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domingo, 22 de noviembre de 2015

Guerrero Del Futuro

Lorenzo fue tele-transportado a una nave que flotaba inmóvil en el cielo. Apareció sobre un asiento metálico con unos apoyabrazos grandes, y unos grilletes le aprisionaban las muñecas.  Los que lo transportaron a la nave lo rodearon...

Además del comprensible susto Lorenzo quedó sumamente sorprendido. Unos momentos antes se encontraba sentado contra el tronco de un árbol, con una brizna de pasto en la boca y la mirada perdida en el campo que se extendía delante de él. Aquella tranquilidad lo había ayudado mucho pero ya empezaba a aburrirse. Era veterano de guerra. Había combatido no sabía bien por qué contra una cultura extraña para él, en la tierra de esa gente, y por más que los sargentos intentaran convencerlo, en el fondo siempre se sintió un invasor.

Estando allí, contra el tronco, le llamó la atención una nube que se movía contra el viento. La nube se disipó cuando estaba sobre él e hizo su aparición una gran nave.  Lorenzo creyó que aquello era un platillo volador, una nave extraterrestre. Apenas tuvo tiempo de levantarse cuando lo tele-transportaron.  Ahora se hallaba en la nave, pero, aquellos no eran extraterrestres, eran humanos, ¿o solo parecían serlo? 
Un hombre lo saludó y se disculpó por tenerlo amarrado; Lorenzo saludó por no saber qué otra cosa decir. ¿De qué se trataba aquello?

—Como puede ver —dijo uno de sus captores—, somos humanos como usted. Pero no somos de su tiempo, somos del futuro. Esta nave es, además de un aparato volador, una máquina del tiempo. 
—¿Qué diablos está diciendo? ¿Son del futuro? —le preguntó Lorenzo mientras forcejeaba disimuladamente para ver si se zafaba de los grilletes.  
—Así es, de un futuro muy lejano. ¿Le es muy difícil de comprender?
—Bueno, no tanto. Sé que la ciencia actual considera que los viajes en el tiempo son posibles. Pero del futuro o no, quiero que me liberen. ¿Qué pretenden de mí?
—Nuevamente le pido disculpas. Es una medida de seguridad porque no sabemos cómo van a reaccionar. Pero ya veo que usted se va a comportar. Libérenlo.

Los grilletes se retrajeron hacia los apoyabrazos y Lorenzo pudo levantarse.

—Le voy a informar sobre nuestras intenciones. Acompáñeme, le voy a mostrar la nave.

los pilotos de la nave controlaban todo desde una pantalla holográfica; eso no lo sorprendió mucho porque la ciencia ficción ya había anticipado esa tecnología en montones de películas.

 —En el futuro —continuó el tipo— los humanos somos muy pocos. Aunque nuestra ciencia siguió avanzando, el planeta se hizo muy pequeño para la humanidad y empezaron a escasea los recursos y con ello vinieron épocas muy malas, como se imaginará. Las guerras por recursos diezmaron poblaciones enteras. Fueron las peores épocas de la humanidad y todos perdimos. Luego, el calentamiento global causó una era glacial sin precedentes por lo intensa, lo que redujo enormemente a las sociedades ya derrumbadas. Pero a pesar de todo la humanidad sobrevivió, y con lo avanzado de nuestra tecnología estamos retomando nuevamente la Tierra pero sin cometer los errores del pasado. Mas ahora surgió un nuevo problema: una raza de extraterrestres quiere apoderarse del planeta. 

—Y ahí es donde entro yo —comentó Lorenzo. 
—Usted y mucha gente más que fuimos reclutando, por llamarlo de una forma. 
—¿Entonces quieren a un soldado?  
—En su caso, sí. 
—¿Y por qué no construyen robot, o clones?
—Los robot fueron nuestra primera opción, hicimos muchos, pero como los enemigos están más avanzados tecnológicamente que nosotros, aunque no es mucho, dejamos de usarlos por la posibilidad de que ellos los controlen es muy alta, en nuestros enfrentamientos ya ha pasado algo así. Por suerte nos dimos cuenta a tiempo y los descartamos antes de que los volvieran masivamente contra nosotros. ¿Clones…? —el hombre miró de frente a Lorenzo—. Podríamos hacerlos, mas nuestra civilización ahora tiene una moral muy alta, hemos aprendido, y crear algo así para nosotros es una aberración. Ni estas circunstancias lo justifican. Antes de llegar a eso preferimos extinguirnos como especie.  
—Bien, pero, ¿por qué no se contactan con los gobiernos para contar con su ayuda? 
—Porque querrían a cambio de su ayuda nuestra tecnología, y, usted seguramente saben como piensan ahora. 
—Sí, tiene razón. ¿Entonces, piensan llevar gente del pasado para el futuro? 
—Es lo que hacemos. 
—Bueno, cuenten conmigo. 
—Se lo agradezco, la humanidad se lo agradece. 

Y la nave se movió raudamente y desapareció.

Lorenzo viajaba ahora hacia el futuro. Había aceptado formar parte de un ejército que debía defender la Tierra en el futuro.  No había dudado al aceptar, pero ahora presentía algo.  Reflexionó rápidamente y dedujo que esta vez no podía pasarle lo mismo, esta vez él iba a apoyar a los buenos, a su especie, los invasores eran extraterrestres.

En la nave viajaban también otros soldados reclutados. El viaje al futuro duró solo unos segundos. La nave no tenía ventanas pero podía verse lo que había afuera en unas pantallas.   El hombre que le explicó el asunto lo invitó a sentarse y mirar el paisaje. Pronto alcanzarían la ciudad.  Los viajeros del tiempo elegían lugares remotos para “aparecer” en su tiempo, y así evitaban probables colisiones con el tráfico que sobrevolaba las ciudades. 
En la pantalla se mostraba un paisaje invernal: glaciales resquebrajados de hielo celeste, cimas nevadas, bosquecillos de pinos entre ellas y cauces de río medio congelados que en algunos tramos corrían bajo puentes de hielo. Nada de aquello era nuevo para Lorenzo. Pensó que si aquello era el final de una era glacial, esta realmente tenía que haber sido muy dura, como le habían contado. 

Al llegar a la ciudad sí se asombró. La ciencia ficción que había visto no podía estar más equivocada sobre cómo se vería una ciudad del futuro. En los techos de las casas y los edificios había césped y plantas. Por todos lados, entre calles y construcciones crecían pequeñas huertas y árboles. Solo los vehículos que circulaban por las calles y las naves que sobrevolaban arriba indicaban lo avanzada que se hallaba su tecnología, aunque desde el primer momento que sobrevoló la ciudad supuso que algo muy avanzado debía mantener la temperatura allí, y que debía ser subterráneo. Después comprobó que no se equivocaba. Lorenzo pensó que finalmente los humanos habían evolucionado su conducta. Algunos conceptos arquitectónicos ambientalistas por fin cuajaban en una realidad.

Al entrar en una casa recién se sintió del todo en el futuro, y allí todo era una novedad.   Después de unos días empezó su entrenamiento. Sus comandantes eran tipos del pasado, de distintas épocas, y también participaban hombres del futuro, de ese presente.  Entre los soldados se encontraban tipos de esa época, y como todos eran novatos siempre eran los últimos en llegar cuando corrían, e increíblemente, a pesar de lo avanzado de las armas que usaban fallaban la mayoría de los disparos.

Finalmente se presentó una batalla. Los invasores tampoco tenían robots pues también temían que los humanos pudieran controlarlos. Las naves bajaron en una zona alta y, sus soldados, cubiertos con trajes que parecían aptos para usar en el espacio, descendieron por la nieve en un tropel aparentemente desordenado.  Los humanos avanzaron también y el encontronazo se produjo en un bosque que se extendía hacia una pradera congelada.
  
Los rayos de las armas empezaron a cruzarse en el aire. Los que impactaban en los troncos dejaban un pequeño hueco humeante, y algo parecido pasaba si alcanzaban un cuerpo. La batalla pronto se volvió guerrilla, y cada uno se agazapaba donde podía, y era un láser contra otro, y soldados locales e invasores iban quedando tendidos en la nieve cada vez más manchada. Los primeros en caer fueron los voluntarios de aquel tiempo, como era lógico.  Lorenzo era la muerte misma corriendo de tronco en tronco, apuntando al blanco, agachándose ante los rivales, rodando, y sobre todo, siempre atinando sus tiros. 

Después de dos horas, los pocos invasores que quedaban huían hacia la cima. La victoria era de los humanos. Lorenzo encontró a un invasor herido que estaba boca arriba. La parte delantera del casco se levantó y él pudo ver el rostro de su rival. Le resultó mucho menos grotesco que los de las imágenes que le mostraran los locales. La mayoría de sus rasgos eran humanos. Eso era lo que Lorenzo había estado presintiendo, la cosa no era como se la pintaban.  Entonces le preguntó al invasor, aunque no esperaba una respuesta: 

—¿Por qué quieren invadirnos? ¿De dónde son realmente? 
—Solo queremos recuperar nuestro viejo hogar —le respondió el supuesto invasor—. También somos humanos, lo fuimos… pero hace mucho que viajamos y vivimos en otros planetas, y nos vimos obligados a modificarnos genéticamente para adaptarnos. 
—¿Cómo es eso de que son humanos? ¿Antes vivían acá?
—Sí, nuestros antepasados construyeron la Antártida. 

Aquello confirmaba su temor, pero de todas formas ahora él no estaba con los malos. La humanidad había aprendido mucho de sus errores y eso había que defenderlo. Fulminó al invasor y fue a reunirse con los suyos, y nunca mencionó aquello que acababan de contarle. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya suerte la de Lorenzo pasar por lo mismo. Estuvo muy bueno. :)

Stephanie

Jorge Leal dijo...

Supongo que a muchos de los soldados de ejércitos invasores les pasará algo parecido. Muchas gracias por los comentarios, Stephanie. ¡Saludos!

Ongie Saudino dijo...

Vaya con Lorenzo, enterarse de algo así me caería terrible. Entonces eso quiere decir que, los humanos luchan cobtra humanos. Guao, es bastante interesante. Todavía los seres humanos no tenemos esa conciencia sobre nuestro hogar. Espero que no sea demasiado tarde para cuando se decidan a cuidar este hogar. Vaya, la culpa es de ellos por abandonar el planeta que los vio nacer, ahora que acepten las consecuencias. No se si yo hubiera hecho lo mismo, jaja!. Una gran, increíble y entretenida historia master!. ¡Espero la próxima historia!.¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Yo no los perdonaría ¡Jaja! Los humanos siempre lucharon contra sus semejantes. Como especie somos la peor, pero me gusta ser gente ¡Jaja! Gracias por pasar por acá, Ongie. Salu2!!

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