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viernes, 13 de noviembre de 2015

De Sueños Inquietantes

                                Sueño De Libertad
Los esclavos dormían hacinados en la barraca. Badu escuchó los pasos de un guardia que vigilaba afuera. En la oscuridad de la barraca planeaba silenciosamente su fuga; prefería morir a seguir viviendo como un esclavo.  En su mente recorría el patio, el algodonal, y después lo poco que conocía del bosque que se encontraba más allá de este. Si no descubrían su fuga hasta el amanecer podría ser libre. Más tarde se encontró atravesando el patio sin que lo notaran y así llegó a la plantación. La noche estaba oscura pero algunas estrellas le permitían ver lo suficiente como para abrirse camino por el algodonal.  Empezó a correr sin mirar atrás. Temía que de pronto alguien gritara que se detuviera, después vendrían los tiros, más gritos, y si llegaba al bosque partiría en su búsqueda una jauría de perros que lo cazarían entre aullidos...

Pero cuando alcanzó el bosque todo seguía en silencio y nadie lo seguía. Entre los árboles estaba completamente oscuro y tuvo que avanzar a tientas. Después de un tramo comenzó a distinguir las cosas...

Árboles y enramadas intentaban detenerlo pero el hombre se abría paso apartándolas y esquivando troncos. Y siguió andando entre aquellas sombras. Creyó que sus ansias de libertad le habían dado una energía extra, sentía que ningún bosque podía detenerlo. Seguir avanzando dependía de su voluntad, cuando el bosque se cerraba ponía mas ganas y eso lo hacía traspasar esa barrera. Suponía que estaba muy lejos de la plantación cuando escuchó el aullido de los perros, y al voltear brillaron en la oscuridad los fulgores de algunas antorchas y los haces de unas linternas. Entonces empezó a huir desesperadamente. Los sabuesos que le seguían el rastro lanzaban aullidos roncos al sentirlo cerca, y los hombres que corrían tras ellos sonreían con malicia y sus rostros iluminados por las antorchas se tornaban terribles. 

Ya estaban sobre él. Badu intentaba correr pero apenas se movía. Cuando la luz lo alcanzó tronaron varias armas, Badu sintió que caía, y despertó en la oscuridad de la barraca con un estremeciendo. Solo fue un sueño, un sueño de libertad. Ya no podía escaparse esa noche, era muy tarde, pero a la siguiente lo intentaría; aunque no lograra escapar igual iba a ser libre.     
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                                            El Sueño
El traqueteo del tren le producía somnolencia.  El asiento de aquel tren era bastante cómodo. El vagón estaba casi vacío, además de Adrián lo ocupaban solo dos personas mas y se encontraban en el otro extremo. Después de pasar por un pueblo atravesaron una extensa zona donde no había nada más que campo, un paisaje monótono donde hasta las vacas que pastaban en él parecían aburridas y miraban hacia el tren con desgano mientras masticaban un bocado de pasto.  Adrián bostezaba mientras observaba por la ventanilla. El sol se estaba poniendo en el horizonte. De a poco el paisaje comenzó a cambiar. Ahora veía espejos de agua rodeados por pajonales y plantas de totora . Aquellas zonas bajas y húmedas quedaron atrás y ahora veía negros montes. Después vinieron los cerros. Otro tipo de monte más bajo y enmarañado los cubría desde la base hasta la cima. 

Cada vez se veía menos. Finalmente la noche cubrió todo bajo un manto de oscuridad. Adrián se durmió. Comenzó a soñar con el paisaje que había contemplado. En el sueño no era él, era un indígena Charrúa. Caminó por campos y montes y en los senderos naturales siguió huellas de animales, bebió agua de cristalinos arroyos, cazó y pescó a mano en las orillas de los ríos y pasó incontables noches durmiendo bajo las estrellas y despertando en amaneceres de aire limpio y húmedo donde cantaban alegres pájaros. En aquella tierra hermosa y salvaje formó una familia y vio crecer a un par de hijos. Aquel sueño era muy vívido, muy claro, pero el sentido del tiempo estaba distorsionado, toda la vida de un indígena pasaba rápidamente como si fuera algo natural.

Un día, una caravana de hombres montados en caballos y protegidos por armaduras relucientes se adentró en aquellas tierras. Adrián luchó contra ellos. Gracias a su coraje y su fuerza se desenvolvió hábilmente en una batalla y más de un invasor cayó bajo su lanza; mas en el fragor de la contienda una espada atravesó su pecho. Adrián despertó agitado. El Tren ya se había detenido, habían llegado a la estación. 
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                                        El Intruso
Iba saliendo de mi habitación cuando me detuve no sé por qué, me di vuelta y me vi a mí y a Susana durmiendo en la cama. Me sentí un poco perplejo por un momento pero después la situación me resultó divertida. Estaba soñando que me veía a mí mismo durmiendo. Ya había experimentado sueños lúcidos pero nunca uno donde me viera a mí. La habitación estaba en penumbras pero se distinguían las cosas. Estaba entonces completamente consciente y sabía que soñaba, por eso me puse a mirar lo que había en la habitación para ver qué había cambiado, pero resultó que todo estaba igual. Sentí curiosidad por saber cómo estaría el resto de la casa. Por un momento estuve frente a la puerta intentando atravesarla; como era un sueño pensé que tal vez podría. Tuve que abrirla para salir. Así llegué a la sala. Nada había cambiado. Normalmente vemos una versión vieja de nuestro hogar o es la unión del actual con nuestra casa de la infancia o alguna otra donde pasamos muchos años; mas en ese sueño no había ningún tipo de alteración.
Aquello me resultó curioso y algo divertido porque creí que si recorría todo algo iba a encontrar que estuviera mal y sería como ganarle a la parte de la mente que hace los sueños. Fui al baño y no hallé nada raro. Una canilla goteaba. Por costumbre fui a cerrarla pero me detuve antes porque pensé: “¿Para qué cerrarla si esto no es real?, no me van a cobrar mas, mejor la abro completamente y que se derroche, total, es agua de sueño”. Entonces no solo abrí esa, también abrí la otra al máximo. Al salir de allí me pareció escuchar que Susana me llamaba, y al instante desperté en mi cama. A pesar de la penumbra de cuarto noté que ella estaba asustada porque tenía los ojos exageradamente abiertos. Al ver que me había despertado me susurró: 

—Parece que anda un intruso en la casa. Ahora abrió las canillas del baño, ¿no sientes el ruido?  

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Un intruso jajaja esa fue buena
Stephanie

Anónimo dijo...

Este blog esta muy bueno amigo geniales los cuentos que lei y variados..los lectores creo que aun no lo conocen tanto..pero promete este otro blog yo me sumo..Willy

Jorge Leal dijo...

La mayoría de los del otro blog son gente de cuentos de terror nomás; pero de a poco me voy haciendo de lectores aquí. Gracias. Salu2!!

Jorge Leal dijo...

¡Jaja! Como los otros eran un poco serios quise que el último cuento fuera algo divertido. Gracias por comentar aquí, Stephanie. ¡Hasta pronto!

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