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sábado, 19 de diciembre de 2015

La Cita

Por conquistar a una chica Alejandro había pagado muchas cenas, boletos de cine y tragos, y también había dicho muchos “Te quiero” sin sentirlo; pero ir a un velorio era nuevo para él. Recién era su segunda cita y él no conocía a Amanda como le hubiera gustado. “¿Y esta cómo se atreve a pedirme algo así?”, pensó...
Si ella no fuera tan exuberantemente bella él nunca hubiera aceptado ir a un velorio con una desconocida. Por la tarde ella lo llamó para cancelar la salida y le dijo que su tío más querido había muerto, y para su sorpresa le pidió que la acompañara al velorio. Era algo bien raro pero Alejandro fue igual porque supuso que eso iba a sumar muchos puntos, y albergaba la esperanza de que Amanda después necesitara más consuelo.

Le pidió que fuera por la noche, era en la casa misma del difunto. Buscando la dirección se encontró de pronto manejando su coche por una zona desconocida para él. Mientras doblaba en una esquina recordó que le habían dicho que en esa parte estaba la zona más vieja de la ciudad, y se notaba por sus casas. Ya había empezado a maldecir porque no encontraba el número cuando la vio parada frente a una puerta. Amanda estaba vestida de negro y al verlo sonrió levemente un instante y la pena se apoderó de nuevo de su bello rostro. Cuando caminaba hacia ella Alejandro pensó que seguramente se vería más hermosa bajo la luz del sol. Ella posó su blanca mano en el hombro de él; Alejandro le acarició una mejilla y le dijo:

—Lamento tu pérdida.
—Gracias. Todavía no puedo creerlo, fue tan repentino. Gracias por venir. Seguro que esto te parece bien raro.
—No, de ninguna forma. Necesitas apoyo y aquí estoy —mintió él. 
—Eres muy dulce. Entremos.

Antes de ingresar a la casa Alejandro miró hacia la calle. No había otro vehículo en toda la cuadra. “¿En qué vinieron los parientes de esta?”, pensó. Juntos atravesaron un pasillo apenas iluminado hasta que desembocaron en una sala amplia donde había un buen número de personas. De nuevo pensó en los vehículos. El ataúd estaba en medio de la sala y se encontraba abierto. Alejandro apenas atisbó al muerto y prefirió mirar hacia otro lado. Temió un momento incómodo cuando Amanda lo presentara a su familia pero para su sorpresa no lo presentó ante nadie. Él no había estado en muchos velorios pero eran suficientes como para notar que allí había algo que no encajaba. “¿Nadie llora aquí? ¿Qué clase de familia es esta?”. Al pensar en eso notó otra cosa, no se distinguía ninguna pareja. Nadie consolaba a nadie y, ¡en algún momento todos miraban disimuladamente hacia él! ¡Y allí no había ni una cruz, ni un rosario, nada! 

En ese momento Amanda lo tomó fuerte del brazo, y aunque sonreía se notaba que lo estaba reteniendo. “Tengo que calmarme y no demostrar que me he dado cuenta de que esto es una farsa o no salgo de aquí”, pensó Alejandro.
Aún no sabía con certeza de qué se trataba todo aquello pero no pretendía quedarse a averiguarlo. Como era un mentiroso experimentado y casi un experto en el lenguaje corporal, y cuando quería hacía que por sus venas corriera hielo, en vez de intentar zafarse de la presa de ella disimuladamente, le tomó el brazo con su mano libre. Eso hizo que ella lo apretara un poco menos. Mientras seguía fingiendo que así estaba cómodo pensó en cómo escapar de aquel lugar. Comprendió que no podía decir que quería irse, y menos podría salir así nomás, tenía que escaparse. Calculando eso vio otra cosa preocupante: cada tanto uno se arrimaba al ataúd y parecía examinar con la vista al muerto. ¿Qué significaba aquello? Si era alguien fingiendo estar muerto no tenían por qué revisarlo, y si realmente estaba muerto menos, a no ser que... fuera alguien que acababan de convertir en vampiro y esa noche se iba a levantar; y si ese era un vampiro, ¡todos los que estaban allí también lo eran!

Fue un momento crucial para él. Si todavía no se revelaban era para que su susto fuera mayor cuando el muerto se irguiera sediento de sangre. Debía mantener la calma y usar todos sus recursos. Empezó a mirar más hacia el ataúd y se pegó más a ella. Sentía que Amanda lo estaba evaluando. Tenía que engañarla antes de hablar. Se encorvaba levemente unos instantes y después se tocaba la barriga aunque disimuladamente. Cuando ella lo notó él se enderezó y le sonrió. Un momento después volvió a repetir aquello. Después empezó a pasarse la mano por la frente y a respirar mas profundamente. El sudor le salía sinceramente. Cuando creyó que ya era suficiente le susurró a ella fingiendo algo de vergüenza:

—Amanda, ¿podrían indicarme disimuladamente un baño? Es que no me siento muy bien, disculpa, es que esto me puso nervioso.
—Sí, no pasa nada. Ve y mejórate, pero no demores mucho. Ve por aquel pasillo, a la derecha.
—Gracias. Que inconveniente esto. Ya vuelvo. Disculpa.

Al pasar por los vampiros todos lo miraron muy serios y dos de ellos se interpusieron en su camino. Todos avanzaron un poco hacia Alejandro. Él les pidió permiso como si aquello no fuera raro. Ellos giraron la vista hacia Amanda y después se apartaron. Ella, convencida de su actuación, les había indicado que lo dejaran pasar. Entró al baño y respiró hondo. Miró con angustia las paredes y sonrió al encontrar lo que esperaba; una ventana lo suficientemente grande como para salir por ella. Estaba bajo el lavamanos, eso le permitió trepar con facilidad, y ahora su cuerpo estaba bombeando adrenalina.  La ventana estaba pintada de negro, ese hecho confirmaba su teoría de los vampiros. Cuando estaba pasando su cuerpo por la abertura sintió mucho terror al pensar que en cualquier momento lo podían tomar de los pies. Cayó afuera y salió corriendo hacia el frente de la casa. Los pocos metros que hizo a toda prisa hacia su auto le resultaron larguísimos. Justo cuando lo arrancó la puerta de la casa se abrió y brotó de ella un tropel de vampiros que ahora lucían horribles.

Las ruedas chirriaron y el vehículo salió a toda prisa, aún así lo siguieron de cerca largo trecho porque corrían sumamente rápido. Vio a Amanda por el retrovisor. La reconoció por el vestido porque su cara lucía horrenda. Se escapó por muy poco. Volvió a sentirse a salvo recién al alcanzar una parte muy transitada de la ciudad. De vuelta en su hogar se sentó en un sillón y se llevó las manos a la cara, temblando. Permaneció así varios minutos. De pronto recordó algo, apartó las manos de la cara y en su rostro se vio el terror. Ella no solo sabía su número, también le había dado la dirección. En ese momento golpearon la puerta y una voz muy aguda y a la vez profunda dijo desde afuera:

—¡Alejandrooo... no estarás pensando dejarme plantada, ¿o sí?! ¡Ajajaja!

Y por las ventanas cruzaron varias sombras. Lo tenían rodeado. 

16 comentarios:

  1. ¡Me asombró el final! No creí que le pasara eso, sentirse ya seguro para llevarse esa sorpresa, sin duda morirá antes del susto que de algo más...

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    1. Hola. Gracias por comentar.
      Los vampiros no podían dejarlo vivo ni un día mas porque él sabía dónde estaban. ¡Saludos!

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  2. Pobre el solo quería ligar, fue astuto pero no lo suficiente; aunque si seguimos la linea tradicional de los vampiros esta a salvo dentro de su casa mientras no los invite a pasar.

    Stephanie

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    1. Lo mataron. En el universo de mis cuentos no se aplica eso, nunca me gustó esa parte. Una de las principales cosas que me impulsaron a escribir fue hacer las cosas como a mí se me da la gana ¡Jajaja! En realidad no es tan así; lo principal para mí es que las cosas tengan lógica, incluso dentro de la fantasía. Gracias, Stephanie. Un abrazo.

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  3. Me mantuvo en suspenso todo el tiempo.pero al final no logró salvarse.bueno eso creo.saludos Jorge

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    1. Así es, no se salvó, ya es comida de vampiro ¡Jaja! Muchas gracias por el comentario. ¡Saludos Maria!

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  4. Pero que suerte la de Alejandro jajajaja wow que terror.

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    1. Como el anterior era infantil subí este para mezclar un poco, para que haya variedad. Gracias. ¡Saludos!

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  5. jajaja Jorge deja de ser muy crudo y realista hermano jaja broma nomas amigo..por eso me gustan tus cuentos tienen caracter los personajes aunque mueran jeje..excelente cuento,saludos.Willy

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    1. Parece que los lectores gustan de personajes así, supongo que nadie se identifica con un cobarde ¡Jaja! Ahora que lo pienso, sería interesante escribir sobre uno pero que igual les guste. ¿Se podrá? Habría que ver. Gracias, Willy. ¡Saludos!

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  6. Mmm podria ser jeje el maestro eres tu,capaz nos ganemos el respeto o estima de un personaje asi aunque sea cobarde podria ser bien listo.jeje.saludos..Willy

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  7. Muy buen cuento amigo, me gustó mucho!. Vaya, pobre Alejandro, su astucia y sus tretas solo lograron alargarle un poco más su tiempo de vida. Los vampiros son muy impacientes y pocos discretos, mira que tratar y comportarse así con su invitado, digo, con su comida,jajaja!. Alejandro fue muy inteligente, si hubiera estado un poco mas preparado físicamente, les hubiera hecho frente a esos vampiros. Esta historia me mantuvo en suspenso y su gran desenlace fue asombroso. Excelente master!. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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  8. Lo único que tenía este personaje era astucia; no voy a hacer que todos sean cazadores de monstruos ¡Jaja! ¡Felices fiestas, Ongie!

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  9. muy buen cuento, es el primero que leo y me gusto mucho

    HV

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