¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

miércoles, 13 de enero de 2016

El Jardín

Orlando observaba el paso furtivo de su gato; el felino estaba explorando el jardín. La sombra del lugar era sumamente agradable. Revoloteaban mariposas y zumbaban algunas abejas entre las plantas con flores.  El gato seguía el vuelo de los insectos con la mirada, se detenía cada pocos pasos, olfateaba el aire; ahora era todo un cazador.  Su dueño, que tomaba té con masas bajo las sombras de los árboles altos del jardín, se regocijaba al ver la actitud de su mascota pensando que en aquel nuevo lugar ambos iban a ser felices. 
El gato giró la cabeza de pronto y quedó mirando fijamente hacia un lugar ; Orlando no veía nada allí, solo un claro del jardín...
Entonces el hombre creyó que tal vez se trataba de algún insecto pequeño que él no lograba ver desde donde se encontraba.   El gato acomodó el cuerpo, se agazapó, y tras permanecer inmóvil unos segundos saltó repentinamente. Cayó en el lugar que parecía vacío y se trenzó en una lucha contra un rival invisible para los ojos de su dueño. Rodó por el terreno entre gritos y ronquidos hasta que finalmente quedó sobre sus patas, con el lomo arqueado y el pelo erizado. Después corrió hacia Orlando, subió a la mesa de un salto, giró el cuerpo y quedó mirando rumbo al lugar donde hacía un instante se había batido con algo. 

Orlando quedó asombrado. ¿Qué había pasado allí? ¿Se volvió loco su gato? Le acarició el lomo para calmarlo y lo revisó para asegurarse de que no estuviera herido. Un rato después se presentó en el lugar la ama de llaves de Orlando. Ahora el gato comía una masa, pero sin dejar de vigilar hacia el jardín. Mientras la mujer ponía todo en una bandeja, Orlando le comentó: 

—“Bigotes” acaba de tener una reacción por demás curiosa. Se abalanzó contra el aire y hasta luchó, y lo más curioso es que aparentemente perdió la contienda ¡Jajaja! 
—¡Dios me libre de ver algo así! Los gatos perciben más cosas que nosotros. Creo que en este jardín hay algo…
—¿Qué cosa? —le preguntó él, curioso.
—No sé, señor, algo. Puede que solo sean cosas mías. Con su permiso… —y se retiró hacia la casa.

Hombre y gato observaron largamente todo lo que abarcaban con la vista del enorme jardín. Recién acababan de mudarse a la propiedad aquella. Había adquirido la casa (que era grande y muy vieja) con sus muebles, y en la biblioteca había algunos libros.  Revisándolos de cerca por primera vez (la noche que siguió al incidente del jardín), Orlando descubrió que había un tema predominante entre los libros: duendes. Aparentemente el antiguo dueño estaba obsesionado con esos seres mitológicos. La mayoría de los libros eran de cuentos cortos de duendes y no aportaban mucha información porque eran ficción. Leyendo los relatos inevitablemente recordaba la pelea de su gato con algo invisible, porque en algunos cuentos decían que los duendes pueden hacerse invisibles ante el ojo humano, aunque ciertos animales los ven. Cuando llegó la mañana “Bigotes” había desaparecido. Con no poca preocupación lo buscó por todo el jardín sin hallarlo, pero siguió insistiendo. 

Cuando una ráfaga de viento sacudió el jardín, entre el rumor de ramas que se rozaban creyó escuchar unas risitas apagadas pero chillonas, y una voz que venía de todas partes y de ninguna susurró: "Este es nuestro jardín". 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Jorge. Pobre Bigotes y pobre Orlando muy difícil su situación.

Jorge Leal dijo...

Sí, se toparon justo con unos duendes malvados y muy territoriales ¡Jaja! Gracias. ¡Saludos!

sharoll dijo...

Intrigante cuento. Eso mismo fue lo que vio el gato, así mismo sucede con el mio que igual se llama Bigotes. Se agazapado y no se que caza...

Jorge Leal dijo...

Te salió cazador de duendes el gato. El día que desaparezca ya sabes por qué fué ¡Jaja! Muchas gracias por comentar. ¡Saludos!

Ongie Saudino dijo...

Pobre bigotes, ahora para saber si que le pasó. Lo mejor que puede hacer Orlando es marcharse de allí de inmediato, no vaya a ser que el próximo perjudicado sera el. Que maliciosas pueden llegar a ser esas pequeñas criaturas, bastantes peligrosas. Un buen e intrigante relato. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?