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miércoles, 13 de enero de 2016

El Pueblo

Aquellos vándalos que viajaban en moto creyeron haber encontrado el lugar ideal para hacer sus fechorías.  El pueblo estaba lejos de las rutas transitadas, se encontraba en medio de la nada y era pequeño.  Primero lo observaron desde lejos, sin bajar de sus motos.  No vieron que vehículo alguno llegara o partiera de allí; la mayoría pensó que era mejor así...
El grupo estaba formado por cuarenta motociclistas. Vestían de cuero, llevan cadenas, muñequeras tachonadas con punta, y sus motos tenían dibujos de llamas y calaveras. A Julio, el más joven del grupo y el más reciente integrante, no le gustó lo que tramaban sus compañeros. Los vio mirar hacia el pueblo con una sonrisa asquerosa en sus barbudos rostros. 

Él creía que solo eran gente que disfrutaba de la libertad de andar en moto, de sentir el viento en la cara, y creyó que actuaban como locos por una cuestión de imagen, una farsa para que creyeran que eran malos; pero resultó que estos realmente lo eran. Se acercó al líder del grupo y le preguntó: 

—¿Realmente piensan hacer las cosas que dicen? 
—Claro. ¿Qué te pasa, ya te acobardaste? No quiero cobardes aquí.
—No, yo… solo preguntaba, para ir preparándome —mintió Julio.

Entonces se dio cuenta de lo tonto que había sido hasta el momento. Ahora estaba atrapado. Si mostraba escrúpulos lo iban a atacar como una jauría. Pero por otro lado no pensaba hacerle mal a nadie. Tenía que pensar algo rápido para salir de aquel apuro. Cuando el líder dio la señal de ir rumbo al pueblo, Julio dijo que su moto no arrancaba y quedó dándole patadas. Tal como esperaba, los otros siguieron igual sin preocuparse por él. Cuando el ruidoso grupo entró al pueblo Julio partió a toda prisa en dirección contraria dejando una nube de polvo detrás de él y esperando que no lo hubieran notado. 

Los motociclistas ingresaron a la calle principal lanzando gritos y alaridos. Hacían rugir sus motos, levantaban la rueda de adelante y hacían temblar todo al pasar. Pero a pesar de toda su bulla nadie salió a mirar qué pasaba, ni se asomaban en las ventanas y las calles estaban desiertas.  A esa hora el sol ya casi se enterraba en unas montañas lejanas, y las sombras ahora se estiraban por las calles queriendo abarcar todas las viviendas.  Por un momento creyeron haber entrado a un pueblo fantasma, pero el movimiento sutil de algunas cortinas y unas puertas que ahora se entornaban levemente demostraron que no era así; las casas estaban ocupadas. Entonces los maleantes pensaron que era gente muy tímida, o mejor para ellos, muy cobarde.

—¡Vamos a darle alegría a este pueblo! —gritó el líder de los motociclistas, y todos lanzaron alaridos. 

Siguieron haciendo tronar sus máquinas y pasaron por todo el pueblo como un desfile infernal y estruendoso lleno de gritos. Mientras cruzaban por todas las calles las sombras terminaron de cubrir el lugar y un momento después se encendieron las luces del alumbrado público. Se detuvieron al fin en la calle principal. Bajaron de sus ruidosos transportes y empezaron a revolear cadenas, a ajustarse piñas americanas y a hacer relucir algunas navajas, todos sonriendo asquerosamente.

El sol ya se había ocultado completamente hacía un rato y, eso era lo que esperaban los habitantes del pueblo. De pronto los moradores de aquel lugar empezaron a salir de las casas y a correr a toda prisa hacia los invasores. Les brillaban los ojos, gruñían, resoplaban furiosamente, y en la boca medio abierta lucían unos colmillos formidables: era un pueblo de vampiros. Los vándalos fueron retrocediendo, ahora espantados, pero no alcanzaron a llegar a sus motos, los capturaron antes, y ahí empezó la masacre. Ante aquel horror tan súbito no fueron capaces ni de lanzar un golpe, y las armas cayeron de sus manos. Ahora los alaridos eran de dolor. Los vampiros mordían y sacudían la cabeza como perros aferrados a su presa. Siguieron saliendo monstruos de las viviendas más alejadas e iban a unirse al inesperado festín.

Después de eso Julio no volvió a juntarse con motociclistas así, y siempre le quedó un gran pesar en el alma: La pobre gente de aquel pueblo… 

15 comentarios:

  1. Hola hermano cuanto tiempo! ya esperabamos ansiosos tus cuentos..buena forma de volver jeje,un saludo para ti y a esperar mas cuentos..Willy

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    1. Hola. Por mientras hubieras leído el otro blog, donde he estado muy activo ¡Jeje! Saludos.

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  2. Saludos, Jorge. Muy bueno el final la pobre gente de aquel pueblo jajaja si supiera...

    Stephanie

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    1. Gracias, Stephanie. No es muy de terror pero da para pasar el rato. ¡Saludos!

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  3. Hola hermano, saludos desde colombia. Soy fiel segudidor de tus cuentos y me alegra que hayas comenzado otra vez a escribir. Muchos exitos.

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    1. Muchas gracias, pero no he dejado de escribir ¡Jaja! Publiqué incluso en las fiestas. Y escribir y publicar no es lo mismo, yo no publico todo lo que escribo. ¡Saludos!

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  4. Yo pense que cerraste el otro blog! voy a entrar a leer,jeje

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  5. Vaya, vaya, que suerte tuvo el muchacho. Como bien lo dice el dicho, mas vale solo que mal acompañado, las malas juntas siempre son malas. Y son mas terribles cuando entran en pueblos de vampiros. Pero igual, pobre Julio, ahora carga con un pesar muy equivocado, talvez, algun dia Julio regrese al pueblo a ver que fue lo que pasó, jajaja!. No, mejor no, si regresa sufrira el mismo destino o peor, ya que lo destrozará toda una manada. Una historia increíble y que da mucho que pensar con respecto a las malas juntillas. Algo así pasa en las fraternidades de las universidades, siempre estan esos que quieren entrar a uno de esos grupos y ellos aprovechan para hacer de las suyas. Excelente historia, master. ¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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    1. No te preocupes por Julio, ya le avisé que era un pueblo de vampiros ¡Jajaja! Gracias, Ongie. ¡Salu2!

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  6. Dios donde estabas tanto tiempo te extrañe!

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    1. ¿A quién? Yo estaba por aquí nomás ¡Jaja! ¡Saludos!

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  7. Regresaste!!, en serio me leí todos tus relatos, me encantan, de repente creí que ya no publicarias, por problemas que tenias con tipos que plagiaban tus relatos desde mediados del 2015!!!, ya no chequee tu blog porque desapareció un tiempo pero otra vez utilizaré mi hora de comer para perderme en un callejon oscuro en medio de una niebla espesa escuchando la risa maliciosa de un payaso, creacion de Jorge Leal.!!

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    1. ¡Jaja! Muchas gracias. Sí, regresé. Aunque bastante menos pero los plagiadores siguen. Esa gente pretende engañar a los otros pero principalmente se engañan a ellos, porque con todas las herramientas que hay creer que nunca los voy a descubrir... Pero bueno, solo están perdiendo su tiempo jugando al escritor, patético ¡Jaja! ¡Saludos!

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  8. ¡Jaja! "sensei", gracias por tan inmerecido título, Belén. Que bueno que andas por aquí de nuevo. ¡Saludos!

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