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martes, 15 de diciembre de 2015

El Pueblo Fantasma

Qué era aquel lugar o si realmente lo vi, no lo sé.  Ese día me levanté con ganas de manejar, pero no de manejar en el tráfico o en una ruta peligrosa, quería hacerlo en un camino tranquilo y pintoresco para ir mirando el paisaje. Salí en mi camioneta y tomé la ruta más apartada que conocía. Se conectaban con esa ruta algunos caminos de tierra pero ninguno me parecía interesante. 
Un camino de piedras aplanadas llamó mi atención y doblé allí...

Solo había campos vastos y sin gracia a diestra y siniestra. Después descubrí un local grande, un matadero o un lugar donde se trataba cuero, supuse, y cerca de este unas pocas casas.  Me detuve para decidir si seguía o daba vuelta. “¡Bah! Sigo nomás”, pensé. Había llenado el tanque para no volver pronto.  El paisaje no era muy diferente adelante, pero tras haber recorrido algunos kilómetros encontré otro camino que desembocaba en el que transitaba.  Ese sendero iba subiendo con el terreno y se perdía enseguida en una zona baja. Lo que había más adelante era un misterio. Me detuve y dudé. Tal vez era la entrada de una propiedad privada, aunque generalmente tienen porteras. Doblé allí igual, era lo suficientemente ancho como para dar la vuelta con algunas maniobras si resultaba ser la entrada a un establecimiento rural.

Al llegar a la cima vi que más adelante, allá abajo, el camino parecía desembocar en un extenso y muy alto bosque. Desde allí no se veía muy bien si se adentraba en el bosque o terminaba en el margen de este. Creí que sería lo segundo. Me equivoqué, continuaba entre los árboles, y estos no eran árboles cualquiera. Sé que hay ejemplares así pero aquellos parecían salidos de un cuento de ficción por lo formidables que eran. ¡Que extraordinaria altura y grosor tenían los troncos de aquellos árboles! Anduve un trecho y bajé a contemplar todo. Sombras, troncos descomunales y suelo cubierto de musgo. Enseguida mi entusiasmo se desvaneció. El lugar era completamente silencioso, ni un pájaro cantaba allí y todo parecía congelado, nada se movía, era como estar viendo un cuadro, una pintura.  Sentí una angustia bastante intensa estando allí. Volví al vehículo y seguí. 

Ya buscaba un lugar donde dar vuelta cuando vi que las sombras del lugar daban paso a una claridad de zona despejada. Salí a una pradera florida. “¿Flores en esta época?”, pensé. El paisaje estaba bañado en luz. Un arroyuelo que cruzaba en un costado reflejaba tanta claridad que parecía hecho de miles de espejos y cristales. Mas adelante hallé algunas plantaciones. Por lo que pude ver eran de zanahoria, remolacha, papa y algunas legumbres, todo en pequeñas cantidades, un poco de esto, un poco de aquello, todo entreverado. Supuse que vivirían por allí algunos agricultores naturistas.  En cualquier momento vería sus casas. Al divisar las viviendas quedé asombrado. Eran cabañas cubiertas completamente por enredaderas y en algunas crecía pasto en el techo. No me quedaron dudas de los habitantes eran naturistas. El pasto y las plantas en las paredes son aislantes naturales. Pero, ¿dónde estaban todos?   Dejé las pintorescas viviendas atrás sin ver a nadie. 

De pronto me di cuenta de que ya debía estar muy avanzada la tarde, miré el reloj y ya eran las seis, no le quedaba mucho al día.  Di la vuelta y al rato me sorprendí, ¿dónde estaban ahora las casas? No volví a cruzar por las viviendas ni por las plantaciones. ¿Me había perdido? No podía ser, el camino era casi recto.  Ahora en los costados solo había campos tan ordinarios como los del comienzo de mi viaje. No podía cerrar la boca de asombro. Completamente desconcertado e incrédulo aún, alcancé el borde del bosque cuando este ya estaba muy oscuro. Encendí las luces y lo crucé con el corazón en la garganta, completamente angustiado. Sentí un alivio enorme cuando salí de él. Subí por el camino, bajé y salí en el otro. Desde allí todo fue normal. Volví a cruzar por el local grande y las casas, después salí a la ruta. 

Aquello me resultó tan extraño que se lo conté a un amigo. Mi historia lo intrigó tanto que unos días después me acompañó para ver con sus ojos lo que le relaté; pero no pudimos volver al lugar. Encontré el camino de piedras aplastadas, el edificio grande, a las casas cerca de él, pero no hallé el camino que se internaba en el bosque.  Le preguntamos a alguien de la zona y nos aseguró que no había otro camino que desembocara en aquel y atravesara el bosque, y que no conocía lo que había más allá del bosque porque nadie se internaba en él. Cuando le pregunté por qué no quiso contestar.

4 comentarios:

  1. ¡¡¡Jumm!!! ¿¿¿Porque el bosque estaba en silencio, quienes habitaban esas casas, porque no entraban al bosque y porque ni siquiera querían hablar al respecto??? Jorge parece que tenemos un misterio... Jajaja

    Stephanie

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    1. No hay tanto misterio, lo que pasa es que, un momento... no recuerdo haber publicado esto aquí.
      ¡Jajaja! Gracias, Stephanie. Saludos!!

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  2. Cuanto misterio hay por aquí...Un bosque frondoso de angustia, casas naturistas sin habitantes y que desaparecen y un camino del que no se sabe si tambien es una aparicion o algo más. Creo que tuvo suerte, ya que el camino desapareció cuando el no estaba en el lugar.¿Que habría pasado si el dichoso camino se hubiese esfumado estando aún en aquel lugar encantado?. Posiblemente no la cuenta, al menos le hubiesen quedado los vegetales...ahora me acordé que los cultivos también desaparecieron, jaja!. Interesante, fascinante y misterioso master, la evidencia de aventuras sobrenaturales desaparece. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. Puede que simplemente sea mentira del personaje ¡Jajaja! O puede ser que no se me ocurrió otra cosa ese día y por eso tanto misterio ¡Jeje! Muchas gracias, Ongie.

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