¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

jueves, 15 de diciembre de 2016

¿Por Qué Tenemos Pesadillas?

¡Hola! Aunque muchos de mis cuentos deben ser de risa ¡Jaja!, alguno que otro puede haber causado una pesadillas. Desde hace tiempo tengo mi propia teoría sobre lo que son, y me parece correcto compartirla aquí por si alguien les da más importancia de la que merecen. Pero sí es un tema interesante y entretenido. Aprovecho para poner esto ahora que somos pocos los que andamos por aquí. De paso ya les deseo felices fiestas y un próspero año nuevo. Gracias.

En muchos lados dicen contestar esa pregunta pero a mí solo me ha quedado una cosa en claro; no saben por qué tenemos pesadillas. Sí se aportan muchos datos, que en los niños son más frecuentes, que disminuyen mucho en los mayores, que pasa en tal etapa del sueño... Pero todo eso no responde por qué sueñas con una horda de zombis que te persiguen. Pues bien, sin ser ningún experto, solo alguien que sueña MUCHO, se me ocurre una muy probable explicación.

martes, 6 de diciembre de 2016

El Matrero

Agustín se arrastró sobre su vientre por una loma y al alcanzar la cima espió hacia las sombras que había allá abajo. Solo las estrellas evitaban que aquella noche fuera completamente oscura. Delante de él, como a unos cien metros y en una parte más baja del terreno resaltaba por ser más oscura una franja de monte, y en ella se distinguía el paso que lo atravesaba, un sendero ancho abierto entre los árboles. El monte se alargaba junto a un arroyo que era bastante caudaloso pero que en ese sendero era angosto y bajo. Poco más allá de la franja de vegetación, del otro lado el terreno se elevaba de nuevo y en la cima se encontraba el caserío que buscaba Agustín. El hombre, acostado allí y sin despegar mucho la cabeza del suelo escudriñó y escuchó con paciencia. Ocultos en el borde del sendero se agazapaban unos hombres armados con carabinas. El paso era una trampa. Perseguidores y presa jugaban un juego de paciencia y silencio.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Realidad

El viejo Camilo se encontraba en el fondo de su terreno. Parado entre los naranjos bajó sus pobladas cejas grises y se llevó la mano a la nuca, después miró hacia un lado y hacia el otro. No podía recordar qué estaba haciendo allí.

Los Dueños De La Zona

Sentados en el portal de una casa vieja, los cinco muchachos se pasaban una botella, reían a carcajadas y se daban empujones en los hombros. Ya era más de media noche y en la calle no andaba casi nadie. Uno de los juerguistas vio a una pareja que caminaba por la otra vereda y le avisó al que tenía al lado dándole un codazo.

jueves, 1 de diciembre de 2016

¡Al Fuego!

Tom se arrimó al gentío creyendo que se trataba de algún tipo de espectáculo, nunca imaginó lo que realmente era. Aparentemente todos los moradores de aquel pequeño pueblo o villa apartada se había congregado en la única plaza del lugar. Mirando mejor advirtió que faltaban los niños más pequeños. ¿Qué hacían allí? Era de tarde y el sol brillaba como en cualquier día, pero lo que pretendían hacer en aquella plaza no era nada común. Abriéndose paso entre un público que le echaba miradas de desconfianza y desaprobación al notarlo, pudo ver que en el centro había una especie de tarima, sobre ella había varias personas, ¡y una mujer estaba fuertemente atada a una silla! ¿Qué le pasaba a aquellos pobladores, estaban todos locos?

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Una Civilización Superior

El gobernante de la gran ciudad salió al balcón de su castillo. El castillo estaba en la cima de un cerro y desde allí divisaba una vasta zona. Respirando la brisa que llegaba desde el mar, desparramó una mirada en derredor. Desde la falda del cerro en donde se encontraba partían calles prolijamente empedradas que iban bajando hacia el mar o se perdían en algún recodo, y a los costados de éstas se
extendían hileras de casas de blanco mármol y entre ellas se entreveraban huertas y arboledas. En las calles, allá abajo, las personas iban y venían saludándose gentilmente con los más conocidos.

martes, 29 de noviembre de 2016

Misterios En El Agua

—¡Algo me tocó, algo que está en el agua! —gritó Sandro de golpe.
—¿¡Te está agarrando, se te prendió!? —le preguntó Álvaro al volviéndose hacia él.

Los dos atravesaban un arroyo oscuro que estaba cercado en ambas orillas por un monte tupido. El agua les daba por el pecho pero no nadaban porque llevaban sus mochilas sobre las cabezas y estas no eran impermeables. A esa parte del arroyo la podían atravesar así pero era bastante ancha.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Rescatando Tesoros

De noche, en el fondo de un terreno, un perro grande ladró ronco rumbo a la oscuridad. El dueño, que se encontraba despatarrado en un sofá mirando un partido de fútbol, apartó la mirada de la pantalla y escuchó; pero como el relator le puso emoción a una jugada volvió a mirar el televisor. Mas como el perro siguió ladrando ronco se levantó a ver qué era. Abrió la puerta y le preguntó al perro qué pasaba como si fuera a contestarle. El can solo movió la cola, giró hacia la oscuridad y lanzó otro ladrido, este más corto. El tipo pensó que era un gato y le ordenó que no fastidiara más. El perro bostezó abriendo una boca enorme y después desapareció en la entrada de su casa. Ya había cumplido con su trabajo. Más allá del fondo del terreno, en uno baldío, acababan de cruzar tres siluetas, una mucho más pequeña que las otras. Esas siluetas eran las de José, Manuel y su hermano menor, Tony. Los tres iban por la oscuridad porque no tenían buenas intenciones.

domingo, 27 de noviembre de 2016

El Ahorrador

Víctor pensó que el dinero se le estaba yendo gota a gota. Se levantó y caminó pesadamente  y con los ojos entornados. Creía que la canilla estaba goteando pero no era así. Volvió a la penumbra del cuarto y escuchó. Era afuera. Levantó un poco la persiana de la ventana. Caía una llovizna muy fina pero apretada que por las luces de la calle parecía amarilla. Era una precipitación muda pero al resbalar en el techo goteaba en varios lados. Víctor abrió los ojos bien grandes, cómo no se le había ocurrido antes. Podía ahorrar juntando agua de la lluvia. Se acostó pensando. En algún lado había escuchado que a largo plazo el agua de lluvia no era buena para beber, pero pensó que para todo lo otro sí iba a servir más que bien. Solo tenía que hacerle modificaciones a la instalación de la casa. Siempre había considerado que se pagaba mucho por algo tan abundante. Pero tenía que comprar un tanque, algunos caños, grampas, clavos. Eso no le gustó nada. Recordó que en casa de su hermana había un tanque grande que no usaban. De pronto interrumpió sus ideas una luz casi anaranjada que venía de afuera y traspasaba la persiana.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Vampiros Merodeadores

A César le pareció que aquellos ancianos no solo eran hospitalarios sino que pretendían algo más. No se sintió en peligro y no le pareció que fueran mala gente, todo lo contrario, pero algo escondían. No era agradable pasar la noche en la vivienda de ellos sintiendo esa sensación, pero no era un motivo suficiente para irse y tal vez ofender a la pareja que le ofrecía su hogar.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

El Ayudante Del Chamán

¡Hola! Aviso que el final es súper abierto. Es solo el inicio de una historia de terror pero ni llega a tenerlo. 


 Antonio pensó que ese iba a ser su día de suerte; se agachó para meter el brazo en el tacho de basura, apartó un poco la boca de una bolsa blanca y agarró una manzana. No tenía ni una mordida, solo una parte aplastada y blanda. Antes de morderla le echó un vistazo a las otras cosas que había en el tacho. Halló una papa grande que habían desechado por tener un hueco negro. Antonio la observó mientras comía su manzana. Andar en la ciudad le brindaba muchas posibilidades de encontrar comida y algún ocasional trabajo pero lo limitaba en algunos aspectos. En las afueras, en cualquier costado de un camino podría cocinar aquella papa, pero en el callejón donde estaba durmiendo era muy difícil. Como todavía era menor no podía ir a un centro de ayuda porque podía terminar en algún orfanato. Dejó la papa en la bolsa donde estaba la manzana, le podía servir a otro. Se alejó pensando que necesitaba un techo seguro, una casa. Se le vino a la mente, como si el recuerdo hubiera aparecido solo y contra su voluntad, la imagen de la vieja casona embrujada. Se estremeció como si le hubiera dado un escalofrío. Aquel era el hogar del terror y de nada más. No entendió por qué se le ocurrió que podía vivir allí.

martes, 22 de noviembre de 2016

Un Domingo En Familia

Parecía que iba a ser otro domingo apacible con la familia. Nos encontrábamos en la propiedad de mis abuelos. Toda la parentela reunida en una gran mesa que armamos con tablas bajo el parral. Carne asándose sobre la parrilla, los niños correteando por el lugar seguidos por los perros, y el aroma del campo viniendo por momentos con la brisa, no hay cosa más linda. El viejo hogar, la huerta prolija, más en el fondo los naranjos, y sobre estos, allá lejos, el verde oscuro de unos cerros que jamás me voy a cansar de contemplar. Nada podía salir mal un día así.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Cosas De La Guerra

Christopher se arrastró sobre sus codos por un pastizal alto. Se detuvo al creer escuchar unas voces y por un momento quedó inmóvil, expectante, los sentidos sobresaltados por el terror.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Otro Payaso

Uno de los policías miró hacia arriba y comentó bromeando:
—Entonces así nacen los payasos, en un árbol ¡Jaja!
—Más respeto, oficial —dijo una voz que iba llegando a la escena.
El policía se volvió pensando “¿Quién es el atrevido que quiere corregirme?”, pero al ver que era el detective Ortiz se paró firme y la saludó con respeto.

viernes, 18 de noviembre de 2016

El Ausente

A los tres, Fabricio, Mateo y Rubén, les resultaba rara la reunión porque faltaba un integrante, Carlos, que había desaparecido en un remoto país de Europa hacía unas semanas. No habían hallado su cuerpo pero todos ya lo consideraban muerto. Los tres que quedaban intentaban concentrarse en las cartas aunque cada tanto miraban el lugar vacío que le perteneciera a su amigo. De pronto Fabricio dejó las cartas sobre la mesa y agitó sus manos delante de la cara como si le estuviera haciendo señas a alguien que estaba muy lejos. Lo que quería era disipar un poco el humo que Mateo le sopló en la cara.

jueves, 17 de noviembre de 2016

La Súper Luna

¡Hola! Si buscan terror del bueno, algo que realmente asuste... en esta entrada no lo van a encontrar ¡Jaja! Pero el anterior sí es de terror. Buscando en "Categorías", en la parte derecha del blog hay cuentos para todos los gustos. También se puede usar la barra de búsqueda que hay ahí arriba. Gracias.



Estaba mirando tele sentado en el sofá, con una pierna sobre el posabrazos cuando Matías me invitó a ver la súper luna.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Dientes De Payasos

Los ocho payasos protestaban a los gritos detrás de una valla policial. Unos policías los contenían sujetando la valla y amenazándolos con las cachiporras.

martes, 15 de noviembre de 2016

Extraterrestres

     ¡Hola! Los cuentos de esta entrada no son de terror (si buscabas eso pasa al siguiente), son de extraterrestres, y los que leían mi otro blog tal vez ya los conozcan. Igual podrían leerlos de nuevo, echenle ganas ¡Jaja!
                                    

                             Del Espacio
“No es bueno andar juntando rocas que caen del cielo”, dijo súbitamente una voz. Allan volvió la cabeza hacia la voz y vio a un viejo que, sentado bajo un arbusto lo miraba sonriendo. Había llegado al desierto con el amanecer. Buscaba meteoritos. En el duro y desnudo suelo del desierto era más fácil hallarlos, aunque implicaba caminar muchos kilómetros. Sus ojos entrenados podían distinguir entre una roca común y una caída del espacio. Paso a paso, la vista buscando en el suelo, kilómetro tras kilómetro de tierra árida y soledad. Había comenzado como un pasatiempo pero de a poco se volvió un oficio cuando comenzó a vender algunas rocas. Los metálicos valían más pero a la vez eran los que menos encontraba, pues generalmente hallaba meteoritos que podrían pasar por una roca cualquiera.

lunes, 14 de noviembre de 2016

El Parásito

Me encontraba en el frente de mi hogar junto a mis viejos cuando nos llevamos aquella sorpresa. Me estaban visitando y como afuera la noche había llegado con una brisa muy agradable saqué unas sillas y nos sentamos en el patio. Conversábamos no me acuerdo sobre qué cuando al verla nos callamos. La mujer venía por la vereda empujando un cochecito de bebé. Impresionaba lo flaca que estaba la mujer, la cara se le había hundido y se le marcaban unas ojeras violáceas y los pómulos. Su cabellera negra y lacia parecía muy escasa y fina. Estaba más cerca de un esqueleto que de una persona viva y tenía una palidez extrema.

domingo, 13 de noviembre de 2016

La Avanzada Del Terror

Cuando la policía toca a tu puerta generalmente no es para nada bueno, y Adrián recibió la peor noticia, una que causaba terror.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Recuerdos

Con cada golpe de remo me arrepentía más de haber llevado a Jacinto. La noche nos había encontrado en el agua, Jacinto era corto de vista por su edad y yo no conocía la zona. Y empecé a pensar que él tampoco conocía el lugar, aunque según él se había criado en aquellas costas.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El Trabajador

La mujer miraba hacia la calle y parecía preocupada. Ramón pasaba por allí y la observó. Se  encontraba un poco inclinada hacia adelante porque tenía una mano sobre el muro bajo de su terreno, a la otra mano la tenía a la altura de la cara y se estaba comiendo las uñas. Era bonita, pelirroja, de treinta y pico pero muy bien llevados. Cuando Ramón cruzó frente a ella la mujer apartó la mano de la boca sonrió levemente como avergonzada de lo que estaba haciendo, después se notó que iba a decir algo pero se contuvo, y cuando él ya había dado otros pasos le habló:

jueves, 10 de noviembre de 2016

El Inocente

Dos detectives que salían de una sala de interrogación sonriendo y negando con la cabeza se cruzaron con Ortiz y uno le dijo:

—Ortiz, no sabes el cuento fantástico que acabamos de escuchar. Es de terror, seguro que te gustaría.
—Si dices que es un cuento es porque no te lo crees. ¿Quién está ahí? —le preguntó Ortiz, que también era detective.
—Un muchacho que mató a un primo. Está bien frito pero sigue contando una historia que nadie la va a creer ¡Jaja! Pobre infeliz, lo hubiera pensado mejor. Si quieres escucharlo pídele al capitán, está ahí. Nosotros nos vamos a tomar café.

martes, 8 de noviembre de 2016

La Broma Del Payaso

El lado malvado de Fabián se divertía de solo pensarlo. Había visto unos vídeos donde unos tipos disfrazados de payasos aterradores asustaban a la gente. Era una broma pesada pero que hacía reír a los que la veían. Él compartió esos vídeos con sus contactos de redes sociales y habló sobre ellos con todos sus conocidos. Incluso cuando pasaron varios días, en algún momento de la jornada se acordaba de esas bromas y sonreía. Fabián no quería reconocerlo pero lo habían impactado tanto porque le tenía miedo a los payasos.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Una Peste

Oscuridad sobre oscuridad era aquella noche, cielo nublado y silencio aplastante. En aquella zona despoblada la oscuridad persiguió largamente a una camioneta que la desafiaba con sus luces.

domingo, 6 de noviembre de 2016

El Desaparecido

Gustavo caminaba por las sombras de un milenario bosque de pinos. Estaba buscando hongos comestibles pero además de mirar hacia el suelo no descuidaba su entorno porque el bosque era muy grande y no quería desorientarse. En la mano izquierda cargaba un canasto que cubría con un paño, allí llevaba los hongos. Cuando no iba a cazar le encantaba recolectar hongos. Los había juntado muchos años junto a su padre, y como con él hablaban y bromeaban todo el tiempo, le quedó la costumbre de hablar cuando hallaba alguno y lo siguió haciendo aunque anduviera solo: “Ah, pero que precioso hongo eres, ven aquí”, o decía “Esta vez te salvaste, todavía eres muy pequeño”, “Vaya, creciste al lado de uno venenoso, ¿acaso querías engañarme? ¡Jaja!”, y así seguía por el bosque llenando su canasto.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Problemas De Espacio

Benito intentaba calmar a Clara, su esposa:

—Los muchachos seguramente están bien, no viven en una casa de cartón.
—Sí, pero quiero estar segura. Esta tormenta horrible me da una cosa... —le explicó ella estremeciéndose.
—Con esta tormenta eléctrica te puede dar algo peor si usas el teléfono, no ves que hay muchas descargas. Hay que desenchufar todo. Y los muchachos no escucharían que suena con todo este ruido de rayos y truenos. ¡Dije que no te escucharían! ¡Voy a desenchufar todo!

Clara quedó con las manos en su pecho y se agachaba un poco con cada retumbar. Benito, de carácter tranquilo, después de desconectar los aparatos electrónicos se sentó en un sofá y cerró los ojos. Todavía era muy temprano en la noche como para acostarse y recién habían cenado. Clara se paseó por la sala un rato y después se sentó para seguir estremeciéndose con cada trueno.
Los estallidos de la tormenta eran constantes y toda la ciudad temblaba bajo aquellas luces blancas. También llovía mucho pero eso era lo de menos, lo peor era la tormenta eléctrica. Benito estaba tranquilo pero deseó estar con sus hijos y sus nietos. En toda su vida jamás había presenciado tal cantidad de rayos y relámpagos. Él trabajaba de encargado de obra en una empresa de construcción y además de albañilería sabía mucho de electricidad porque le gustaba aprender de todo. Mientras seguía con los ojos cerrados y sentado cómodamente en su sofá, pensó en la descomunal cantidad de energía que había sobre la ciudad. Además de lo conocido por la ciencia, ¿qué otros efectos podría traer aquel gigantesco exceso de energía? 

Ese espectáculo ensordecedor de luces duró toda la noche y parte de la mañana. Como la ciudad se encontraba en alerta meteorológico no hubo trabajo en la construcción que él supervisaba. Por la tarde mejoró y recibió una llamada del arquitecto de la empresa. El arquitecto llevaba poco tiempo en la empresa y era un tipo joven. Reconociendo su falta de experiencia, aunque su puesto era superior al de Benito el arquitecto apreciaba mucho su opinión y escuchaba sus consejos. Ahora le habían pedido a la empresa un presupuesto para reparar unos daños que la tormenta había hecho. Fueron en el mismo auto. Después de enterarse de algunos detalles, por el camino Benito le comentó al joven, que era el que conducía:

—¿Sabes qué había antes, hace como cuarenta años, en el terreno donde levantaron este edificio de departamentos?
—No, ¿campo? Si ahora se encuentra en lo que es el cinturón de la ciudad me imagino que antes por ahí era solo campo.
—Casi aciertas. Sí era un campo, pero un camposanto, era un cementerio.
—¡Vaya, no sabía! Y supongo que la gente que compró ahí tampoco —dijo sorprendido el arquitecto descuidando el camino que tenía por delante al voltear hacia Benito.
—Probablemente no. Era un cementerio pequeño y más bien estaría en la parte donde hicieron un estacionamiento a cielo abierto, pero es pegado al edificio.
—Y bueno. La necesidad de espacio de los vivos superó a la de los muertos ¡Jaja! Y deben haber retirado todos los restos, ¿no?
—Lo dudo mucho. Cuando yo era niño ese cementerio ya era antiguo y no se lo usaba más, ya existía este otro que hay ahora. En la mayoría de las tumbas, sino en todas, hasta los ataúdes debían estar integrados a la tierra. Recuerdo que estaba muy descuidado y además de malezas hasta árboles habían crecido por todos lados, y la zona había quedado un poco baja y cuando llovía mucho medio se inundaba. Cuando mucho encontraron las lápidas.
—Tiene razón. Usted es como una enciclopedia andante, don Benito.
—No, solo soy viejo. Ahí está el edificio, y apostaría que aquel tipo que está en la vereda y parece nervioso es el dueño. Vamos a ver de qué se trata.

Después de saludarse el tipo les dijo que el daño era solo en el estacionamiento pero que era muy grave. Benito y el arquitecto se miraron entre sí y el joven agrandó sus ojos como diciendo ¡Vaya! Pasaron a ver los daños. Habían retirado todos los vehículos para que lo vieran mejor. Aquellos dos volvieron a mirarse. Lo primero que cualquiera pensaría al mirar aquello era que unas cosas habían salido de abajo de la tierra y así habían roto el concreto. El concreto estaba roto en pedazos y levantado en zonas bien puntuales. Mientras el arquitecto hablaba con el dueño del lugar el veterano hizo un pequeño recorrido por el estacionamiento. Al notar algo Benito se volvió hacia los dos y al ver que el potencial cliente había mirado hacia el edificio al decir algo, le hizo unas señas a su compañero que decían que las roturas estaban alineadas. Alineadas como las tumbas de un cementerio. Finalmente el otro se fue y los dos pudieron hablar:

—¿Usted había visto algo así? —le preguntó el joven. 
—Lo más parecido que he visto son los estragos hechos por una correntada en una ruta o una calle, pero con esos muros lo más que podía pasar aquí es que se inundara como una piscina, cosa que no creo que haya pasado porque el lugar tiene un buen desagüe y por lo que vi no parece tapado.
—Y es extraño que sigan una línea, ¿no?
—Más que extraño, muy raro. Y creo que los dos nos imaginamos lo mismo.
—¿Que unos zombies salieron de ahí?
—No, yo me imagino que unos fantasmas salieron de ahí. Como te dije en el auto, no creo que en este suelo quedaran restos; pero espíritus, eso es otra cosa.
—Le doy la razón. La rotura es grande pero no hay huecos como para que pase un cuerpo. De todas formas hay que calcular cómo arreglar esto y cuánto saldría. Vamos a observar mejor y a hacer algunas cuentas.

Cuando le dieron el presupuesto el tipo dueño del lugar estuvo de acuerdo. Como la empresa era grande hicieron el trabajo en pocos días. Pero los problemas para aquel edificio recién comenzaban. En el edificio se empezaron a esparcir rumores sobre fantasmas y la gente fue abandonando los departamentos como si hubiera una plaga. En pocas semanas quedó vacío. Como la ciudad era chica y las historias se esparcen rápido ya nadie quiso vivir allí. 

Un tiempo después Benito pasó frente al edificio manejando lento. Era de noche y las ventanas sin persianas eran unos bloques de oscuridad que daban a unas habitaciones donde las voces de los vivos eran solo un recuerdo. De repente una silueta completamente blanca se deslizó frente a la ventana, pasó rápidamente pero mirando hacia la calle; y desde otra abertura unos rostros blancos que lo miraban levitaban cambiando de lugar, arriba, abajo, a los costados, con movimientos lentos y fantasmales. Benito aceleró. Después, recordando las palabras de su compañero, pensó: “La necesidad de espacio de los vivos superó a la de los muertos”, pero le agregó “Y ahora los muertos se pasean por donde habitaban los vivos”.  

viernes, 4 de noviembre de 2016

¡Maldito!

 El sol calentaba al monte, al agua del arroyo y al campo que había más allá. Ese verano había llegado muy caluroso y justo esos días eran los peores. De todas las estaciones del año el verano es mi época preferida para ir a la naturaleza. Por eso me fui al monte buscando algo de frescor, tranquilidad y esa paz que se siente en los lugares naturales y hermosos. A los días lindos uno no los asocia con el peligro pero igual este siempre está ahí, esperando que nos descuidemos.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Vigilantes

Nos encontrábamos en una pieza pequeña. Sergio, el otro vigilante, estaba muy concentrado leyendo un libro. El veterano por momentos acercaba el libro a la cara y entrecerraba los ojos como si no viera bien, y cada cierto rato jugaba con su barba corta y gris mientras seguía con la vista fija en la lectura. Yo estaba aburrido como siempre. Éramos unos de los vigilantes de una mina ubicada en una región remota de Canadá y era mi primer año allí.

jueves, 27 de octubre de 2016

Caminantes

Hacía dos cosechas y cuatro meses que Alfredo y yo no nos cortábamos el pelo ni nos afeitábamos. Con bolsos viejos, botas de goma ya cuarteadas y ropas todavía menos presentables, creo que hasta los vagabundos nos mirarían con desconfianza.

martes, 25 de octubre de 2016

Halloween De Terror

La gente tenía que hablar a los gritos porque además de la música el ruido de la lluvia estaba muy fuerte. Era la noche de halloween y se encontraban en un club campestre. En el salón de fiestas todos estaban disfrazados. Había gente con disfraces clásicos, otros con unos más originales, y no faltaban los tan extraños que nadie sabía bien qué eran. Matías vestía como “El Zorro”. Tomando un trago se arrimó al ventanal del salón. Con el vaso sobre los labios e intentando ver más allá de la oscuridad y el aguacero, se imaginó su vehículo y pensó que lo había dejado muy lejos. Unos pasos bajo aquel chaparrón y estaría empapado. En el medio del salón el tipo que organizó la fiesta bailaba ridículamente y le arrancaba carcajadas a sus invitados.

sábado, 22 de octubre de 2016

De Brujerías

El ambiente se había vuelto emocionante y algo tenso porque se estaban contando historias y cuentos de terror. La fogata que rodeábamos ardía intensamente y el bosque a nuestro alrededor se mantenía totalmente oscuro más allá del alcance de la luz porque la noche se había presentado nublada. Nos encontrábamos en una zona muy apartada, lejos de la ruta más cercana y sus ruidos. Lo único que sonaba por allí cada tanto era el crujido de alguna rama que caía desde lo alto, el canto de unos búhos que se comunicaban desde varios puntos y los chillidos de algunos insectos, y más aisladamente el croar de un sapo buscando una respuesta. Por eso cada historia se escuchaba con mucha atención y solo algún chisporroteo de la fogata desviaba la mirada del narrador. Creo que empezamos a contar esas cosas de terror porque durante el día no cazamos nada, y como nos marchábamos al amanecer queríamos que esa salida tuviera algo interesante, algo para recordar, y lo tuvo.

domingo, 16 de octubre de 2016

Ladrones De Tumbas

La luna llena había asomado por encima del muro del cementerio y por ese lugar de terror se deslizaba la sombra de Octavio. No era la primera vez que incursionaba en un cementerio de noche pero nunca lo había hecho solo. Ahora estaba probando ese lugar. Ya lo había visitado durante el día y tenía elegido un objetivo, una vieja cripta.

La Hora Del Diablo

Por primera vez iba a darle uso a la mirilla que hice instalar en la puerta. Cuando me despertaron unos golpes en la puerta de la sala miré el reloj y eran las tres de la madrugada. ¿Quién podría ser a esa hora? Me levanté un poco tenso por la expectativa porque no imaginaba quién podía ser ni para qué me despertaban.

viernes, 7 de octubre de 2016

Las Víctimas

 Danilo iba cabeceando en el asiento trasero del taxi cuando el conductor paró el coche. La madrugada estaba muy avanzada. Se alegró por haber llegado porque ya tenía mucho sueño pero al sacar la billetera se dio cuenta que aquella no era su zona.

miércoles, 5 de octubre de 2016

El Negocio

El cielo se estaba por caer sobre nosotros y llevábamos una carga muy conductiva de sospechosa procedencia.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Venganza en La Selva

Sabía que aquel encuentro implicaba algo de peligro pero no esperaba que me apuntaran a la cabeza con una flecha. Mientras a mí me amenazaban así a los otros les hacían amagues de darles un machetazo. En ese momento de terror además de miedo sentí pena por morir tan lejos de mi hogar.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Esperando

El dueño de la mina, Ramos, mostrándose bastante misterioso se arrimó a Leonardo para decirle: 
—Venga conmigo, tengo algo que mostrarle.

sábado, 24 de septiembre de 2016

El Invasor

No sé si me despertó algún ruido o fue casualidad. Era de madrugada y afuera lloviznaba tristemente. Desde el techo caía un constante goteo que resonaba no sé en qué pero se parecía al tic-tac de un reloj de esos grandes.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Temporada De Zombis

Las cuestas se suben con el corazón, eso fue lo que recordó Juan al llegar a la cima del cerro. Estaba en buena forma pero cargaba una mochila pesada y un rifle. Mientras calmaba su corazón se volvió para ver la ladera que había ascendido.

martes, 20 de septiembre de 2016

¡El Payaso!

El viejo Abel se recostó contra uno de los extremos de la entrada de su taller mecánico para ver cómo reaccionaba la gente al ver a su payaso. Ubicó al payaso en el otro extremo extremo de la abertura, sobre la vereda. Era un muñeco de goma del tamaño de un hombre. El muñeco le resultaba horrendo a todos porque tenía una boca demasiado grande que hacía que su sonrisa resultara aterradora.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Pobre

Una luna creciente casi redonda estaba tan quieta en el agua como la boya que contemplaba el pescador. Aurelio estaba algo impaciente porque en esa ocasión no intentaba pescar algo para divertirse, era para comer.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Los Tres...

Mariano intuyó que algo raro estaba pasando en la casa de su hermano. Simón, su hermano, hacía un mes había sufrido una pérdida terrible, la de una hija pequeña, Katy. Él y su esposa naturalmente quedaron destrozados, y como la familia de ambos estaban muy lejos tuvieron que soportar eso sin mucho apoyo. Por eso Mariano fue a pasar unos días en la casa de ellos lo antes que pudo para ver si los ayudaba a mitigar aunque fuera un poco aquel dolor terrible. Los encontró emocionalmente mejor de lo que calculaba, aunque a la vez los halló un poco débiles, y más sutilmente sintió que no lo querían allí.

jueves, 15 de septiembre de 2016

miércoles, 14 de septiembre de 2016

El Bautismo

No podía evitar pensar que el miedo, más bien el terror al agua de Jeff, el esposo de mi hermana, no era una simple fobia infundada. En mi familia era común que en verano se fuera varias veces a pasar un día o dos en la orilla apartada de algún río a arroyo con monte. Cuando mi hermana lo conoció dejó de ir a esas salidas.

martes, 13 de septiembre de 2016

La Grieta

Tenía que cumplir con una penosa y desagradable tarea: identificar a un conocido muerto. El fallecido tenía un solo pariente vivo, su hermano, pero cuando este se enteró de la muerte se descompuso y terminó en el hospital. Allí me recomendó, por llamarlo de una forma, a mí.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Suerte De Pescador

¡Hola! Este es un cuento corto nomás, sin terror. 


Ernesto abrió la puerta violentamente haciendo que todos los que estaban en la sala, su familia, voltearan a la vez hacia él sorprendidos por aquella irrupción.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El Viento

Mis padres y yo empezamos a caminar más lento al mirar aquello porque ninguno veía bien qué era.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Nuestra Vecina

Me encontraba desparramado en un sofá mirando un partido de fútbol cuando Adriana, mi esposa, vino a interrumpirme:

martes, 6 de septiembre de 2016

Una Noche Inolvidable

El ambiente de aquel club estaba muy pesado para nosotros. Le hice una seña a Maximiliano, mi hermano, y salimos de allí.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Frente Al Cerro

El desierto ya se estaba llenando de sombras cuando las siluetas de los tres jinetes apareció en una cuesta.

domingo, 4 de septiembre de 2016

En El Aire

A Óscar le resultó raro que hubiera tanto silencio. Abrió los ojos y se quitó la almohada de cuello que usaba para dormir. Estaba viajando en un vuelo comercial, en un avión enorme que se había llenado de pasajeros. Miró hacia un costado, no había nadie en los asientos de al lado. Se levantó para ver sobre los asientos. Adelante, atrás, nadie, estaba solo.

sábado, 27 de agosto de 2016

Un Mundo De Historietas

¡Hola! No le busquen terror a este cuento, pero sí léanlo que es bueno ¡Jeje! No tiene continuación, más bien, todavía no hice ninguna. Surgió de una idea que aporté en un grupo que va a hacer un ebook de cómics donde pretenden unir a todos los personajes de las historietas argentinas. Mi idea para unir a todas las historias cayó en saco roto ¡Jaja! Pero de ahí surgió esto: 

  
Sandro levantó la vista al escuchar un trueno. Unos nubarrones oscuros se revolvían inquietos y amenazantes apenas por encima de las azoteas de la ciudad. Él era un hombre invisible.

viernes, 26 de agosto de 2016

Muerte En La Noche

Ricardo estaba devastado y su pena no tenía consuelo. Y no era solo por la pérdida de Cecilia, su amada, sino también por la extraña circunstancia de su muerte.

lunes, 22 de agosto de 2016

Hacia Un Mundo De Terror

La noche estaba muy linda para dar un paseo pero estaban sucediendo cosas muy extrañas por todas partes. Una familia, un matrimonio y su hijo pequeño, un niño de un año y medio, salieron de la casa a la noche oscura que dominaba la zona en donde vivían. No estaban muy lejos de la ciudad pero como había muchas arboledas y pocos vecinos, apenas anochecía la tranquilidad llegaba con largas sombras y el silencio característico de las regiones poco pobladas.

domingo, 21 de agosto de 2016

Los Valientes

Gonzalo atravesaba un bosque a caballo mientras luchaba contra el miedo a morir. Vivía en una época donde casi todos los hombres portaban espadas, y donde todos esos, unos más y otros menos, sabían usarla. Él, aunque joven aún, ya era considerado un maestro en la esgrima; pero su temor venía porque iba a enfrentar a otro tan bueno o tal vez mejor que él.

sábado, 20 de agosto de 2016

El Descuento

¡Hola! De terror... no es ¡Jaja! Pero igual es un cuento entretenido, a mí me gusta ¡Jeje! 


Esa noche descubrí que cuando uno pretende hacer algo malo y peligroso es inevitable caminar agazapado. Con una luna enorme como mudo testigo, Juan y yo escondimos nuestras bicicletas en un costado del camino y entramos a un campo. Lo mismo daba trotar erguido o agazapado pero lo grave del asunto nos obligaba a encorvarnos.

martes, 16 de agosto de 2016

Lejos De La Gente

¡Hola! Aviso que no es de terror. Gracias.


Era un simple arroyo pero su playa estaba llena de gente, demasiado público para lo que yo quería hacer.

lunes, 15 de agosto de 2016

Peligro Entre Los Árboles

El sendero que hallaron los ayudó a avanzar por la selva pero los condujo a un lugar horrible. Niver, Ismael y Fabio avanzaban trabajosamente a golpe de machete. La selva que los rodeaba estaba silenciosa y sombría, sombra de hojas descompuestas entre un barro rojizo y pegajoso, y silencio de peligros escondidos entre la constante humedad de la fronda. Allí la selva les tendía lianas a su paso y se apretujaba tanto en algunas zonas que parecía querer envolverlos como si todo fuera una inmensa trampa hecha de telarañas.

sábado, 13 de agosto de 2016

Del Pasado

Los dos hombres caminaban por el campo al atardecer. Mauricio solo asentía fingiendo interés en lo que el otro decía mientras iba atento a la distancia, y como esperando encontrarse con un enemigo llevaba un rifle entre sus manos; el otro hablaba sin parar y su vista cada tanto se clavaba en una piedra suelta.

lunes, 8 de agosto de 2016

Premonición Cumplida

¡Hola! Este cuento no es de terror, es sobre sueños. Para los que gustan de este tema, que veo que son unos cuantos, aquí hay una historia que seguro les va a gustar, es de terror: http://cuentosdeterrorcortos.blogspot.com/2016/06/en-el-otro-mundo.html  Pero primero lean este, para entrar en clima.



La ruta era complicada y Roberto sentía que no estaba muy concentrado. Él era camionero desde hacía muchos años e iba por una ruta que conocía bien, sin embargo se le complicaba dirigir el camión en cada curva.

domingo, 7 de agosto de 2016

Una Luz En El Cielo

¡Hola! Este cuento no es de terror. Desde ahora también voy a publicar de otras categorías, de hecho, importé entradas de otro blog mío a este y ya hay todo tipo de cuentos de ficción, hasta románticos ¡Jaja! (buscar en la nube de categorías) Por eso ahora el blog se llama "Cuentos Cortos". Sigo con la cabecera de antes porque bueno, no conviene cambiarla, además la inmensa mayoría son de terror, y voy a seguir subiendo historias de terror. Cuando sean de otra cosa voy a aclarar en el título, si me acuerdo ¡Jeje! Igual nadie ha muerto por leer una historia que no sea de miedo, ¿no? ¡Jajaja! Saludos!!


Rodolfo estuvo ansioso todo el día y al caer la noche empezó a mirar hacia arriba. Se fue hasta un campo donde ni una luz artificial, ni las pocas que había en su barrio interfirieran con el espectáculo que se iba a presentar esa noche: una lluvia de meteoros. Las condiciones eran ideales, cielo despejado y sin luna.

sábado, 6 de agosto de 2016

Pasos En La Noche (cuento de terror para niños)

       Miguel se bajó de la cama y caminando lentamente por la oscuridad del cuarto fue hasta la de José, su hermano. José estaba durmiendo de lado y Miguel le sacudió el hombro intentando despertarlo.

martes, 19 de julio de 2016

Otra Realidad

A Jaime le costó un poco más enderezarse en la cama. Como había pasado varios períodos con parejas y sin ellas sabía que aquella pequeña dificultad extra al levantarse hacia un costado de la cama implicaba que no estaba solo; pero en esa ocasión no podía ser eso porque sabía que no había nadie con él. Se sentó en el costado de su lado para terminar de despejarse y al apoyar una de sus manos sintió el leve declive del colchón, como si hubiera un peso en él.
Experimentó como una especie de alarma por todo el cuerpo. No quiso voltear, solo siguió deslizando la mano. Cuando esta chocó con un bulto se levantó con un grito y giró para quedar más sorprendido todavía. ¡Había una mujer en su cama y no tenía ni idea de cómo había llegado hasta allí ni quién era! La mujer se mostró sobresaltada con el grito como si este la hubiera despertado, entonces ella fue y le preguntó:

—¿Qué pasó, Jaime? Me pareció que gritaste. ¿Y por qué tienes esa mirada, qué ocurre?
—¿Quién... quién es usted? —le preguntó Jaime con lo poco que le salió de voz.
—¿Qué quién soy? Mi amor, dime que estás bromeando —le dijo ella con bastante preocupación en la cara—. Esto no es gracioso, en serio. ¿Te sientes bien? ¿No te estará dando una de esas cosas que da en la cabeza? ¡Ay Dios, que no sea eso!
—No, estoy bien, yo solo... no me desperté bien.
—Menos mal. Que susto me diste. ¿Seguro que estás bien? Bueno, me levanto y dentro de un rato te preparo el desayuno.

Jaime le contestó eso porque a pesar de su confusión por no tener idea de quién era aquella extraña que despertaba a su lado, igual sintió que debía tranquilizarla, porque cuando la mujer es muy hermosa puede sacarle fácilmente el lado más dulce y protector a un hombre. Ella se levantó, mirándolo con un poco de preocupación todavía, y salió de la habitación. Él tragó saliva al verla marcharse. ¿Cómo podía olvidar a una mujer así? Buscó aquel cuerpo y aquella piel perfecta en sus recuerdos, no los encontró. ¿Estaría sufriendo algún ataque al cerebro como supuso ella? Movió la cabeza hacia los lados y hacia atrás como haciendo ejercicios para el cuello, nada, ni un dolor ni una molestia. Miró hacia abajo para ver si se mareaba, dio unos pasos por la habitación, todo bien. Después probó su mente haciendo algunas cuentas matemáticas sencillas y recordando la letra de algunas canciones, no sentía ni una dificultad. Pero al querer recordar lo que había hecho el día anterior las cosas no le llegaron con claridad, tenía una laguna. Eso lo alarmó un poco. En ese momento su mirada dio con una foto que estaba en la mesa de luz. Era él y ella en un paisaje que no recordaba conocer. “La cosa es grave”, pensó. 

Mas en ese momento de alarma quiso tranquilizarse y su intelecto fue el encargado de eso. No recordaba bien lo del día pasado pero sí lo de los días anteriores a este, y aquella mujer no estaba en ellos. Levantó la foto para examinarla. Tenían puesta ropa de invierno y ahora era verano, una prueba de que la conocía desde hacía un tiempo. Pero su intelecto volvió a la carga. Un infarto al cerebro o un derrame podrían borrarle recuerdos en el momento pero no crearlos, y él recordaba bien lo que hizo ese invierno, y en el otro anterior tenía otra pareja. Acercó la foto a sus ojos. No tenía errores evidentes pero le daba la impresión de que era falsa. Dejándola sobre la mesita echó una mirada en derredor y después fue a revisar el ropero. Otra prueba que lo confundía: había ropa de mujer. Se llevó una mano a la cabeza y respiró hondo varias veces mientras se revolvía el pelo. Si realmente le estaba pasando algo estaba perdiendo un tiempo valioso, ¿sería mejor decirle a ella que lo llevara al hospital? Enseguida negó con la cabeza rechazando esa idea. Ni loco iba a dejar que una persona que no recordaba, o más bien, que recordaba que no conocía, lo llevara a un hospital. De pronto se le ocurrió algo y le pareció muy obvio; tenía que llamar a sus padres, estos vivían cerca. Aquella extraña podía confundirlo a él con aquella actuación y aquellas supuestas pruebas pero a ellos no, por otro lado, si la conocían inmediatamente lo iban a llevar al hospital y él iba a ir con gusto. El teléfono estaba sobre aquella misma mesa de luz. 

Antes de marcar el número se le ocurrió que era mejor cerciorarse si aquella mujer todavía continuaba allí. Salió del cuarto y fue rumbo a la cocina; ella ya estaba entretenida haciendo el desayuno. Al verla de espaldas Jaime pensó en lo bueno que sería aquello si era real. Ella le había hablado con una voz como de locutora y se movía con mucha gracia y elegancia, y aquella piel que dejaba ver el camisón corto que usaba, y la tonicidad que parecía tener todo en ella... “Esta tipa es una modelo, o actriz, probablemente las dos cosas”, pensó entonces él. Bastante experiencia tenía como para saber que el común de las mujeres no se ve así por las mañanas. Allí había una vida entera yendo al gimnasio, aquella piel había sido cuidada en Spas, allí había horas invertidas en belleza. Mientras la observaba ella lo notó, se volvió hacia él sonriendo y le dijo que ya casi estaba listo el desayuno. “¡Te tengo!”, pensó Jaime “Le dije que no la recordaba, lo que es algo muy grave, y un rato después está como si nada aunque solo le di una explicación tonta. Buena actuación pero eso no cuadra en la historia”. Pero entonces la cosa se le figuró realmente fea. ¿Qué hacía ella allí, qué pretendía, por qué todo aquel montaje? Llamar a sus padres seguía siendo una buena idea, pero ahora no para sacarse la duda sino para enterar a alguien más de aquella extraña situación. Volvió al cuarto con esa intención pero resultó que el teléfono no tenía línea. Pensó que estaba en aprietos. Mas no iba a huir de su casa sin interrogar a aquella extraña. Volvió a la cocina y le preguntó con tono firme:

—¿Quién eres tú?
—Mi amor, vas a seguir con eso, ya te dije que no tiene gracia —le dijo ella mientras dejaba unos huevos revueltos en un par de platos. 
—Seguro que es la primera vez que cocinas —afirmó Jaime observando los movimientos de ella—. Seguramente te enseñaron un poco pero se nota tu falta de experiencia hasta en algo tan simple. Vamos, ¿quién eres y qué haces en mi casa?
—No sigas, empiezas a asustarme.
—No te lo voy a preguntar de nuevo. Si no respondes te ato de manos, te llevo hasta la vereda y hago que algún vecino llame a la policía. 
—No, no, tranquilo. Créeme, no quise hacerte nada, Jaime. ¡Esto se terminó! —gritó entonces ella mirando hacia la esquina de un armario, después se dirigió a él—. No es nada malo, solo es un experimento y tú estuviste de acuerdo. Yo soy una actriz, igual perdona el mal rato que te hice pasar. Ahí vienen a explicarte. Tranquilo. 

Varias personas habían entrado a la casa y manteniendo cierta distancia le explicaron la situación. Él siguió desconfiado y los hizo salir. Tuvieron que seguir su explicación en el patio. Él sabía que fue un montaje pero desconfiaba de sus intenciones. Él mismo se convenció, literalmente, de que no era nada malo. Le mostraron un video donde él explicaba la situación. Había accedido a hacer un experimento para ver qué tan fácil era convencerlo de aquella realidad falsa. Se sintió bien al saber que de todos los sujetos de prueba él fue el que tuvo más sentido común y que no aceptó aquello a pesar de lo tentadora que era aquella vida junto a una mujer escultural. Para que el experimento funcionara le habían dado algunas substancias y lo habían hipnotizado para que olvidara ciertas cosas. Los de la prueba habían instalado cámaras que quitaron enseguida y bajo su supervisión, también se llevaron otras cosas que habían montado. A lo último le dieron un jugoso cheque. Eso lo había motivado a participar de aquello, eso y que se había impresionado mucho con la actriz. Había salido bien parado del experimento pero cuán grande había sido la tentación. Para su sorpresa y alegría, dos días después ella apareció en su puerta disculpándose de nuevo y diciendo que quería conocerlo realmente. Encantado de la vida empezó a salir con ella, pero durante un tiempo revisó su casa buscando cámaras ocultas.  

lunes, 18 de julio de 2016

El Puente

La noche estaba muy clara y se veía perfectamente al camión bamboleándose por el solitario camino. Body, el conductor, fue aminorando la marcha hasta que frenó. Con él iba Chad, y la frenada lo despertó, entonces se pasó la mano por la cara y le preguntó a su socio:

—¿Ya llegamos? —antes de terminar de decir eso se dio cuenta de que no era así al mirar lo que los rodeaba, que era principalmente bosque, delante de ellos había un claro por donde pasaba un arroyuelo.
—No, vamos cuando mucho por la mitad del camino. Me detuve porque no me gusta ese puente —le explicó Body. 
Chad volvió a plancharse la cara con la mano y emitió un suspiro de fastidio antes de preguntar:
—¿Quieres que vaya a revisar?
—No, tu sigue durmiendo mientras solo yo trabajo —le contestó Body lleno de sarcasmo.
—Bueno, ya voy, ya voy.

Y se bajó bostezando. En el remolque del camión, que no era muy grande, empezaron a moverse inquietas las ovejas que cargaban. Acababan de comprarlas directamente a un criador y guiándose por un mapa habían tomado un camino alternativo que parecía ahorrarles algunos kilómetros. Estaban en una zona remota de Irlanda. A ambos lados del angosto camino la luna llena enseñaba un bosque de árboles retorcidos y sin hojas. Chad llegó hasta el borde del pequeño puente que pretendían cruzar y lo examinó con la vista. Estaba hecho de madera, era angosto, sin barandas,  y tendría unos escasos tres o cuatro metros de altura. Abajo corría un arroyuelo que pasaba rumoroso entre montones de rocas que querían cortarle el paso. Al igual que al camino que tenían del otro lado del puente, el bosque parecía tragarse al arroyo por ambos lados no mucho más allá del cruce. El hombre dio unos pasos con mucha precaución sobre los tablones pero estos ni sonaron. Avanzó con más confianza mirando toda la superficie hasta que se detuvo en el medio al hallar una irregularidad. Una buena parte del costado, un pedazo arredondeado como de un metro y medio no parecía ser de madera. Se inclinó sobre aquella superficie y la observó un instante antes de tantearla con el pie. Era muy sólida.

 Era, juzgó, piedras aplanadas sobre una superficie un poco más blanda pero firme que no logró identificar. Mientras tanto Body se había impacientado en el camión y se bajó para examinarlo él mismo. Al alcanzar a su socio éste dio unos saltitos sobre la irregularidad y le comentó:
—Esta parte no es de madera pero mira lo resistente que es. Debajo debe tener madera y rellenaron con piedras y algún tipo de tierra que compactaron o algo así, mira.
—A ver. Pues sí es firme, parece un remiendo bien hecho. Sin embargo me sigue dando mala espina este lugar —le dijo Body rascándose la nuca a lo último de la frase, después continuó—. Como sea, vayámonos de este maldito lugar de una vez. 
—Lo mismo opino yo. Este bosque no me gusta nada —confesó Chad mirando en derredor y dando una sacudida a sus hombros como si le hubiera dado un escalofrío.

Las ovejas tampoco estaban contentas y ahora bajaban desesperadas. Volvieron rápidamente al vehículo y avanzaron para cruzar el puente. Cuando la parte de atrás del camión pasó por el remiendo éste cedió de golpe y el vehículo quedó ladeado y a punto de volcar. Las puertas se abrieron enseguida y los dos hombres saltaron y atravesaron el puente a las zancadas. Ya sobre tierra firme se volvieron y observaron a su trasporte ladeado y lleno de ovejas que balaban desesperadamente de miedo. Una de las ruedas traseras había desaparecido en el hueco pero el vehículo parecía estable en aquella posición. Los dos estaban por decir algo cuando una cosa que vieron los dejó mudos de terror. Una cosa enorme, tan alta que debía estar agachada bajo el puente, salió de la sombra de este y giró su ancho cuerpo hacia el remolque. Era un troll enorme. Por la claridad de la noche los aterrados tipos pudieron ver que lo que rellenaba el hueco era parte del lomo del troll. Les había tendido una trampa. Ambos habían escuchado historias y todo tipo de cuentos sobre esos seres pero creían que solo eran ficción, algo que no podía existir en la realidad. Sin embargo allí estaba, y empezó a tomar ovejas como quien se sirve algo de un cajón que está sobre una mesa. Cuando masticó a la primer oveja los aterrados sujetos salieron de su parálisis y se alejaron corriendo por su vida. Siguieron en desesperada huida hasta que no pudieron más por la fatiga. Por un buen rato estuvieron recuperando el aliento inclinados hacia adelante y con las manos en las rodillas. Ya más calmados dedujeron que el troll no los iba a perseguir, que seguramente se iba a hartar con las ovejas. Siguieron a pie, callados y volteando a cada rato hacia los ruidos que sonaban aquí y allá en aquel bosque milenario.  

sábado, 16 de julio de 2016

El Enemigo

Al creer escuchar algo la soldado se agachó rápidamente, ya con el rifle entre las dos manos. Avanzaba temerariamente por la cresta de una montaña nevada. No era el mejor sitio para caminar pero era la posición más alta del lugar. Su movimiento brusco la hizo deslizarse un poco cuesta abajo pero frenó la caída enterrando el pie izquierdo en la nieve mientras se recostaba hacia su lado derecho. Entonces quedó quieta, escuchando. Abajo, en los dos lados de la cresta el viento pasaba aullando y zarandeando los pinos. Entre los lamentos de los pinos le pareció escuchar algo más.

           Cada tanto una rama colapsaba por el peso de la nieve y después de un crujido se producía un ruido sordo. Tras un instante de expectación se dio cuenta de que eran graznidos de cuervos. Lo confirmó un aleteo seco que se elevó entre los árboles. Se irguió echando aún algunas miradas desconfiadas hacia la naturaleza helada de allá abajo. Avanzó un trecho más y luego bajó hacia donde parecían congregarse los cuervos. En algunos tramos se deslizaba sentada controlando la velocidad con la culata del arma y los talones, en otros lo hacía paso a paso con las piernas enterradas hasta las rodillas. Finalmente vio de qué se trataba, era un animal muerto, un ciervo pequeño, lo distinguió desde lejos. Todavía tenía comida pero con aquel frío no estaba de más surtirse de algo de carne. Aún no sabía cuánto le faltaba para alcanzar al otro pelotón, si es que lo alcanzaba.

          Se dirigía hacia el animal muerto cuando se detuvo en seco y levantó el rifle. Algo se le había adelantado. Era una de aquellas cosas humanoides que los extraterrestres invasores usaban como “perros de guerra”. La criatura no tenía ropa ni pelaje pero no era afectada por el frío, mas sí la acuciaba el hambre.  Empezó a desgarrar y morder a la misma vez entre gruñidos, sacudidas y sonidos guturales. La soldado apuntó y su dedo índice tocó el gatillo. Quedó un instante así. ¿Qué la demoraba? Era un tiro fácil. Un grupo de aquellas cosas había acabado con su pelotón, ¿por qué no le volaba la cabeza y ya? Lo pensó un instante. Aquellas cosas eran esclavos de los invasores, solo hacían lo que les ordenaban y era para sobrevivir, pero cuantos menos hubieran mejor. ¿Para qué dejar vivir a una criatura estúpida que ante la primer oportunidad iba a intentar destrozarla? No entendía del todo el porqué pero no quiso apretar el gatillo. En ese instante aquel ser se volvió hacia ella y quedó paralizado. No eran animales estúpidos como creían los humanos. Enseguida comprendió que estaba a merced de la soldado y esperó su fin. Evocó imágenes de su lejano planeta, de las inmensas lunas en el cielo pálido, de su familia amenazada... 

Cuando volvió de su rápida ensoñación la soldado había bajado el arma. El viento seguía aullando en aquella escena mientras los dos se miraban. Finalmente la criatura arrancó un trozo del ciervo y lo levantó hacia la mujer que estaba allá arriba como ofreciéndole, luego lo dejó sobre la nieve manchada de sangre y tras tomar el resto se alejó echando algunas miradas sobre su hombro hacia la figura que se recortaba en la elevación. Ella bajó a tomar su parte y siguió la ruta trazada. Por el camino sintió que la seguían pero eso no la preocupó. Por mostrar compasión se había hecho de un aliado.  

miércoles, 6 de julio de 2016

Atmósfera De Terror

La noche ya se cerraba sobre el campo pero se distinguían dos siluetas que estaban de pie frente a una solitaria casa.

martes, 7 de junio de 2016

Otro Mundo (cuento de sueños)

“Iba al almacén a comprar no sé qué. Tantas veces había caminado rumbo a aquel local que igual seguí a pesar de no recordar qué me habían pedido. Entré al almacén y su dueño me saludó como siempre y me preguntó qué quería. Hice un esfuerzo enorme pero no lo pude recordar. Cuando sonrió condescendiente y me dijo que volviera a mi casa a preguntar lo que era, sentí tanta vergüenza que algo me hizo dudar de esa realidad y al dudar enseguida comprendí que soñaba.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Los Seis

El muerto estaba tendido boca arriba en una mesa metálica y el doctor Ramírez se encontraba parada a un lado de él. Ramírez tanteó el esternón del muerto con la mano izquierda y después le hizo un corte largo con el bisturí que tenía en la derecha. Acostumbraba hacer las autopsias escuchando música clásica con unos auriculares, por eso no escuchó lo que sucedía detrás de él.

martes, 24 de mayo de 2016

Seres De La Noche

Raúl deseaba que pasara algún vehículo aunque sabía que ninguno lo iba a levantar. Estaba resignado a caminar toda la noche pero deseaba algo de luz, que aunque fuera por un momento aquel camino se iluminara alejando las tinieblas que parecían meterse en sus ojos.

sábado, 21 de mayo de 2016

Un hombre Civilizado

A Bill le quitaron todo menos sus ganas de vivir y sus conocimientos. Él hacía varios días que viajaba por el desierto. Había hecho su travesía con bastante comodidad porque además de su caballo tenía una mula que había cargado con muchas cosas. Se detuvo a observar los alrededores en una parte donde la huella se adentraba en un cañón. Dos paredes altas en los costados y allá arriba montones de rocas donde esconderse. Pensó que era el lugar ideal para emboscar a alguien pero rodearlo implicaba desviarse mucho y ese día el sol estaba particularmente fuerte. Aquel camino prometía algo de sombra y sus bestias lo necesitaban.
Siguió avanzando con su rifle en las manos. A pesar de su precaución el lugar era demasiado bueno para emboscar. Un disparo de advertencia lo hizo girar la cabeza hacia lo alto para descubrir que lo tenían en la mira. Antes de que pudiera reaccionar le dispararon desde el otro lado y supo que todo estaba en su contra. 

miércoles, 18 de mayo de 2016

Seres Del Bosque

Esteban se detuvo de pronto y con un gesto le indicó a Rómulo que hiciera silencio. Ellos eran primos y estaban paseando por el bosque que había en la propiedad de Rómulo. Los primos no podían ser más diferentes: Rómulo era un hombre de negocios rurales y su mundo giraba en torno a las cosechas, el precio de algunos productos y la tierra; Esteban era aficionado a lo que muchos llamarían ficción, era un investigador de lo paranormal y todo lo que no cayera dentro de lo común, y vivía de una revista de ciencia ficción que él y unos amigos escribían. Para Rómulo su primo desperdiciaba su inteligencia, mientras Esteban consideraba aburrida la vida de Rómulo. Mas si discutían sobre esos temas era siempre con respeto y cada uno tenía esperanzas de inclinar al otro hacia su mundo.
A veces se reunían en la ciudad, otras en la propiedad del empresario agrícola. En esta ocasión se encontraban dando una caminata por el bosque luego de almorzar.

Después de detenerse y hacer que su primo guardara silencio Esteban sacó una libreta de su abrigo, buscó el sol con la mirada, consultó un GPS, anotó algunas cosas y después, haciendo un nuevo gesto para que se mantuviera en silencio, le mostró a Rómulo parte de lo que había escrito, y era esto: “El árbol que tengo detrás de mí ayer no estaba en este lugar. No lo mires directamente, mira en derredor como si buscaras algo en el bosque”. Su primo siguió sus instrucciones y tuvo que hacer un esfuerzo para no demostrar que se había impresionado. Si Esteban no se lo hubiera hecho notar él no se hubiera dado cuenta, pero al tener aquel dato enseguida supo que efectivamente aquel árbol antes no estaba allí. Siguieron como si nada, disimulando, y así volvieron a la casa. Apenas cerraron la puerta Rómulo le preguntó:

—¿Qué era esa cosa? Me pareció que hasta le vi un ojo, y ayer no estaba ahí.
—Creo que se trata de una especie de troll. Tienen el mejor disfraz porque la gente no le presta atención a los árboles. Yo me di cuenta porque siempre voy atento a eso, y no es el primero que veo.
—¿Y si ya los has visto por qué no lo demuestras y así te haces famoso?
—Y de qué me sirve eso —le dijo Esteban encogiéndose de hombros—. No me interesa demostrarle al mundo que existen, solo quiero saber más sobre esos seres. Demostrar que existen sería liquidarlos a todos.
—En eso tienes razón. Y bueno, ¿este es peligroso o no?
—No... pero podría serlo. Si por accidente lo descubrieras al darle un hachazo o algo así seguramente sería tu fin, de hecho, por eso ser leñador sigue siendo uno de los trabajos más peligrosos del mundo; hay muchos “accidentes” con ramas que caen desde lo alto. Pero si no se los molesta no te hacen nada.
—¡Vaya, que increíble! —se asombró Rómulo mientras se servía un trago para calmarse y le ofrecía uno a su primo—. Y yo que creí que te pasabas la vida persiguiendo cosas que no existen. Vaya, un troll en mi bosque...
—Y probablemente también haya otros seres --afirmó Esteban al tiempo que le aceptaba el vaso--. Por la actividad del hombre se mudan de un bosque a otro en grupos variados. 
—Si hay más de esos seres raros quiero verlo.
—¡Ah! Ahora te interesa. Disculpa, ¿qué era lo que opinabas sobre estos temas?
—Estaba equivocado, lo reconozco, tenías razón.
—Es bueno escuchar esas palabras de un escéptico. Esta noche va a salir la luna llena. Con paciencia y surte tal vez veamos algo. 
—Que emocionante. Me gustaría contárselo a Sofía.
—¿Quién es Sofía?
—¿No te hablé de ella? La conocí el otro día en el camino. Cuando la veas se te va a caer la mandíbula. Es bellísima, es radiante, exuberante... Nos cruzamos varios días en el camino, cuando doy mis paseos. Es algo que está en la primer fase pero va bien encaminado.
—Como que te pegó fuerte. Y en la familia decían que el enamoradizo soy yo ¡Jaja!
—Todos caemos tarde o temprano. Brindemos por eso, y por ver más seres del bosque.
—Que así sea. 

Bastante avanzada la noche caminaron bosque adentro. Para que no quedaran dudas volvieron al lugar exacto donde estuvieran por la tarde, y como Esteban esperaba, el troll se había movido del lugar. Después se alejaron de esa zona y siguieron explorando el bosque que se mostraba iluminado y sombrío a la vez. Avanzaban sin hablar y procurando no hacer ruido. Cada metro era emocionante porque iban atentos y llenos de expectación. ¿Qué seres iban a ver, con qué se iban a encontrar? Pasaban de las zonas iluminadas por la luna a zonas llenas de sombras. Esa competencia entre la claridad y la oscuridad le daba un tono fantástico al lugar. Al alcanzar un manantial que surgía en un claro se escondieron entre unos arbustos a esperar. Esteban le había dicho que los lugares así atraen a varios seres, y que si tenían paciencia tal vez verían a algunos. Habían llevado unos ponchos para soportar el fresco de la noche, y esos abrigos también los camuflaban. Empezaron una larga espera sentados entre los arbustos. La luna llena fue cruzando por todo el cielo hasta que quedó sobre sus cabezas.

Rómulo empezó a bostezar y a amodorrarse cada vez más. Había perdido contra el sueño cuando la mano de su primo le movió sutilmente el hombro para despertarlo. Cerca de ellos había risas femeninas. Sonaban muy alegres, divertidas y delicadas a la vez. Rómulo se sorprendió pero Esteban solo sonreía. La algarabía venía del manantial. Los dos espiaron entre las ramas. Cinco mujeres increíblemente bellas se deslizaban por las aguas o sacudían los pies sentadas en la barranca. Eran ninfas del bosque. Rómulo le apretó un brazo a su primo y giró el rostro hacia él muy pálido. Esteban comprendió inmediatamente. Una de aquellas ninfas era Sofía. La sorpresa de los dos las alertó, y cuando ellos volvieron a mirar habían desaparecido.     

martes, 17 de mayo de 2016

El Precio De La Fruta

Javier y Verónica paseaban por el magnífico huerto que era de la familia de ella. Al pasar por un ciruelo cargado de frutas Javier arrancó una, la restregó en su ropa para limpiarla, y cuando la fue a morder Verónica se lo impidió dándole un manotazo que hizo volar la ciruela y lo dejó sorprendido:

—¿Y eso qué fue? —le preguntó Javier—. Me alcanzaste a pegar...
—¡Ay!, disculpa, pero es que ibas a comer esa cosa estando sucia. 
—Que exagerada. Ustedes acá no deben usar pesticidas ni nada, ¿no?
—No, no se usa nada.
—Entonces, ¿puedo juntar algunas para después lavarlas? Me encantan las ciruelas, me encantan todas estas frutas.
—¡No arranques ninguna! ¡Ay! Disculpa de nuevo. Vamos para adentro y ahí te sirves lo que quieras.

Verónica prácticamente lo arrastró hasta la casa. Él la notó algo nerviosa y la vio mirar sobre su hombro hacia el huerto. ¿Qué significaba eso? Él estaba visitando a la familia de ella por primera vez. Pasar unos días allí ya era difícil para Javier porque ellos eran ricos y él solo un obrero. Al comer se sentía incómodo frente a todos aquellos cubiertos de plata, y aunque ella le había enseñado para qué era cada uno le costaba recordarlo. Sus suegros se mostraban simpáticos y muy amigables, aunque él alcanzó a notar algunas miradas que se cruzaban cuando él miraba algo desconcertado un plato desconocido para él. Eso no lo molestaba, bastante agradecido estaba con que lo recibieran bien. Pero ahora estaba esa actitud de Verónica. ¿Por qué no quería que arrancara frutas del huerto? Era una tontería pero lo dejó curioso. En la casa había mucha fruta pero evidentemente ninguna era del fondo, eran del mercado. Eso fue de mañana. Después del medio día dieron otro paseo y él notó que ella ahora lo vigilaba. Para probarla Javier de pronto tomó una manzana con su mano como si la fuera a arrancar y ella abrió la boca a punto de gritar. Él apartó la mano de la fruta y le preguntó:

—¿Qué cosa tienes con estas frutas? Dime la verdad, ¿qué pasa aquí? Vamos, soy yo.
—Está bien. Vamos a otro lugar y te lo digo.

Solo cuando estuvieron en el frente de la propiedad, lejos de los árboles, ella fue y le dijo:

—El huerto está custodiado por duendes, es de ellos. No me mires así, tú querías la verdad. Empezó desde la época de mis abuelos. Cuando compraron esta propiedad los árboles ya estaban ahí. Naturalmente mis abuelos empezaron a utilizar las frutas, y ahí comenzaron los robos. Primero creyeron que se trataba de algún intruso, después se sospechó de la servidumbre, y ahí temo que se cometieron algunas injusticias. Cuando solo quedaron los más leales mi abuelo buscó otras explicaciones. De casualidad encontró una relación entre las frutas tomadas del huerto y los robos. Esos duendes cobraban muy caro sus frutos. Cada ciruela era una moneda de oro, un racimo de uvas podía ser equivalente a un collar de perlas, y un experimento que hizo mi abuelo al arrancar una manzana enorme le costó un enorme rubí con forma de corazón que mi abuela atesoraba. Cuando ya no hubo dudas sobre el asunto y hasta se llegó a ver a los duendes pensaron en abandonar todo esto mas al final se quedaron. La desaparición de objetos se detuvo completamente al ya no tomar nada del huerto. ¿No me crees?
—Sí te creo, pero me quedé impresionado. Vaya historia, duendes... 
—¿En serio me crees? Yo nunca te mentiría.
—En serio, de veras.

Pero en el fondo Javier no le creía. Pasó el resto del día preguntándose cuál sería la verdad detrás de aquel cuento. No dudaba del amor de Verónica pero creía que esa historia no podía ser cierta, tenía que tratarse de algo más. 
Sin preguntarles nada, los padres de ella los habían puesto en habitaciones separadas. Cuando se levantó a desayunar se encontró con que Verónica había salido junto a su madre e iba a volver recién al mediodía. Javier aprovechó esa oportunidad para hacer un pequeño experimento. Vagó un rato por el huerto hasta que finalmente se detuvo delante de un manzano. Enseguida llamó su atención una manzana enorme y muy roja que colgaba de una rama baja. La fruta se veía deliciosa y estaba tan a mano. Miró hacia todos lados, la arrancó y le sacó brillo en su camiseta para a continuación comerla. Mientras la achicaba a mordiscos miró varias veces en derredor. Ni rastro de los duendes ni de nada que se les pareciera. “Puro cuento todo lo que me contó”, pensó. 

Cerca del mediodía ella regresó y almorzaron todos juntos. El día transcurrió normalmente. Nadie pareció hallar falta de algo. Javier pensó que si por la mañana no había novedades eso iba a confirmar que ella le mintió. Pero al pensar en eso no se explicaba por qué. Por la noche él temió haber hecho algo imprudente. ¿Y si desaparecía algo y ella se daba cuenta de que fue culpa de él? Muy temprano por la mañana lo despertó un grito de terror. Salió corriendo hacia los gritos y vio que salían del cuarto de Verónica. En el corredor se cruzó con el padre de ella. Los dos irrumpieron en la habitación. La que estaba gritando era la madre. Verónica se encontraba tendida boca arriba, estaba con los ojos muy abiertos y en el pecho tenía un gran hueco. Javier en su horror recordó la forma de la manzana. 

Entre Colmillos

Alex, Ben y Christian habían desafiado una montaña. Eran esquiadores muy experimentados pero tentaron mucho su suerte y en un lugar muy malo. Al atardecer bajaron lo suficiente como para encontrar un camino que la nieve todavía no ocultaba del todo. Alex y Ben iban sosteniendo el peso de Christian en sus hombros porque él tenía una pierna quebrada. Al hacer una pausa observaron el paisaje que los rodeaba. Las puntas blancas de las montañas que los rodeaban se habían puesto anaranjadas con los últimos rayos del sol, mientras más abajo los bosques estaban quedando negros y los unía una bruma helada que se extendía por todo como un gran fantasma.

sábado, 14 de mayo de 2016

El Lago

Recuerdo que abrí unas ramas y apenas vi la superficie del lago me recorrió el cuerpo como una ola de frío. El cielo estaba gris pero no justificaba que el agua fuera tan oscura. Terminé de salir del monte y contemplé aquella superficie que se movía inquieta. Era un lago redondo y bastante pequeño sin vegetación acuática en las orillas, que estaba completamente rodeado por un campo gris que era delimitado por todos lados por un monte oscuro. El monte enseguida se elevaba evidenciando que todo el lugar era una especie de cuenca, algo como un cráter. De pronto me sentí desanimado y no me imaginé pescando y divirtiéndome como tenía planeado. Adiós mi entusiasmo. Detrás mío Fabián se quejaba de que el monte no lo dejaba avanzar.

jueves, 12 de mayo de 2016

Refugio De Amor

Fabricio se detuvo en el límite del bosque para observarla. Amanda se encontraba parada al lado de su auto hablando por celular y mirando hacia arriba como si buscara algo en el cielo. Ella tenía puesto un traje formal que le daba aspecto de bancaria o secretaria ejecutiva del más alto nivel, y tenía el pelo negro, lacio y algo corto pero con mucho volumen. Fabricio se miró los pantalones y la camisa. Le hubiera gustado estar más presentable pero acababa de cortar leña...
Tenía el hacha en el hombro y así salió al camino. Ella demoró bastante en notarlo y cuando lo hizo pareció muy sorprendida. Él dejó el hacha en el suelo antes de saludar: 

—Buenas tardes. ¿Necesitas ayuda?
—Hola. Corté por este camino y mi auto se detuvo y no quiso arrancar más —le respondió ella, y después de echar un vistazo a la herramienta en el suelo miró hacia el camino y agregó—. Pero ya avisé y está por venir la ayuda, ya deben estar muy cerca, creo que hasta los oigo. 
—Qué oído más fino tienes, porque yo no escucho nada, y eso que mis conocidos dicen que tengo oído de perro ¡Jaja! Solo iba a ofrecerme para revisar el vehículo. Que pases bien.

Fabricio se alejó tranquilamente. Pensó que ella había mentido pero era más que comprensible. Estaban en una zona muy aislada y él tenía un aspecto que parecía inspirado en un oso. Como confiar a primera vista en un hombre que podría someterla con una sola mano. Por su parte ella quedó un poco mal por juzgarlo tan apresuradamente y porque él se dio cuenta. Además necesitaba urgentemente que repararan el vehículo. Entonces lo llamó gritándole: ¡Señor! ¡Señor...!Fabricio volteó y después volvió a donde estaba ella. Amanda sonrió algo nerviosa y se sinceró:

—No viene ninguna ayuda. Tal vez usted vea qué tiene...
—Con gusto. Debe ser alguna conexión eléctrica que se aflojó. 
—Creo que hay una caja de herramientas en el portaequipaje.
—¿No estás segura? 
—Es que este coche no es mío, es del Estado.
—Ah. Vamos a ver entonces. 

Sí había herramientas y él se puso a revisarlo. Amanda caminaba de un lado a otro y por momentos parecía que no iba a poder reprimir más un llanto que quería ahogarla. Para no desesperarse más decidió hablar con el que la estaba ayudando:

—¿Usted es de por aquí? —le preguntó.
—Sí, pero no me llame de usted, soy Fabricio.
—Amanda, encantada —se presentó ella estrechándole una mano inmensa y dura. En ese momento reparó en los ojos de él. Se notaba que era un hombre bueno y amable.
—Pues sí, vivo por aquí, hacia allá, que es por donde nací, aunque casi toda mi vida anduve de un lado para el otro junto a una compañía maderera que era de mi difunto padrastro. 
—¿Y ahora la compañía es tuya?
—¡Jaja! No, señorita, es de mis hermanastros. Nunca fueron mi familia. Mi madre murió hace muchos años, ya no tengo a nadie —le comentó él mientras seguía inclinado sobre el vehículo—. Pero no me quejo de nada. Esos trabajos me hicieron fuerte, y ya sabes lo que dicen, si no eres inteligente tienes que ser fuerte ¡Jaja! 
—Pero tengo la impresión de que también eres inteligente, ¿no? —le dijo Amanda.

Él la miró para ver si era sincera y al comprobar que era así volvió su mirada al motor.

—Nunca me habían descubierto tan rápido —confesó él—. Sabes, me gusta pasar por no muy listo porque la gente se muestra tal como es cuando creen que son más inteligentes ¡Jaja!
—Sé de lo que hablas, pero ante mí la gente intenta mostrarse más interesantes de lo que en realidad son, principalmente los hombres. Pero son casos opuestos al tuyo.
—Fingen porque eres muy hermosa y quieren impresionarte. No se los puede culpar.
—¿Eso es un piropo? —le preguntó ella sonriendo coquetamente. 
—No, solo dije lo que pienso. Sé que estás lejos de mi alcance.
—No, no lo estoy, y a mí eso me sonó a otro piropo, por eso voy a decir, gracias. 
—Lo voy a aceptar pero por reparar el auto. Tenía una ficha floja. Prueba ahora. 

Amanda lo encendió y andaba perfecto. Se mostró muy contenta pero enseguida una sombra cruzó por su rostro y se puso seria. Pensó un momento y se bajó del vehículo a decirle:

—¿Te parecería raro si te pido que me acompañes ahora? Aunque tengas algo que hacer déjalo y ven conmigo. Todavía no puedo decirte a dónde vamos. Confía en mí.
—No tengo nada importante que hacer y... Está bien, vamos. ¿Puedo llevar mi hacha?
—Claro, ponla atrás.

Y partieron raudamente por el camino. A él le pareció raro pero confiaba en ella y su instinto le decía que estaba haciendo lo correcto. Cada tanto ella miraba hacia arriba y seguido consultaba la hora en su celular. Él conocía muy bien toda la región. Cuando doblaron en un camino que conducía a una base militar ató varios cabos y le comentó a ella:

—No creo que estés preocupada porque llueva, tiene que ser algo mucho más grave. ¿Se nos viene la guerra o alguna catástrofe?
—¿Cómo lo dedujiste? —le preguntó Amanda bastante asombrada.
—Por tu desesperación, por todas las veces que miras hacia el cielo, andas en un auto del Gobierno, vamos a una base militar... Y no debe quedar mucho tiempo porque te dejaron por tu cuenta. Ahora que lo pienso mejor, guerra no debe ser porque igual te enviarían algunos soldados, así que es una catástrofe. ¿Un meteorito?
—¡Oh!, que inteligente eres, en serio, estoy asombrada. Y tienes razón, pero no es solo un meteorito, son muchos, una lluvia de ellos y deben estar por caer en cualquier momento. 
—¿Y que tanto daño calculan que harán? 
—De los humanos van a sobrevivir solo los que estén bajo tierra, en búnkers. Esperemos que el de esta base todavía no esté cerrado. No he podido comunicarme con nadie de ahí. 

Cuando llegaron a un portón lo encontraron cerrado y no había nadie. Amanda recostó la cabeza en el volante y se lamentó:

—Ya lo cerraron. Estamos muertos —después levantó la cabeza para mirarlo—. Pero por lo menos me voy a ir con alguien agradable a mi lado. Estaba desesperada porque temía morir sola.
—Te agradezco que mi compañía te sirva en la muerte pero puede que para ese momento todavía falte mucho. Tengo un búnker.
—¿Qué?
—Te lo explico mientras conduces. El lugar no está tan lejos, volvamos. Era del viejo Wilson. Parecía un campesino cualquiera pero tenía mucho dinero, y un miedo terrible a una invasión zombi. Por eso mandó construir ese lugar. Era secreto, más nadie en la región lo sabe, solo yo porque hice buenas migas con él. Cuando se enfermó no sé por qué se peleó con todos sus parientes, era un tipo complicado. El asunto es que me dejó su terreno a mí. A veces creo que era mi padre. El lugar es inmenso y está repleto de comida, hay energía, mucha agua. Solo tenemos que llegar y estaremos salvados.
—Y yo creí que te estaba salvando cuando solo te he puesto en peligro. Si no fuera por mí ya estarías en tu casa y con el refugio cerca.
—Vamos a llegar. Y no me interesa sobrevivir solo, prefiero terminar así. 
—Y creo que así vamos a terminar. Ya comenzó.
—No importa. Acelera, no es tan lejos.

Las nubes empezaron a quedar anaranjadas y de pronto las atravesaban unas bolas de fuego que bajaban velozmente dejando una línea de humo. Aparecía una aquí, otra más allá, y pronto el cielo estuvo cubierto de bolas envueltas en llamas verdosas que después impactaban contra la tierra con el estruendo de varios truenos. Los dos se creían perdidos pero como todavía no caía nada sobre ellos siguieron. Alcanzaron milagrosamente la propiedad de Fabricio. Él entró a la casa y no mucho después salió de ella con un gato enorme en sus brazos. La primer puerta del refugio estaba en una colina cercana. Después de esa puerta bajaron por una escalera y ahí estaba la del búnker. Fabricio encendió los generadores del lugar y cuando quedó claro ella vio que realmente era grande y estaba bien equipado. Desde allí igual sentían el temblor de la tierra. Amanda se arrimó a él para que la abrazara, los dos lo necesitaban. Fuera ya casi todo estaba envuelto en llamas o destruido. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

Exploradores Del Espacio

El planeta entero estaba cubierto por una selva tan densa que la nave no podía descender hasta el suelo. Oliver piloteaba la nave y sus seis compañeros monitoreaban varias pantallas y radares. Sobrevolaban un planeta recientemente descubierto y aún inexplorado. Contaban con todos los adelantos tecnológicos y científicos pero cada nuevo mundo representaba nuevos peligros y este los ocultaba en una selva inmensurable...
Y no era una selva con árboles y hojas. Los seres que podían calificarse como vegetales solo tenían ramas muy flexibles y sin hojas que buscaban las alturas enredándose en otras y desparramandose por todos lados en un caos que parecía hecho de redes de pesca de todos los grosores. En otras partes había bosques enteros de unos seres bastante parecido a los árboles, mas eran animales que hasta podían desplazarse. 

La nave cruzaba rauda por un cielo de nubes muy espesas donde tronaban algunas tormentas  que generaban rayos y relámpagos. Las tormentas por todo el planeta eran tantas que todo aquel mundo crecía bajo sus estruendos, luces y lluvia. Por momentos se despejaban grades zonas del cielo y mientras eso duraba las criaturas del suelo se refugiaban, arrollaban sus partes más sensibles o se cubrían con alguna protección porque el “sol” de allí era muy fuerte. Cuando esa enorme estrella quemaba una parte de ahí se elevaban a la atmósfera cantidades enormes de vapor de agua y eso contribuía a las tormentas. A medida de que los escáneres monitoreaban aquella superficie iban descubriendo todo eso.     Uno de los integrantes del equipo notó algo en su pantalla y se lo comunicó a Oliver:

—Hay algo muy grande que viene volando hacia nosotros.
—¿Intenta interceptarnos? —le preguntó Oliver.
—Diría que no. Para verlo pasar por el frente tiene que disminuir la velocidad.

Oliver bajó la velocidad y un momento después lo vieron. Era un ser bastante parecido a un dragón porque tenía un cuello largo, delgado y flexible. Lo siguieron a una distancia prudente para no molestarlo y vieron a la criatura descender para echarse a descansar sobre la maraña de redes de allá abajo. Lo dejaron tranquilo para seguir la exploración. Después vieron a un ser mucho más curioso. Era enorme, de muchos metros de alto pero con un cuerpo muy delgado como el de una serpiente, mas este ser tenía patas y caminaba erguido sobre dos de ellas que en su base eran extremadamente anchas y con membranas. Usaba esas patas anchas para caminar sobre la maraña entretejida de las plantas. Aquel singular ser corrió como en cámara lenta y después recostó todo su delgado cuerpo en la vegetación para seguidamente introducir su cabeza en aquel enredo, y ahí quedó inmóvil. Era una adaptación increíble. Se confundía con las plantas y acechaba desde arriba a las criaturas que anduvieran en el suelo.   Dando vueltas por ese mundo descubrieron a un ser que quiso incluirlos en su menú. Tres de los tripulantes eran mujeres. Una de ellas advirtió algo que no tuvo tiempo de avisar porque pasó muy rápido, pero apenas sucedió le dijo a Oliver:

—Capitán, nos acaban de arrojar algo con mucha fuerza.
—¿Como para hacernos algún daño?
—No tanto pero sí era muy fuerte. Creo que fue un tipo de roca.
—Pasemos por ahí de nuevo a ver de qué se trata. 

Tenían varias cámaras que filmaban en todas direcciones, sin embargo no lograban distinguir al agresor. Otra roca de varios kilos se hizo polvo contra la nave. Para distinguir al animal tuvieron que usar visión térmica. Aquel cazador estaba perfectamente camuflado. Era otro gigante, y este se asemejaba a un sapo pero por encima de la boca tenía algún tipo de trompa. El extraño extraterrestre fabricaba sus proyectiles con rocas y tenía un buen número de ellas bajo su cuerpo. Los tripulantes sonrieron y se miraron entre si cuando lo vieron buscar otro proyectil con una de sus patas, y con el cuidado de un cazador que tiene una presa enfrente se la metió en la boca y después la disparó por su trompa. Los del equipo se echaron a reír. Los tomaba por un animal volador. Se alejaron para que no gastara todas sus municiones en vano. Era otra adaptación increíble. 

Finalmente hallaron un lugar donde posar la nave. Era la cima de una montaña rocosa. Salieron a contemplar el paisaje sin trajes espaciales, no los necesitaban. Observando todo lo que se podía ver desde allí arriba una de las mujeres comentó:

—Que hermoso es este lugar. Me gustaría que los humanos pudieran ver todo esto en vivo.
—A mí también —le comentó Oliver—. Aunque en este momento me conformaría con saber si todavía hay vida allá en la Tierra. Muchos de los nuestros andan explorando planetas pero ninguno está seguro de qué ha pasado con nuestros creadores. Ya pasó mucho tiempo desde el último contacto.   

martes, 10 de mayo de 2016

En El Túnel

Lucas estaba leyendo acostado en su cama. Le encantaba la ficción y aquel libro lo tenía atrapado pero igual empezó a bostezar porque era muy tarde. El que lucha contra el sueño pierde sin darse cuenta. Después de varios cabeceos decidió abandonar la lectura. Al inclinarse hacia la mesa de luz para dejar el libro quedó un momento en esa posición porque creyó escuchar algo...
Eran ruidos apagados, sutiles, algunos parecían voces. ¿Dé dónde venían? No era desde la calle. Estuvo en suspenso unos minutos. Después se arrimó al borde de la cama y bajó la cabeza para ver qué había bajo ella. No había nada pero desde allí los ruidos se escuchaban mejor. Se bajó para acercar el oído al piso.

Los ruidos venían de abajo. Al recordar un viejo truco tomó el vaso que tenía sobre la mesita y lo puso boca abajo en el piso. No eran voces humanas, sonaban más chillonas. Lucas apartó el oído del fondo del vaso y puso cara de asqueado. Pensó que seguramente estaba escuchando a una colonia de repugnantes ratas. Las cañerías de la casa no pasaban por allí, ¿habrían hecho un túnel? Pensó que tenía que tomar alguna medida. Ese mismo día iba a hablar con un exterminador para que examinara su hogar. Volvió a acostarse pero ahora ya no tenía sueño. En la oscuridad de su cuarto se envolvió bien en las frazadas pero ya no había caso. Los ruidos repugnantes de abajo aparecían y desaparecían. Al imaginarse lo que había abajo sintió cierta familiaridad hacia aquello. Se le presentó un túnel angosto y muy oscuro. Aquel lugar apretujado era un refugio seguro. ¿Acaso había estado en un lugar así en su niñez? 

Lo que llegaba de abajo lo arrancó de esa ensoñación absurda. Ahora se escuchaba más cerca, eran muchos arañazos que iban ascendiendo. Alarmado, prendió la veladora de un manotazo y miró hacia abajo. El suelo seguía intacto pero los arañazos sonaban mucho más fuertes. Lucas, que no se atrevía a pisar el suelo porque temía que este se derrumbara, tenía los ojos fijos en aquel lugar cuando las baldosas empezaron a elevarse por algo que se hinchaba bajo ellas. Después se abrieron y empezó a brotar tierra que fue resbalando por los costados de aquella hinchazón. Cuando en el centro quedó un hueco de él brotaron por montones unas criaturas peludas y rechonchas. Eran como ratas enormes pero andaban en dos patas. También tenían pelaje de rata pero sus hocicos eran cortos y anchos, con dientes desparejos que parecían muy afilados, y sus cuerpos de unos treinta y cinco centímetros de alto se parecían más a los de un hombre obeso que a los de un animal. 

Surgían tantos que los del medio alcanzaban a salir disparados por los empujones de los que subían por los bordes del reciente hueco.
Lucas no lo podía creer. En un instante se desparramaron por toda la habitación. Cuando un lote de ellos trepó por la cama él se puso de pie sobre ella y vio aterrado cómo lo rodeaban. Quedó parado sobre un círculo diminuto. Aquellos peludos invasores lo olfateaban mirando hacia arriba mientras se contenían con sus brazos cortos unos a otros como si quisieran arrimarse lo más posible pero sin tocarlo. En ese momento sonaron una serie de chillidos y todos los pequeños hombres-rata voltearon hacia el hueco. De él iba saliendo uno de pelaje gris que enseguida reclamó el respeto de todos. Caminó hacia la cama pisando a sus iguales y al alcanzar el borde lo elevaron. Con un gesto de su pata-mano hizo que todos se bajaran. Después habló en una lengua extraña que sin embargo Lucas comprendió. Le dijo que él era uno de ellos y que tenía que acompañarlos. El pobre hombre miró a los que ocupaban todo el piso del cuarto. Parecían estar impacientándose y empezaron a sobresalir algunos dientes retorcidos. Era una locura pero no quería contradecir los deseos de sus invasores. Las criaturas se fueron apartando para darle paso. El hueco era lo suficientemente ancho como para que él pudiera meterse. Y bajó por allí.

El pozo no descendía verticalmente, era inclinado, por eso no le costó mucho bajar arrastrándose con las manos por delante de la cabeza. Al alcanzar un túnel algunos hombres-rata empezaron a pasarlo y de pronto él era del tamaño de ellos. Cuando eso le resultó demasiado absurdo despertó. Lucas sonrió y ahora sí dejó el libro sobre la veladora. Su mente acababa de darle una buena dosis de ficción y la había sentido mucho más real que la lectura. 

lunes, 9 de mayo de 2016

Experimentos

El campo ya se estaba tiñendo de gris por las sombras que bajaban de las zonas altas. El Jeep se abría camino por el campo y uno de sus dos ocupantes, el más joven, Sebastián, iba negando con la cabeza y sonriendo. Al conductor, un veterano bigotudo llamado Franco, parecía no gustarle eso e iba serio. De pronto el motor del vehículo se apagó y aunque iban lento se sacudió con fuerza...

—¿¡Y esto qué fue!? —preguntó Franco, que era el dueño del campo por donde iban.
—Se apagó. Puede ser un problema eléctrico —le contestó Sebastián, y volvió a sonreír al decirle—. No me diga que también va a culpar a los extraterrestres ¡Jajaja!
—Ríete nomás. Si andan por aquí quién sabe lo que pueden hacer esas cosas. Voy a revisar el motor. Maldita máquina. No me gustaría llegar de noche pero tengo que mostrarte eso. Tú aguarda ahí.
—Sí, mejor, porque lo mío son las cosas vivas solamente, y las de este planeta ¡Jaja! 

Sebastián era veterinario y solía trabajar para Franco, quien era amigo de su padre y lo conocía desde que nació. Por eso Sebastián bromeaba así, aquel no era solo un cliente más. Mientras el veterano se encorvaba sobre el motor el veterinario miró en derredor. Al día le quedaba muy poco y ya empezaba a imponerse la quietud que llega con la noche en las praderas. Después de un momento largo de silencio Sebastián le preguntó:

—¿Y qué tan lejos está esa vaca, o lo que queda de ella?
—Falta un buen trecho —le contestó Franco sin enderezarse—. Pero creo que ya solucioné el problema. Vamos a ver. Sí, encendió. Ahora vas a ver de qué te hablo. 
—Si espera sorprenderme lo voy a desilusionar. Ya e visto estos supuestos casos de experimentos en ganado por parte de extraterrestres. Todos son fácilmente explicables. Lo único que tengo que resolver es de qué murió la vaca. ¿No será mejor si enciende las luces? Ya está bastante oscuro. Como le decía, todos son casos explicables. 
—Pues te aseguro que ahora sí te vas a sorprender. Es detrás de aquella loma.

Franco detuvo el vehículo y los dos salieron de él. El veterano se rascó la cabeza y empezó a girar. Después enderezó hacia un lado y nos cuarenta metros más allá se detuvo, volvió a girar y eligió otro rumbo. Sebastián lo seguía mirando hacia todos lados para localizar él mismo los restos del animal. Aún en la oscuridad creciente tenía que distinguirse su bulto sobre el pasto, pero no hallaron nada. El veterano pareció extrañado y de pronto lanzó una exclamación, sacudió la cabeza y dijo que se había equivocado de lugar. Volvieron al vehículo. El veterinario volvió sobre el tema:

—Don, si existieran los extraterrestres que pueden viajar distancias enormes, ¿por qué iban a venir hasta aquí a examinar vacas? Pero bien, supongamos que sí quieren analizarlas, bueno, no son ningún animal exótico, hay mucha bibliografía sobre su anatomía, yo mismo soy un experto, aunque suene pretencioso; ¿por qué arriesgarse haciendo experimentos que dejan evidencia si pueden obtener información de otra forma? 
—¡Jajajaja! —se echó a reír Franco y detuvo el vehículo—. Casualmente eso que dices es lo mismo que yo le argumenté a mis compañeros.
—¿De qué habla?
—Que les dije que era más fácil capturar a un humano experto en estos seres y extraerle la información de su cerebro. 
—¡No! ¿¡Quién es usted!? ¿¡Qué es usted!? ¡Oh, no! ¡Maldito extraterrestre...!