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jueves, 3 de diciembre de 2015

Brujas

El pueblo ya empezaba a verse desde aquel punto del sendero pero algo que estaba en el costado de este fue lo que llamó la atención de Leonard.  Era una estaca larga carcomida por el fuego y en su base se acumulaba un montón circular de cenizas blancas.  Al acercarse comprobó que era una hoguera, y que habían quemado a alguien en ella...
Leonard había llegado hasta allí a pie, tras días de atravesar parajes salvajes completamente desolados e inquietantes: sombríos y callados bosques de árboles inmensos, terrenos abruptos llenos de acantilados y peñascos, y entre ellos valles melancólicos donde vientos sibilantes se paseaban impunemente. Ahora se hallaba en el borde de aquel pueblo, y era obvio que habían tenido problemas con una bruja, aunque aparentemente lo habían solucionado; pero no era así.

Al entrar en una callejuela, los que andaban en ella lo miraron desconfiados. Todos parecían campesinos; vestían humildemente y algunos cargaban herramientas de labranza. Al ver pasar al forastero cuchicheaban entre ellos, examinándolo con la vista de pies a cabeza. El rumor sobre el forastero recién llegado recorrió rápidamente las callejuelas. Sin dudas todos deseaban preguntarle qué hacía allí, pero como cargaba una espada y un par de trabucos, y parecía ser peligroso, nadie se animaba, aunque su mirada no era la de un hombre ruin, mas los lugareños eran desconfiados. Finalmente lo encararon dos hombres que llevaban mosquetes. Ensayando su voz más firme uno de ellos le preguntó:

—¿Quién es usted y a qué ha venido a este pueblo, señor? 
—Me llamo Leonard, y voy a donde me lleven mis piernas y mis ganas de recorrer el mundo. No vengo por ningún asunto, solo vi el pueblo y me arrimé, señores. ¿Les basta eso?

Hubo un momento de silencio donde los tres se examinaron. La gente que andaba por allí se apartó temiendo una pelea, y por la apariencia del forastero no le tuvieron mucha fe a aquellos dos.  Ellos tampoco se tenían fe, solo eran campesinos, y como además Leonard parecía sincero, el tipo bajó el tono y dijo:

—No queremos molestarlo. Normalmente somos más hospitalarios por aquí, pero es que usted ha venido en mal momento, señor. Ayer quemamos a una bruja, y entre las llamas esta juró que sus compañeras las iban a vengar, y la gente está asustada. 
—Ya veo. Yo tampoco busco problemas, aunque a veces me veo envuelto en ellos. Espero que esta vez no sea así. 

Después de ese encuentro, que para él no fue nada, dejó que lo guiara el aroma a pan recién horneado, algo que no probaba desde hacía tiempo.  Y tras intercambiar unas pieles de lobo por unas hogazas de pan, un par de quesos y una bota de vino, se sentó contra una pared y comió mientras observaba el atardecer.  Apenas se puso el sol, en el horizonte aún claro aparecieron unos puntos oscuros que desde lejos se podrían tomar por una bandada de pájaros, pero eran las brujas que se aproximaban volando. No iban sobre escobas, volaban montadas sobre algo parecido a un silla, y todas lanzaban risotadas de malicia. Cuando los primeros pobladores advirtieron a las brujas y corrieron alertando a todos, Leonard ya estaba pronto para enfrentarlas y sostenía sus dos trabucos con los cañones hacia arriba. 

Pronto cundió el pánico. La gente entraba corriendo a sus viviendas y se escuchaba como trababan las puertas y ponían maderas en las ventanas. “¿Nadie las va a enfrentar?”, pensó Leonard. Corrió por la calle, ya estaba vacía. Ahora la oscuridad extendía sus alas sobre el pueblo. Las carcajadas de las brujas alcanzaron las casas. Sentadas en aquellos objetos, las brujas cruzaban volando sobre los techos, descendían hasta las calles, se elevaban nuevamente, siempre lanzando sus risotadas aterradoras. Su intención era causar terror, luego atacar los hogares; pero un hombre en aquel lugar no tenía miedo.

Un fogonazo estalló en un rincón oscuro y una bruja cayó a la calle, y cuando se estaba levantando entre maldiciones, una espada surcó en abanico el aire, a la altura del cuello de la bruja, y ese fue su fin.  Después Leonard corrió hacia otro lugar. Una bruja lo había observado desde la altura, y como un ave rapaz se lanzó en picada hacia él, mas cuando estaba por alcanzarlo él se arrojó al suelo haciéndola pasar de largo. El otro trabuco escupió fuego y fue certero, luego la espada terminó el trabajo. Cuando recargaba sus trabucos una puerta se abrió y lo invitaron a pasar: 

—Venga, entre. Son demasiadas brujas para un hombre, aunque sea alguien como usted.

A Leonard no le gustó la idea de esconderse pero el hombre tenía razón; eran muchas. Entró y ayudó a trancar la puerta.  En el interior, acoquinadas contra una pared, un par de mujeres rezaban a media voz; una era mayor y la otra muy joven. El hombre que lo invitara a pasar era uno de los que lo habían encarado esa tarde. Fuera, a las carcajadas de las brujas se sumaron ahora los gritos de algunas personas. Resonaban detonaciones de mosquete, clamores, gritos de terror; el caos dominaba todo el pueblo. Esa situación duró unas dos horas, luego las brujas se fueron. Su poder para volar era limitado. Después vino la larga espera hasta el amanecer. Cuando los pobladores volvieron a salir a la calle vieron el horror que habían dejado las brujas. Todos los que fueron arrebatados de sus hogares estaban ahora tendidos en la calle. Las invasoras también habían tenido sus bajas pero eran pocas.

Unas horas después, una larga procesión de gente en carretas o caballos se alejaba del pueblo. Pero no todos pensaban huir y abandonar sus hogares. Un gran grupo se reunió a planear su defensa, y entre ellos estaba Leonard, que aunque nunca buscaba problemas se había visto envuelto en varios, y en el pasado había sido cazador de brujas. 

3 comentarios:

Ongie Saudino dijo...

Un gran tipo, si hubiese sido por Leonard, hubiese muerto antes que esconderse, pero algunas veces es mejor pensar con la cabeza que con la valentía y la fiereza. Espero que Leonard sepa resolver este otro problema, porque parece que los mismos lo persiguen,jaja!. Mira que haber sido cazador de brujas y ahora, verse obligado a ejercer de nuevo el oficio. Este personaje, por que habrá dejado de ser cazador?. ¿Por que andaría de viaje?. ¿Quien será en realidad Leonard?. ¿Tendrá continuación?. Creo que estoy haciendo muchas preguntas,jeje!. Me pareció excelente esta historia, Leonard es muy valiente, bastante preparado, genial y asombroso. Muy buena historia amigo, esas brujas tendrán su merecido. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

No tiene continuación. Gracias por comentar, Ongie. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Muuuuuy bueno, quiero más...
Stephanie

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