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viernes, 15 de enero de 2016

En El Hospital

Alejandro ni vio al rival que lo golpeó. Solo sintió un dolor muy fuerte en la pierna y se vio girando en el aire hacia atrás. Inmediatamente el juez del partido pitó y pidió que lo llevaran en camilla. Un doctor lo examinó rápidamente en un costado del campo de fútbol y dijo que debían llevarlo al hospital. Eso no le gustó nada pero la pierna le dolía demasiado como para protestar y no había otra solución...
Él y su equipo de fútbol se encontraban jugando de visitantes en un pueblo bastante apartado de la ciudad más próxima. Se iban a marchar ese mismo día pero ahora Alejandro tenía que quedarse allí, en un hospital, y él odiaba y le temía a los hospitales. Cuando lo bajaron de la ambulancia Alejandro levantó la cabeza para ver la fachada del edificio. Era de arquitectura antigua, lucía muy viejo y parecía más una casa del horror que un centro de salud. 

Le tomaron unas placas en una habitación que le resultó escalofriante. El aparato de rayos X era viejo, enorme y producía unos sonidos inquietantes. Después le enyesaron la pierna, para conducirlo luego hasta un cuarto donde lo dejaron solo. Pensó que su mala fortuna continuaba porque le tocó el último cuarto de un largo corredor aterrador. Antes de marcharse del pueblo todos sus compañeros fueron a visitarlo, mas ninguno se quedó. Ya le habían avisado a su familia pero iban a llegar recién por la mañana. Alejandro maldijo su suerte; con el miedo que le tenía a los hospitales y tener que pasar toda la noche en aquel, solo. 

La noche lo encontró con los ojos bien abiertos. En el edificio había un silencio de mausoleo. El pueblo era tan chico que normalmente había pocas personas internadas allí, y justo ese día no había nadie más, por lo que la actividad en el lugar era casi ninguna. El silencio del edificio lo tenía atento a no sabía qué, pero sentía que tenía que vigilar su entorno. Al tener los sentidos aguzados por el miedo a veces escuchaba algunas voces lejanas, o unos pasos apagados pasaban por el corredor. Los calmantes que le dieron le fueron quitando claridad a su mente e intentaban dormirlo pero el hombre se resistía. Luchó varias horas con el sueño mas al final este siempre vence sin que uno se de cuenta. Cuando despertó alguien iba entrando en la habitación.  Era una enfermera de cabellos rubios. Ella sonrió y le dijo: 

—Hola. Me llamo Laura. Vine a ver si está bien. ¿Le duele mucho la pierna? Puedo darle más calmantes.
—Estoy… estoy bien, gracias —contestó Alejandro, desconfiado. Le pareció que la sonrisa de la enfermera era rara, que tenía algo mal. ¿Sería una enfermera de verdad o era una aparición que de pronto se iba a transformar en algo horrible?

Como ya no tenía voluntad para luchar contra el sueño se durmió apenas le contestó. Despertó de nuevo cuando ya había amanecido. Un poco más tarde entró a la habitación una enfermera que le llevaba el desayuno. No era la misma que había entrado por la noche. Entonces Alejandro quiso sacarse la duda, aunque temía que confirmaran que por la noche lo había visitado algo, algún fantasma u otra cosa terrible. 

—Buen día —saludó Alejandro a la mujer—. ¿La otra enfermera ya se fue del hospital? Laura, la rubia. Vino a verme de noche…
—¿Una rubia que se llama Laura? —preguntó la enfermera con cara de confundida y extrañada. 

Enseguida pasaron un montón de conclusiones aterradoras por la mente de Alejandro: ¿Si no era una enfermera qué era aquella cosa que le sonrió? Tal vez trabajó allí pero ya había muerto hacía años, ¿o era el Diablo, o la Muerte…?

Pero todas esas especulaciones resultaron absurdas, solo eran el fruto de su miedo irracional a los hospitales, porque la enfermera, tras razonar unos segundos se rió y le dijo:

—¡Ah! Fue Ana. Como aquí todos la llamamos así había olvidado que se llama Ana Laura. Escuché que se había teñido el pelo de rubio, pero como ayer no la vi, cuando usted dijo que era una rubia me confundí. Sí, su turno ya terminó, trabaja de noche. 

4 comentarios:

  1. Jaja!, yo también estaba pensando como Alejandro!. Seguramente ha leído muchas historias de terror de hospitales, tal vez las tuyas?. Porque, si ya le tiene miedo a los hospitales, habrá leido tus obras, también me dasagradan los hospitales. Pero bueno, no se le puede culpar, ya que en los hospitales muere mucha gente, incluyendo el personal. Esta experiencia la recordará toda su vida. Muy buen cuento master, vaya con Alejandro. Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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  2. Hola, Jorge... Jajaja pobre se asusto por nada...

    Stephanie

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  3. Que tal tocayo? ya encontre tu blog por fin jeje ahora a leer todo lo que me perdia..saludos amigo..Willy

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    Respuestas
    1. No se había ido a ningún lado ¡Jeje! ¡Saludos!

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