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lunes, 21 de diciembre de 2015

De Conductores

                                               El Auto
A Gustavo no le gustaba conducir a mucha velocidad, pero con aquel auto…
 Se había dado un gusto. Aunque era de segunda mano igual era muy veloz porque aquel auto tenía modificaciones de vehículo de carrera. Las modificaciones eran tantas que casi rayaba la ilegalidad conducirlo por la calle. Cuando Gustavo se lo mostró a su vecino este lo miró con asombro y envidia. Cuando levantaron el capó el vecino silbó maravillado y le dijo:

—Vaya bestia que tienes aquí, Gustavo. 
—Es un motor grande, sí. 
—¿A cuánto lo hiciste correr? 
—Todavía no lo probé a fondo. Tal vez lo haga hoy. 
—Se debe comer la carretera este auto. Te felicito.
—Muchas gracias. Cuando quieras salimos a dar unas vueltas.
—Te tomo la palabra. Hasta luego. 

Esa tarde Gustavo salió a la ruta. Al ver la cantidad de vehículos que circulaban recordó que ese día terminaba un fin de semana largo. No daba para correr allí. Era casi un desfile de suv, casas rodantes y autos familiares. Tomó otra ruta. En esta andaban camiones repletos de madera. “¿Todos los camioneros del país están pasando por aquí? ¡Diablos”, pensó Gustavo. Al tomar otra ruta esta si era menos transitada aunque era algo angosta y casi no tenía banquina y se extendía por largos trechos sobre terraplenes altos. Al divisar una recta larga comenzó a acelerarlo. Cuando llegó al último cambio iba a una gran velocidad. Al ver un cartel de curva fue bajando los cambios, pero con la curva a la vista le pareció que igual iba muy rápido. Ya era muy tarde para frenar, ya estaba en la curva. Sus reflejos y su habilidad apenas fueron suficientes, y la máquina lo ayudó bastante. Dejando ese tramo atrás suspiró fuerte “Estuvo cerca”. Siguió unos kilómetros y dio la vuelta. Después de la curva aceleró de nuevo en la recta. El motor rugía con fuerza variando su tono con cada cambio. Ya había alcanzado la mitad cuando de pronto escuchó: “No corras tanto, por favor”. ¿Y aquella voz de dónde había salido? ¿Lo había pensado? No podía ser, era una voz de mujer. Sabía que estaba solo, pero revisar el habitáculo con la vista fue inevitable. Desde ahí fue a una velocidad razonable. 

Cuando llegó a su casa no podía dejar de repetir aquellas palabras en su cabeza. Era como si se las hubieran dicho al oído, aunque a la vez parecían provenir de su mente. Si aquello tenía una explicación, esta era sobrenatural. ¿Cuál sería la historia de aquel auto? Lo compró en una automotora, y ahí fue a buscar una respuesta.  Pero tenía que pensar una buena excusa. Buscó al vendedor que lo atendiera y le comentó:

—Usted sabe que anda bien, pero hay un ruidito… que francamente me tiene desconcertado. ¿El dueño anterior competía mucho con él…? 
—Por lo que sé, no mucho, creo que mas bien andaba en rutas. De todas formas, el vehículo fue reconstruido casi completamente, es como nuevo. 
—¿Por qué lo reconstruyeron tanto? 
—Bueno, eh… tuvo un pequeño accidente. ¿No se lo mencioné al vendérselo? 
—No lo hizo. 
—Seguro lo olvidé porque todo está casi hecho a nuevo. 
—¿Sabe si se lastimó alguien en el accidente? 
—El accidente no fue gran cosa, como ya le dije, pero sí, el pasajero, que era la novia del conductor, ella murió.
                                        - - - - - - - - - - - - - -
                                           Día De Ocio
Estaba aburrido, ocioso, entonces salí a conducir por unos caminos que hacía mucho tiempo no recorría. Algunas viviendas rurales que recordaba ahora estaban deshabitadas y eso me hizo sentir algo triste. Mi camioneta iba dejando una nube de polvo medio amarillenta al pasar. El camino estaba peor que antes. Mas adelante descubrí la razón cuando crucé por un camión, luego por otro y otro. En una zona donde antes solo había campo, se encontraba ahora una maderera. Pronto dejé atrás ese lugar. Aún tenía ganas de seguir conduciendo. No tenía ningún apuro, no iba a ningún lado y no recordaba tener algo que hacer. Solo recorría y recorría el camino mirando todo lo que podía. 

Llegué así a un tramo desconocido por mí. Que zona mas pintoresca que encontré. Había pequeñas plantaciones y en cada una de ellas una vivienda.  En una había girasoles y todos miraban hacia el astro rey. Después de esta, un maizal, de los más verdes que he visto.  Al pasar frente a un viñedo disminuí la velocidad. Racimos voluptuosos de uvas brillaban al Sol. Hileras e hileras de vides cargadas de uvas oscuras, hasta podía sentir su aroma. 
Al abandonar esa región me encontré en medio de una zona ganadera. Las numerosas casas y los mas numerosos alambrados me indicaban que eran pequeños productores. Eso me pareció magnífico. Así habría que distribuir la tierra, nada de grandes productores. Luego el camino se adentró entre dos montes. Casi todo ese tramo lo hice entre las sombras. Mas adelante, un puente. Allí me detuve a contemplar el arroyo que lo atravesaba. Era una corriente baja que corría entre piedras.  Observé un rato a una garza que recorría la otra orilla hasta que, probablemente fastidiada por mi presencia, la garza emprendió un pesado vuelo y se alejó siguiendo el arroyo.   Al quedar solo me dediqué a tirar piedras al agua; las piedras eran achatadas y redondeadas, como hechas para ese fin. 

El monte de las cercanías estaba muy silencioso y me dio ganas de marcharme. El tramo del camino rodeado por monte era mucho mas corto pasando el puente. Unos kilómetros mas y volví a estar rodeado de plantaciones. Que variedad de verdes había en aquella zona.   Todos parecían andar a caballo por allí. Los jinetes me saludaban al pasar. Cuando el camino desembocó en una ruta quedé algo confundido. ¿Qué ruta era aquella? Pensando, sentí de pronto que los puntos cardinales se acomodaban y me ubiqué.  Como el paseo ya me estaba aburriendo también, y el sol había bajado mucho (no me gusta conducir de noche), emprendí el regreso. No mucho después de llegar a mi hogar me llamó mi socio: 

—¿Ya terminaste? —me preguntó. Entonces recordé. Había olvidado completamente algo importante que debía hacer.  
—No lo hice —le contesté—. Hoy no tuve tiempo. 

6 comentarios:

  1. Hola, Jorge... En buenas tus historias.
    Stephanie

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    1. Hola. Gracias. Son unos cuentos como para pasar el rato nomás ¡Jaja! ¡Felices fiestas, Sthepanie!

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  2. Gao, que tenebroso y misterioso. Un auto embrujado, pero al menos el fantasma es benévolo, ya que le avisó antes de que ocuriera algún accidente. No quiere ver sufrir a los demás lo que ella misma experimentó. Jaja!, bueno, aunque sea el tipo tuvo un día de descanso mental, dejando de lado sus obligaciones y a su socio. Lo mejor fue decir que no tuvo tiempo, teniendo todo un día, lo que importa es que, cuando vaya a hacer lo que tenía pendiente, lo hará con más tranquilidad al tener la mente despejada. Muy buenas historias master!. Te deseo igualmente felices fiestas y que también disfrutes con tu familiares y amigos. Espero la próxima historia!.¡Saludos desde Venezuela!

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    1. Gracias. Que pases bien junto a los tuyos. ¡Saludos!

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  3. No habia leido este cuento y me dió escalofríos, hace un par de años para llegar a mi casa hay un tramo de carretera y en aquel tiempo acababa de afinar el motor del carro y me gustaba acelerar en ese tramo por la respuesta que daba el motor,sin embargo escuche una voz clara que me dijo "no vayas tan rapido", no identifique si era una voz de hombre o mujer , me vi por dos dias acelerando a maximo 50 kp/h al segundo dia en ese mismo tramo una niña cruzo sin fijarse la carretera y por los nervios se quedo a mitad del carril yo alcance a frenar fácilmente iba como a 30 kph, y la niña se quedo ahi viendo al carro sin saber que hacer hasta que su papa la llamo y le dio una regañada supongo que hasta le prohibio salir hasta que tuviera 40 años!!jejeje , aún ahora pienso que fue mi ángel guardian el que me advirtió.

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  4. La realidad supera la ficción, siempre me acuerdo de eso. Yo una vez me llevé por delante a una columna de luz ¡Jaja! todavía está tirada la pobre. Por suerte no aplastó a nadie sino hasta ahora estaría preso ¡Jaja! Muchas gracias por compartir tu experiencia, Adolfo. ¡Saludos!

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