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lunes, 16 de noviembre de 2015

De Fantasmas y Aparecidos

                                          Perdido
Vi la noticia cuando me estaba preparando algo para cenar. Estaba picando tomates, y por mirar la pantalla de la tele casi me corto un dedo: la noticia me sorprendió. Un muchacho había desaparecido. ¿Cómo alguien puede desaparecer en una ciudad tan pequeña? Decían que no había motivos para sospechar que hubiera huido de su casa. Que un tipo de diecinueve años, sin ningún problema mental ni nada, se pierda así como así, es raro.   En la naturaleza, en el campo o en el monte no es algo raro; te caes en una barranca o ruedas cerro abajo, o se te dispara un arma y es tu fin, te encuentran días o semanas después,  pero en una ciudad tan pequeña…

 En el informe mostraron varias fotos del perdido y dijeron con qué ropa andaba ese día. Mientras cenaba seguí pensando en el asunto. Que lo hubieran raptado era algo muy poco probable allí, aunque en otras tierras sea algo muy común. Vivo en las afueras de la ciudad, como a diez kilómetros. Al otro día, muy temprano, salí rumbo a la ciudad en mi camioneta.  Como a mitad de camino frené bruscamente. El tipo perdido caminaba por el campo rumbo a una arboleda. Toqué la bocina y él volteó. Sin dudas era igual al extraviado, era él. Me miró inexpresivo y siguió rumbo a los árboles. 

Me bajé ya digitando el número de la policía en mi celular. Traté de alcanzarlo pero se perdió entre los árboles. Al entrar a la arboleda giré buscándolo con la mirada, salí en el otro extremo y nada de ver al tipo, se había desvanecido, ya no estaba allí. Corrí alrededor y entré de nuevo y busqué entre los árboles. Ni rastro del tipo.
Los policías llegaron rapidísimo. Francamente, me arrepentí de haberlos llamado, ¿cómo explicaba que el tipo había desaparecido de repente? 

—¿Usted lo vio desde allí? —me preguntó un policía señalando el camino.
—Sí, oficial. 
—¿Y vino enseguida hasta aquí?
—Sí, los llamé mientras corría hacia aquí. 
—¿Y cómo es que el sujeto pudo alejarse tan rápido como para que no viera hacia dónde fue? 
—No sé. A mí también me parece raro, pero es la verdad, oficial. 

A mí también me parecía absurdo aquello, mas era así. Después de buscar bien, los policías comenzaron a hablar entre ellos, y me echaban unas miradas desconfiadas. Vi que uno recibió una llamada, le dijo algo a los otros y estos salieron rumbo a sus vehículos. Entonces ese policía vino y me dijo:

—Señor, se agradece que intentara ayudar, pero si es que vio a alguien no fue al sujeto que buscamos. Acaban de encontrarlo muerto muy lejos de aquí, y parece que falleció ayer mismo. Y se marchó con los otros. Veía como se alejaban cuando sentí algo, una presencia detrás de mí. Fui hasta mi camioneta sin voltear, y al subirme recién miré hacia un lado, pero no había nada; la aparición ya no estaba. 
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                                     Sonidos De La Noche
Gutiérrez llevó una silla hasta el porche de su casa y encendió un cigarro. Entado allí se dedicó a observar el paisaje nocturno que tenía a la vista. Como era temprano la luna creciente todavía iluminaba la quietud del campo. A su izquierda divisaba los corrales y el contorno de los caballos. Los animales levantaban la cabeza cada tanto y después volvían a comer. Siguiendo hacia la derecha se recortaba el contorno de un gran árbol que proyectaba mucha sombra bajo él.  A lo lejos, casi en el horizonte, resaltaba un punto de luz, una vivienda lejana situada en lo alto de un cerro. En el extremo derecho estaban las casas de los peones, que a esa hora ya dormían. 

El humo que emanaba Gutiérrez se disipaba en la noche con fantasmales y efímeras formas. La luz de la luna diluía el titilar de las estrellas, y una agrupación de nubes parecía fija en el cielo.  Un croar de ranas lejano lo hizo girar hacia la izquierda, entonces evocó el bañado con sus pajonales y cardales envueltos en bruma, y se imaginó a la luna reflejada en las aguas inmóviles y oscuras donde croaba el coro de ranas. De repente escuchó un galope que se aproximaba a la casa. Se levantó y supuso que de un momento a otro se recortaría  en el horizonte la silueta de un caballo y su jinete. Se imaginó que primero vería un sombrero asomando por el camino. 

Los equinos del corral empezaron a pecharse entre si y a chocar los postes del corral: estaban asustados. El ruido del galope no era acompañado por una imagen, era un sonido fantasmal, y el alarido que lo siguió hubiera infundido terror incluso al corazón más duro. Aquel grito, apenas reconocible como humano, dejó de escucharse al mismo tiempo que el galope, y todo quedó en silencio como si la propia naturaleza hubiera quedado muda de miedo.  
Un par de peones, los únicos que estaban a la orden de Gutiérrez ese día, los otros estaban en el pueblo, salieron de sus casas mirando en todas direcciones. Los hombres se le acercaron:

—¿Qué pasó, patrón? ¿Qué fue ese grito? —preguntó uno de ellos. El otro seguía buscando con la mirada.
—Nada, un caballo que anda perdido seguramente —contestó Gutiérrez. 
—¿Y el grito? Parecía un hombre.
—No, fue el relincho del caballo. Vayan a dormir. Yo ya me voy para adentro —les ordenó. Él  intuía que aquello estaba relacionado a su pasado, a su secreto.

La explicación no los convenció mucho pero igual se retiraron sin preguntar más. Gutiérrez echó una última mirada a la noche y entró a la casa.
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                                           Mi Perro
Esa noche creí escuchar pasos fuera de mi hogar. No eran pasos humanos, eran, por el ruido, los de un perro grande. Cruzó corriendo contra una pared, rodeando la casa, y se detuvo frente a la ventana del cuarto. Pude escucharlo gracias al silencio que toma posesión de los campos por la noche. Al mirar por la ventana, el perro estaba sentado frente a ella. No pude precisar su raza en ese momento, pero por su tamaño deduje una cruza de mastín con gran danés, o con los imponentes fila brasileros. El animal estaba allí, sentado, y permaneció rato así, inmóvil como una estatua. Después empezó a dar vueltas en el mismo lugar y se echó a descansar. 
Era curioso aquello, pero solo eso. No me molestaba su presencia, y como no tengo animales de corral ni huerta que cuidar no hice nada por correrlo, solo volví a acostarme. Pero el sueño no quiso volver. ¿Qué hacía aquel perro allí? 

  Había comprado aquella vivienda hacía solo unos días. Se me ocurrió que tal vez era la mascota de los antiguos dueños. Compré la propiedad por medio de una inmobiliaria. Los vendedores eran hijos del matrimonio que ocupaba la vivienda, unos ancianos que ya habían muerto. Aquello me daba algo de tristeza; vender la casa materna donde se criaron, donde vivieron tantos años, aquel lugar que sus padres soñaron también para sus nietos, para que corrieran libres por los patios, lejos del ajetreo de la ciudad. Pero era así, apenas murieron los viejos y vendieron todo, aunque a juzgar por sus vehículos no necesitaban el dinero urgentemente ni nada. ¿Y aquel perro? Seguro era de los viejos y sus hijos lo adoptaron sin muchas ganas, me atreví a conjeturar. Tal vez en la primer oportunidad que tuvo el animal huyó hacia su viejo terruño. Por la mañana el perro seguía en el terreno. Me quedaba algo de la cena en la heladera y quise dárselo. Al verme el perro lanzó un ladrido ronco y potente y se alejó, aunque no perdiéndose de vista. Dejé la comida donde él pasó la noche y entré. Por la ventana de la cocina vi como se fue acercando de a poco, para después engullir el alimento vorazmente. 

Pasó el día y sus nuevos dueños no venían a reclamarlo. Tal vez fue un alivio para ellos; un animal de aquel tamaño, acostumbrado a un hogar en el campo, atado en un pequeño patio o encerrado en un apartamento de ciudad… debía ser un problema para ellos.  Al pasar los días lo fui “comprando” con comida, hasta que finalmente confió en mí. Desde entonces es mi mascota. Ya es algo viejo pero todavía le quedan años por vivir, y no podría estar mas conforme con el animal; solo hubo algo un poco inquietante los primeros días. A veces el perro se quedaba mirando un punto fijo de la casa como si estuviera viendo a alguien, o volteaba hacia un lado de pronto e iba hacia ahí meneando la cola, contento. Supongo que no todos abandonan sus hogares tan fácilmente.  

6 comentarios:

  1. Justo lo lei en servicio nuevamente jeje laburando de noche patrullando solo pero despues de leer los cuentos me quedo nomas en la garita jaja..buenisimos relatos amigo..Willy

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    1. Pero por qué si estos ni de terror son ¡Jaja! Gracias. ¡Saludos!

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  2. Todos queremos saber el secreto oscuro de Gutierrez
    Stephanie

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    1. Ni yo lo sé. Cada uno tiene que imaginarse algo ¡Jaja! ¡Saludos, Stephanie!

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  3. Historias que me ponen a pensar. Sobretodo lo de Gutierrez,¿cual sería ese secreto?. Bueno, eso quedará como uno de los tantos misterios de tus cuentos, como por ejemplo, la historia que publicaste hace un tiempo, llamada ''Algo imperdonable''. Era asi, creo. Y la del perro te quedó excelente, un perro fiel, sus antiguos dueños también son fieles, ya que no lo abandonan. Estupendas historias amigo!. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!.

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    1. Puede que a veces abuse un poco del final abierto ¡Jaja! Pero es un recurso muy bueno en las historias cortas, me encanta, y ya son parte de mi estilo. Muchas gracias por pasarte por aquí, Ongie. ¡Saludos!

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