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viernes, 18 de diciembre de 2015

De Ciencia Ficción

                                          El Viejo Científico
“Quien ríe por último ríe mejor”, pensó Danilo mientras miraba de reojo a algunos de sus vecinos que, formando una ronda evidentemente hablaban de él porque lo miraban y después reían entre ellos. Muchas veces Danilo había visto eso y era porque él no encajaba allí, y la gente se mofa de lo diferente cuando no le teme. Pero eso estaba por cambiar.

Danilo era un viejo científico bastante excéntrico y poco sociable (algo loco, dirían algunos), vivía en una zona residencial y no era muy querido allí.  Todo comenzó cuando construyó su casa, que más bien era un edificio enorme similar a una barraca, y a los de la zona les pareció de mal gusto porque desentonaba con sus lujosas viviendas. Cuando se enteraron que era un científico la cosa empeoró porque todos supusieron que en aquel lugar tan grande el viejo tenía pensado hacer experimentos o vaya a saber qué actividad de científico loco, y nadie quiere vivir al lado de algo que puede explotar o emanar de pronto algo tóxico. “Quién sabe qué hace ahí”, comentaban algunas vecinas con el ceño fruncido y mirando los altos muros del edificio.

Pero lo que enseguida desató una serie de comentarios chistosos fue el vehículo en que se trasladaba el viejo. Era un auto eléctrico construido por él. En realidad el vehículo era muy seguro y bueno para el medio ambiente, pero desentonaba tanto en una zona de autos Mercedes, Ferraris y Volvos caros que eso era casi una ofensa para los propietarios de esos vehículos.  Aquel pequeño auto con un panel solar en el techo era motivo de burlas y comentarios jocosos que hacían sin importarle mucho que el viejo los notara. Pero pronto aprenderían que no es aconsejable meterse con un científico loco. 

Danilo dejó de salir a la calle y pasaba todo el día en su casa. Algunos repartidores le llevaban comida todos los días y seguido comenzaron a llegar camiones con cajas grandes y pequeñas. Toda aquella actividad despertó más la curiosidad de sus entrometidos vecinos. Hubo días en los que llegaban varios paquetes. A veces Danilo se asomaba al recibir alguno y enseguida volvía a encerrarse. Un tipo que vivía enfrente, después de hablarlo con otros vecinos un día se atrevió a tocar la puerta del viejo. Otros residentes miraban desde el frente de sus casas simulando barrer o cortar el césped. 

—¿Quién es? —preguntó desde adentro Danilo. 
—Soy su vecino de aquí enfrente, González.  Queríamos saber, digo, quería saber si estaba bien, como no lo hemos visto salir…
—Estoy bien. 
—¿Seguro? —Danilo no contestó y se escucharon sus pasos alejándose de la puerta. 

De nada le sirvió aquella incursión a los curiosos. El científico seguía haciendo algo, ¿pero qué era? Lo descubrieron una noche un tiempo después.   Unos golpes fuertes hicieron temblar la calle y a algunos autos se le activó la alarma. Una mujer se asomó por una ventana y lanzó un grito de terror. En la calle avanzaba con pasos retumbantes un inmenso robot. Caminaba sobre dos piernas, como los gigantes de los cuentos pero este era de acero. Dentro del aparato iba Danilo y sonreía como un demente. Fue hasta una casa y abrió el portón de un garaje como si este fuera de papel. Adentro había un auto lujoso. Lo arrastró con uno de los brazos mecánicos y con el otro le aplastó el techo. Unos golpes más y el vehículo estaba irreconocible.  Después pasó a la vivienda de al lado he hizo lo mismo. 

Dentro de las viviendas algunos gritaban de miedo. Por la destrucción empezaron a sonar alarmas y pronto se sumaron las sirenas de los policías. El científico seguía con su destrucción.   Intentaron detenerlo con disparos pero contra aquel robot era inútil.  Uno por uno destruyó todos los vehículos de la cuadra. Después de cumplida su misión el robot se paró en medio de la calle y el viejo bajó de él sin ofrecer resistencia a los agentes que lo rodearon.   Cuando lo llevaron esposado el viejo seguía sonriendo como un demente: “Quien ríe por último…”. 
                                     - - - - - - - - - - - - 
                                  El Pasado De La Tierra
Los viajes en el tiempo ya no eran ficción, la ciencia lo había logrado. Pero los viajes en el tiempo hacia el pasado resultaron no ser lo que se especulaba. Se podía verlo todo, grabarlo en imágenes, viajar por paisajes que ya no existen, por paisajes del pasado, mas no se podía interactuar con nada y por lo tanto era imposible cambiar algo. El viajero no podía salir de la máquina del tiempo (que eran parecidas a una nave voladora) y una barrera de energía lo separaba del medio ambiente, por lo que ni respiraban el aire del pasado.  Las mentes más brillantes de la época concluyeron que era mejor así, ya que de esa forma nadie podía alterar la historia para bien o para mal. De todas formas podían observar cosas extraordinarias que iban a cambiar la comprensión del hombre. Al final terminaron descubriendo algo que nadie se imaginaba. 

Bruno era parte de un proyecto que estudiaba la extinción de los dinosaurios. Ya no había lugar para especulaciones ni teorías fundadas en pocas pruebas, casi todas fósiles, otras rocas y capas de suelo, ahora podrían ver qué pasó realmente. Habían rastreado el cataclismo hasta el día mismo donde cayó el meteorito que se suponía devastó el mundo de los dinosaurios. La máquina del tiempo se encontraba en el centro de un salón enorme lleno de computadoras y gente observando monitores. Bruno entró a la máquina como quien ingresa a un pequeño avión. Gran parte de la cabina era transparente. La encendió y levantó su pulgar.

—¿Estás listo, Bruno? —le preguntó el jefe del operativo por un comunicador. 
—Listo, señor, y para ser franco, algo ansioso —le respondió Bruno. 
—No es para menos, vas a hacer historia, muchacho. Serás el primer hombre en ver el fin del larguísimo reinado de esas criaturas magníficas, si es que realmente ese fue el fin. 
—Si todo sale bien… allá voy.
—Suerte.
—Gracias. 

Bruno accionó la máquina y pronto desapareció. Al viajar en el tiempo, hasta no llegar a destino lo único que veía fuera de la máquina era un fondo oscuro rayado de luces, como si girara rápidamente por el espacio. Cuando llegó al día que era su destino, todo un paisaje apareció de pronto en derredor de la máquina; pero no era el paisaje que esperaba.  Estaba en un valle humeante y desolado donde ya blanqueaban algunos huesos de dinosaurios.

 ¿Qué había pasado, habían calculado mal? Al observar mejor supo que aquello no era obra del meteorito. El cielo, aunque algo velado por el humo que se elevaba desde el suelo, estaba mayormente limpio. Si hubiera llegado después del choque del meteorito el cielo estaría negro por la capa de cenizas y polvo que cubrió la tierra por varios años. La máquina del tiempo se elevó y empezó a avanzar por aquella desolación. Algunos restos de dinosaurios tenían grandes agujeros en sus cuerpos, y esos agujeros estaban quemados como si los hubiera causado alguna especie de rayo energético. ¿Qué estaba pasando allí? 

Unas sombras cruzaron sobre él, y al mirar hacia arriba comprendió todo y se horrorizó. Miles y miles de naves extraterrestres se elevaban en formación y al llegar a un punto muy alto del cielo aceleraban y se perdían hacia el espacio.  Pronto ya no hubo más naves. El descubrimiento era tan aterrador que a Bruno le temblaban las piernas y de no estar sentado en la máquina hubiera perdido la vertical.  La extinción la causaron unos extraterrestres. Pero, ¿y el meteorito?  Una luminosidad que no era la del sol tiñó todo de amarillo y una gran bola de fuego apareció en el cielo.  No conformes con devastar el planeta con sus naves, los extraterrestres desviaron un meteorito hacia la tierra para liquidar con todo de una vez. Ahora pensaban asegurarse porque ya que en otras ocasiones, tras aniquilar a casi todos los animales y plantas la vida había vuelto a florecer. Por suerte esos seres se equivocaron y la vida de nuevo volvió a prosperar después del meteorito, porque la vida es fuerte, además el meteorito resultó no ser lo suficientemente grande. 

Cuando Bruno volvió de su viaje en el tiempo los científicos del proyecto vieron estupefactos lo que la máquina registró. Por alguna razón los extraterrestres no habían vuelto a la Tierra, tal vez por creer que finalmente habían acabado con la vida en el planeta. Pero ahora, si regresaban iban a encontrar quien la defendiera. 

2 comentarios:

  1. Hola Jorge, muy buenos gracias por regalarnos todas estas historias. Muy interesante eso de que los extraterrestres fueron los responsables de la extinción de los dinosaurios. Por otro lado el viejo científico debió hacerle mas a esos malos vecinos.

    Stephanie

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    Respuestas
    1. Gracias a vos por comentar. Esos extraterrestres pudieron ser los responsables de las cinco grandes extinciones que ocurrieron en la tierra, es probable ¡Jaja!
      Parece que no es bueno tenerte de enemiga ¡Jaja! Saludos, Stephanie.

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