún día voy a tener uno de esos, viven un montón, y a mí cualquier perro me dura mucho ¡Jaja! El que se ve en este perfil cumple catorce años este mes, y es grande. Me fui por las ramas. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Vas bien me gusta tas dao cuenta ke tanbien puedes juntar a estos personajes jijijiji de juan de españa

Jorge Leal dijo...

Juan, estoy un paso adelante. En otra parte que estoy trabajando en mi mente, Santiago decide practicar boxeo para fortalecerse un poco y, adivina quién le va a enseñar: Francisco ¡Jaja! Tal vez también le agregue otro personaje de una historia que todavía no publiqué. Mañana subo el final de esta parte. Te espero. Gracias. Salu2!!

Ongie Saudino dijo...

Master esta parte si que te quedó buena!. Ahora Santiago esta mas preparado y listo para enfrentarse a ese payaso. Ahora ese limon verde ya no tiene oportunidad contra el chico. Bueno, ahora está mas que preparado, ya que fue entrenado por un exorcista profesional. Estaba esperando esto amigo. Espero el enfrentamiento y la próxima parte. Sigue, que está emocionante!. Saludos desde Venezuela!.

Jorge Leal dijo...

Hola. Gracias Ongie. Ya está publicada la última parte. Me comentas qué te pareció. ¡Saludos!

Raúl sesos dijo...

Un cuento mas bueno que el otro, excelente jorge! Un saludo y abrazo grande!

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?