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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Santiago Y La Casa Embrujada

 ¡Hola! Este es el comienzo de una historia donde voy a juntar a varios personajes. Es la continuación de: "Juego De Payasos". Demoré en publicarla porque ando muy ocupado y me dio MUCHO trabajo. Por eso he decidido publicar las otras partes mas adelante, y por ahora seguir con algunos cuentos cortos. 
Para los que recién caen por el blog, para leer la primer parte pinchen Aquí.  Gracias.               





                       Santiago Y La Casa Embrujada 
Después de derrotar al payaso Santiago sintió muchas ganas de dejar todo aquello atrás. Reconocía que terminar con la bruja y el fantasma estaba en su destino pero comenzaba a creer, deseaba mas bien, que su papel hubiera llegado solo hasta allí. Ambrosio en cambio creía que el trabajo del muchacho estaba muy lejos de terminar, y por eso, aunque se dio cuenta de que Santiago ya no estaba motivado le siguió enseñando todo lo que sabía porque estaba seguro de que este lo iba a necesitar. A pesar de que su interés había mermado el muchacho siguió estudiando sin poner ninguna objeción. Y así pasó un año y medio. En ese período el cura bendijo un par de casas que aparentemente estaban embrujadas pero resultó que no lo estaban, y tuvieron el caso de una mujer supuestamente poseída que el cura enseguida identificó que se trataba de un problema mas común: abuso de substancias. Por lo tanto alumno y maestro no tuvieron mucha acción durante ese tiempo.

A esa altura Ambrosio decía que ya no tenía nada que enseñarle. Sus conocimientos eran vastos pero su alumno aprendía muy rápido. Una tarde, el cura acompañó a su discípulo hasta la entrada de la capilla y desde allí lo vio alejarse por la calle. Lo contempló lleno de orgullo. Ya se estaba convirtiendo en un hombre, y si siendo apenas poco mas que un niño había superado todo aquello, tenía grandes chances de convertirse en un gran exorcista, probablemente en el mejor de todos. Pero su vida iba a ser difícil y estaría llena de peligros. Mas Ambrosio confiaba en la enseñanza que le había dado. Antes de que Santiago desapareciera en la esquina el cura lo bendijo dibujando una cruz en el aire, sonrió, lleno de paz, y después entró a la capilla caminando lentamente...
Murió esa noche. Lo encontraron en su cama por la mañana, tenía el rostro muy sereno.
Santiago sintió su pérdida mas se consoló pensando que su maestro había tenido una vida muy larga y útil, y que al final había cumplido con su último objetivo, pasar sus conocimientos. Luego supo que el viejo ya estaba presintiendo que no iba a permanecer mucho mas en este mundo porque ya había hecho varios arreglos; le dejó una caja con todos los libros importantes. En la vaja también estaban sus diarios, y en un estuche de madera, un equipo para matar vampiros. También le dejó las pistolas de agua y un frasco de plata con agua bendita, además de varios crucifijos y amuletos. Santiago sabía que Ambrosio pretendía que siguiera con el “negocio”, ¿pero cómo hacerlo si nadie sabía que él podía realizar exorcismos? En los tres casos que participó después de lo del payaso los involucrados solo lo habían visto como al monaguillo que cargaba el bolso del cura. Nadie sabía que era alumno de Ambrosio, y de saberlo quién podría confiarle un trabajo tan oscuro a un muchacho. Terminó concluyendo que allí terminaba su lado exorcista. Solo dos meses después de esa lamentable pérdida, por cuestiones del trabajo de su padre se mudaron de ciudad. Al partir creyó que estaba dejando todo eso atrás. No sabía que el destino le tenía reservado mas horrores. 

Alquilaron un departamento en la nueva ciudad pero solo era algo provisorio. Apenas se instalaron su padre comenzó a buscar una casa para comprarla. Como sus ahorros iban a estar algo ajustados tenía que elegir la correcta. A Santiago no le sentó muy bien el cambio. Su nueva escuela resultó ser bastante hostil y enseguida se vio envuelto en un par de peleas. En esos enfrentamientos quedó bien claro que era de hacerse respetar, mas como salió con unas cuantas magulladuras, mientras se tocaba una mejilla adolorida pensó en lo irónico de la situación. Había liquidado a una bruja y a un payaso fantasma, y ayudado a exorcizar a una muñeca embrujada y había salido triunfal e ileso, pero ahora, lo que no consiguió un fantasma poderoso lo había logrado un busca pleitos. Sabía defenderse bien del mundo oculto pero de los peligros mas comunes no. Considerando eso decidió fortalecer también su cuerpo. Al llegar a esa ciudad, Luis, su padre, que ya la conocía, los llevó a pasear en el vehículo para que conocieran donde iban a vivir. En ese paseo Santiago vio un gimnasio de boxeo que no estaba muy lejos de el apartamento. Como había leído en un extenso artículo que las artes marciales están llenas de mitos y no tienen la efectividad que se supone, le pareció que era mejor aprender a boxear. 

Debido a sus peleas en la escuela sus padres tuvieron dudas pero él los convenció. Antes nunca les había dado problemas y sabían que si había peleado era por necesidad. Luis lo llevó a inscribirse. Cuando entraron al gimnasio vio que era muy grande y completo. Algunos de los que estaban allí los miraron muy serios, algo muy común en lugares así. Cualquier nuevo que aparece puede ser un rival, y tanto puede llegar sin saber nada como puede venir de otro gimnasio. Pasaron a la oficina del lugar. Los recibió un tipo muy alto y corpulento, los invitó a sentarse. Era el dueño del gimnasio. El musculoso sujeto usaba el pelo corto y sus ojos eran negros. Ya estaba muy cerca de los cuarenta pero representaba menos. Se veía muy recio pero su mirada era tranquila y era de esas personas que incluso a primera vista parecen buena gente. Se llamaba Francisco. A Luis le pareció que para lo equipado que estaba el local la cuota era muy baja, por eso le preguntó:

—¿Esta cuota es por mes?
—Así es, señor.
—Es barata. No es que me guste que me cobren mucho ¡Jaja! Pero al ver el local pensé que era mas.
—Sí, cobro eso porque no abrí esto para hacer plata. Lo que recaudo es para pagarle a tres amigos que enseñan aquí.
—Ah, que bien. Y, ¿qué necesitaría él para venir?
—Ganas de aprender y voluntad, constancia, todo lo otro lo tenemos aquí. Hasta le daría un par de calzados si tiene constancia. Pero antes de admitirlo quiero saber algo. No acepto a cualquiera. Dime...
—Santiago —le dijo el muchacho. 
—Santiago, ¿qué te pasó en la cara? Se sincero.
—Me peleé en la escuela.
—Él no era de pelear en su escuela anterior. Nos mudamos hace poco —intervino Luis. 
—Sí, y yo no la provoqué —siguió diciendo Santiago—, aunque si tengo que defenderme de nuevo, lo haría. No pelearía por una provocación, pero ante un ataque sí. Y mi intención es fortalecerme y aprender cosas que me ayuden a defenderme mejor, no voy a mentirle que es solo por hacer ejercicio.
—Muy bien, se nota que eres sincero. Me gusta tu forma de pensar. Bienvenido a mi gimnasio.
—Gracias, señor. 

Y se dieron la mano. Al otro día comenzó su aprendizaje. Francisco empezó a enseñarle y le encantó lo rápido que Santiago aprendía. Prácticamente no tenía que repetirle nada y se notaba la concentración que ponía cuando intentaba imitar lo que le enseñaba. Y así pasaron las semanas. No faltaba nunca y siempre llegaba temprano. Estaba asociando a aquel local con una etapa muy positiva de su vida cuando su destino se interpuso de nuevo. 
El gimnasio era grande pero en la parte de los baños no había mucho lugar. Francisco quería ampliar esa parte para colocar casilleros donde guardar los bolsos y otras cosas. Con esa finalidad compró el terreno que daba al fondo del gimnasio. Construyó en el otro terreno y lo unió esa parte al gimnasio. Al concluir la obra, como Francisco era muy generoso y le gustaba compartir con sus conocidos, hizo una fiesta en el local e invitó a todos los que iban. Antes de la fiesta Santiago y otros alumnos lo ayudaron a acondicionar el lugar. No les mostró la parte nueva, iba a hacerlo en la fiesta. Corrieron algunas máquinas de ejercitarse, descolgaron bolsas, pusieron unas mesas y sillas y estuvo listo. Del resto se iba a encargar una empresa para eventos que contrató. Cuando se hizo noche llegó todo el gentío, incluidos los padres de Santiago. La empresa de fiestas había llenado de comida las mesas y varios mozos atendían a los invitados. Santiago estaba en un pequeño grupo junto a Francisco y otros mas. En un momento dado uno de los muchachos probó un bocadillo y comentó:

—Esto sí que está delicioso.
—No está mal —comentó Francisco—, pero una vez comí asadas unas larvas de escarabajo y estaban mejor que esto, en serio, eso me pareció en ese momento.

Los del grupo se echaron a reír; la mayoría no sabía que lo decía en serio. Uno de los entrenadores, que era amigo de Francisco, preguntó entonces:

—¿Eso fue cuando te perdiste en Australia?
—Sí, pero no me perdí, me abandonaron para que muriera en el desierto.
—¿Que lo abandonaron para que muriera en el desierto? —preguntó asombrado uno de los presentes.
—Sí, pero como ya ven, aquí estoy, y eso ya es un cuento viejo. Ahora, ¿quieren ver los vestuarios? Vamos. ¡Amigos, por aquí!
La gente se amontonó detrás de él mientras abría la puerta.
—Esto es para ustedes. Ahora sí nos parecemos a un gimnasio profesional, ¿no?. Pasen —los invitó Francisco.

A pesar de estar rodeado de gente Santiago enseguida sintió algo extraño. Ambrosio le había enseñado que después que uno se topa con una presencia sobrenatural, si se es lo suficientemente sensible se puede sentir cuando se está ante otra. El vestuario era muy amplio: baños individuales, casilleros, unos lindos bancos, y hasta tenía un sauna. Todo estaba tan prolijo, tan pulcro, nuevo, sin embargo, allí había un fantasma. Nuestro exorcista sintió algo de pena por Francisco. Era tan generoso, había gastado mucho dinero sabiendo que el gimnasio no daba ganancias, y ahora sin dudas aquel fantasma iba a causarle problemas. Los presentes se mostraban asombrados y contentos, por eso Santiago supuso que su entrenador también estaría así, sin embargo lo halló serio, con la frente algo arrugada, y miraba en derredor como si buscara algo. ¿Acaso él también había presentido al fantasma? 

La gente empezó a retirarse del vestuario. Él joven exorcista quedó por último, pensando en qué clase de fantasma sería aquel. Cuando se iba a retirar sintió dos manos frías en la espalda y lo empujaron desde atrás. No cayó por poco, se equilibró con un paso largo y fuerte que sonó bastante. Se dio vuelta inmediatamente, el fantasma se había retirado. Francisco había escuchado el paso brusco que dio su alumno, y algo alarmado se había vuelto también. 

—¿Qué te pasó? —le preguntó Francisco.
—Nada, tropecé —tuvo que mentirle Santiago.
—Ah, bueno. ¿Y, qué te parece?
—Está muy lindo. Le agradezco, sé que lo hizo por nosotros.
—De nada. Sabes, quedó como yo quería pero, no sé, cada vez que entró hay algo que no me gusta —se sinceró Francisco.
—Entrenador, ¿puedo preguntarle una cosa personal?
—Ya te he dicho que me digas Francisco, y claro que puedes hacerme una pregunta.
—¿Usted tuvo algún encuentro con un fantasma?
—Te la respondo si tú me respondes algo antes, ¿qué te pasó realmente cuando casi caíste?
—Me empujaron, pero no fue nadie de los que están aquí, fue un fantasma.
—Eso me temía. Mi respuesta es sí, me topé con uno horrendo durante mi aventura en Australia.
—Por eso ahora siente algo raro, es su instinto. No todos lo desarrollan, pero evidentemente usted sí —observó Santiago.

 Mientras hablaban no se miraban entre ellos, vigilaban su entorno.

—Obviamente tú también tuviste una experiencia, y pareces saber bastante de esto.
—Un sacerdote amigo que era exorcista me enseñó todo lo que sabía.
—Ya veo. ¿Y qué pasó con el fantasma que viste?
—Lo mandé al infierno.
—Vaya, me hubieras sido útil en Australia. Ahora vámonos de aquí. Pasa primero, de espaldas a la puerta.

Se retiraron con cautela. Francisco traspasó el umbral y estiró el brazo para apagar la luz, y cuando lo hizo, en ese instante una mano muy grande, toda arrugada y blanca salió proyectada de la oscuridad, y moviendo los dedos como si fueran gusanos si dirigió a la cara de Francisco. Aunque aquella mano horrenda era fantasmal era visible y llevaba una velocidad, por eso Francisco pudo esquivarla, saltó hacia atrás, y casi simultáneamente Santiago cerró la puerta. Giraron la llave a toda prisa. Entonces el entrenador se volvió hacia su alumno. Los dos habían visto la mano pero Santiago se veía casi imperturbable. “Que muchacho mas valiente”, pensó Francisco. Nadie en aquel salón pareció notar aquella acción precipitada, estaban muy entretenidos comiendo. Los dos fueron hasta una mesa y se sirvieron un poco de refresco. Se miraron sobre los vasos mientras bebían, y finalmente fue Francisco el que habló en voz baja.

—¿Crees que esa cosa puede pasar para este lado?
—No creo, no por ahora. ¿Qué había en esa parte, cómo era el terreno?
—Donde está el vestuario era un patio. De la casa del terreno, que está mas allá, solo quedan algunas paredes.
—Ahí debe ser la zona fuerte del fantasma, hay que expulsarlo de ahí.
—¿Realmente sabes hacer exorcismos y cosas así?
Santiago dejó el vaso en la mesa y afirmó con toda seriedad:
—Sí, y puedo encargarme de este. Hay que expulsarlo.
—Te agradezco pero no puedo aceptar tu ayuda, no puedo dejar que corras ese riesgo.
—Si traigo unas cosas que tengo en casa —dijo Santiago mirando de reojo a sus padres—, no va a ser peligroso, no mucho, pero sí va a ser aterrador. Entrenador, digo, Francisco, usted está ayudando a un montón de personas. Este gimnasio es algo bueno. Muchos de los que vienen aquí no podrían pagar otro lugar, y tal vez con el boxeo tengan un futuro, y si ese no es el caso, por lo menos están haciendo ejercicio y no perdiendo su tiempo en la calle.
—Lo sé, pero hasta ahora funcionamos sin esa parte. Hago que levanten un muro donde abrí esa puerta y ya está.
—No es tan simple. Los fantasmas siempre están asociados a un lugar o a un objeto que les da energía, pero ellos a su vez le dan energía al lugar. Al construir esa parte el fantasma se expandió, porque cuando se construyen paredes y techos sobre un lugar abierto se contiene parte de su energía y al fantasma le resulta mas fácil pasar a esa parte, y con el tiempo su energía va a expandirse hacia aquí.

Francisco miró en derredor. Le agradaba aquel lugar. En vez de derrochar su dinero de forma egoísta estaba ayudando a otros. No quería perderlo, mas tampoco pensaba arriesgar a un alumno. Por eso se resistió al plan.

—Entonces hago que cierren ahí y volteen el vestuario.
—Podría servir pero no es seguro. Lo mejor es expulsarlo. Yo puedo, déjeme hacerlo.
—¿Realmente quieres hacerlo?
—Quiero ayudarlo a usted y al gimnasio; si quiero enfrentarme de nuevo a un fantasma, no, no quiero, pero sé que tengo que hacerlo. Tenía esperanzas de no pasar de nuevo por esto, pero si no lo hago sería como traicionar la memoria de mi anterior maestro. Ahora lo veo con claridad. Que yo justo estuviera entrenando aquí no es casualidad. Distraiga un momento a mis padres, si preguntan dígales que fui al baño o algo y deme unos minutos para ir corriendo hasta el apartamento.
—Está bien, lo haremos juntos. 

Santiago se deslizó por el salón y cuando no lo veían salió corriendo hacia la calle. El apartamento estaba bastante cerca. Volvió unos minutos después, tratando de disimular lo agitado que se encontraba por haber corrido rápido. En los bolsillos del abrigo y en el cinturón llevaba varias cosas.Ya muy avanzada la noche la gente empezó a retirarse. Pasaban a despedirse de Francisco y se marchaban. Alumno y maestro intercambiaron algunas miradas cada tanto. Santiago le dijo a sus padres que iba a quedarse a ordenar de nuevo el lugar. Los de la empresa estuvieron un buen rato mas. A los que quisieron quedarse a ayudar Francisco les dijo que mejor lo dejaban para el otro día, y repartió entre ellos la comida y las bebidas que había sobrado. Y los muchachos se marcharon contentos con botellas de refresco bajo el brazo y cajas en las manos. Santiago se tuvo que marchar también pero quedó cerca. Esperó un rato y regresó. Los de la empresa también se habían ido, y el fantasma ahora parecía furioso; dentro del vestuario se escuchaban golpes y rezongaba una voz ronca.

—El fantasma intenta impresionarnos —comentó Santiago—, presiente que podemos expulsarlo. Estos amuletos nos protegerán, colóqueselo en el cuello. Y esta es para usted.
—¡Oh! ¿Un arma? —se asombró Francisco.
—Son pistolas de agua, es agua bendita. Y tome este par de linternas, son pequeñas pero alumbran muy bien, y esto le va a gustar. Esta cadena cadena de plata está bendita y emana una energía poderosa. Si se la envuelve en el puño puede golpear al fantasma.
—¿En serio?
—Sí, lo golpearía con la energía que envuelve la cadena.
—Genial. ¿No tienes un libro o algo así?
—No, sé los rituales de memoria. Hay que entrar.
—Bien, pero yo voy adelante, si de algo he de servirte será como escudo humano. Vamos.

Francisco abrió la puerta y pasó primero. Santiago entró recitando un antiguo conjuro en latín. Como el exorcista había previsto, el fantasma rompió las lámparas y todo quedó oscuro. Encendieron las linternas. Las palabras en latín retumbaban con fuerza y los haces de luz recorrían inquietos la habitación. Uno de los haces enfocó de pronto por un instante a un viejo muy pequeño y gordo que cruzó corriendo por la oscuridad. Después se escucharon ruidos dentro de uno de los casilleros. Custodiado por Francisco, Santiago llegó hasta ese casillero y, sin dejar de recitar el conjuro le indicó con un gesto que lo abriera. El fantasma era ahora solo una cabeza en el fondo del casillero. La cabeza reaccionó a las palabras del exorcista y le empezaron a girar los ojos y de la boca le empezó a salir una especie de baba, y la cabeza chillaba horriblemente. Santiago repitió una serie de palabras y entonces la cabeza desapareció.

—Tire un poco de agua bendita ahí; yo voy a desparramar un poco por todo el lugar —dijo Santiago. 
—¿Ya lo expulsaste?
—De aquí sí, pero todavía sigue en su vieja casa, tenemos que ir hasta ahí. 

Como no había una puerta que los conectara con ese fondo tuvieron que salir del local y rodearlo por un corredor angosto al cual accedieron después de cruzar un portón. Las ruinas de la casa estaban sumidas en la mas profunda oscuridad. En el momento en que el joven iba a empezar otro ritual, el fantasma salió de la nada volando hacia ellos. No pudo hacer contacto con el exorcista porque la energía del amuleto se lo impidió, y cuando quedó flotando frente a él un brazo poderoso se estiró con rapidez y lo impactó; era Francisco. El efecto fue similar a cuando se golpea un globo. La aparición rebotó en una pared y después cayó al suelo como convulsionando. La energía de la cadena había hecho su trabajo. Continuó el ritual y tras unos últimos chillidos el fantasma desapareció para siempre.

—Ahora ya no va a molestar a nadie —afirmó con seguridad Santiago.
—Gracias, te debo una, amigo. No voy a olvidar este favor. 
—De nada, amigo.
—Larguémonos de aquí. Esta cadena sí que funcionó, sentí que el fantasma era sólido como un cuerpo cualquiera.
—Lo sintió así porque la energía de la cadena repele a la fantasmal, y al encontrarse bruscamente alguna tiene que ceder, algo como lo que pasa con la materia. Quédese con esa, tengo otra, y con el amuleto. Puede hacerse dos pulseras y todavía le sobra cadena. No pierde poder, cada tozo tiene la misma energía. También me voy a fabricar unas.
—Te agradezco de nuevo. En esto el experto eres tú, mas no te olvides, si te puedo ayudar en algo lo haré.
—Lo sé. Si tengo otro caso no me vendría mal un escudo humano que además golpea ¡Jaja!

Por las cosas que el fantasma había roto decidió cerrar por un día el gimnasio. Cuando volvieran los otros todo estaría impecable de nuevo.

Santiago llegó al apartamento sintiéndose extraordinariamente bien. Había ayudado a un hombre bueno que tenía una buena obra. Pensó en Ambrosio. El viejo cura no le había enseñado todo aquello en vano y él lo sabía. Su destino era ser exorcista donde fuera. Se preguntó después cuál sería su próximo trabajo, cómo se presentaría. No sabía que iba a ser mas pronto de lo que pensaba y toda su familia iba a estar involucrado. Le aguardaba un desafío extremadamente difícil, pero ahora tenía un aliado y pronto se le iban a unir otros.
Continúa...

26 comentarios:

Raúl sesos dijo...

Aplausos Jorge!!!!

Ongie Saudino dijo...

Que genial!. Francisco y Santiago juntos en una aventura!. Excelente master, buenas ideas surgen cada día en ti. Esta historia si que quedó aterradoramente bien. Ya Santiago tiene un aliado que se encuentra en buena forma. Espero que publiques pronto la próxima parte, me imagino que la otra estaráigual o mejor, viniendo de usted será tan buena como esta. Por algo así vale la pena esperar, tómate el tiempo que sea necesario, ya que el resultado es lo que cuenta amigo. Espero la próxima historia. Saludos desde Venezuela!.

Jorge Leal dijo...

¡Jeje! ¡Gracias! Mi intención es que la próxima sea mas de terror todavía. Y en la tercer parte aparece Guillermo, el cazafantasmas. Santiago la va a pasar feo... pero después se van a enterar ¡Jeje! ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

¡Muchas gracias, Raúl! Te aseguro que si me tienen paciencia va a valer la pena. Y por mientras voy a subir otros cuentos. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Amigo que bueno en verdad..y promete..uno de los heroes volvio a las andanzas jeje grande Francisco..ademas toco lo nuestro,el entrenar para defenderse y algo que resumiste en pocas palabras:las artes marciales tienen mucho de mito..esta genial maestro que venga la continuacion.saludos.Willy

Anónimo dijo...

Extraordinario, que agradable sorpresa, la verdad una aventura entretenida y renovadora, las fuerzas del bien se están uniendo. Aplausos Jorge, saludos Analia.

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias por comentar, Analia. Los buenos se unen sí. Hace tiempo que tenía ganas de publicar algo así. Normalmente solo trato que dentro de la fantasía el cuento tenga lógica, y si ganan los buenos o no depende de eso; pero ya era hora de mandar al diablo a todo lo malo ¡Jaja! ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

¡Jaja! Gracias, Willy. Saludos, amigo!!

Belén Duran dijo...

Super super te admiro

Belén Duran dijo...

Super super te admiro, gracias por la historia

Anónimo dijo...

Me gusto, pero al principio, pense que se reuniria con Guillermo el de la historia de los cazafantasmas, ya despues lei tu comentario, en donde los juntaras, excelente historia y estaremos esperando las siguientes partes

Saludos
Cesar de Leon Escobedo

Anónimo dijo...

ME ENCANTAN TUS CUENTOS, LOS HE LEIDO TODOS, POR FAVOR NO DEJES DE PUBLICAR, EN MI EXPERIENCIA COMO LECTORA, NO ME HABIAN GUSTADO TANTO LAS HISTORIAS Y CUENTOS COMO LAS TUYAS, EXCELENTE TRABAJAO¡¡¡¡

Jorge Leal dijo...

Hola. Muchas gracias. Que siga publicando o no en gran medida depende de los lectores. Todo el que "comparta" mis cuentos sin citar la fuente, un enlace verdadero, hace que el buscador considere que mi contenido es de baja calidad por estar en mas de un lado. Aunque citen al autor no es suficiente, tiene que tener un enlace por esa cuestión técnica. Sé que a veces no lo hacen con mala intención, pero el resultado es el mismo. También podrían ayudarme y recomendar el blog entre sus contactos ¡Jeje! ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Gracias, Cesar. Guillermo va a aparecer cuando estén en aprietos, es la caballería ¡Jaja! ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Gracias a ti, Belén, por estar siempre pendiente. ¡Saludos!

Raúl dijo...

Jorge super bueno!! Muy buena idea de juntarlos...simplemente excelente!!

Anónimo dijo...

Yesss estuvo estupendo me encanto en definitiva lleno mis expectativas
Stephanie

Anónimo dijo...

simplemente me encanto¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡, no puedo dejar de leer tus historias ¡¡¡

Jorge Leal dijo...

Sigue leyendo nomás que para eso están ¡Jeje! Muchas gracias por comentar. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

¡Jaja! ¡Gracias, Stephanie! Esta historia fue de menos a mas, y espero que siga mejorando. Y me resulta tan complicado escribirla que de paso mejoro yo también, o eso intento. Un abrazo!!

daniel almendra dijo...

Me encantó, solo espero que a este nuevo grupo no le pase lo que a otros que hiciste, el hombre lobo y los cazadores de monstruos jamás tuvieron más historias...

Jorge Leal dijo...

¡Jaja! En realidad te equivocas, sí continué esa historia, solo que no la publiqué acá ni pienso hacerlo. Ahora estoy por terminar una novela corta donde el personaje principal es el alumno de todos esos. Creo que demasiado hice con subir "Cazador de Fantasmas" y "Desierto Infernal". Aunque abrí de nuevo el blog no olvido ni por un segundo que por aquí andan muchos parásitos. Los buenos lectores tienen paciencia porque saben que cuesta escribir algo así. Vos recién ahora viniste a comentar y reclamando ¡Jaja! Por gente como vos es que no subo todo lo que escribo, no vale la pena.

Anónimo dijo...

tienes razón los buenos lectores tenemos paciencia, pero a veces uno queda con la duda de lo que pasa en la historia, pero también hay que comprender que escribir algo de calidad no es fácil y lleva tiempo, por mi parte sigo esperando la continuación de la historia con santiago, francisco y guillermo

Jorge Leal dijo...

Si no quedaran con "hambre" no entrarían mas al blog ¡Jaja! Te aseguro que entrar a ver si subí algo da mucho menos trabajo que escribir estas historias. gracias por la comprensión. ¡Saludos!

Karina Cisneros dijo...

Fantástica: por un momento me hiciste creer que escribirías la historia del fantasma (como lo has hecho en otras historias como en el caso de Mario el payaso o el viejo Smith con cabeza de puerco) e incluso llegue a creer que podría ser Óscar por aquello de la casa abandonada... no escribo lo aterior como reclamos eh! no le hizo falta nada... me transportaste justo a los baños del gimnasio de Francisco (como la vez del fantasma que se iba del lugar siguiendo gente... eso es justo lo que tienen tus historias, mucho folklore latinoaméricano!, no necesitas inventar algo descabellado, basta con imaginar aquello sobre lo que la gente platica... eso que da miedo de solo oirlo porque sabes que ha pasado.

Tienes en particular una historia de la cual no recuerdo el nombre pero hasta recordarla me da escalofrío: trata del fantasma de una chica llamada Verónica... me da miedo porque dende vivía con mis padres y mis hermanos en México al lado de la casa hay una panadería y ahí si tienes poca suerte (o mucha -depende del cristal con que se mire) podrás ver el fantasma de una mujer... bueno ya no esta en la panadería... si ve que la ves... puede salirse, eso es lo escabroso.

Sigue escribiendo Jorge, aunque no lo hagas aquí, Nunca dejes de creer que ere bueno. Saludos

Jorge Leal dijo...

Te agradezco el comentario. Me alegra que notaras eso en mis cuentos. Desde el comienzo mi objetivo fue que un buen número de las historias sucedieran en lugares corrientes y a gente corriente (en el buen sentido) para que los lectores se identificaran. Por eso en muchos de mis cuentos los personajes son albañiles, pintores, plomeros, estibadores, guardias de seguridad, obreros de fábricas... y así podía seguir. Y muchos escenarios se parecen a los que todos conocemos. Por eso a muchos los cuentos le resultan familiares, y es por lo común de los escenarios. Todos los barrios tienen alguna casa vieja, algún edificio abandonado, cosas así.
La historia a la que te refieres debe ser "El fantasma de Verónica": Lo anecdótico de esa historia es que cuando estaba pensando en el nombre que le iba a poner al personaje, escuché la voz de una vecina que vivía a lado y le puse su nombre. Después, haciendo una búsqueda para ver cómo posicionaba esa entrada, descubrí que había una crepypasta muy conocida y difundida que se llama igual ¡Jaja! Aunque mi historia es bien diferente, tú lo sabes. Y hay algo mas curioso que no sé si me vas a creer; cuando escribí ese cuento, la casa que me imaginé al hacerlo es donde funcionó una panadería por unos doce años, y yo trabajé todos esos años ahí ¡Jajaja! En serio. Casualidades. ¡Saludos!

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