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martes, 1 de diciembre de 2015

África

¡África! ¡No podía creer que estaba allí! Partí junto a los Thompson en un vehículo todo terreno descapotado. Pronto vimos la vida salvaje de la cuna de la humanidad. Primero divisamos unas jirafas, después  unos elefantes que sacudían las orejas al vernos y levantaban su trompa como saludando; luego James Thompson me aclaró que estaban irritados...
  El sol nos quemaba y el vehículo levantaba una nube de polvo rojizo, y en algunas partes había que cuidarse de los arbustos que podían alcanzarnos con sus espinas; ¡pero que importaba, estábamos en África! Me encontraba muy emocionado como para que algo me molestara. Atravesamos una zona muy vasta con poca vegetación que se parecía más a un desierto que a la sabana. Pero el paisaje fue cambiando y empezamos a ver pastizales, más árboles, y pronto el camino estuvo completamente rodeado de espinosas acacias. 

Cuando hicimos una pausa me enteré que los Thompson tenían la intención de fotografiar leones, lo que me inquietó un poco mas no opiné porque era su invitado, además iban con nosotros dos guías fuertemente armados y eso me daba algo de seguridad. Uno de los guías me dio un machete. Enseguida lo probé en unas ramas, y al cortarlas de un golpe me sentí todo un Tarzán. James y su esposa sólo llevaban sus cámaras y una mochila; yo también cargaba una, ellos me la habían dado. Seguramente mi supervivencia hubiera sido imposible sin aquella mochila y el machete que me dio el guía.   
Dejamos el vehículo atrás y empezamos a seguir un sendero. Los guías iban adelante, atentos; a veces se inclinaban y observaban algo en el suelo. Uno de ellos encontró unas huellas y las seguimos largo rato.  Íbamos por donde el pasto estaba corto. Pequeños grupos de árboles espinosos no nos dejaban ver muy lejos y fácilmente podrían ocultar cualquier animal.   Me estremecí al escuchar unos rugidos lejanos. Cuando miré a los Thompson ellos estaban sonriendo.

—No te preocupes, Claudio —me dijo James—. Hemos hecho esto muchas veces. Los leones de esta zona están acostumbrados a ver gente. 
—Si tú lo dices… pero igual es un poco atemorizante.
—Nos pasaba lo mismo las primeras veces. 

Aún no veíamos ni un león cuando los guías se volvieron hacia nosotros con cara de preocupados y uno de ellos dijo una palabra que no entendí, y señaló hacia un gran matorral.

—Hay una manada de búfalos africanos ahí adelante —me aclaró James.

Quedamos inmóviles por un instante. El corazón me empezó a latir fuerte. Sorpresivamente el matorral se agitó, sonó el estruendo de decenas de pisadas, y una manada de búfalos arremetió contra nosotros a toda velocidad. Aquellos animales inmensos, musculosos, de cuernos puntiagudos, parecían una tropa infernal que había surgido de la nada. Después fue todo confusión. Sé que corrí con todas mis fuerzas, me adentré en un matorral buscando un árbol que me salvara, y recuerdo que uno de los animales me seguía. Cuando me alcanzó me hizo dar varias vueltas en el aire, luego, oscuridad. Cuando recobré la conciencia estaba tirado bocabajo. Me di vuelta y me incorporé a medias. Estaba solo. Me dolía casi todo el cuerpo pero podía moverme sin dificultad. 

Supongo que el animal me dio por muerto al verme inconsciente. Palpé mi cuerpo con el temor de que mis dedos se encontraran con una herida sangrante, mas por suerte no la hallé. Milagrosamente la punta de la cornamenta no me alcanzó, no sé cómo. Me levanté y escuché: no había nadie cerca de allí. Gritar no era una opción inteligente en aquel lugar. Mirando en derredor encontré el machete. A pesar de la embestida la mochila estaba bien firme en mi espalda. Por lo menos tenía cosas, mas lamentablemente no tenía ni la más remota idea de hacia dónde ir.

Cuando creí rumbear hacia el lugar donde me había separado, se me interpuso un cerco de espinas; no podía haber cruzado por aquel lugar. Estaba completamente perdido. Por suerte mi instinto de conservación es fuerte, lo descubrí ese día. Enseguida procuré una rama recta para fabricarme una lanza. Corté una de un machetazo y le hice una punta aguda pero fuerte. No quería enfrentarme a un león con una lanza de madera pero era mejor que tener sólo el machete. Si me topaba con otro búfalo solo podía huir de el.
El sol ya se estaba acercando al horizonte. Tenía que encontrar un refugio. Caminé sigilosamente mirando hacia todos lados. Hallé un árbol enorme. Primero consideré treparme en él mas recordé que las noches en la sabana son muy frías, y que igual quedaba expuesto a los leones porque estos podrían trepar fácilmente allí. 

 Revisé la mochila y encontré un encendedor. Tenía también una cantimplora llena de agua, unos dulces, una linterna y un par de bengalas.  La prioridad ahora era encontrar leña. Por suerte era muy abundante allí, aunque era espinosa. Desgajé unos troncos caídos y los arrastré hasta ubicarlos frente al árbol. Quería hacer una fogata grande que disuadiera a las fieras y me brindara calor. Mientras cargaba leña el sol iba bajando cada vez más y para empeorar el asunto empecé a escuchar más rugidos: se acercaba la hora de la cacería. 

Sabía que debía juntar una gran cantidad de leña para que pudiera durar toda la noche. Antes de que muriera el día encendí la fogata con una de las bengalas . Enseguida me sentí más aliviado. Me senté recostado al tronco y me preparé para pasar una noche inquietante.  Apenas las tinieblas cubrieron todo, la luz de la fogata reveló unos ojos que me espiaban. Por encima del chisporroteo del fuego podía escuchar que rozaban ramas, y esporádicamente veía un par de ojos que enseguida desaparecían entre las sombras. El fuego disuadía a las fieras mas no se alejaban mucho. La luz de la linterna no los inquietaba, sólo los mantenía en las sombras. Ahora mi situación era igual a la del hombre primitivo, cuando no éramos exterminadores de bestias sino sus presas. La noche fue horriblemente larga. Vi pasar por el cielo toda una constelación de estrellas. Cerca del alba, uno de los leones que me acechaban fue más temerario y se dejó ver. Me incorporé y encendí la bengala que me quedaba, acompañando esa acción con unos gritos para disuadirlo. Funcionó. 

Al llegar la mañana las bestias aún no se retiraban. Ahora podía verlas, se paseaban entre los matorrales: estaba atrapado.  Ya no quedaba mucha leña. Subir al árbol ahora era una buena opción. Mientras subiera uno a la vez supuse que podría repelerlos con la lanza, si subían varios estaba perdido. Usé la mochila como vaina para el machete y también até a ella la lanza; necesitaba las dos manos para trepar. Cuando el fuego se extinguió del todo comenzó el ataque. Tal como suponía, el primer león trepó con relativa facilidad. Le dí un lanzazo en la cara y lo hice arrojarse hacia abajo.  Por lo menos ese no me iba a molestar más, porque luego de la caída se alejó hacia los matorrales a paso ligero; pero quedaba el resto de su familia.  Avanzó el día y los leones seguían rodeando el árbol. Debían estar muy hambrientos o suponían que la presa era muy fácil; mas otro averiguó que no era tan así al recibir un piquete en el hocico cuando trepaba hacia mí. 

No tenía ganas de comer pero sabía que necesitaba energía. Estaba comiendo un dulce cuando escuché un sonido que me produjo una alegría enorme: era una bocina. Los Thompson recorrían aquella zona en el todoterreno. Grité con fuerza para indicarles mi posición, y un momento después terminó mi casi mortal aventura en África. 

4 comentarios:

  1. No se si fue maña o suerte pero seguro que si hubiese sido yo muchos animales hubieran tenido su alimento jajaja

    Stephanie

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    1. Como le decía a Ongie, Hasta no pasar por algo complicado no sabes cómo vas a reaccionar. He visto a mas de uno con fama de malandro asustarse por bobadas en el monte. Muchas gracias por comentar, Stephanie. Saludos!!

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  2. Vaya con Claudio, supo usar bastante bien sus herramientas. Hubiera sido yo, seguramente no lo soporto, ni siquiera llego a la noche, jaja!. Muy entretenida master!. Espero la próxima historia!. Saludos desde Venezuela!.

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    1. Hasta no haber vivido alguna situación difícil uno no sabe cómo va a reaccionar; puede que te sorprendas. Gracias. Saludos!!

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