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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Inmortales

Aunque el despliegue policíaco era formidable muchos agentes igual sintieron algo de temor. Estaban por irrumpir en la casa de un verdadero científico loco, y con lo avanzada que estaba la ciencia no sabían con qué se iban a topar...
 Las pruebas de que el doctor Austin realizaba experimentos ilegales eran claras pero se desconocía la naturaleza exacta de sus experimentos. Varios vehículos blindados y unas naves que se deslizaban por el cielo casi sin hacer ruido rodearon la solitaria mansión del doctor Austin.  Policías fuertemente armados, con cascos y armaduras resistentes pero ultra livianas se precipitaron enseguida hacia el edificio. Entre esos oficiales estaba Adrián, y él comandaba a un grupo que debía revisar el laboratorio de la casa, el lugar donde era más seguro se encontraría el científico; le habían encomendado la tarea mas difícil.

Pronto rodearon completamente el edificio, y de las naves que levitaban sobre el techo descendieron de sogas algunos oficiales.  Volaron la puerta y el grupo de Adrián entró primero. Los otros grupos empezaron a recorrer las habitaciones.  Una puerta herméticamente sellada bloqueaba la entrada al laboratorio. Una pequeña explosión y esa puerta se abrió. El polvo se disipó para mostrar una escalera que descendía hacia el aterrador laboratorio. Ingresaron al lugar con mucha cautela, apuntando hacia todos lados y comunicándose entre ellos con señas para no hacer ruido. Eran tantos los aparatos, probetas, frascos e implementos para experimentar los que había allí, que varias filas de aparadores formaban una especie de laberinto. 

Adrián fue el primero en verlo. Era el doctor Austin. Por su apariencia parecía estar muerto desde hacía semanas. Estaba sentado en el suelo, en un rincón, con la espalda recostada en la unión de dos paredes blancas, la cabeza caída con el mentón sobre el pecho. Pero para el sobresalto de los oficiales levantó la cabeza repentinamente y habló con una voz ronca y arrastrada: 

—Nunca quise hacer ningún mal. Solo quería que el ser humano tuviera la posibilidad de vivir más, de ser casi inmortal, y en muchos aspectos lo conseguí, pero como pueden ver, lo que inventé tiene graves efectos secundarios.
—¡Doctor Austin, está arrestado! ¡Muévase hacia aquí con las manos sobre la nuca! —le ordenó Adrián. 
—Los efectos secundarios son terribles —siguió el científico—. Los tejidos se deterioran pero la muerte no llega, y hay uno peor, la necesidad imperiosa de consumir tejidos humanos frescos: carne humana. Mi asistente… ataqué a mi asistente. ¡Pobre Barry! Yo no quería… 
—¡No lo voy a repetir de nuevo!  ¡Avance hacia aquí con las manos en la nuca! ¡Ahora! 

El doctor hizo caso omiso y Adrián dio la orden para que lo sometieran. Los policías dudaron. Aquello era un cadáver parlante, no podía estar vivo, pero tampoco estaba muerto. Adrián se los ordenó de nuevo con un gesto y obedecieron. Dos policías lo tomaron por los brazos, mas al instante el doctor se abalanzó sobre uno en un movimiento rapidísimo y con la ferocidad de una bestia lo atacó lanzando dentelladas, y a pesar de la protección con la que contaba el policía logró morderlo por encima del guante y lo lastimó. Otros compañeros se unieron a la lucha pero aquel cuerpo de apariencia decadente era muy fuerte. Adrián les ordenó que se apartaran, y ni bien lo hicieron efectuó varios disparos pero no tuvieron efecto. Mas la parte racional del científico volvió a tener el control de aquel cuerpo y dijo con aquella voz horrible: 

—¡A la cabeza! ¡Debe apuntar a la cabeza!

Ahora el disparo sí tuvo efecto; el doctor cayó hacia atrás y no volvió a moverse. Cuando llegaron los otros oficiales no se explicaban por qué le habían disparado a un cuerpo ya avanzadamente descompuesto.  Adrián no necesitaba explicar nada porque en los cascos todos tenían cámaras. Poco después un gran número de científicos tomó control del lugar haciendo que los policías se retiraran. Adrián no quedó conforme, algo le decía que aquello no iba a terminar allí. Del asistente del doctor apenas encontraron unas manchas de sangre y supusieron que lo había devorado completamente; pero se equivocaban. El cuerpo de Barry, el asistente, se tambaleaba en un campo lejano y sus pasos vacilantes iban rumbo a un pueblo. Y el policía mordido llevaba la infección hacia otra parte. 

4 comentarios:

  1. Que olor tan fuerte a apocalipsis... Estos son los mejores...
    Stephanie

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    1. Es el comienzo de una. También iba a ser el comienzo de un cuento mas largo pero lo dejé aquí. Un abrazo.

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  2. Aunque este cuento es de ficcion, igualmente me aterroriza que pueda haber zombies en el mundo. Con todos esos experimentos, armas biologicas y demás cosas que estan presentes en el mundo en este momento,los riesgos de seres muertos que se muevan y causen estragos en el mundo esta muy presente. Los cuentos de zombies que escribes son bastante buenos, leí los que estan en tu otro blog, son fascinantes y terroríficos, aunque los zombies sean lentos, siempre atrapan a alguien y tienen una fuerza monstruosa. Muy interesante y aterrador master!.¡Espero la próxima historia!.¡Saludos desde Venezuela!

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    1. De zombies escribí un montón de cuentos, me encantan. Sobre los comienzos de las plagas zombie me tomo muchas libertades, pero los zombies mismos mayormente son clásicos, lentos y montoneros ¡Jaja! Gracias por el comentario. Saludos!!

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