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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Desde La Oscuridad

¡Hola! Les dejo otro cuento de terror y aprovecho para desearles a todos que tengan felices fiestas y un próspero año nuevo. Gracias.



Nunca volví a ver un cielo tan verduzco como aquel, y tampoco he vuelto vuelto a ver nubes tan bajas y amenazantes. Aquella tormenta traía algo muy malo; podía ser un tornado o piedras, tal vez las dos cosas. Y Roger y yo andábamos en un terreno abierto, en un campo...

Roger era un compañero de trabajo con el cual habíamos hecho buenas migas. Él tenía un carácter bastante malo pero como él había nacido en aquel país y en aquella ciudad su amistad era bastante conveniente. Resultó muy útil cuando la fábrica cerró y gracias a él seguí trabajando en una cosa u otra. En esa época yo creía que me había elegido a mí como su socio porque nadie mas lo soportaba. Roger era de esas personas que tienen mucha suerte y además no temen preguntar,  por eso algún trabajo siempre surgía, o a él se le ocurría algún pequeño negocio. Ahora nos encontrábamos justamente en una de sus empresas: éramos arqueólogos aficionados. Él había ayudado un tiempo a un arqueólogo y decía haber aprendido bastante sobre dónde encontrar fósiles interesantes como para vender.

Seguramente más por suerte que por otra cosa, increíblemente habíamos hallado varios fósiles de nautilus que se podían vender a un muy buen precio. También encontramos un par de dientes de tiburón y un pequeño pez fosilizado. Todo eso era dinero. Incentivados por nuestra buena fortuna recorríamos una pradera desolada cuando nos sorprendió aquella tormenta. Eran como las cuatro de la tarde mas estaba tan nublado que parecía que ya estaba a punto de anochecer. Para empeorar nuestra situación nos encontrábamos muy lejos de la camioneta. Debíamos hallar un refugio hasta que pasara aquello. El viento giraba a nuestro alrededor y el campo se erizaba y se aplanaba. Se suponía que yo tenía que ver el informe del tiempo antes de salir pero no lo hice, por eso Roger me reprochó a su manera.

-¡Te dije que te fijaras en el reporte del clima, imbécil! ¡En esta parte las tormentas no son como en tu mugroso país, Álvaro, aquí matan! ¡Si se forma un tornado es nuestro fin, y todo por tu culpa!
-Sí, ya me disculpé.
-¿¡Sabes qué puedes hacer con tu disculpa...!? ¡Puedes...!
--¡Mira allá! --lo interrumpí-. ¡Allá hay una arboleda, y hasta parece que hay una casa!
-Parece que si. Vamos, ¡maldición!

Y salimos corriendo rumbo a ese lugar. Llevábamos unas mochilas grandes y bastante cosas pesadas mas la situación apremiantes nos hizo correr sin parar. A medida que nos acercábamos me pareció que la edificación que resaltaba entre los árboles era muy pequeña. Alcanzamos la arboleda.  Esta no nos brindaba una verdadera protección porque los árboles eran muy delgados. Nuestra esperanza era aquella construcción. Roger enseguida se dio cuenta de lo que era:

-¡Maldición, es una maldita cripta! -gritó, y apoyó las manos en sus rodillas, exhausto.
-¿Una cripta? Entonces... entonces no deberías maldecir tanto -dije con el aliento entrecortado por el esfuerzo de correr tanto.
-¡Maldigo todo lo que mis malditas ganas quieran!
-¿Y por qué hay una cripta en un lugar tan apartado? ¿Dónde están las casas?
-¿Además de imbécil también eres ciego? ¿No ves aquellas ruinas allá adelante?

No había visto aquello porque la pared mas entera debía medir poco mas de un metro, era una ruina total. El hogar de los vivos estaba hecho pedazos pero la morada de los muertos se mantenía entera, era raro e irónico. Al rodear la cripta vimos que la puerta se encontraba entornada. Era una puerta de hierro muy gruesa y las paredes estaban hechas con unas piedras grandes que se veían muy sólidas. La construcción era un buen refugio; ¡pero era una cripta! Mas el cielo lucía espantoso y los árboles se sacudían como endemoniados. Yo no sabía qué hacer, entonces Roger decidió:

-¡Hay que entrar a la cripta! -me gritó. La tormenta rugía entre los árboles-. ¡Hace años trabajé en un cementerio. Estas criptas son hacia abajo, ahí debe haber una escalera, pero cerca de la puerta hay un buen descansillo donde podemos quedarnos. Ayúdame a juntar algo de leña mientras el tiempo nos deje! 

Cada uno había juntado unas pocas ramas cuando cayeron las primeras piedras. Eran enormes y parecían la punta de un mazo de guerra. Una me dio en el hombro y supe que podían ser mortales. Y por el viento que se desató y el ruido supimos que un tornado había tocado tierra muy cerca de nosotros. Empujé la puerta entornada y entramos. Después de ver que las piedras caían de forma aislada Roger me gritó que tenía que traer algo más, se puso la mochila sobre la cabeza y salió corriendo agachado. Regresó con una roca de varios kilos y la colocó en el dintel de la puerta para que esta no pudiera cerrarse del todo. Fue algo muy inteligente, lo supe después. Hasta ese momento la preocupación por las piedras había ocupado toda mi mente. Al estar a salvo de estas giré hacia la oscuridad que emanaba de allí adentro. Teníamos linternas bien a mano. Cuando las encendimos comprobé que la cripta era como él dijo. Estábamos en una especie de descansillo y más allá de este había un túnel que bajaba unos cinco o seis metros por una escalera de piedra que se veía muy húmeda. Allá abajo empezaba una cámara cuyas profundidades escapaban a nuestras luces.

El lugar era espantoso. Al apartar la luz para iluminar el descansillo temía que algo aprovechara la oscuridad para subir a toda prisa hacia nosotros, entonces volvía a iluminar hacia abajo. Roger había previsto aquello, por eso quiso juntar leña. Andábamos con linternas pero no teníamos baterías extra, y si teníamos que pasar muchas horas allí no iban a durar encendidas. Estuvimos un buen rato escuchando, prestando atención a la tormenta. Parecía que el tornado se había alejado pero continuaba cayendo piedras y empezó a llover. El viento aminoró su rugir y supimos que por el momento estábamos a salvo en aquel lugar; mas todavía no podíamos arriesgarnos a salir. Para administrar la leña cortamos trozos pequeños con una sierra y los dividimos en varias partes bastoneando nuestros cuchillos. El ruido retumbaba allá abajo y varias veces me pareció que algunos surgían de allí.

-Es el eco -me dijo Roger, intuyendo lo que yo pensaba-. Deja de hacer ruido y ahí también va a parar. Te lo dije.
-Sí, son nuestros ruidos. ¿Crees que haya...? -ahora le susurré-, ¿crees que haya cuerpos ahí?
-Construían estas cosas para usarlas, pero por lo antiguo que es esto probablemente solo hay polvo, aunque pueden quedar algunos huesos. No pienses en eso. Lo peligroso está ahí afuera.
-Sí, lo sé. Pero es que este lugar me da escalofríos -reconocí. 
-A mí también pero no tenemos otro refugio. Ahora vamos a encender ese fuego.

Lo hicimos casi al comienzo de la escalera para que iluminara lo mas posible hacia abajo. Roger me tenía un poco sorprendido. No sabía que en situaciones de apuro él dejaba de ser el tipo gruñón e insultador que normalmente era. Hicimos un fuego muy pequeño pero como la oscuridad era muy cerrada allí igual iluminaba bastante. Apagamos las linternas y seguimos cortando y dividiendo trozos de ramas. Para que duraran mas también cortamos unos trozos de arpillera que llevábamos. El humo salía por la puerta entornada. Fuera ahora llovía torrencialmente y el viento fuerte nuevamente azotaba la arboleda. La noche se adueñó temprano de aquel paisaje enfurecido. Cuando nuestro diminuto fuego amenazaba con apagarse le agregábamos tres o cuatro palitos más y las tinieblas de allá abajo retrocedían hasta las profundidades de la cámara. Al terminarse la arpillera Roger sacrificó un abrigo viejo que llevaba en su mochila. 

Por la época del año y por lo pronto que había oscurecido gracias a la tormenta nos quedaban por lo menos unas diez horas de noche. Lo hablamos y concluimos que era mejor turnarnos para dormir por lo menos un rato. Yo hice el primer turno, me senté frente a las diminutas llamas. Roger se arrolló sobre la lona que tendimos sobre aquel suelo frío y usando su mochila como almohada no demoró en dormirse. La tarea de mantener vivo a nuestro pequeño fuego me ayudaba a no pensar sobre lo que había escaleras abajo. La tempestad no daba tregua. Todo indicaba que nos iba a mantener atrapados en aquel lugar horrible toda la noche. 

La oscuridad crecía desde la cámara y se deslizaba hacia arriba por los escalones hasta que las valientes llamas crecían haciéndolas retroceder. Aquello llegó a divertirme un poco. Dejaba que las sombras fueran hasta la mitad de las escaleras para después verlas retroceder. Seguía con ese juego cuando noté algo raro: el borde de la sombra ahora se distinguía más nítidamente. Agregué unas ramas al fuego pero permaneció en el mismo lugar, como desafiante. Me restregué los ojos y miré de nuevo. Ahora estaba subiendo por la escalera. Agregué mas tela y ramas pero no conseguí hacerla retroceder. Desperté a Roger y señalé hacia abajo. Enseguida se dio cuenta de lo que estaba mal. Como él ya tenía su linterna en la mano la encendió primero que la mía. Los haces de luz no lograban penetrar aquella oscuridad que iba subiendo escalón por escalón.

Tomamos nuestras cosas para huir de allí, y al intentar salir descubrimos que la puerta hacía fuerza para cerrarse. No quedamos atrapados en aquella cripta gracias a la roca que impedía que se cerrara del todo. La oscuridad estaba ahora a pocos escalones. Roger gritó al empujar la puerta con todas sus fuerzas y esta cedió lo suficiente como para que yo pasara. Empecé a jalarla desde afuera y por un instante creí que mi amigo iba a quedar atrapado. Vi que ladeó la cabeza hacia el interior. La oscuridad debía estar ya casi sobre él. Un último esfuerzo de los dos hizo que él pudiera salir también. Entonces salimos corriendo como locos y dejamos aquella maldita cripta atrás.

Por suerte no se formó ningún tornado sobre nosotros. Empapados y calados por el frío hasta los huesos, pero aliviados de no estar en aquel lugar de muerte caminamos no sé qué cantidad de kilómetros hasta que amaneció y ahí pudimos ubicarnos. Pasé momentos muy feos pero descubrí que Roger era alguien con quien se podía contar cuando la situación se torna mala: era un verdadero amigo. 

25 comentarios:

Luz Gomez dijo...

Que buen cuento,¿que era lo que avanzaba por la escalera de la cripta?.
Saludos y feliz Navidad.

Yenny Ricardo dijo...

Y que era??? Quede con la intriga jejejeeje igual buenisima!

Jorge Leal dijo...

Los personajes no se quedaron a averiguarlo, y el narrador era un personaje. Pero te aseguro que no era nada bueno ¡Jeje! ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, igualmente.
Como le dije a Yenny, el que narra la historia es uno de los personajes y él no supo que era. La historia termina ahí, es un misterio. Si yo les digo que era tal cosa no tiene gracia ¡Jaja!

Anónimo dijo...

Hola, Jorge... ¡Felices fiestas! Muy buena esta historia me tuvo intrigada sintiendo el miedo de los personajes y además me encanto el hecho que en la adversidad de la situación se descubrió que a pesar de tener un mal temperamento Roger era un buen amigo.

Maria Cruz Montiel dijo...

Como siempre.mantienes al lector al filo de la navaja,el suspenso te hace imaginar tantas cosas.y nos quedamos pensando que era esa sombra.y aunque no me gusta la navidad;pásatela bien

Ongie Saudino dijo...

De la que se salvaron, despues de todo Roger no era tan terrible como parecia. Que habra sido esa extraña oscuridad?. Mientras leia la historia, creia que era de vampiros, por la mención de la cripta y su relacion con el nombre de la historia. Pero al parecer, era algo peor que un vampiro. Esta historia me mantuvo en tension, por un instante me imaginé que el pobre Roger no se salvaría, ya que casi se sacrifica por su amigo...pero se salvó. Menos mal. Una historia llena de suspenso y terror, excelente!. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Jorge Leal dijo...

Salió como quería ¡Jeje! A veces se da ¡Jaja! Muchas gracias, Ongie. ¡Saludos!

Jorge Leal dijo...

¡Muchas gracias, María! Que pases bien también. Un abrazo.

Jorge Leal dijo...

Hola, ¡muchas gracias! ¡Felices fiestas para tí también!
Sí, en gran medida el cuento es sobre la verdadera amistad.

Anónimo dijo...

Che Jorge buenisimas esas historias cuando no se sabe bien que estaba al acecho o que era lo que asusto o ataco a los personajes por ejemplo,quedando para la imaginacion del lector..felices fiestas compañero y aprovecha para descansar un poco y comer como un leon jaja..saludos..Willy

Jorge Leal dijo...

Gracias, igualmente. No puedo descansar mucho, de hecho, hoy voy a escribir. ¿Comer como un león? Normalmente se dice, como un chancho ¡Jaja! ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Excelente narración amigo, me encanto, quisiera, que hubiera tenido un final, pero bueno así permanece el suspenso haha

Jorge Leal dijo...

Si no los dejo con la duda no comentan ¡Jaja! Gracias por tu comentario. Salu2!

Anónimo dijo...

Muy buena historia y que tengas felices fiestas.

Un afectuoso saludo.

Visitante.

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, igualmente. Saludos, Visitante!!

Osiel Cardenas Garcia dijo...

Un excelente relato, compa tus relatos hacen que fácilmente me imaginé las situaciones y los lugares que en ellos describes. feliz año y muchos más éxitos para este nuevo año que viene y muchas gracias por deleitarnos con tan buenos cuentos. Largo tiempo sin Comentar solo que el trabajo no ayuda mucho con tiempo libre. Saludos al fin desde mi lindo Mazatlán

Jorge Leal dijo...

¡Muchas gracias a ti, Osiel! Te deseo un buen año, que sea próspero. Nos leeremos por aquí, en mi casa, que también es la tuya y de todos los lectores. Gracias de nuevo. ¡Te mando un abrazo desde Tacuarembó!

Lourdes MC dijo...

¡¡¡ Wow me encantó!!! Como siempre muy buenas historias

Raúl dijo...

Jorge, espero hayas pasado felices fiestas y mis mejores deseos para este 2016 que tengas muchos éxitos.............sobre este cuento estuvo buenísimo me imagine cada detalle de lo que ibas narrando y solo quedo en la imaginación quien es el que iba por las escaleras........saludos y abrazos

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Raúl, igualmente. Un abrazo.

Luis Bogarín dijo...

Sos el mejor Jorge siempre leo tus cuentos y me encantan un gran abrazo.

Jorge Leal dijo...

No da para tanto, Luis ¡Jaja! Pero muchas gracias por comentar y leerme. Un abrazo.

karina martinez dijo...

Acabo de leer esto justo antes de dormir y no soy capaz de apagar la luz 😩😩 Ese Roger es un bacan jajaja saludos!

Jorge Leal dijo...

No da para tanto, Karina ¡Jaja! Gracias por comentar. ¡Saludos!

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