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jueves, 5 de noviembre de 2015

Fuera De La Tierra

                                 
La rata avanzaba contra la pared de una casa medio derrumbada. Al encontrar un obstáculo con el que antes no se había topado, se detuvo y olfateó el aire moviendo la punta de su hocico. Lo que había ante ella era una trampa armada con alambres. Astuta, la rata se iba a retirar por donde vino cuando escuchó un ruido. Llegó a voltear hacia el ruido pero ya era demasiado tarde: una piedra volaba hacia ella. El encuentro de la piedra y la rata fue violento, el animal quedó de lado agitando sus patas. El hombre que la había cazado se abalanzó hacia su presa, la tomó y enseguida espió en derredor como un ciervo nervioso. Allí era cazador pero también podía ser una presa. Metió la rata en un bolso y se escabulló entre casas derrumbadas, patios y fondos llenos de malezas hasta que alcanzó un hueco en la tierra y se metió en él...


Álvaro vivía como una alimaña. Cuando no se encontraba escondido bajo tierra andaba corriendo, arrastrándose o avanzando agazapado. Hacía cuevas y huía hacia ellas ante la menor señal de peligro. Se alimentaba de ratas, palomas, gorriones, y consumía plantas como dientes de león, cardo mariano y semillas de pasto. Era una forma muy miserable de vivir mas era preferible eso a estar muerto o ser capturado por los extraterrestres invasores. Él no sabía qué le hacían a la gente que capturaban viva y no pretendía averiguarlo. Álvaro ya no podía hacer nada por otros, apenas sobrevivía a duras penas. Pero antes de vivir así había luchado contra los invasores.

Los militares empezaron a tomar posiciones en las ciudades. Camiones y otros vehículos militares se dirigían a las plazas o a los parques, y soldados fuertemente armados saltaban de estos e iban a hacer las tareas que los sargentos les ordenaban. A los civiles que no se marchaban solos, que eran los menos, les pedían que se retiraran del lugar sin explicar por qué, y a los curiosos que empezaron a hacer preguntas no les contestaron nada. Aunque quisieran los soldados no podían contestarles porque no sabían qué ocurría, solo obedecían órdenes concretas; de lo único que estaban seguros era de que se trataba de algo grave, por eso todos estaban alertas. Sus comandantes estaban enterados pero tenían órdenes de no divulgar la situación.

Esto pasaba en todo el mundo. Pronto la prensa buscó información pero nadie le respondía nada concreto, lo que de por si era una gran noticia. Las autoridades se mostraban herméticas. Los países se declararon en estado de emergencia y se impuso la ley marcial. Los medios de comunicación de todos lados liberaron un río de especulaciones y teorías, pero eso no duró mucho porque los militares los obligaron a cerrar. Edificios enteros con servidores fueron tomados e internet se fue apagando hasta que desapareció. Solo las redes militares permanecieron activas. Todo esto sucedió en pocos días. Empezaron a reinar el desconcierto y la incertidumbre.

La gente que tenía recursos para vivir fuera de las ciudades se marchaba; mas la mayoría permaneció en las zonas urbanas durante la primer etapa, y asustados igual que los otros empezaron a acopiar alimentos y a armarse. Lo lógico era pensar que se aproximaba una guerra, pero contra quién nadie sabía. Ejércitos de países vecinos y lejanos se estaba preparando de igual forma, y en todos lados se mostraban misteriosos. No hubo tiempo para mas especulaciones. Antes de que la gente comenzara a organizarse para exigir respuestas, los extraterrestres atacaron.

Cayeron sobre la tierra como un maremoto que venía del cielo. Aparecieron naves atravesando nubes y ensombreciendo la tierra de tantas que eran. En los cielos combatieron enjambres de naves terrestres e invasoras. En la tierra había explosiones, y cañones de grueso calibre lanzaban fuego hacia arriba, y volaban misiles que cruzaban raudamente rayando el cielo. A pesar de los esfuerzos de las fuerzas terrestres, las extraterrestres lograron aterrizar, y ahí empezó la peor parte de la guerra interplanetaria. Los invasores demostraron ser implacables. 

Su tecnología era muy superior a la humana pero no eran invulnerables, por lo que los ejércitos del Mundo le dieron buena pelea. Los extraterrestres caminaban erguidos y sus manos eran similares a la de los humanos, pero hasta allí llegaban las similitudes, pues los invasores tenían una piel brillosa que se parecía a la de los anfibios, y sus rostros recordaban bastante a los sapos, pues tenían una boca enorme. Por esos rasgos los terrestres empezaron a llamarlos “Sapos”. Sus rasgos hacían suponer que en sus orígenes habían sido animales acuáticos. Su actitud hacia los humanos no era algo nuevo en el planeta, pues los hombres siempre conquistaron a otros, y algunos pueblos intentaron exterminar a sus vecinos, y algunos casi lo consiguieron. Como el agredido casi siempre se defiende, la humanidad no fue la excepción.

Cuando los ejércitos cayeron se armaron milicias de civiles. Álvaro se unió a una de esas milicias. Pronto el número de hombres menguó y la resistencia se resumió a pequeños grupos que peleaban por aquí y por allá. Álvaro fue el único sobreviviente de uno de esos grupos. Después que sucedió eso solo se dedicó a sobrevivir. 

Él había nacido en una familia de ricos. Desde muy niño había mostrado una fuerte inclinación hacia la naturaleza. Cuando no lo hallaban en la casa sabían que lo iban a encontrar en el jardín, naturalmente sucio de tierra hasta la boca pero muy feliz. Cuando apenas tuvo edad sus padres lo integraron a los “Boy Scouts”, y allí el encontró su camino.
Sus padres creían que su manía por la naturaleza se iba a ir disipando gradualmente en la adultez, mas no fue así. El único estudio avanzado que quiso seguir fue ciencias biológicas, y se especializó en botánica; de los negocios de su familia no quería saber nada, e incluso fue una sorpresa que lograra obtener un doctorado, porque aunque inteligencia e interés por esas ciencias no le faltaran, alternaba sus estudios con cuanta pesca, caza y excursión podía. Una vez recibido sus actividades en la naturaleza se intensificaron y empezó a viajar por todo el mundo. Pescas en el Amazonas, excursiones en África, en Asia. Practicó supervivencia deportiva tanto en montañas como en los bajos humedales de diferentes partes del Mundo, también pasaba largas temporadas en los desiertos. Por eso la vida que llevaba ahora no le resultaba del todo desagradable. Siempre había jugado a sobrevivir, ahora tenía que hacerlo.

Los colonizadores usaban cámaras térmicas para detectar a las personas, pero Álvaro aprendió que bajo tierra no podían detectarlo, por eso tenía un montón de escondites subterráneos. En una de sus excursiones, escudriñó el cielo buscando naves enemigas. No muy lejos de allí había una arboleda, Álvaro la espió escondido tras un muro. No le gustaba aquella situación, bien podría haber una nave tras aquellos árboles. Dudó un momento y espió de nuevo. Entre donde él se escondía y la arboleda había un pequeño prado donde crecían un montón de dientes de león y otras plantas comestibles. Tenía que arriesgarse.

Corrió raudamente y al alcanzar lo que deseaba se puso a cosecharlos rápidamente. En ese momento de atrás de la arboleda se elevó una nave y se dirigió velozmente hacia él. Álvaro pensó que ese era su fin. Cuando iba girando para intentar huir vio que salió un destello de la nave; le habían disparado con algo.

Se sorprendió bastante al notar que no estaba muerto. Estaba como había venido al mundo y un invasor reía asquerosamente con su inmensa boca de sapo mientras lo bañaba con un líquido que arrojaba con una manguera. Solo estuvo consciente un momento y volvió a perderse.  Despertó de nuevo frente a unos ojos verdes que lo contemplaban de cerca. Era una mujer bastante bella que tenía la mirada bondadosa. Álvaro pensó que ese despertar era mucho mejor que el anterior. Estaba acostado. Medio se irguió. Estaba en una habitación bastante amplia junto a un buen número de personas. Las contó, eran veinte contando con él, diez mujeres y diez hombres, ninguno era viejo. La que estaba a su lado le tendió la mano y se presentó:

—Hola, soy Paola.
—Hola. Álvaro. ¿Dónde estamos?
—En una nave de los sapos. Estamos en el espacio. 
—¿Sabes qué pretenden hacer con nosotros?
—Sí, nos lo dijeron. Tú fuiste el último que capturaron; a mí y al resto ya hace días o semanas. No partían porque les faltaba uno. Nos dijeron mas o menos esto: Si dependiera de ellos exterminarían a todas las personas, pero según parece forman parte de un tipo de alianza con otras especies extraterrestres, y en esa alianza está prohibido exterminar completamente a cualquier especie. Por eso nos van a reubicar en otro planeta. Ya han mandado a cantidad de personas, nosotros somos los últimos. No sé cuándo llegaremos. El baño está allá, e un poco complicado pero lo entenderás. Nos dan una comida horrible dos veces al día. ¿Estás bien?
—Sí, solo trato de asimilar todo esto. Gracias.

Álvaro se recostó a la pared. La mujer se alejó un poco pero volteaba disimuladamente hacia él. Supo que una compañera no le iba a faltar. Le habían puesto una ropa holgada y gris, todos vestían así, y en los pies llevaba unos calzados muy cómodos del mismo color. Intuyó que los sapos lo habían arrojado allí sin la ropa y que luego sus compañeros lo vistieron. Sonrió un poco al pensar que ahora lo conocían bastante bien. Después su mente de superviviente se puso en acción. En donde se encontraban no había nada, ni para sentarse ni para acostarse, el techo era igual que el suelo y las paredes eran completamente lisas. La mayoría de sus compañeros tenían la mirada perdida, estaban sumidos en sus preocupaciones, en sus miedos. Seguramente algunos deseaban que los hubieran matado a seguir sufriendo. Pero para él, mientras estuviera vivo iba a luchar para seguir así y mejorar su situación. Fue al baño. Había un aparato parecido al que usan los astronautas, era básicamente una aspiradora.

No pudo sacar nada de allí. Le hubiera servido cualquier objeto puntiagudo o cortante, un alambre, alguna especie de cuerda, pero no pudo hacerse de nada. La ropa que llevaban no tenía bolsillos y eran hecha de una tela sintética sin hilos, los calzados no tenían cordones, estaban hechos de un solo material y este en los bordes era elástico. Fue a sentarse pensando que por lo menos había hecho el intento. No sabía cuál iba a ser su destino. ¿Sería un tipo de cárcel o simplemente los liberarían a su suerte en un planeta extraño? Como fuera, presintió que ya estaba próxima la mayor aventura de su vida, y la de toda la especie humana. 
Continúa aquí:  http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2016/01/en-un-nuevo-planeta.html 

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Jorge. Ahh no me hagas esperar mucho jajaja me haz dejado muy intrigada.

Stephanie

Jorge Leal dijo...

¡Hola Stephanie! ¡Bienvenida a este blog! La publico lo mas pronto que pueda. Saludos!!

Anónimo dijo...

Maestro tiene pinta que ofrecce mucho este cuento con la continuacion jeje..diez puntos amigo..Willy

Anónimo dijo...

Yo he leído todos tus blogs hasta el de los chistes. :)

Jorge Leal dijo...

¿En serio? ¿Qué opinas de mis cuentos románticos? Entonces si que eras una lectora fantasma. Por eso cuando andaba por aquí a veces sentía que bajaba la temperatura, eras tú ¡Jaja! Pero que bueno que ahora te animas a comentar. Gracias. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Sí, tengo bastante material para trabajar. Veremos qué sale. Gracias, tocayo.

Ongie Saudino dijo...

Hola master. Este cuento como siempre te quedó genial!. Álvaro, un aventurero de primera, acostumbrado a esa vida y ahora,¿Como se las verá fuera de su hogar?. ¿Como utilizará sus conocimientos en contra de los sapos?. Se ve que esta historia promete mucho. Amigo espero que la continúes!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Hola. ¡Bienvenido! De a poco van llegando a este blog. A este cuento lo hice hace tiempo, era mucho mas corto y no explicaba un montón de cosas que aquí sí. Una vez un lector opinó que la historia merecía ser algo mas, y desde ahí quedó pendiente. Creo que tiene jugo como para una novela corta o un grupo de cuentos. Trataré de publicar la otra parte cuanto antes. Por mientras puedes leer otros cuentos que hay por aquí. Gracias. Saludos!!

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