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domingo, 20 de diciembre de 2015

Pequeñas Historias

                                 Cuento Sobre El Medio Ambiente
Las motosierras rugían y después la tierra temblaba. Y así fue creciendo un gran claro en el bosque. Los árboles, unos colosos que se habían elevado hacia el cielo por más de doscientos años, estaban ahora tendidos en el suelo lodoso. Cuando apagaban las motosierras el bosque quedaba silencioso; los pájaros habían huido de allí...
Un camino construido por los leñadores partía el bosque en dos y unos camiones cruzaban por él llevándose pesados troncos ya despojados de sus ramas. Al ver pasar a los camiones Ignacio se restregaba las manos con un gesto de avaricia; más dinero para su bolsillo.

Una semana demoraron en destruir lo que la naturaleza creó durante mucho tiempo. Como se llevaron hasta las ramas, el lugar ahora se parecía a un páramo donde solo resaltaban algunas raíces expuestas y una pequeña porción de tronco.   Cuando llegó la primer lluvia en las zonas bajas se agrandaron los lodazales, y en las partes altas el agua abrió surcos por todas partes. A Ignacio no le gustó como quedó aquel paisaje pero pensó que era un mal menor; mas estaba equivocado, pues su casa se encontraba cerca de allí y el haber alterado aquel medio ambiente trajo consecuencias muy malas.

Tras un invierno lluvioso que erosionó y talló a su gusto el suelo desprotegido donde antes se alzara el bosque, se formaron cunetas inundadas y pequeñas lagunas lodosas. Después, cuando el clima fue calentando, esas zonas inundadas fueron invadidas por mosquitos. Nubes de mosquitos invadían la casa de Ignacio día y noche. Su familia tenía que mantener todo cerrado, esparcían dentro de la casa peligrosos insecticidas, y cuando estaban afuera se pasaban golpeando los brazos y la cara, aplastando mosquitos con cada golpe.  Cuando estaba el bosque había mosquitos pero nunca hubo tantos.

—Lindo favor le hiciste a tu familia cuando mandaste cortar todos los árboles —comentó con tono sarcástico la esposa de Ignacio mientras esparcía un insecticida por la casa. 
-¡Ah! Ahora protestas, pero cuando recibimos el dinero bien contenta que estabas, ¿no? —dijo él, sonriendo con algo de malicia en la mirada.
—Sí, pero no sabía que iba a pasar esto. De saberlo te hubiera pedido que dejaras el bosque como estaba. 
—¿Y cómo iba a saberlo yo?, ¿soy adivino acaso…? 

Y discusiones como esa tuvieron muchas, hasta que finalmente ella se marchó con los niños. Ignacio quedó solo, lamentando haber destruido el bosque. Cerca de su casa, en el páramo de restos de troncos y raíces expuestas por la erosión descontrolada del suelo, volaban nubes de mosquitos sobre el agua estancada.  
                                       - - - - - - - - - - - - - 
                                     El Dueño Del Abrigo
Los invitados ya se habían ido. Sergio volvió a la sala, suspiró hondo y puso sus manos en la cintura al mirar todo el desorden que habían dejado sus amigos. Restos de comida en el suelo, manchas de bebidas en la mesa, vasos por todos lados, cigarros en las bandejas.   No importaba, no todos los días se cumplen años y estaba agradecido por tener tantos amigos y conocidos.  Por la mañana iba a ordenar todo, ahora estaba muy cansado. 

Al atravesar la sala vio que habían dejado un abrigo de cuero sobre un sofá, era un saco de hombre. Trató de recordar quién andaba con ese abrigo: “Vi con esto a… Claudio, sí. Ese despistado, cómo va a olvidarse del abrigo”, pensó.  Si es que Claudio no se daba cuenta lo iba a llamar durante el día.  El saco estaba arrugado sobre el sofá. Lo dobló con cuidado, lo dejó en el espaldar y fue rumbo a su cuarto caminando lentamente y bostezando. Se estaba por dormir cuando escuchó que golpeaban la puerta. ¿Quién podría ser a esa hora? Se calzó las pantuflas, bostezó un par de veces y salió rumbo a la puerta con los ojos semicerrados de sueño. Pero al llegar a la puerta se despabiló un poco y le resultó extraño que golpearan tan tarde. Sergio pensó que sería bueno tener una mirilla en la puerta, así sabría quién estaba afuera, pero no tenía, por lo que tuvo que preguntar: 

—¿Quién es? 
—Soy el padre de Claudio. Él dejó un saco de piel aquí. Es mío, quiero que me lo de. 
—¡Ah, sí! Ya se lo traigo, señor. 

Cuando fue a buscar el abrigo pensó que tenía que haberlo hecho pasar primero, pero después recordó que no conocía al padre de Claudio, por lo que concluyó que obró bien. Solo era el padre de un conocido, si fuera de un amigo sería otra cosa.  Al pasar frente a su cuarto escuchó que sonaba su celular. Miró hacia la puerta y dudó: “¿Atiendo o no? El tipo está esperando. ¡Bah! Que espere”, pensó, y fue a atender el celular: 

—¡Hola! 
—Sergio, soy Claudio. Recién me di cuenta que dejé mi saco ahí, ¿no? Es uno de cuero.
—Sí, está acá. Tu… —Claudio lo interrumpió porque enseguida exclamó.
—¡Menos mal! ¡Ese abrigo era de mi padre! El viejo lo amaba. Si dependiera de él lo hubiéramos enterrado con ese abrigo. 
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                                          El Asaltante
Fui a una casa de cambio que elegí entre varias. Cuando llegué había tres empleados, dos clientes y el guardia de seguridad. Era un local pequeño, sucursal de uno más grande. La señora que estaba primero trataba de susurrar los datos que le pedían, pero como el que la atendía parecía no ser de oído muy fino tuvo que repetirle todo con tono más alto. Aquello parecía incomodar a la señora, que seguramente era muy desconfiada, y tras guardar un dinero en el fondo de su cartera nos echó una mirada suspicaz al pasar. 

 Mientras atendían al otro cliente (un señor mayor bastante encorvado), me puse a mirar todo lo que había allí. El guardia lo notó y sentí su mirada sobre mí. Cuando escuché que daba unos pasos hacia el otro extremo lo examiné yo. Su postura, su andar, y su espalda ancha me decían que era un ex militar. El señor encorvado comenzó a discrepar por algo con el que lo atendía, y vi que este miró a los otros para que lo ayudaran. Uno de sus compañeros se acercó y se informó del asunto, opinando después: 

—Señor, a usted le faltan papeles, tiene que traer todo, ¿entendió? 
—Pero si la otra vez cobré así y no me complicaron —objetó el anciano. 

Vi que el guardia se fue acercando lentamente pero el que estaba atendiendo le hizo una seña y este empezó a retroceder. No lo necesitaban, después de todo el cliente solo era un viejo confundido. Pensé que el guardia debía ser alguien bastante facineroso, y gente así suele ser peligrosa. Repentinamente se abrió la puerta e ingresó rápidamente un tipo malencarado. Tenía la mano derecha metida en el bolsillo del abrigo y de allí empezó a salir un arma, pero aparentemente el bolsillo era muy angosto, lo que retrasó la acción, y ese error le costó caro.   Se escuchó un disparo y el tipo cayó, y al mismo tiempo el vidrio de una ventana fue atravesado por una bala. El tiro fue certero, a la cabeza. Cuando miré al guardia parecía un vaquero de las películas. 

En ese momento me sentí bastante agradecido con el ladrón, porque si no hubiera irrumpido en aquel momento, el del agujero en la cabeza bien pude ser yo, porque estaba allí para asaltar el local. 

3 comentarios:

  1. Hola, Jorge... Nooo, sufrí por los árboles; se merecía lo que pasó y más. Sergio esa noche no durmió más en definitiva. Esperemos que después de esa experiencia nuestro amiguito no vuelva a asaltar porque de lo contrario si se merece el disparo. Jajaja me sentí cruel y radical después que lo escribí.

    Stephanie

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    1. Sí, yo no te quiero de enemiga ¡Jajaja! Pobres de tus ex ¡Jaja! Gracias por leer estos cuentos, Stephanie. ¡Saludos!

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  2. Interesantes historias master!. Todo en esta vida se paga, y si tiene que ver con nuestro preciado hogar, mas rapido todavía. Sergio si que se llevo una buena sorpresa, me pregunto cual habra sido su reaccion al saber lo del abrigo?. Jaja!, seguramente una expresion de sorpresa y terror. Es curioso como el asaltante se refiere al desafortunado como ''ladron'' casi al final de la historia, siendo que el tambien era uno. Si en todo el mundo hubieran esa clase de guardias...la delincuencia se reduciría considerablemente. Muy bueno amigo. Espero la próxima historia!.¡Saludos desde Venezuela!.

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